Sep 7 2008
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Sociedad

El 11 de septiembre en Chile y el paso del tiempo

Javiera Carmona*

Las preguntas que se han construido sobre la significación de la dictadura de Pinochet escudriñan sobre lo que hicieron los chilenos mientras llegaban los golpistas, o de lo que hicieron antes de que llegaran los golpistas, o de lo que han hecho durante ese largo tiempo inmóvil, quieto, inalterable y congelado después que se fueron los golpistas y llegó la Concertación de Partidos Por la Democracia.

Muchos chilenos sintieron que el tiempo se detuvo en 1973 cuando constataron que sus vidas se interrumpieron. Algunos pensamos que los chilenos sufrieron la peor de las heridas: quedar suspendidos de una grieta que desde entonces todo lo devoró.

El chileno de hoy no es un ciudadano con proyectos y alegrías. Por el contrario, el temor articula su cotidianidad, expresado en el miedo a perder el empleo, a enfermarse, a envejecer sin protección social, a entrar en el mundo laboral con desventajas por falta de educación, a la inflación y al imparable aumento del costo de la vida.

El otro Chile, el triunfador que pactó la salida de Pinochet y la instalación de una democracia retórica mas no real, ha tenido un destino diferente al del resto de sus compatriotas. Lograron la perpetuación del régimen y la materialización de sus proyectos y alegrías.

En Chile no hay paradojas, pues el triunfo rotundo de un cogobierno (entre la Concertación y la Alianza por Chile), o de una democracia pactada, ha tenido resultados que lejos de ser mediocres son extraordinarios. Vencieron convenciendo. Eternizaron en democracia la organización de un país en dictadura.

El tiempo ha mantenido su incontenible marcha y hoy vemos que mientras Chile fue elegido miembro del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en el país se multiplican las denuncias por maltrato policial, represión de los movimientos sociales y criminalización de las demandas de los pueblos originarios.

La discriminación a miembros de la etnia mapuche consiste en la aplicación de la Ley Antiterrorista, engendro de la era Pinochet. Asimismo, el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Pueblos Indígenas y Tribales, elaborado en 1989, que protege los derechos de esos pueblos y garantiza el respeto a su integridad, no ha sido ratificado.

A esto se suma la vigencia de la Ley de Amnistía, otra joya del período pinochetista, que se opone al derecho internacional y libera de responsabilidad penal a los violadores de derechos humanos. Mencionemos también la nula voluntad del gobierno democrático a ratificar los tratados internacionales como el Estatuto de Roma, que establece la Corte Penal Internacional, la Convención Internacional sobre la Desaparición Forzada de Personas (Naciones Unidas) y la Convención Interamericana sobre la Desaparición Forzada de Personas (OEA).

Por último, recordemos los errores en la identificación de osamentas de personas asesinadas en 1973, que fueron exhumadas y entregadas a 96 familias, entre ellas la de Fernando Olivares Mori, motivo central de la película de Silvio Caiozzi Fernando ha vuelto. Visto así, Fernando no sólo ha vuelto a desaparecer, sino que además en este marco es prácticamente imposible que alguna vez vuelva.

El 16 de agosto de 2005 se aprobó incorporar 58 enmiendas constitucionales que se convirtieron en una “renovación facial” de la Constitución de Chile. El entonces Presidente Ricardo Lagos la celebró orgulloso aun cuando todos sabíamos que seguíamos sujetos a una Carta Fundamental ideada por Pinochet que no expresa al chileno que vive secuestrado por el miedo y que no puede expresarse en minorías políticas que el sistema binominal deja fuera del poder legislativo.

Lo de Chile sólo es una pesadilla pues en el mundo hay muchos corazones latiendo aceleradamente por la emocionante noticia de la presentación en la revista Hola de los mellizos Knox Leon y Vivienne Marcheline, hijos de Angelina Jolie y Brad Pitt.

 

*Académica e investigadora.

Arena Pública, plataforma de opinión de Universidad Arcis.

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