Ene 28 2005
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Economía

El dinero que llega de afuera

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Hace ya seis meses que Berta retornó a la ciudad ecuatoriana de Ambato. Durante dos años, esta mujer trabajó en casa de una familia española, cuidando de una casa y unos niños que no eran los suyos. Gracias a su esfuerzo ha podido ahorrar para alquilar una casa mucho mejor que el cuarto donde vivía con su familia y asegurar educación y asistencia sanitaria a sus pequeños.

Como en el caso de Berta, 175 millones de personas llevan a cabo su proyecto migratorio en todo el mundo e inciden en el desarrollo de sus países de origen a través del dinero que, por la vía formal o no, mandan a sus familias.

El dinero que los emigrantes envían a sus países de origen se ha convertido en los últimos años en uno de los principales ingresos para muchas regiones en desarrollo. Las remesas enviadas hacen que muchas familias puedan llevar a los niños a la escuela, recibir asistencia sanitaria e incluso crear un pequeño negocio. De hecho, datos del Banco Mundial aseguran que en poco tiempo la cantidad de divisas enviadas por los emigrantes a sus lugares de procedencia ha alcanzado las dos terceras partes de la ayuda oficial al desarrollo.

América Latina y el Caribe son en estos momentos las regiones que más divisas ingresan por este concepto. En el año 2000, los países del subcontinente recibieron 25.000 millones de dólares en concepto de remesas, seguidos por el sur de Asia, que ingresó 16.000 millones. Según la Organización Internacional para la Migración, la entrada de este dinero tiene un impacto nacional e individual.

“A nivel nacional, reducen la pobreza, contribuyen a colmar la brecha comercial, facilitan el pago de la deuda, acrecientan las reservas de divisas y flexibilizan las restricción en los créditos.”

Las familias, por su parte, cubren la mayor parte de los gastos del hogar gracias a este dinero, que en muchos casos “representan más del 50 por ciento” de sus ingresos. Pero el dinero enviado por los emigrantes a sus países de origen no se traduce siempre en desarrollo local.

Organismos como el Banco Mundial y la Organización Internacional para la Migración y ONG como Fundación Intervida advierten de este hecho. Como explican desde Intervida, si bien es cierto que en regiones como Guatemala las divisas permiten la subsistencia de “más de cuatro millones de personas en el país”, este dinero “no incide en su desarrollo, porque la media mensual de remesas oscila entre los 150 y los 200 euros para familias con un promedio de cinco a ocho miembros”.

La emigración de más de 90.000 guatemaltecos cada año hacia otros países supone también “la desintegración familiar y social” y la pérdida de fuerza laboral, “imprescindible para promover los procesos de desarrollo”.

Asimismo, el envío de remesas directamente a las familias “pueden acrecentar las desigualdades urbano-rurales”, ya que suelen incidir en las ciudades, añaden desde la Organización Internacional para la Migración, que recuerda la “dependencia” que se crea en las familias de los países del Sur respecto a las economías de aquellas regiones donde trabaja la persona emigrada, así como la posibilidad de “sufrir fluctuaciones en los flujos de remesas”.

Fuente: Canal Solidario, España.

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Las remesas de cada día

Casi 38 mil millones de dólares recibe anualmente América Latina y el Caribe, producto de las remesas que la población inmigrante envía periódicamente a sus familias. Las remesas de dinero se han convertido en un importante ítem financiero de la región y la tercera economía de la zona después de Brasil y México.

Lo que empezó como una alternativa a la falta de oportunidades por las crisis sociales y económicas de los países de América Latina y el Caribe (ALC), es hoy la mayor fuente de divisas para la revitalización de su economía.

En el año 2000, los países latinoamericanos y caribeños recibieron 25 mil millones de dólares en concepto de remesas. En el 2003 éstas aumentaron a 38 mil millones de dólares. De éstos, 30 mil millones de dólares provienen de diez de los casi 17 millones de residentes latinoamericanos en edad de trabajar en Estados Unidos, cifra que representa la tercera economía de América Latina y el Caribe, luego de las brasileña y mexicana, según el Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El cálculo se basó en información del censo estadounidense y los resultados de una encuesta sin precedentes entre latinoamericanos en 37 estados y el Distrito de Columbia. De los 16,7 millones de adultos nacidos en América Latina que viven en Estados Unidos, unos 10 millones envían dinero periódicamente a sus familias.

Más de un tercio de las personas que envían remesas son mexicanas, quienes en 2003 giraron unos 13.266 millones de dólares a su patria. El volumen total de las remesas sobrepasó a la inversión extranjera directa y a la de asistencia oficial foránea como fuente de capital para la región.

Se espera que los envíos de dinero de la población emigrante seguirán incrementándose, como consecuencia de una combinación de la demanda de mano de obra en países industrializados con escaso crecimiento de población y la falta de suficientes oportunidades de empleo en los países latinoamericanos y caribeños.

“Millones de personas seguirán trasladándose al norte y miles de millones de dólares seguirán fluyendo hacia el sur”, dijo Donald F. Terry, director de FOMIN, “debido a que en la actualidad, uno de cada diez latinoamericanos recibe ayuda económica de parientes residentes en el extranjero”.

América Latina y el Caribe es hoy la mayor receptora de flujos de remesas del mundo, seguida por los países del sur de Asia, que recibieron en 2003 unos 16 mil millones de dólares, mientras que México, República Dominicana, El Salvador, Colombia, Brasil y Ecuador se encuentran entre los 20 países que reciben la mayor cantidad de remesas en el mundo, de los cuales México, la mayor receptora, sólo es superado por India.

El objetivo del 83 por ciento de los que emigran, según la encuesta, es “aliviar el sufrimiento económico de los familiares que se quedan”. España es uno de los destinos migratorios más atractivos por razones culturales, pero en Estados Unidos los salarios son mejores, razón por la cual el grueso del flujo migratorio latinoamericano se dirige hacia allí.

Del total de emigrados, según el sondeo, “casi un 30 por ciento cuenta con estudios universitarios concluidos o por concluir, mientras que el 25 por ciento tiene concluidos sus estudios básicos. La gran mayoría son hermanos o hermanas, hijos o hijas de los que se quedan (48 por ciento) y por lo regular, para financiar los gastos del viaje, se recurre a ayuda familiar, préstamos, hipotecas o venta de bienes patrimoniales”.

En cuanto a la recepción de remesas, según FOMIN, la mayoría de las beneficiarias son mujeres (66 por ciento), con promedios de edad entre 25 y 64 años, de un nivel económico y educativo superior a la media del país (de 250 a 500 dólares de ingreso mensual).

Dos terceras partes de los giros se hacen a través de compañías remesadoras del sector informal, mientras que sólo un 17 por ciento utiliza a las instituciones financieras, por la generalizada desconfianza hacia los bancos, especialmente en Argentina, después de la crisis. En la mayoría de los casos, el método de envío lo elige el remitente.

Trabajo para dos

Pero los inmigrantes latinoamericanos contribuyen también y de manera cada vez más decisiva, con unos 450.000 millones de dólares anuales a la economía estadounidense, en la mayoría de los casos realizando trabajos rechazados por los demás “que no son más que un tozudo testimonio del trabajo duro y los esfuerzos de inmigrantes latinoamericanos, que anhelan una vida mejor para sí mismos y sus familias”, comentó el gerente del FOMIN, Donald F. Terry.

La encuesta revela que, mayoritariamente, los inmigrantes latinoamericanos de Estados Unidos envían dinero a sus familias mensualmente, en cifras que oscilan entre los 150 y 250 dólares. Sin embargo, y como consecuencia de la reducción de los costes de las transferencias, cada vez un mayor número de personas hace más de un giro por mes.

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* Mujeres Hoy.

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