Jul 9 2010
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Cultura

Dorfman rinde tributo a las voces de América Latina que siempre olvidamos

Ericka Montaño Garfias*
Más allá de la historia de Joaquín Murieta, bandolero rebelde que asoló California, Americanos es una novela ambiciosa por su vastedad y cuenta el desarrollo de las luchas de América Latina, de la separación del territorio continental, la historia de la lucha por la identidad.Americanos: los pasos de Murieta es la nueva novela del ensayista y académico Ariel Dorfman, en la que la cabeza de Murieta, decapitada, separada del cuerpo, actúa como metáfora de esa división territorial y de esa búsqueda de identidad.

En entrevista telefónica desde Carolina del Norte, donde radica desde hace varios años y es catedrático en la Universidad de Duke, Dorfman habló acerca de ese nuevo trabajo.Esta novela "rinde homenaje a los 200 años de nuestra historia, a los latinoamericanos que buscan y que no encuentran, o que encuentran sin buscar", señala el también autor de ese leído y releído ensayo Para leer al pato Donald, escrito en colaboración con Armand Mattelart.

Pero también rinde homenaje a los indígenas. “Tengo la impresión de que si tuviera que elegir un grupo, sería que la historia secreta de Americanos tiene que ver con ese grupo de gente nativa de nuestro continente de la que todavía no se está hablando, y que tiene cosas muy importantes que decirnos; no como una especie de ser puro, sino un ser híbrido, cruzado, amestizado”.

Desolación y esperanza

En la novela esa historia es contada por un personaje femenino, cuyo nombre no se revelará aquí. "Ella le cuenta su historia al jaboncito, y creo que es una historia muy triste y a la vez desoladora, pero muy llena de esperanza. Digamos que rindo homenaje a esas voces latinoamericanas que siempre estamos olvidando".

Ese jaboncito al que se refiere el autor es uno de los personajes más importantes de la obra. No es un apodo, es en realidad un pedazo de jabón que ama el sexo entre los seres humanos, y es el narrador de esta historia en la que no se cuenta la vida de Murieta, ese bandolero cuyo mito, según dicen los historiadores, sirvió para crear El Zorro, sino los ires y venires de dos familias poderosas de California, los mellizos pertenecientes a una de ellas y la de Harrison Solar, quien participó en la lucha independentista de Chile y cuyo misterio de vida se va resolviendo al pasar las páginas.

Éste, reconoce Dorfman, es uno de sus proyectos más ambiciosos, cuya recepción entre lectores y críticos ha sido muy buena. “Nunca ha habido una novela sobre California, las dos Américas. Si agregas un jabón, le pones todo tipo de narradores, tienes un protagonista –Murieta– en el título que no aparece nunca y lo mezclas con el hecho de que para colmo intervino un traductor al que no le di permiso para que hiciera tal, me hizo pensar en cómo lo iba a recibir la gente.

"Todos han dicho que es ambiciosa, pero en general ha gustado. Donde más interés tengo, porque además es una respuesta real y profunda, es México, porque California es parte de su historia y entenderían este desgajamiento que planteo a través de Murieta, porque la historia de ustedes es de tales desgarramientos, esperanzas y juegos literarios."

–También pareciera que es su propia historia.
–Absolutamente. Tienes toda la razón. Llevé una vida de fugitivo, tránsfuga y trasplantado. Me debatí entre dos idiomas y dos continentes constantemente, y me costó mucho entender la enorme riqueza de ese proceso, la felicidad abigarrada de ese proceso, de entender que si bien había visto eso como una maldición y había querido ser sólo estadunidense, o sólo latinoamericano, ahora entiendo que soy americano, que soy de las dos partes.

“No significa que mi corazón no se encuentre en América Latina y que mis lealtades fundamentalmente estén ahí, quiere decir que yo mismo, como los personajes, como en la novela misma, soy un ser híbrido, un ser de muchos lugares, de solapamientos, de entrecruzamientos, de comunidades compartidas de muchas maneras y que creo que eso es muy latinoamericano: no somos una cosa, si algo nos caracteriza es nuestra multiplicidad y quise que en la novela esa riqueza fluyera, con personajes que, ellos mismos, son un momento de la historia donde van a tener que decir si quieren ser latinoamericanos o estadunidenses, gringos o rebeldes.

"La idea de que somos capaces culturalmente de ser tanto, que esa es nuestra riqueza y que no debemos avergonzarnos de todas las raíces que tenemos, no sólo en el suelo latinoamericano sino en el mundo mismo. Creo que es un momento muy interesante, yo diría de arraigado cosmopolitismo."

Realidad y hoyos en el continente

–¿Podríamos decir que Americanos es su trabajo más ambicioso?
–No, el próximo es el más ambicioso. Siempre es el próximo, en este momento escribo una ópera para el Festival Internacional de Edimburgo, una obra teatral con Viggo Mortensen para Madrid, y acabo de terminar la segunda parte de mis memorias.

“Americanos es la más vasta, la que contiene más historias, el panorama más grande, que trata de hacer más, que vuelve a la tradición de las grandes novelas, en el sentido de su deseo de abarcar mucho. Puedo decir que nunca una novela mía ha tratado de abarcar tanta historia latinoamericana que al mismo tiempo trate de ser una novela juguetona, orgásmica, experimental; es una novela que es populista y popular y a la vez una novela que juega con el tiempo, los personajes, las perspectivas, que recuerda las novelas de mis grandes maestros. Rindo homenaje a Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Gabriel García Márquez; especialmente a Cortázar, aunque él nunca hubiera escrito una novela como ésta.

“Es una novela que trata de totalizar la realidad latinoamericana y a la vez crea hoyos, una especie de queso suizo por donde se escurre el líquido constantemente. Creo que dialoga con las novelas anteriores latinoamericanas que me han formado, siempre quise tener ese tipo de diálogo. Toda nuestra novelística es un diálogo con El Quijote y ésta también lo es. En ese sentido es la más ambiciosa.”

Queda el misterio del traductor Eduardo Vladimiroff. Americanos fue escrita en inglés y traducida al castellano por Vladimiroff, de quien se asegura ha realizado traducciones de Joyce, Shakespeare y Nabokov. Inclusive tiene una página, breve, en Internet.

*Periodista de La Jornada de México
 

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