Feb 3 2008
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Política

Decires… – LA COMPAÑERA BACHELET

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Usted, mi querido leopardiano, que sigue fiel a estos modestos escritos, tendrá que resignarse a hilvanar por si mismo las divagaciones, un tanto incoherentes, de este articulista que está todavía aletargado por la canícula y escribe aquí saltando de un asunto a otro, como pintando a brochazos, con ideas hilvanadas por el desencanto, que es la única mercadería gratuita que va quedando y a la cual tienen acceso todos los chilenos.

Lo primero que ha de saber usted, mi estimado y paciente lector, es que estoy de vacaciones por casi tres meses. Pero antes que me enrostre su sana envidia, le advierto que estoy de vacaciones, pero sin dinero, lo que para la gran mayoría de mi país es peor que estar sin vacaciones. Técnicamente tampoco estoy cesante, alegrando así las estadísticas de la Concertación pues me deja fuera del índice de desempleo –que se mantiene minúsculo gracias a los prestidigitadores gubernamentales.

La razón de la sinrazón está en que soy uno más de los miles de docentes universitarios que las universidades desarrolladas por el modelo socialista neoliberal “engancha” de marzo a diciembre bajo el rótulo rimbombante de “part time”. Si usted no sabe inglés, o lo sabe, pero desconoce el significado real de la frasecita, le va a sonar grandilocuente, más aun si el que la pronuncia le agrega un tono de pomposa suficiencia: “Soy docente universitario part time”.

Lo que en realidad su interlocutor le estaríá diciendo es que trabaja en cualquiera de las universidades chilenas, las mismas que cobran entre 200 a 300 mil pesos mensuales a cada alumno –unos 500 dólares– por una enseñanza que debiera ser gratuita e impartida por el Estado. Al docente, dueño de títulos y postgrados que avalan su calidad profesional, le pagan por clase hecha sólo nueve meses al año a un precio infamante frente a las ganancias fabulosas del negocio, debiendo entregar además una boleta de compra-venta donde se consigna la mercadería transada, en este caso las clases.

Es un trato exactamente igual al que hace usted cuando viene, acá a Algelmó, a comprar mariscos, pescados y otras variedades del mar que se ofrecen a grito de feriante en este terminal pesquero que hiciera famoso las pinturas de Pacheco Altamirano. No se extrañe entonces si entre jaibas, cojinovas, bacalaos, salmones, almejas, choros maltones y picorocos, el vendedor le ofrece también como promoción de su compra, un par de clases de fisiopatología, derecho romano, mecánica cuántica o álgebra lineal.

Pero dejemos de lado esta perlita que sólo es una más del paraíso de los especuladores en que se ha transformado este Chile que lleva diez años de “socialismo” y veinte de Concertación, para concentrarnos en el tema que sirve de título a este artículo.

De fronteras ideológicas y otras no tanto.

Seguramente se ha fijado usted, amigo lector, que en las reuniones de presidentes latinoamericanos que hoy abundan con una majadería cada vez más frecuente –al margen de la siempre protocolar mise-en-scene de la liturgia ridícula que tienen estas “cumbres” acartonadas donde todo es sonrisas dentríficas para la prensa– ocurren ahora último algunos hechos que bien pueden ser calificados de anecdóticos, junto a otros con características preocupantes si se observan con la óptica del futuro difícil que aguarda a los países latinoamericanos.

Entre los primeros, los anecdóticos, destaca sin duda la frase colonialista del “por qué no te callas” expresada a un mandatario latinoamericano por el Borbón inquisidor que asiste a estas reuniones a titulo de nada. Pero para los efectos del meollo de este artículo, es menos famoso, pero no por eso menos anecdótico, el trato de “compañera” que el presidente boliviano Evo Morales otorga a su colega chilena, la presidenta Michelle Bachelet.

¿Qué pretende el líder indigenista al calificar de “compañera” a una Bachelet que probablemente no escucha esta palabra desde los tiempos de Allende? Cabe la posibilidad que se trate de una fina ironía y para entenderlo tenemos que obligadamente retrotraernos a lo que está ocurriendo en Chile respecto de esta América Latina que camina hoy por una etapa extraordinaria, quizás si única en el historial azaroso del continente, en la que varios países pugnan por romper las cadenas que impone el neoliberalismo imperialista apelando a un modelo socialista nuevo y promisorio.

Aunque es difícil precisar las líneas demarcatorias, en el continente parecen ir delineándose tres grandes sectores en los que se agrupan dirigentes y naciones claramente identificables, quedando muy pocos países que oscilan en tierra de nadie a la espera, más que de una definición del panorama internacional, de una decisión interna de sus pueblos que vendrá como resultado de sus contradicciones locales.

Estas áreas –si se les puede llamar así– van desde una izquierda gobernante que protagoniza procesos de claro tinte revolucionario al menos en cinco naciones del continente si incluimos a Cuba, luego un centro indefinido muy permeable a las presiones del gran capital internacional, y por último un tercer sector abiertamente incondicional a la influencia del neoliberalismo y ¡no faltaba más!, a los designios del imperio del norte.

En el primer grupo sus integrantes no dan lugar a la duda: está Venezuela a la cabeza, luego Bolivia, Ecuador y Nicaragua, además, lo que ya se dijo, de la Cuba de Fidel próxima a cumplir 50 años de socialismo. En torno a este grupo se mueve una Argentina más pragmática que ideológica, pero que bordea, peligrosamente para los intereses imperialistas, la tentación de inclinar la balanza hacia un izquierdismo más comprometido, lo que reforzaría el polo hoy liderado por Venezuela.

La respuesta del gobierno de Bush para atajar la creciente influencia de este grupo progresista de naciones sobre el resto del continente, se proyecta en estos momentos hacia dos frentes: el tradicional y sempiterno camino de la agresión armada por una parte, y por otra el de la compra de ideologías en gobiernos que terminan siendo la punta de lanza propagandística del modelo económico que favorece a los sostenedores del gigante del norte.

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En el primer caso, el de la provocación armada, se ha ido perfilando estos días con peligrosa insistencia una actitud de gran agresividad por parte del gobierno de Uribe en Colombia que habla ya de manera casi pública de un conflicto militar con la Venezuela bolivariana, azuzado por Estados Unidos que recurre a la CIA para montar una provocación que justifique el camino de las armas.

Si bien el objetivo no es analizar esta variante armada que se otea ya como posible en el horizonte, sino divagar un poco sobre el pobre papel de Chile en estos momentos álgidos de América Latina, hay que alertar en cuanto a que un conflicto armado de esta naturaleza podría derivar en una crisis de gran envergadura, que podría arrastrar a otras naciones en uno y otro bando; un río revuelto cuya más prolífera pesca sería, una vez más, para la Casa Blanca.

Hay que pensar, eso sí –y sólo para redondear la idea–, que hay factores importantes que podrían ser serios obstáculos en una alternativa de este tipo para el imperialismo. Entre estos está la presencia de un poderoso ejército armado dentro de Colombia, las FARC y el ELN, y las inminentes elecciones en Estados Unidos en donde Obama, el candidato demócrata que se ha manifestado contra la política agresiva de Bush, podría alcanzar la presidencia si no lo asesinan antes o durante su mandato.

Los neoliberales transgénicos del socialismo chileno

Chile es, sin ninguna duda, el líder ideológico de la derecha neoliberal en esta parte del mundo y el escudero del otro recurso, el “pacífico”–si se le puede llamar así, al que acude la Casa Blanca para frenar los procesos revolucionarios del continente–. Exhibe hacia el exterior un modelo aparentemente exitoso desde el punto de vista de las cifras macro, convirtiéndose en la vitrina colmada de luces del modelo económico y social propiciado por Estados Unidos.

Elogiados hasta la majadería por las organizaciones mundiales del capital globalizado, se nos muestra como el camino a seguir para alcanzar un hiperdesarrollo a plazo corto y se nos señala como la alternativa civilizada al modelo socialista bolivariano que en varias naciones suda la gota gorda para sacar a sus pueblos de la miseria ancestral y la explotación local e internacional.

Este engañoso resplandor del neoliberalismo criollo, que no pueden exhibir otros aliados del imperio, como Perú, por ejemplo, y algunos países pequeños de Centroamérica, han convertido a Chile en el regalón del Departamento de Estado y en el anzuelo proyectado hacia el grupo de naciones que se pueden llamar centristas, como Brasil y Uruguay si hablamos de América del Sur, que es la región más vulnerable y susceptible de ser influenciada por el socialismo del siglo XXI según las cuentas de la Casa Blanca.

Aquí destaca un Lula que de esperanzador adalid de la izquierda, va siendo atrapado cada vez más por la ilusión hipnotizante del neoliberalismo en el que cayera Chile hace varios años. Las razones de Lula, además de su afán figurativo amagado por su histriónico vecino caraqueño, son las perspectivas económicas que se abren para Brasil con los nuevos yacimientos petrolíferos descubiertos hace poco y las posibilidades que pudiera ofrecerle el combustible vegetal, todo lo cual, según las cuentas del zigzagueante Lula, sólo el capital extranjero y el apoyo de los poderosos inversionistas internos puede convertir en éxito económico concreto.

Además de Lula, que juega un papel principal por el peso específico de su país, hay otros más que oscilan entre arrimarse al fuego fatuo del neoliberalismo propiciado desde el norte siguiendo el ejemplo de Chile, o acercarse al polo liderado por Chávez, cuya abultada billetera petrolífera puede hacer olvidar sus arrebatos socialistas. Entre estos está el oscuro Tabaré Vázquez, el más fraudulento de los nuevos caudillos llevados al gobierno en brazos de la izquierda que renace en Latinoamérica.

El Frente Amplio uruguayo, como la Unidad Popular en Chile, constituyó en su época una de las esperanzas más acariciadas por los que postulaban en aquellos años un camino alternativo frente a los movimientos revolucionarios que utilizaban la violencia para alcanzar el poder. Su líder, el entonces militar retirado Líber Seregni, como José Vicente Rangel en Venezuela, era homologado con Salvador Allende que en Chile alcanzara el poder abriendo un proceso de cambios revolucionarios con un resultado que ya la historia bien conoce.

La larga lucha de Seregni y la izquierda uruguaya plasmó en octubre de 2004 con la elección de Tabaré Vázquez, que derivó en un frustrante personajete timorato y mediocre, casi desconocido desde las fronteras de su pequeño país hacia fuera, cuyo acto más lastimosamente destacable ha sido la disputa con Argentina por la instalación de un reducto del capital extranjero que ha sido la papelera Botnia.

El sueño más acariciado de la Casa Blanca sería, entonces, juntar a estos especímenes transgénicos del neosocialismo al liderazgo neoliberal que representa la “compañera” Bachelet con su política de claudicación y sometimiento al capital globalizado.

Este dudoso prestigio ganado en el exterior por los gobiernos de la Concertación ha transformado a Chile en una republiqueta de tercer orden relegada a los últimos lugares del protagonismo mundial, desplazándola de la historia moderna que polariza cada vez más la lucha social representada por los gobiernos de claro corte progresista que salen al paso de la peste neoliberal que nos trajera el nuevo milenio.

Los “compañeros” de artificio

Cuando Michelle Bachelet escucha a su vecino, el presidente de Bolivia, líder esperanzador y auténtico de su pueblo empobrecido, tratarla de “compañera”, es posible que alguna reminiscencia, algún “déjà vue” se asome en el desván polvoriento de su memoria, pero con seguridad no le es posible precisar dónde y cuándo escuchó esa palabrita que tiene, además, algo de molesto porque se relaciona con algunos pecadillos de juventud guardados hace mucho debajo de la alfombra.

Por mi parte estoy convencido que es una humorada de ese indio ladino y magnífico que se mofa así de los socialistas “herederos de Allende”, que llevan ya dos décadas instalados en el gobierno convertidos internamente en los mejores defensores de la política económica de la derecha, y sirviendo externamente de lacayos del imperialismo para atajar la esperanza socialista que revive hoy el continente, a pesar de la “compañera” Bachelet y su partido de marioneta.

Colofón de luto

Al momento de terminar este artículo se ha ido uno de los últimos grandes luchadores populares de mi patria y al que le rindo desde aquí mi más emocionado homenaje. Ha muerto un compañero de verdad, inclaudicable, un imprescindible según la clasificación bertoldbrechiana. Ha muerto el camarada Volodia Teitelboim, hermano escritor y hermano comunista cuyo recuerdo, y sobre todo su ejemplo de consecuencia, nos acompañará siempre hasta que llegue la tan ansiada victoria.

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* Escritor.
cristianjoelsanchez@gmail.com.

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