Nov 30 2015
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Cultura

El acto de matar

¬ŅQu√© es este delirio kitsch donde misses indonesias desfilan ante cascadas lejanas y una arruinada edificaci√≥n en forma de pez, mientras el gordo Anwar Koto en atuendo travest√≠ les ordena: ‚ÄúSonr√≠an, sonr√≠an, no muestren su peor lado a la c√°mara?‚ÄĚ.

Es la apertura de El acto de matar, documental donde Joshua Oppenheimer recoge los testimonios de paramilitares que, con apoyo de Lyndon B. Johnson y de Henry Kissinger, liquidaron en 1965 en Indonesia entre medio mill√≥n de supuestos izquierdistas, o 2.600.000, seg√ļn la estimaci√≥n satisfecha del general Sarwo Ethie.

‚Äú¬ŅY los hijos no quieren vengarse?‚ÄĚ, pregunta sonriente la animadora del reality show donde ocurren estos desahogos del alma. ‚ÄúEs que no pueden porque acabamos con todos‚ÄĚ, contesta el paramilitar Anwar Kongo. acto de matar1

Anwar Kongo confiesa luego c√≥mo pas√≥ de revendedor de entradas de cine a ejecutor en masa. Explica, con un voluntario que hace de v√≠ctima: ‚ÄúAl principio los degoll√°bamos, pero corr√≠a mucha sangre, hab√≠a un olor horrible. Entonces los ahorc√°bamos con alambres‚ÄĚ.

No se filma lo que ocurri√≥ hace medio siglo, se lo escenifica. El obeso Herman Koto, con lentes negros y el uniforme veteado de negro de su organizaci√≥n paramilitar, Pancasila, hace casting en un barrio marginal. ‚ÄúEstas mujeres no quieren interpretar comunistas porque todos pensar√°n que son comunistas de verdad. Buscamos mujeres que interpreten esposas con hijos. En la actuaci√≥n ustedes tratan de que no quememos sus casas pero nosotros las quemamos‚ÄĚ. Gritan mujeres y ni√Īos: ‚ÄúNo quemen mi casa, no lo hagan, por favor. Mam√°, quemaron mi casa, todo desapareci√≥‚ÄĚ. Koto se une a la actuaci√≥n: ‚ÄúM√°tenlos, destruyan su casa, qu√©menla, qu√©menla toda. Sigue llorando, as√≠ es‚ÄĚ.

Las reconstrucciones incluyen la quema de un poblado completo, con aterradoras escenas donde quienes act√ļan como v√≠ctimas empiezan a sentirse como tales. Tambi√©n hay un episodio de cambio de roles, donde el paramilitar Anwar Kongo act√ļa como v√≠ctima, maquillado con falsas heridas y maniatado. A pesar de que sabe que es una representaci√≥n, el genocida queda traumatizado. Le persigue la imagen de una v√≠ctima a quien cort√≥ la cabeza y no cerr√≥ los ojos. Luego, en un bar, Kongo revela: ‚ÄúCuando mi madre estaba viva, a veces cuando yo gritaba en sue√Īos mi mam√° interrump√≠a¬† y me despertaba: antes de dormir l√°vate los pies di tus oraciones. S√© que tengo pesadillas por las cosas malas que hice, mat√© muchas personas que no quer√≠an morir‚ÄĚ. Ante hileras de¬† botellas de cerveza palmea a Herman, quien¬† canta al son de su guitarra.
acto de matar3
En un momento los paramilitares interrumpen la escenificación de las torturas porque llega la hora de la oración, que todo  sicario respeta.

Como era de esperar, las organizaciones internacionales de Derechos Humanos, cuyas escrupulosas decisiones legitiman la destrucci√≥n de pa√≠ses progresistas o con recursos naturales codiciables, nada objetaron ante tales hechos. En un auto, Anwar Kongo y un viejo c√≥mplice comentan: ‚ÄúNo es mi intenci√≥n incomodarte, pero los convenios de Ginebra definen como cr√≠menes lo que hicimos‚ÄĚ. ‚ÄúPero Bush en¬† el poder era bueno, dijo que Hussein ten√≠a armas de destrucci√≥n masiva, y no era asi‚ÄĚ. ‚ÄúHay la convenci√≥n de Ginebra, ma√Īana tendremos la de Yakarta‚ÄĚ. ‚ÄúLos ganadores definen los cr√≠menes de guerra‚ÄĚ. ‚ÄúNo toda la verdad es buena‚ÄĚ (‚Ķ) ‚Äú¬ŅY si te llevaran a la Haya?‚ÄĚ Koto sonr√≠e: ‚ÄúIr√≠a, no me sentir√≠a culpable, me har√≠a famoso‚ÄĚ.

Cincuenta de los colaboradores en el documental prefirieron permanecer anónimos, por temor a las represalias paramilitares. Ojala no volvamos a conocer nunca este temor los venezolanos.

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