Abr 11 2010
409 lecturas

Política

El cuádruple sello nuclear de Obama

Alfredo Jalife-Rahme*
Tras su readaptación doméstica, al haber obtenido la importante aprobación de su muy controvertida reforma de salud, Obama ha descolgado en el ámbito internacional otro relevante triunfo mediante la firma con Rusia de la trascendental segunda versión del Start (siglas en inglés del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Nucleares).

En un mes, de abril a mayo, Obama habrá revolucionado con cuatro hechos concatenados su cosmogonía de desnuclearización.

1. El 6 de abril Obama expuso su doctrina nuclear de no usar en primera instancia armas nucleares contra países carentes de ellas, pero que serían motivo de represalias devastadoras con armas convencionales de Estados Unidos (EU) (que son tan letales como las atómicas) con dos aparatosamente notables cuan sesgadas excepciones: Norcorea e Irán.

2. Firma el 8 de abril del Start II en Praga que ahora compite simbólicamente con Ginebra como la capital del desarme nuclear durante la presidencia de Obama.

3. Obama convocó a 47 dirigentes mundiales a la relevante Cumbre sobre la Seguridad Nuclear el 12 y 13 de abril en Washington. El mandatario había propuesto la cumbre el año pasado, coincidentemente en Praga, con la intención de reforzar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) en conjunción con la muy polémica Iniciativa de Seguridad Proliferativa, además de la Iniciativa de Combate al Terrorismo Nuclear.

Y 4. Crucial revisión quinquenal del TNP en mayo próximo en la sede de la ONU.

En la notable cosmogonía nuclear de Obama los cuatro sucesos están articulados coherentemente tanto en su organigrama como en su cronograma.

Le Monde, la Agencia France-Presse y Reuters (8/4/10) califican que la reducción de los arsenales nucleares es “considerable” cuando EU y Rusia “controlan 95 por ciento de las armas nucleares en el mundo”.

En forma opuesta, para The New York Times (8/4/10), las “reducciones son modestas”, aunque marcan un “vuelco en las relaciones con Moscú que tocaron fondo en agosto de 2008 durante la guerra de Rusia y Georgia”.

De Defensa (9/4/10), portal europeo de pensamiento estratégico, es muy severo con la nueva doctrina nuclear de Obama: “no cambia gran cosa en relación con la anterior que pretende modificar”, mientras los iraníes, con justa razón, fustigan la parcialidad nuclear autista de EU.

Pese a las reticencias sobre sus alcances –debido a las contradicciones inherentes del Start II y a la interpretación hermeneútica sobre su vinculación al despliegue misilístico balístico estadunidense en Rumania y en Bulgaria–, De Defensa reconoce los “incuestionables éxitos personales de Medvediev y Obama”.

¿Estamos ante un reparto silencioso del mundo? A escala micropolítica, no podemos ignorar la serie de hechos extraños que han acontecido –y pudieron ser mera coincidencia cronológica y/o inducidos pérfidamente– desde que Hillary Clinton anunció el acuerdo sobre el Start II hasta pocos días de su firma: 1. Atentados terroristas del Jihad global (léase: el “Londonstán”, es decir, los fundamentalistas islámicos abrigados y financiados en Londres) en el Metro de Moscú y en la provincia mahometana rusa de Daguestán (contiguo al superestratégico mar Caspio); 2. “cambio de régimen” en Kirguizistán, el estratégico país centroasiático, lo cual, según los “analistas” anglosajones, beneficia a Rusia (y a China) y perjudica a EU y a Gran Bretaña, y 3. El accidente aéreo del presidente de Polonia, Lech Kaczynski, cerca del aeropuerto de Smolensk, en la parte occidental de Rusia.
¿A quién(nes) molestará tanto el Start II, al unísono de la cosmogonía nuclear de Obama?

Sea lo que fuere, el Start II regresó a Rusia al primer plano mundial, en la etapa de resurrección del zar geoenergético Vladimir Putin, y movió el centro geopolítico europeo de gravedad a Moscú con su reciente reconciliación espectacular con tres anteriores satélites de la URSS: Eslovaquia, Polonia y la República Checa (pese a los pataleos y berrinches infantiles del fanático neoliberal Václav Havel, excelente escritor, pero pésimo político: caso similar al peruano fundamentalista Mario Vargas Llosa).

EU y Rusia habían cesado de ser enemigos, pero tampoco son amigos, como ha descrito el canciller ruso, Sergei Lavrov. Con el Start II las relaciones bilaterales se han reajustado mediante la perezagruzka, la “reactivación” (ver Bajo la Lupa, 11/3/19).

En el incipiente nuevo orden multipolar, las relaciones de las grandes potencias del planeta (a nuestro juicio el “híbrido orden hexapolar” constituido por EU, la Unión Europea y el BRIC –Brasil, Rusia, India y China–, generosamente podríamos agregar a Japón y la nueva ecuación no variaría para nada) cesaron de ser linealmente maniqueas para entrar a la fase compleja no lineal de traslapes.

Con la cosmogonía nuclear de Obama –susceptible de crear una matriz operativa de entendimiento tripartita entre EU, Rusia y China–, la dinámica es alentadoramente positiva, aunque no todo sea color de rosa, porque desemboca en partos dolorosos cuando no distócicos.

EU y Rusia ya dieron ejemplo al mundo al reducir en una tercera parte sus arsenales nucleares en un lapso de siete años, lo cual debería ser imitado por tirios y troyanos, cuando el presidente Hu Jintao ha aceptado civilizadamente asistir a la cumbre nuclear de Washington, dejando atrás las presiones unilaterales de la administración Obama en otros temas cruciales.

Piotr Smolar (Le Monde, 8/14/10) califica amargamente de “cena del adiós” la invitación de Obama en Praga, después de la firma del Start II, a 11 mandatarios de Europa central y oriental, quienes han perdido su relevancia frente a la perezagruzka de EU y Rusia.

El mismo día de la firma del Start II, el belicoso premier Bibi Netanyahu, que la ex canciller Tzipi Livni acusa con justa razón de haber convertido a Israel en “Estado paria” (ver Bajo la Lupa, 21/3/10), canceló su asistencia a la cumbre nuclear convocada por Obama debido a que Egipto y Turquía (dos aliados islámicos prominentes de EU) “tienen la intención de abordar el tema de los presuntos arsenales nucleares de Israel en la conferencia” (Reuters, 8/14/10), que van desde 200 pasando por 400 hasta 600 ojivas, dependiendo quien calcule.

¿De qué celestiales canonjías paleobíblicas goza Israel, que no firma el TNP ni admite la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica, para que no se aborde siquiera el tema de su arsenal nuclear clandestino, mientras a Irán, signatario del tratado, le aprietan todas las tuercas y hasta Obama amenaza con propinarle sanciones draconianas durante esta “primavera”?

Tales son los escollos que tendrá que sortear Obama para no descarrilar su trascendental desnuclearización que peca tanto de excesivo rigor con Irán –cuyo programa nuclear civil fue iniciado por EU durante la fase del sha para contener a la URSS en el mar Caspio– como de descomunal (hasta ahora) protección a Israel, que deberá ser obligado por la Cumbre de Washington a firmar el TNP.

*Analista internacional mexicano
 

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El cuádruple sello nuclear de Obama

Alfredo Jalife-Rahme*
Tras su readaptación doméstica, al haber obtenido la importante aprobación de su muy controvertida reforma de salud, Obama ha descolgado en el ámbito internacional otro relevante triunfo mediante la firma con Rusia de la trascendental segunda versión del Start (siglas en inglés del Tratado de Reducción de Armas Estratégicas Nucleares).

En un mes, de abril a mayo, Obama habrá revolucionado con cuatro hechos concatenados su cosmogonía de desnuclearización.

1. El 6 de abril Obama expuso su doctrina nuclear de no usar en primera instancia armas nucleares contra países carentes de ellas, pero que serían motivo de represalias devastadoras con armas convencionales de Estados Unidos (EU) (que son tan letales como las atómicas) con dos aparatosamente notables cuan sesgadas excepciones: Norcorea e Irán.

2. Firma el 8 de abril del Start II en Praga que ahora compite simbólicamente con Ginebra como la capital del desarme nuclear durante la presidencia de Obama.

3. Obama convocó a 47 dirigentes mundiales a la relevante Cumbre sobre la Seguridad Nuclear el 12 y 13 de abril en Washington. El mandatario había propuesto la cumbre el año pasado, coincidentemente en Praga, con la intención de reforzar el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP) en conjunción con la muy polémica Iniciativa de Seguridad Proliferativa, además de la Iniciativa de Combate al Terrorismo Nuclear.

Y 4. Crucial revisión quinquenal del TNP en mayo próximo en la sede de la ONU.

En la notable cosmogonía nuclear de Obama los cuatro sucesos están articulados coherentemente tanto en su organigrama como en su cronograma.

Le Monde, la Agencia France-Presse y Reuters (8/4/10) califican que la reducción de los arsenales nucleares es “considerable” cuando EU y Rusia “controlan 95 por ciento de las armas nucleares en el mundo”.

En forma opuesta, para The New York Times (8/4/10), las “reducciones son modestas”, aunque marcan un “vuelco en las relaciones con Moscú que tocaron fondo en agosto de 2008 durante la guerra de Rusia y Georgia”.

De Defensa (9/4/10), portal europeo de pensamiento estratégico, es muy severo con la nueva doctrina nuclear de Obama: “no cambia gran cosa en relación con la anterior que pretende modificar”, mientras los iraníes, con justa razón, fustigan la parcialidad nuclear autista de EU.

Pese a las reticencias sobre sus alcances –debido a las contradicciones inherentes del Start II y a la interpretación hermeneútica sobre su vinculación al despliegue misilístico balístico estadunidense en Rumania y en Bulgaria–, De Defensa reconoce los “incuestionables éxitos personales de Medvediev y Obama”.

¿Estamos ante un reparto silencioso del mundo? A escala micropolítica, no podemos ignorar la serie de hechos extraños que han acontecido –y pudieron ser mera coincidencia cronológica y/o inducidos pérfidamente– desde que Hillary Clinton anunció el acuerdo sobre el Start II hasta pocos días de su firma: 1. Atentados terroristas del Jihad global (léase: el “Londonstán”, es decir, los fundamentalistas islámicos abrigados y financiados en Londres) en el Metro de Moscú y en la provincia mahometana rusa de Daguestán (contiguo al superestratégico mar Caspio); 2. “cambio de régimen” en Kirguizistán, el estratégico país centroasiático, lo cual, según los “analistas” anglosajones, beneficia a Rusia (y a China) y perjudica a EU y a Gran Bretaña, y 3. El accidente aéreo del presidente de Polonia, Lech Kaczynski, cerca del aeropuerto de Smolensk, en la parte occidental de Rusia.
¿A quién(nes) molestará tanto el Start II, al unísono de la cosmogonía nuclear de Obama?

Sea lo que fuere, el Start II regresó a Rusia al primer plano mundial, en la etapa de resurrección del zar geoenergético Vladimir Putin, y movió el centro geopolítico europeo de gravedad a Moscú con su reciente reconciliación espectacular con tres anteriores satélites de la URSS: Eslovaquia, Polonia y la República Checa (pese a los pataleos y berrinches infantiles del fanático neoliberal Václav Havel, excelente escritor, pero pésimo político: caso similar al peruano fundamentalista Mario Vargas Llosa).

EU y Rusia habían cesado de ser enemigos, pero tampoco son amigos, como ha descrito el canciller ruso, Sergei Lavrov. Con el Start II las relaciones bilaterales se han reajustado mediante la perezagruzka, la “reactivación” (ver Bajo la Lupa, 11/3/19).

En el incipiente nuevo orden multipolar, las relaciones de las grandes potencias del planeta (a nuestro juicio el “híbrido orden hexapolar” constituido por EU, la Unión Europea y el BRIC –Brasil, Rusia, India y China–, generosamente podríamos agregar a Japón y la nueva ecuación no variaría para nada) cesaron de ser linealmente maniqueas para entrar a la fase compleja no lineal de traslapes.

Con la cosmogonía nuclear de Obama –susceptible de crear una matriz operativa de entendimiento tripartita entre EU, Rusia y China–, la dinámica es alentadoramente positiva, aunque no todo sea color de rosa, porque desemboca en partos dolorosos cuando no distócicos.

EU y Rusia ya dieron ejemplo al mundo al reducir en una tercera parte sus arsenales nucleares en un lapso de siete años, lo cual debería ser imitado por tirios y troyanos, cuando el presidente Hu Jintao ha aceptado civilizadamente asistir a la cumbre nuclear de Washington, dejando atrás las presiones unilaterales de la administración Obama en otros temas cruciales.

Piotr Smolar (Le Monde, 8/14/10) califica amargamente de “cena del adiós” la invitación de Obama en Praga, después de la firma del Start II, a 11 mandatarios de Europa central y oriental, quienes han perdido su relevancia frente a la perezagruzka de EU y Rusia.

El mismo día de la firma del Start II, el belicoso premier Bibi Netanyahu, que la ex canciller Tzipi Livni acusa con justa razón de haber convertido a Israel en “Estado paria” (ver Bajo la Lupa, 21/3/10), canceló su asistencia a la cumbre nuclear convocada por Obama debido a que Egipto y Turquía (dos aliados islámicos prominentes de EU) “tienen la intención de abordar el tema de los presuntos arsenales nucleares de Israel en la conferencia” (Reuters, 8/14/10), que van desde 200 pasando por 400 hasta 600 ojivas, dependiendo quien calcule.

¿De qué celestiales canonjías paleobíblicas goza Israel, que no firma el TNP ni admite la inspección de la Agencia Internacional de Energía Atómica, para que no se aborde siquiera el tema de su arsenal nuclear clandestino, mientras a Irán, signatario del tratado, le aprietan todas las tuercas y hasta Obama amenaza con propinarle sanciones draconianas durante esta “primavera”?

Tales son los escollos que tendrá que sortear Obama para no descarrilar su trascendental desnuclearización que peca tanto de excesivo rigor con Irán –cuyo programa nuclear civil fue iniciado por EU durante la fase del sha para contener a la URSS en el mar Caspio– como de descomunal (hasta ahora) protección a Israel, que deberá ser obligado por la Cumbre de Washington a firmar el TNP.

*Analista internacional mexicano
 

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