Nov 16 2006
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Política

Crisis planetaria. – LA RUTA A SEGUIR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Sin perspectivas nuevas, más allá de las tentativas limitadas y fracasadas del pasado, no se puede afrontar el ecocidio universal, la pérdida de nuestra humanidad o el caos generalizado. Todos sabemos que las llamas de nuestras velas titilan y corren el peligro de extinguirse, que la crisis continua extendiéndose y profundizándose. Incluso algunos miembros de mi familia, que son unos conservadores, se dan cuenta de que todo se hunde.

Esta situación espantosa y sin precedentes debe ser confrontada en su globalidad y desde sus fundamentos. El interés por los análisis parciales se difumina, y con razón: no hacen más que certificar que las cosas seguirán empeorando. Un número creciente empiezan a darse cuenta que sólo se podrá encontrar una salida si se ataca los fundamentos de nuestra sociedad.

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No sólo al capitalismo sino a las sociedad de masas y sus modalidades cada vez más tecnificadas: atacar la base de nuestra civilización. Algunos preconizan ostensiblemente un discurso anticivilización, sin aceptar la sustancia. He leído recientemente en internet un artículo que comenzaba por: “yo soy anti-civ, pero”. Esta persona enumeraba a continuación cosas que condenaba, pero ninguna concernía a los elementos esenciales de nuestra civilización –la domesticación o la urbanización, por ejemplo–.

En estas condiciones el discurso pierde el sentido de su sustancia. De esta manera se puede a continuación aceptar el marxismo, y sus limitaciones, decidiendo pegarle una etiqueta anti-civ. Este modo de jugar con las palabras es demasiado impreciso; así, Chomsky, un progresista moderado, es calificado de anarquista.

Está claro, que el marxismo, en general, es el refugio de aquellos que no pueden aceptar la realidad; afirmando oponerse radicalmente a esta realidad, el marxismo no ha inspirado nada nuevo desde los inicios del siglo XX. Brinda una visión optimista pero deformada del mundo; optimista para algunos que siguen viviendo en el siglo XIX.

Ciertamente sólo es posible hablar de perspectivas liberadoras cuando se evoca el fin de la izquierda. Aunque esté muy desacreditada universalmente, la izquierda se esfuerza en razonar aunque con cortedad de miras. Sus anteojeras le impiden poner en cuestión la producción en masa y la técnica. Cuando aquellos que se identifican como post-izquierdistas
se logren justificarse atacando a los elementos normalmente considerados esenciales por la izquierda –la producción en masa y la técnica–, entonces su identificación comenzará a generar sensatez.

Las generalidades –al igual que las frases bellas– sirven para enmascarar la falta de sustancia. Heidegger hablaba siempre de la autenticidad, y era nazi; Sartre se interesaba particularmente por la libertad, pero era estalinista. Si la filosofía trata de lo general, la política comete el mismo error, y a menudo por razones mucho más graves. Sólo lo específico y lo concreto introducen una significación real, permitiendo administrar las consecuencias de las intenciones y responsabilidades personales. El rechazo a ser preciso traiciona al político. Anti-civilización y postizquierdista deben ser algo más que etiquetas vacías y rimbombantes.

Si una de nuestras tareas principales debe ser borrar lo que queda de la izquierda, otra –también esencial– será desarrollar ampliamente las prácticas de exploración y de puesta en cuestión. Es necesario interpelar y no aceptar ni cargar con los elemento e instituciones de nuestra agonizante civilización.

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No es suficiente desembarazarse de los obstáculos; es necesario ir hacia delante, descubrir alternativas, medios de abandonar el navío que zozobra. Todas las otras maneras de vivir deben ser consideradas como esenciales, si términos como autonomía o retorno a la tierra concuerdan con nuestro destino próximo. Con habilidades que no se corresponden con el
mantenimiento de una modernidad infantilizante o senil y que permiten alejarse de ella. Habilidades rurales, de los paisajes comestibles, y de tantas otras facetas a comprender y explorar. Habilidades que amplifican la autonomía y la plenitud de cada uno, he aquí los medios de participar en una visión anticivilización. Una invitación a las palabras reales, más allá de las palabras. Incluso si los pasajeros comprenden que su avión va a precipitarse al suelo, es comprensible que no salten por las ventanas.

El reino de lo espiritual nos interpela porque trata (debería tratar) de cosas elementales. Nuestro modo de vida descarnado a perdido su sentido. Ya no nos consideramos en el corazón de las redes de los ciclos de la naturaleza. El fin de nuestra relación directa con el mundo ha significado el estallido de nuestra unidad con este mundo natural. Relación y simplicidad están en el corazón del saber indígena: la intimidad tradicional con la tierra es el fundamento inmanente de la espiritualidad. Esta comprensión es una de las bases esenciales e irreemplazables de la salud y del sentido que damos a las cosas.

Un salvavidas inestimable evocado en unos comentarios que afirmaban que Green Anarchy está en la base de un movimiento visionario con repercusiones que quizás sean revolucionarias. Muchos sienten atraídos por este aspecto, pero yo lo encuentro misterioso. He de reconocer que en estos momentos me encuentro en un dominio extraño e inmenso. Pero es agradable sentir que esta pasando alguna cosa y estar abierto sobre esos asuntos.

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El productivismo o el fututo primitivo, dos opciones. Una sale de la cerrazón del espíritu, la otra del espíritu englobando toda la realidad terrestre. El abandono voluntario del modo de existencia industrial no es autorrenuncia, sino un retorno salvador. Más allá del estado y de la dirección que toma este mundo, tomemos nuestra inspiración al lado de aquellos que han continuado viviendo espiritualmente con la naturaleza. Su ejemplo nos indica el camino hacia lo que queda de viviente alrededor nuestro.

Las tácticas se pueden encontrar en todas partes. Lo esencial es rechazar el caos absoluto que nos amenaza, y resistir a todo aquello que nos querría deglutir.

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* Ensayista y dirigente social estadounidense.

Texto publicado en Green Anarchy número 23, final del verano de 2006 (Hemisferio Norte).
Traducción aparecida en Urtica .

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