Jun 17 2008
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OpiniónPolítica

El Che desconocido

Néstor Kohan*  

  Guevara desde el siglo XXI
 
Ernesto Che Guevara es un revolucionario del siglo XXI. Su concepción de la resistencia anticapitalista a escala global, su oposición a la prepotencia del imperialismo norteamericano, sus esperanzas en la nueva subjetividad o el cuestionamiento radical de toda “razón de Estado” y toda burocratización del socialismo, ¿no son temas, inquietudes y problemas de nuestro tiempo? Incluso su preocupación por la calidad de la producción y sus análisis sobre la necesidad de generar entusiasmo en los trabajadores como palanca fundamental del desarrollo se adelantaron varios años a las propuestas del ingeniero Tai Chi Ohno que con el toyotismo revolucionaron la producción industrial postfordista. El cuadrito “empleado del mes” y otros premios simbólicos del Mc Donald no son más que las caricaturas capitalistas de los incentivos morales propiciados por Guevara en el socialismo.
 
¿Cómo llegó el Che a conclusiones tan lúcidas y actuales? ¿Cómo pudo vaticinar en 1965 el regreso de la Unión Soviética al capitalismo? ¿Qué concepción social y qué metodología empleaba Guevara en sus análisis?
 
Estudiar y repensar esos presupuestos del Che resulta imprescindible para cualquier pensamiento social contemporáneo que pretenda estar a la altura de nuestra época. Para ello se torna impostergable explorar las múltiples dimensiones de su personalidad. Principalmente aquellas desconocidas que no muestran ni el cine de Hollywood ni las biografías mercantiles que inundan el mercado.
 
Tuvieron que pasar varias décadas desde su asesinato para que comenzaran a aflorar, tímidamente, otras facetas de su vida. El Che como estudioso del capitalismo, analista de la transición al socialismo, teórico de los problemas de la revolución mundial y polemista al interior del marxismo. Recién hoy se comienza a explorar y discutir una nueva dimensión de su personalidad multidimensional. Guevara como estudioso sistemático del marxismo, lector de los clásicos del pensamiento social y apasionado explorador de la literatura filosófica revolucionaria. En suma, el Che no sólo como combatiente armado por el socialismo, que sin duda lo fue, o como “guerrillero heroico” (como se lo homenajea cotidianamente en su querida Cuba), sino también como pensador marxista, la más desconocida.
 
Hace poco que se le reconoce el primer nivel que logró alcanzar en cuestiones teóricas. A ello contribuyeron investigaciones que reconstruyen sus intervenciones en el “el gran debate” de 1963-64 sobre la teoría del valor, el mercado y la planificación en la transición socialista (donde también polemizaron el economista belga Ernest Mandel y el académico de la Sorbona Charles Bettelheim). Esos estudios destacan sus lecturas marxistas sistemáticas. También han sido importantes los testimonios de sus compañeros —como Orlando Borrego— que relatan los seminarios sobre El Capital que el Che estudió junto con Fidel Castro y el profesor hispano-soviético Anastasio Mansilla. Finalmente, el marxismo sutil y refinado del Che ha podido reconstruirse a partir de escritos suyos desconocidos, poco difundidos o directamente inéditos.
 
Los escritos inéditos
 
Entre estos últimos merecen destacarse una serie de cartas donde Guevara expone su concepción de la filosofía y de la historia del marxismo (por ejemplo la carta a Armando Hart Dávalos, fechada en Dar-Es-Salaam, Tanzania, el 4/12/1965). También su crítica al Manual de economía política oficial en la URSS, en el cual el Che analiza, con El Capital de Marx en la mano, los graves errores teóricos del marxismo soviético vaticinando el regreso de la URSS al capitalismo [ver CARTOGRAFÍA].
 
No debe olvidarse tampoco la biografía sobre Marx y Engels que escribe el Che, inspirándose en Franz Mehring [ver CARTOGRAFÍA]. Y, finalmente, sus Cuadernos de notas de Bolivia [ver CARTOGRAFÍA], la frutilla de la torta que corona una larga y meditada reflexión sobre los clásicos del marxismo y sus precursores, como el filósofo G.W.F. Hegel, ya presente en su carta a Hart Dávalos.
 
Los Cuadernos de notas de Bolivia
 
Sus escritos de Bolivia están formados por tres cuadernos de notas, uno verde, uno rojo y otro rosado. Al capturarlo, fueron apropiados por el ejército boliviano. A diferencia del Diario del Che en Bolivia (exclusivamente político-militar), este otro material permaneció en la penumbra de un gabinete militar durante años como “trofeo” y “botín de guerra”.
 
De esos cuadernos, uno está dedicado a la poesía. Fue publicado recientemente con el título El cuaderno verde del Che con prólogo de Paco Ignacio Taibo II [Buenos Aires, Seix Barral, 2007]. Sin embargo, en los originales que aun retiene el ejército boliviano, el cuaderno verde contiene algo distinto: un plan de estudio sobre el materialismo histórico. En el original, las poesías están en un cuaderno rosado. ¿Quizás existan varios cuadernos verdes del Che en Bolivia o hubo acaso una equivocación editorial? Eso sólo lo sabe el ejército boliviano.
 
En el cuaderno rojo se encuentran los extensos extractos de autores leídos por Guevara y sus reflexiones sobre ellos. Las citas están escritas en tinta de bolígrafo azul, los balances del Che sobre los autores, como no podía ser de otro modo, en color rojo.
 
La única vez que se publicaron estas notas teóricas de Bolivia fue en Italia [ver CARTOGRAFÍA], traducidos y con una muy mala edición (que citaba los libros leídos por el Che en ediciones europeas, en lugar de hacerlo en el original en castellano). Como parte de un ambicioso plan editorial, próximamente el Centro Che Guevara de La Habana (dirigido por su esposa Aleida Guevara y por la investigadora María del Carmen Ariet) junto con la editorial Ocean Press publicarán este material teórico en su idioma original y lo volverán accesible para el público latinoamericano.
 
El marxismo latinoamericano del Che
 
Los Cuadernos filosóficos (tanto el rojo como el verde) de Bolivia expresan el punto de llegada y la continuidad con notas, planes y papeles anteriores, redactados en Tanzania, Praga y Cuba, antes de partir a Bolivia. Este núcleo de continuidad está sintetizado en un plan general sobre la historia dividido en cinco partes. Plan que es, al mismo tiempo, el índice de un futuro libro de crítica de la economía política (así lo piensa inicialmente el Che) y un programa de investigación historiográfico sobre el marxismo, el capitalismo, el socialismo y la transición de uno a otro sistema mundial.
 
Ese plan de investigación —centrado en la concepción materialista de la historia de Marx y su teoría de los modos de producción, interpretada por el Che de manera totalmente distinta a la de Stalin— constituye el hilo rojo que entreteje las reflexiones filosóficas de Tanzania, los materiales críticos de la economía política de Praga y las lecturas y reflexiones teóricas de Bolivia.
 
Los autores leídos, extractados y comentados por el Che en estos Cuadernos son: el sociólogo estadounidense C.Wright Mills, el filósofo húngaro György Lukács; Friedrich Engels; su amigo Fidel Castro; el dirigente bolchevique ruso León Trotsky; los profesores soviéticos de filosofía Mark Moisevich Rosental, G.M. Straks y Mikhaíl Aleksandrovich Dynnik, finalmente el ensayista boliviano (integrante del PC Boliviano) Jorge Alejandro Ovando Sanz.
 
Si sobre Wright Mills el Che opina que su antología Los marxistas constituye “una clara muestra de la intelectualidad liberal de izquierda norteamericana” en el caso de la obra El joven Hegel de Lukács, Guevara sostiene que “Es un libro de mucha profundidad que analiza exhaustivamente la filosofía hegeliana de su juventud y trata de explicarla. Contribuye a iniciar en la difícil filosofía hegeliana, explicando incluso su vocabulario junto con su metodología. Presenta análisis muy sugerentes, entre los que está la afirmación de que la dialéctica hegeliana no es solo la inversa de la materialista, sino que tiene sus propias leyes y su mecánica, hundiéndose en mistificaciones que la convierten en un pantano intransitable”.
 
En cuanto a la Historia de la revolución rusa de Trotsky, Guevara opina que “Es un libro apasionante pero del cual no se puede hacer una crítica pues está de por medio la calidad de actor [subrayado del Che] que tiene el historiador. De todas maneras, arroja luz sobre toda una serie de hechos de la gran revolución que estaban enmascarados por el mito. Al mismo tiempo, hace afirmaciones aisladas cuya validez es total al día de hoy. En resumen, si hacemos abstracción de la personalidad del autor y nos remitimos al libro, éste debe considerarse una fuente de primer orden para el estudio de la revolución rusa”.
 
Finalmente, en relación con el libro de Ovando Sanz del PC boliviano, el Che lo cuestiona como un “Libro monocorde, con una tesis interesante sobre el tratamiento de Bolivia como Estado multinacional y el [ilegible], aquí expresa que la Reforma Agraria boliviana es un mito, cosa que habría que investigar más a fondo y estadísticamente. Se pudo haber hecho un folleto de 50 pgs. pero el autor nos obsequia con 450, desilvanadas, repetidas y con profusión de estas”.
 
Su laboratorio mental
 
Estos Cuadernos filosóficos de Bolivia constituyen un indicio importante para continuar explorando el laboratorio mental del Che Guevara. En la tradición marxista existen muchos antecedentes de manuscritos inéditos que hicieron historia. Por ejemplo los Manuscritos económico-filosóficos [1844] y las Tesis sobre Feuerbach [1845] de Marx; los Cuadernos filosóficos [1914-16] de Lenin, los Cuadernos de notas filosóficas [1933-1935] de Trotsky, las Tesis sobre el concepto de historia [1940] de Benjamin o los Escritos económicos inéditos [1960] de Mao. Los Cuadernos filosóficos del Che en Bolivia juegan un papel análogo y se inscriben en esa prolongada tradición de pensamiento político donde la reflexión escrita ha sido tan fundamental.
 
En su conjunto estos Cuadernos filosóficos, aun inacabados debido a su asesinato, expresan la madurez del Che, su reelaboración de la concepción materialista de la historia leída e interpretada desde América latina y un mapa de sus búsquedas teóricas. Al leer estas páginas queda completamente desdibujada la ficción que lo caracteriza como un revolucionario improvisado, un marxista aficionado y un fanático militarista sin ideología. Por el contrario, Guevara conocía en profundidad a los principales exponentes de la tradición marxista (desde Marx y Engels a Lenin, desde Trotsky a Lukács, desde Fidel Castro a Rosa Luxemburg).
 
Lo más llamativo y lo que más polémica generará será seguramente su balance sobre León Trotsky, además de sus lecturas de Hegel a través del principal marxista hegeliano del siglo XX, el húngaro György Lukács.
 
Desde lo más profundo de la selva de Bolivia, en medio de las feroces persecuciones del Ejército, la CIA y los rangers norteamericanos, con una mano en su fusil y con la otra en sus libros de filosofía, el Che nos sigue interpelando.
 
*Publicado por La Haine

 

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