Sep 28 2009
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Participación ciudadana

De los movimientos sociales a la II Cumbre América del Sur-África

Carta de las campesinas y campesinos, pescadoras y pescadores de los movimientos y organizaciones sociales de África y Sudamérica, a los jefes de Estado y de Gobierno en la II Cumbre América del Sur-África
Los movimientos y organizaciones sociales de África y Sudamérica, reunidos en la Jornada de Campesinos y Pescadores Africanos y Sudamericanos saludamos con entusiasmo la II Cumbre América del Sur y África (ASA). Esperamos que los Jefes de Estado y de Gobierno reunidos acuerden acciones que fortalezcan la cooperación entre los pueblos del Sur.

Nos reunimos en la ciudad de Caracas, Venezuela, los días 21 y 22 de septiembre de 2009, para dibujar el mapa que vivimos en nuestros territorios; La historia de despojo, explotación, desprecio y marginación que compartimos los pueblos del sur. También compartimos nuestros sueños, nuestros futuros. De lo que hablamos en la Jornada, les escribimos este documento. Escuchen, pues, nuestras palabras.

Los pueblos de África y Sudamérica compartimos historias comunes. Los que vivimos en Sudamérica nos miramos en la África como sus hijos e hijas. Los que vivimos en el África nos miramos como hermanos con los que viven en Sudamérica. No nos extrañemos si de pronto nos encontramos, en nuestras luchas, entre parientes.

El explotador, en su hambre por el dinero y el poder, se encargó de acercarnos por medios indignos. En los últimos 500 años lo común de nuestra historia es la explotación, el despojo, el desprecio y la represión. Los autores, en ambos lados del océano Atlántico, son la misma persona, y se llama “capitalismo transnacional”.

Antes, como ahora, acusándonos de salvajes, de ignorantes, de incivilizados e inhumanos, consiguieron con su guerra de conquista y civilizadora que nosotros les generáramos sus grandes riquezas. Los pueblos del sur nunca nos quedamos callados ni quietos ante la maldad del poderoso capitalista.

Siempre mantuvimos, y mantenemos, luchas de liberación.
La rebeldía y la resistencia es parte de la historia común que compartimos los pueblos de África y América del Sur. El capitalismo mantiene y fortalece su guerra de conquista para reproducirse y hacerse fuerte. Crea nuevas mercancías y conquista nuevos mercados donde vender y comprar. El saldo de la guerra de conquista en nuestros territorios es:

Aguas: el agua es ahora una mercancía para el capitalista.Para nosotros es la vida.
Tierras: la tierra es robada, explotada y vendida por el capitalista. Para nosotros es nuestra madre. Una madre no se vende, y menos se explota.
Paisaje: es turismo, es destrucción del ambiente. Para nosotros es el lugar sagrado donde viven nuestros ancestros.
Soberanía alimentaria, migración, cultura.
Petróleo, gas, minerales, maderas, tierras, glaciales, paisajes, son los recursos que el capitalismo quiere de nosotros. Para verlo en perspectiva, bastará ubicar en el mapa la cuenca del Orinoco o del río Nilo, o del río Paraguay o del río Níger, o
la cuenca amazonica.

Si el poderoso capitalista mantiene su guerra de conquista, nosotros mantenemos la lucha de liberación. Hemos sido los negros y negras, los indios e indias, los campesinos y campesinas, quienes conformamos los movimientos libertadores que comandó Simón Bolívar, Negro Primero, Antonio Conselheiro, Ezequiel Zamora, Mandela, Camel Nasser y muchos otros compañeros y compañeras más.
Sabemos que no bastan las buenas leyes que promulgan los pueblos con sus gobiernos progresistas y revolucionarios.

Sabemos que no bastan las buenas políticas de los gobiernos revolucionarios progresistas para solucionar los problemas de los pueblos oprimidos. Saludamos con entusiasmo las leyes y políticas de los gobiernos socialistas, revolucionarios y progresistas. Es fundamental nuestro papel protagónico en la lucha por la restitución de nuestros legítimos derechos.
Por esto nosotros, campesinos y campesinas, pescadores y pescadoras, proponemos luchar por la soberanía alimentaria que contemple los siguientes objetivos:

Primero: Eliminar la pobreza en el medio rural.
Segundo: Combatir la desigualdad social y la degradación de la naturaleza, que tiene sus raíces en la estructura de la propiedad y de la producción en el campo.
Tercero:
Garantizar el trabajo para todas las personas, combinando con la distribución de la renta.
Cuarto: Garantizar la soberanía alimentaria de toda la población produciendo alimentos de calidad y desarrollando los mercados locales.
Además, no hay posibilidad de garantizar la paz cuando más de la mitad de la población del planeta carece de los recursos básicos para sobrevivir. La paz imperial ha determinado la guerra por alimentos, agua y recursos básicos en los países del sur. Por esta razón decimos: ¡No a la guerra, sí a la vida con justicia y dignidad!

Por lo anterior dicho, proponemos que los jefes de Estado condenen de manera contundente la instalación de bases militares y cualquier otro tipo de presencia militar de tropas extranjeras en sus territorios. Sean en América del Sur o en África, como pretenden hacerlo en Ghana con el programa Africom.

Hacemos el llamado a los presidentes y jefes de Estado de Sudamérica y África a unirse al clamor de los pueblos que buscan vivir con dignidad, en el marco del respeto a nuestras culturas, a nuestro territorio, a nuestros derechos de recibir
educación, salud, y por nuestros derechos a la  autodeterminación.

Las organizaciones aquí presentes rechazamos enérgicamente el golpe de Estado en Honduras, y pedimos a los jefes de Estado y de Gobierno que de igual manera se opongan. Exigimos la libre determinación de los pueblos.

¡Que nuestras voces no sean calladas!
¡Que nuestros pasos no se detengan!
¡Que los lazos no se desaten!
¡Que los lazos se hagan más fuertes!
¡Que vivan los campesinos y las campesinas del mundo!
¡Que vivan los pescadores y las pescadoras del mundo!
¡Globalicemos la lucha, globalicemos la esperanza!

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