Jul 14 2011
1729 lecturas

Cultura

El chamán y el sacerdote

Nieves y Miro Fuenzalida.*

¿No es el caso de que hay ciertos ideales y anhelos humanos secretamente sumergidos en la tradición y que porfiadamente persisten, adoptando formas ajenas  expresándose a través de supersticiones, mostrándose fragmentariamente aquí o allá  siempre,  obstinadamente sobreviviendo? Heréticos y rebeldes,  revolucionarios y excomulgados, “locos” y brujos… formas de resistencia en las que podemos ver el intento de decodificar flujos humanos.

En la ruina social de los pueblos indígenas, borde de la civilización, aun es posible distinguir remanentes de estructuras más primitivas. En el espacio conceptual y geográfico de la desposecion y el exilio; la herencia chamánica todavía pareciera ocupar una posición central. En el momento en que los “derechos y costumbres” anti- jerárquicas desaparecen y la voluntad de resistencia pierde su materialidad; solo el “espíritu” permanece.

Cuando un pueblo es derrotado queda reducido no mas que a mitos,  fábulas y memorias de un tiempo ya ido, hasta que un día éstos se transforman nuevamente en la fuerza capaz de energizar la resistencia material. El chamán; al igual que la guerrilla primitiva y la economía del regalo; son parte de la maquina paleolítica,  parte integrante de las sociedades de caza y cultivo.

Según el antropólogo Michael Taussig lo que distingue al chamán y que lo hace un carácter excéntrico es que el o ella no es un sacerdote, parte de la religión oficial. La línea que separa a uno del otro puede hacerse bastante borrosa; pero, a pesar de ello; siempre es posible distinguir realidades diferentes.

El sacerdote representa y está al servicio de la separación y jerarquía a diferencia del chamán. Este no recibe un salario y no es un “especialista”, como tampoco es el heredero de una “línea de sucesión”de profesores y autoridades. No “venera” a Dios. La iniciación chamánica puede o no puede ser mediada por otros chamánes, pero siempre consiste en un contacto directo,  no mediatizado por espíritus y dioses con los que solo trabaja y a quienes,  incluso,  obliga y ordena.

El chamán puede ser más grande que un espíritu y su autoridad solo surge de la eficacia de su práctica. En ciertas tribus, si fracasaba repetidamente podía ser muerto. Si bien es cierto que el chamanismo sirve funciones de cohesión social, no es menos cierto que, también, sirve como una fuerza disipativa en relacion a la concentración y acumulación de poderes. El chamán no representa ni a los dioses ni a los espíritus. Su labor es hacerlos presentes con la ayuda de plantas entheogenicas o dejándose poseer por ellos.

Cuando los espíritus se hacen presentes son sentidos por todos los participantes y no solo por el chamán, en contraste con el sacerdote que ya no tiene ni siquiera la capacidad exclusiva de experimentar la presencia, ni mucho menos facilitarla; a la congregación. Ya sea con o sin plantas entheogenicas el chamánismo es experiencial y, por tanto,  ”democratico”, si podemos usar este termino no lineal, en tanto que el sacerdocio está basado en la mediación y la fe; lo que lo hace separativo y jerárquico.

Los primeros piensan con plantas, animales y espíritus más bien que con ideologías y libros sagrados. Son afuerinos en gran medida, a pesar de que ocupan el centro de lo social —a diferencia de los últimos que, perteneciendo a la jerarquía social,  permanecen desplazados y fuera de foco.

¿Por qué volver al chamánismo? Porque hoy aun persiste, porfiadamente, en los márgenes del imperio. El colonialismo no pudo borrarlo de la foresta y su presencia continúa sirviendo un espacio conceptual de resistencia; como lo ha mostrado Michael Taussig en su sobresaliente estudio Shamanism, a study in colonialism.

La importancia de su tesis radica en la consideración del chamanismo como un sistema interactuando con el mundo y no sólo como un objeto exótico de análisis sin ninguna relevancia fuera de la esfera de la antropología o de la historia de las religiones. El modelo de un poder soterrado propio de los oprimidos, y que tan frecuentemente es un poder chamánico, nos prepara a percibir modelos más sutiles en los que los signos chamánicos de resistencia pueden estar silenciados hasta el punto de la invisibilidad.

La sombra chamánica puede estar presente; incluso, en instituciones o imágenes carentes de toda conexión con el chamánismo… Por un lado; el culto chamánico, junto con sus trazos y sombras, representa un punto de retorno o, incluso podríamos decir, una reversión —aunque no posible— a costumbres mas primordiales.

Por otro lado representa, también, un avance, una resistencia, una demanda de “derechos”. El objeto de esta preocupación por el chamánismo no es la verdad del ser,  sino el ser social de la verdad. No si los hechos son reales, pero qué interpretación y representación política tenemos de ellos.

De lo que se trata, es de liberar la enorme energía histórica que yace atada en el “érase una vez…” de la narrativa clásica. La historia oficial que nos mostró las cosas “como realmente fueron” fue uno de los más fuertes narcóticos del siglo XX.



 

* Escritores y docentes. Residen en Canadá.

 

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario