Feb 20 2006
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Opinión

EEUU: LA BRECHA DE CONFIANZA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Espionaje interno. Despu√©s del 11/9, el se√Īor Bush autoriz√≥ a la Agencia de Seguridad Nacional a que fisgoneara en Estados Unidos las conversaciones y correos electr√≥nicos de ciudadanos y de otros sin obtener √≥rdenes judiciales ni permitir al Congreso o a los tribunales que supervisaran la operaci√≥n.

Legisladores de ambos partidos han expresado fuertes dudas acerca de la legalidad de este programa, pero el fiscal General Alberto Gonz√°les dej√≥ en claro el pasado lunes en una audiencia senatorial que el se√Īor. Bush no tiene la menor intenci√≥n de cambiarlo.

Seg√ļn el Se√Īor Gonz√°lez, se puede confiar en que la administraci√≥n se investigue a s√≠ misma y que defienda por s√≠ la l√≠nea entre la seguridad nacional y las libertades civiles. Dejemos de lado el problema bastante grande de que nuestra democracia no funciona de esa manera. No est√° claro si esta administraci√≥n sabe d√≥nde se encuentra esa l√≠nea, mucho menos de si es capaz de defenderla.

El propio respeto del se√Īor Gonz√°lez por la verdad est√° bastante en entredicho. Al prestar testimonio bajo juramento en su audiencia de confirmaci√≥n el a√Īo pasado, √©l rechaz√≥ como ‚Äúhipot√©tica‚ÄĚ una pregunta acerca de si cre√≠a si el presidente ten√≠a la autoridad para realizar vigilancia sin √≥rdenes judiciales. En realidad el se√Īor Gonz√°lez sab√≠a que el se√Īor Bush estaba haciendo precisamente eso y como abogado de la Casa Blanca hab√≠a dado su aprobaci√≥n.

Los campamentos de prisioneros. Han pasado casi dos a√Īos desde que el esc√°ndalo de Abu Ghraib arroj√≥ luz sobre la violencia, las detenciones ilegales y otros abusos en campamentos militares de prisioneros de Estados Unidos. Ha habido audiencias del Congreso, fallos de tribunales imponiendo procedimientos judiciales en los campamentos y una ley que requiere que los prisioneros sean tratados en forma humanitaria. Sin embargo, nada ha cambiado.

El se√Īor Bush tambi√©n dej√≥ en claro que tiene la intenci√≥n de respetar la nueva ley acerca del tratamiento a prisioneros cuando su br√ļjula moral interna le diga que es lo correcto.

The Times informó que las autoridades militares de Estados Unidos estaban atando y alimentando por la fuerza a prisioneros que hacían huelga de hambre por decenas en Guantánamo para protestar ante su detención sin ninguna semblanza de justicia. El artículo decía que funcionarios de la administración estaban preocupados de que si un prisionero moría podría reanudarse la critica internacional a Guantánamo.

Hacen bien en preocuparse. Esto no es un simple embarazo. Es una atrocidad persistente que ha minado la credibilidad norteamericana en todo el mundo.

The National Journal se√Īal√≥ la semana pasada que muchos fueron entregados a las fuerzas norteamericanos por parte de se√Īores de la guerra paquistan√≠es y afganos, a cambio de recompensas. Otros simplemente cayeron en redadas.

Los militares han acusado de terrorismo solamente a 10 prisioneros. Durante tres a√Īos casi no se celebraron audiencias al resto, y cuando se hicieron la mayor√≠a fueron procesos fraudulentos.

Y sin embargo la administraci√≥n contin√ļa asegurando que se puede confiar en ella para que dirija con justicia esas prisiones, para que decida en secreto a capricho del presidente qui√©n debe ser encarcelado sin cargos e insista en que Guant√°namo est√° repleto de terroristas peligrosos.

La guerra de Iraq. Uno de los mayores momentos de petici√≥n de confianza del Se√Īor Bush fue cuando dijo a los norteamericanos que Estados Unidos ten√≠a que invadir a Iraq porque este pose√≠a armas peligrosas y significaba una amenaza inmediata para EE.UU. La Casa Blanca ha bloqueado una investigaci√≥n del Congreso para saber si exager√≥ la inteligencia acerca de Irak. Y contin√ļa insistiendo que la decisi√≥n de invadir estaba basada en el consenso de las agencias norteamericanas de inteligencia.

Pero la pr√≥xima edici√≥n de la revista Foreign Affairs incluye un art√≠culo escrito por el hombre que hasta el a√Īo pasado estuvo a cargo de la inteligencia acerca de Iraq, Paul Pillar, quien dijo que la administraci√≥n escogi√≥ la inteligencia que apoyara una decisi√≥n tomada previamente para invadir. Dijo que el se√Īor Bush y el vicepresidente Dick Cheney dejaron en claro qu√© resultados deseaban y escucharon solo a los analistas que la presentaron.

Incre√≠blemente, dijo el se√Īor Pillar, el presidente nunca pidi√≥ una evaluaci√≥n de las consecuencias de invadir a Irak hasta un a√Īo despu√©s de la invasi√≥n. Dijo que la comunidad de inteligencia hizo ese an√°lisis por su cuenta y pronostic√≥ una sociedad profundamente dividida, lista para la guerra civil. Cuando finalmente la administraci√≥n solicit√≥ una valoraci√≥n de inteligencia, el Se√Īor Pillar estuvo al frente de la tarea, la cual en agosto de 2004 lleg√≥ a la conclusi√≥n de que Iraq estaba al borde del desastre.

Los funcionarios filtraron su nombre al columnista Robert Novak y a The Washington Times. La idea era que el se√Īor Pillar no era confiable porque disent√≠a de la l√≠nea del partido. De alguna manera, esto suena como algo que hemos escuchado antes.

Como muchas otras administraciones anteriores, la actual a veces evade torpemente la verdad para evitar el embarazo. (Ahora sabemos, por ejemplo, que la Casa Blanca no dijo la verdad acerca de cuándo supo que los diques de Nueva Orleáns habían fallado). La exageración usual es una cosa. El ataque a las libertades civiles, al proceso debido y al balance de poderes, que son el corazón de la democracia norteamericana, es otra.

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* Traducido y distribuido por la revista Progreso Semanal
(www.progresosemanal.com).

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