May 5 2009
806 lecturas

Economía

Crisis del capitalismo, sin soluciones fáciles

 Juan Kornblihtt y Eduardo Sartelli*

  Ante cada suba de la Bolsa, reaparece la esperanza de que se trate sólo de una crisis pasajera. De que el fantasma del ’30 sea tan sólo eso, un fantasma que asuste, pero que ayude a los gobiernos a tomar decisiones rápidas y acertadas, no como en aquel entonces. Sin embargo, lo datos más evidentes ponen serias objeciones a este optimismo.
 
El historiador Barry Eichengreen ha realizado una comparación simple, pero muy clarificadora. Las caídas del comercio mundial, la producción y el valor de las acciones bursátiles fueron más rápidas en estos primeros meses de la crisis 2008-2009 que en el crack del 30. (1) Un evento de tal magnitud ya no debe, por lo tanto, analizarse como un problema coyuntural ni de fácil resolución.
 
El desencadenante
La explosión de la burbuja de hipotecas en los EE.UU. disparó la crisis. La expansión de la economía estadounidense se sostuvo, en los últimos años, con endeudamiento. Por un lado, la deuda externa que crecía (y crece) a ritmo sostenido. Por el otro, la hogareña. La clave de este último factor era la expansión de las hipotecas. A pesar de que la productividad y la competividad de la industria yanqui estaban estancadas (como lo demostraba su cada vez menor participación en el mercado mundial), los hogares mantuvieron una tasa de consumo muy alta, por encima de su capacidad. Como el precio de las casas subía, cualquier propietario podía hipotecarla, incluso más de una vez, sin necesidad de tener una capacidad de pago realSe esperaba que, aun siendo insolventes los dueños, se podría recuperar la hipoteca vendiendo la casa.
 
Sin embargo, esta suba de precios de las casas no estaba acompañada por un alza real en el valor de las mismas. El resultado fue un derrumbe en el precio de las casas quedando en claro que las hipotecas nunca se iban a pagar.
Así estalló la crisis hipotecaria, empezando por los bancos que prestaban a los hogares más pobres (el llamado “subprime”). Pero no se detuvo allí, y rápidamente se evidenció que todos los bancos tenían de alguna forma u otra parte de sus activos puestos en el negocio de las hipotecas. Incluso por fuera de los EE.UU. A su vez, la dificultad bancaria se expresó en una veloz contracción del crédito tanto a nivel local como a escala internacional, que impactó en la industria.
 
El hecho de que todo haya estallado por el lado de las finanzas hace creer que se trata de una crisis financiera que tiene un efecto externo sobre la producción. Lo que esta interpretación en boga no resuelve es por qué se expandió la burbuja inmobiliaria en primer lugar.
 
No es una crisis financiera
 
Como decíamos antes, la industria no estimulaba el crecimiento en la economía yanqui, lo cual se evidenciaba en una creciente balanza comercial deficitaria. La razón de esta debilidad de la industria es la que explica el porqué aparece una masa de capital que no tiene base real. La idea de que las finanzas y la industria funcionan como dos ámbitos separados o aún peor, que las finanzas le quitan recursos a la industria en forma parasitaria, pierde de vista la unidad de la reproducción del capital.
 
La riqueza en el capitalismo es fruto de la producción de plusvalía que se obtiene mediante la explotación del trabajo. Los capitalistas no se apropian en forma directa de la misma, sino que compiten por ella tanto al interior de su misma rama como con empresas de otras ramas. En dicha competencia aquellos capitales con mayor productividad, es decir con una mayor proporción de maquinaria sobre el trabajo humano (o en términos técnicos “composición orgánica del capital”) logran apropiarse de una plusvalía extraordinaria, gracias a que producen mercancías por debajo del precio de producción. Al hacerlo, provocan que otros capitales fluyan hacia esa rama deprimiendo los precios e igualando las tasas de ganancia.
 
Este movimiento no se hace automáticamente, sino que requiere de un flujo de plusvalía anticipada para invertir. Dicho anticipo proviene de las finanzas. Este funcionamiento de las finanzas podemos llamarlo “normal”. Pero cuando la producción de riqueza empieza a mostrar problemas, el capital financiero sirve para taparlos. Sobre la base de ganancias futuras, éste sigue prestando o estimulando las Bolsas, los fondos o el mercado inmobiliario. Esta expansión, aunque la ganancia real no exista, permite que todo siga funcionando. Se trata de una “ficción real”. “Ficción” porque está todo basado en ganancias futuras que no existen y “real” porque permite que la acumulación de capital siga funcionando. De hecho con los créditos hipotecarios ficticios, las familias estadounidenses compraron casas y autos “reales”.
 
  Eichengreen, B. and K.H. O’Rourke. 2009. “A Tale of Two Depressions.” En proceso de elaboración, tomado de www.sinpermiso.info
2 Para una medición de la tasa de ganancia ver: Moseley, Fred: Teoría marxista de la crisis y la economía de posguerra de los EE.UU.” en Razón y Revolución 14.
 

*Investigadores del CEICS-Razón y Revolución


 
 

 

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Economía

Crisis del capitalismo, sin soluciones fáciles

 Juan Kornblihtt y Eduardo Sartelli*

  Ante cada suba de la Bolsa, reaparece la esperanza de que se trate sólo de una crisis pasajera. De que el fantasma del ’30 sea tan sólo eso, un fantasma que asuste, pero que ayude a los gobiernos a tomar decisiones rápidas y acertadas, no como en aquel entonces. Sin embargo, lo datos más evidentes ponen serias objeciones a este optimismo.
 
El historiador Barry Eichengreen ha realizado una comparación simple, pero muy clarificadora. Las caídas del comercio mundial, la producción y el valor de las acciones bursátiles fueron más rápidas en estos primeros meses de la crisis 2008-2009 que en el crack del 30. (1) Un evento de tal magnitud ya no debe, por lo tanto, analizarse como un problema coyuntural ni de fácil resolución.
 
El desencadenante
La explosión de la burbuja de hipotecas en los EE.UU. disparó la crisis. La expansión de la economía estadounidense se sostuvo, en los últimos años, con endeudamiento. Por un lado, la deuda externa que crecía (y crece) a ritmo sostenido. Por el otro, la hogareña. La clave de este último factor era la expansión de las hipotecas. A pesar de que la productividad y la competividad de la industria yanqui estaban estancadas (como lo demostraba su cada vez menor participación en el mercado mundial), los hogares mantuvieron una tasa de consumo muy alta, por encima de su capacidad. Como el precio de las casas subía, cualquier propietario podía hipotecarla, incluso más de una vez, sin necesidad de tener una capacidad de pago realSe esperaba que, aun siendo insolventes los dueños, se podría recuperar la hipoteca vendiendo la casa.
 
Sin embargo, esta suba de precios de las casas no estaba acompañada por un alza real en el valor de las mismas. El resultado fue un derrumbe en el precio de las casas quedando en claro que las hipotecas nunca se iban a pagar.
Así estalló la crisis hipotecaria, empezando por los bancos que prestaban a los hogares más pobres (el llamado “subprime”). Pero no se detuvo allí, y rápidamente se evidenció que todos los bancos tenían de alguna forma u otra parte de sus activos puestos en el negocio de las hipotecas. Incluso por fuera de los EE.UU. A su vez, la dificultad bancaria se expresó en una veloz contracción del crédito tanto a nivel local como a escala internacional, que impactó en la industria.
 
El hecho de que todo haya estallado por el lado de las finanzas hace creer que se trata de una crisis financiera que tiene un efecto externo sobre la producción. Lo que esta interpretación en boga no resuelve es por qué se expandió la burbuja inmobiliaria en primer lugar.
 
No es una crisis financiera
 
Como decíamos antes, la industria no estimulaba el crecimiento en la economía yanqui, lo cual se evidenciaba en una creciente balanza comercial deficitaria. La razón de esta debilidad de la industria es la que explica el porqué aparece una masa de capital que no tiene base real. La idea de que las finanzas y la industria funcionan como dos ámbitos separados o aún peor, que las finanzas le quitan recursos a la industria en forma parasitaria, pierde de vista la unidad de la reproducción del capital.
 
La riqueza en el capitalismo es fruto de la producción de plusvalía que se obtiene mediante la explotación del trabajo. Los capitalistas no se apropian en forma directa de la misma, sino que compiten por ella tanto al interior de su misma rama como con empresas de otras ramas. En dicha competencia aquellos capitales con mayor productividad, es decir con una mayor proporción de maquinaria sobre el trabajo humano (o en términos técnicos “composición orgánica del capital”) logran apropiarse de una plusvalía extraordinaria, gracias a que producen mercancías por debajo del precio de producción. Al hacerlo, provocan que otros capitales fluyan hacia esa rama deprimiendo los precios e igualando las tasas de ganancia.
 
Este movimiento no se hace automáticamente, sino que requiere de un flujo de plusvalía anticipada para invertir. Dicho anticipo proviene de las finanzas. Este funcionamiento de las finanzas podemos llamarlo “normal”. Pero cuando la producción de riqueza empieza a mostrar problemas, el capital financiero sirve para taparlos. Sobre la base de ganancias futuras, éste sigue prestando o estimulando las Bolsas, los fondos o el mercado inmobiliario. Esta expansión, aunque la ganancia real no exista, permite que todo siga funcionando. Se trata de una “ficción real”. “Ficción” porque está todo basado en ganancias futuras que no existen y “real” porque permite que la acumulación de capital siga funcionando. De hecho con los créditos hipotecarios ficticios, las familias estadounidenses compraron casas y autos “reales”.
 
  Eichengreen, B. and K.H. O’Rourke. 2009. “A Tale of Two Depressions.” En proceso de elaboración, tomado de www.sinpermiso.info
2 Para una medición de la tasa de ganancia ver: Moseley, Fred: Teoría marxista de la crisis y la economía de posguerra de los EE.UU.” en Razón y Revolución 14.
 

*Investigadores del CEICS-Razón y Revolución


 
 

 

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