Ene 5 2009
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Opinión

De Hiroshima a Gaza

Matilde Sosa*

"Yo lloré porque no tenía zapatos hasta que vi a un niño que no tenía pies".
 Oswaldo Guayasamín

Calor de fundición candente,  luz intensa muta y arde en llamas implosivas, conmoción, quemaduras severas, intenso dolor, cuerpos mutilados, heridos que gritan, muertos que recién lo dejan de hacer. Cuerpos calcinados por doquier, desesperación. Vientres sin parir con segundos de vida adentro. Caótica es la muerte. Todos son seres queridos. 

En este molde que refiere a Hiroshima y Nagasaki, se funden los plomos hegemónicos para la Gaza de hoy. Aquellos relatos sobrevivientes se acuerpan hoy en el imaginario colectivo que presentiza lo dantesco. Nos permite representar aquello como registro, lo que se percibe aun pertinaz, demencial y vigente,  desproporcionado y bestial. Crimen que alcanza no sólo al pueblo palestino.
 
Como alto horno es lo hegemónico donde se extermina lo diverso.
 Asi se funde en Gaza hoy, renovado, otro capitulo del accionar criminal, desproporcionado con responsabilidad de un Estado.
 
Ante ello, acuden en huella anémica, la ética universal de clase, la memoria auditiva, visual e histórica, lo universal humanitario es el procedimiento que rechaza y condena todo holocausto, (el judío y los otros), también del Kapital y toma partido frente a la operación "Plomo Fundido" contra el pueblo palestino por parte del Estado israelí.
 
Las bombas que caen del cielo
 
 Expertos del análisis belicista dirán que se equivoca este enfoque, con recurrencia al inconciente colectivo en tanto vierte analogías  con Hiroshima y Nagasaki pero, a la defensa del "nunca mas" se sepa que: cuando las bombas caen del cielo, cuando los ataques aéreos con misiles, y toda extravagante artillería derriba gracias al vuelo de los aviones de guerra. O cuando cazas de combate demuelen puntos de Gaza apenas en minutos.

Y además las explosiones se escuchan en toda la Franja de Gaza, el Guernica que Picasso pintara, también pinta la memoria humana, en el daño colateral e irreductible en nuestro genoma social. De los oprimidos. E invadidos buscando liberarnos.
 
Comunidad Científica 
 
El genocidio, acaso ha de ser pregunta a los científicos  -que debieran observar las variaciones "subjetivas del genoma"  y  estudiar en dialéctica su composición, que ya que ante los ojos del mundo hay ejecuciones a un Pueblo cercado y desarmado. Como en Hiroshima ya pasó, serán las pulsiones del capital.
 
Y aunque las leyes internacionales prohíben, de forma terminante, bombardear e involucrar a la población civil inocente en los ataques, bajo ningún concepto, sin embargo se asesina principalmente a la población civil. Verbigracia del "daño colateral" ya en desuso.

Y aunque se  condena impedir que los necesitados y las victimas tengan acceso a la ayuda humanitaria, según trasciende, se sabe es lo que también sucede en la Franja de Gaza.
 
Por tanto, a estas alturas, es solo una  diferencia de matices que Hiroshima fuera bomba atómica por el ejercito estadounidense  y en Gaza hoy "fundición de plomo" por el ejercito israelí.
  
Des-proporcionalidad
 
El  ataque ya es calificado como el peor de las últimas cuatro décadas ha cobrado la vida de civiles palestinos, especialmente niños, mujeres y ancianos, y miles de heridos. 

Reinaldo Millán periodista de Puerto Rico dice "Para que un palestino pueda matar a un israelí tiene que suicidarse. Así de desigual es la lucha por la liberación de Palestina del yugo israelí que en vez de haber sido víctimas de un genocidio nazi, parecen discípulos sumamente aprovechados."
 
No caben dudas que las alianzas hegemónicas necesitan cosmovisiones e ideáticas  para compartir éticas y estéticas.
 
Informes de prensa del inicio del año pasado deban cuenta que  "A su llegada al aeropuerto Ben Gurion, cerca de Tel Aviv, Bush y los dirigentes israelíes que lo recibieron, el presidente Shimon Peres y el primer ministro Ehud Olmert, reiteraron la fuerza de la alianza entre ambos países."
 
"Hace 40 años, mientras Estados Unidos estaba empantanado en Vietnam, Israel derrotaba a sus vecinos árabes en la Guerra de los Seis Días, que rediseñó el mapa político del Medio Oriente", dice Ellen Massey–. Es decir: que EEUU e Israel ya llevan mas de cuarenta años de estrecha alianza
 
En tanto se informa en los medios que el vicepresidente estadounidense contradijo al Pentágono, que había señalado que Wáshington fue informado de antemano sobre las acciones, y que el presidente electo, Barack Obama, no se pronunciara de momento sobre la crisis en la Franja de Gaza, se supone porque  "hay un presidente en funciones", según trascendidos de prensa 
  
Qué sutil diferencia 

  
La película la sostienen niños actores que realmente han sufrido la guerra y sus macabras consecuencias: mutilaciones, quemaduras, ceguera, sordera, traumas, violaciones sexuales, entre tantas otras. Y que para sobrevivir recogen, para vender después , los desechos activos de la guerra es decir: las minas antipersonales, solo que como estos niños están mutilados, lo hacen valiéndose, por ejemplo, de la boca para proceder en reemplazo de lo que harían con sus brazos incluso aquellos a quienes "ya les" volaron el pie Las tortugas también vuelan lleva por nombre 
 
¡Este es por las viudas, los mutilados y todos los asesinados….". 
  
Imagínese lo que significa saber que, siendo niño, un ser humano fue expuesto a la radiactividad. Vigente entonces Hiroshima y Nagasaki desde entonces (agosto de 1945), sigue vigente entre nosotros, la bestialidad sin límites.
 
No habrá que ser Freud para indagar, para acercarnos a las razones inconfesables por las que aun se niega la vigencia. Acaso en Gaza –sin considerar si la bomba es atómica.
 
Para ellos no es historia, sino una preocupación cotidiana. Después del fin de la Segunda Guerra Mundial la  radiactividad en la población civil sigue vigente. Aquellos que fueron expuestos a la radiación por la bomba tirada por EEUU, siendo niños la padecen hoy y es incalculable aun el daño genético. La edad promedio de los sobrevivientes es de 75 años.
 
Sin embargo, seguir de cerca la salud de los sobrevivientes de Hiroshima, de aquellos afectados por la bomba atómica, sus hijos y sus nietos, no es una mera cuestión de curiosidad científica.
 
Es acción ética y política toda vez que la indignación y la impunidad, nos movilice a los pueblos del mundo. Para que el grito y las protestas, no sirvan sólo para desahogarnos, sino para asociar los hechos, los actores, los ejecutores y nuestras respuestas, protestas, propuestas.
 
Sesenta y cinco años después, todo daño al genoma es daño  vigente a la humanidad toda, pero que estará lejos de ser humana, toda vez que el genocidio sea variable aceptable del terrorismo de Estado y en alianzas hegemónicas. Basta en Gaza: ¡en nuestro nombre no!
 

*Perioodista.

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