Oct 29 2008
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Política

El factor racial, la esperanza de los estrategas de la campaña republicana

David Brooks*

Aunque las apuestas son sobre qué tan grande será el margen de un triunfo de Barack Obama, y no sobre si ganará o no, casi nadie se atreve a pronosticar un triunfo sorprendente de John McCain, pero tampoco hay quien se atreva a descartar una sorpresa.

Las experiencias de fraude y manipulación del voto en las últimas dos elecciones, el factor de la raza en estos comicios, y la posibilidad de algún suceso inesperado en el ámbito internacional, mantienen la tensión en la recta final que culminará con la elección presidencial el próximo martes 4 de noviembre.

Por lo tanto, el objetivo de Obama, el candidato demócrata, es evitar cualquier error, mientras que el de su contrincante republicano, McCain, es buscar algo para hacer tropezar a su contrario en esta última curva de la carrera hacia la Casa Blanca.

Los ataques contra Obama de McCain y su segunda de fórmula, Sarah Palin, se intensifican al tratar de presentar al demócrata como un “riesgo” por su poca “experiencia” con propuestas para “redistribuir la riqueza” que huelen a “socialismo”. A la vez, la carta racial continúa en juego, los estrategas republicanos mantienen la esperanza de que un bloque suficiente de votantes blancos simplemente no votará por un afroestadunidense.

Retomando la acusación de que la propuesta fiscal de Obama es nada menos que quitarle dinero a unos para dárselo a otros y así “redistribuir la riqueza”, McCain declaró hoy ante sus simpatizantes que “él quiere ser el redistribuidor en jefe, y yo quiero ser el comandante en jefe”. Y con renovada energía, el republicano insistió en que “nunca nos rendimos. Haremos historia”, y “yo opto por luchar, luchar por lo correcto en América”, e instó a sus bases a ignorar las encuestas.

Pero las imágenes, mensajes, y encuestas diarias no pueden más que alarmar a los republicanos. Los actos cada vez más multitudinarios de la campaña de Obama en estados que antes eran bastiones de los republicanos, los apoyos al demócrata de los principales periódicos de Estados Unidos, los sondeos que mantienen el margen de ventaja de unos 7 puntos en promedio a sólo seis días del fin de las campañas electorales, y las largas filas frente a casillas en Florida y otros estados que permiten el “voto temprano”, no auguran nada bueno para McCain y su partido.

El simple hecho de que casi toda esta semana Obama hará sus últimos actos de campaña en estados antes considerados como territorio republicano, indica que los demócratas están en plena ofensiva obligando a los republicanos a jugar a la defensiva: la gira final de Obama pasa por Virginia, Carolina del Norte, Florida, Missouri, Iowa, Nevada, Indiana, Colorado y Ohio –todos estados ganados por George W. Bush en la elección pasada.

Por ello, McCain debió presentarse hoy en estados como Carolina del Norte, antes terreno seguro para su partido, y a la vez busca una sorpresa electoral en Pennsylvania, estado demócrata pero que su campaña ha señalado como la clave para lograr un triunfo nacional.

Sin embargo, no ayuda que otra figura de alto perfil, el senador republicano de mayor antigüedad, Ted Stevens, fuera declarado culpable ayer de siete cargos de corrupción por un tribunal, y no sólo eso, sino que representa a Alaska, donde la candidata a la vicepresidencia Sarah Palin es gobernadora. Y Stevens insiste en que buscará su relección de todas maneras.

De hecho, McCain y Palin han instado abiertamente a Stevens a abandonar su elección, en un intento por alejarse de otro republicano que cae en desgracia por corrupción.

Más que cualquier otro tema, la crisis económica determina la última etapa de la campaña electoral. Hoy hubo más noticias económicas negativas con el llamado índice de confianza del consumidor en el nivel más bajo de la historia desde que se empezó a registrar este indicador en 1967, mientras que el precio de las viviendas a nivel nacional sufrió una baja este mes de 16.6 por ciento comparado con hace un año. A la vez, hubo más anuncios, algo que ya parece diario, de despidos masivos en empresas.

Por ello, la consigna de la campaña de Obama de “traer el cambio a Estados Unidos” suena fuerte, pero el candidato demócrata también recuerda a sus bases que todo depende de la participación electoral que culminará el próximo martes. Y es que a pesar de indicadores de que habrá una participación electoral tal vez sin precedente en tiempos modernos, y que diversos sectores –mujeres, latinos, obviamente afroestadunidenses– parecen estar muy motivados, y tendencias alentadoras como el hecho de que el voto joven (menores de 30 años) que respaldó al candidato demócrata John Kerry en 2004 por 9 puntos sobre Bush, ahora apoya a Obama por un margen de ventaja contra McCain de 36 puntos, según un sondeo reciente de CBS News/New York Times, nada de eso cuenta hasta que depositen una boleta en una urna.

Y uno de los peligros, según los estrategas de Obama, es que todos los indicadores de un triunfo de Obama promuevan una “sobre confianza” que resulta en menor participación el día de las elecciones, por creer que “ya lo tienen ganado”.

Antonio González, presidente del Southwest Voter Registration and Education Project, advirtió que los republicanos intentarán descarrilar el tren de Obama esta semana indicando, por ejemplo, renovadas referencias al controvertido reverendo afroestadunidense Jeremiah Wright cuya relación con Obama alarmó a ciertos sectores blancos, acusaciones de fraude y manipulación contra organizaciones de empadronamiento y promoción del voto pro demócrata, esfuerzos políticos para suprimir el voto en varios estados, y lo que llama “la movilización del temor”, incluidos eventos en el ámbito internacional como los recientes ataques militares estadunidenses contra Siria y Pakistán.

Mientras, el ex presidente Bill Clinton aparecerá junto a Obama esta semana, como otras figuras de alto perfil del Partido Demócrata, todos con expectativas de un triunfo no sólo en la Casa Blanca, sino de incrementar sus mayorías en ambas cámaras del Congreso, el actual presidente y su vicepresidente, Bush y Dick Cheney, son notables en esta campaña por su ausencia.

Ya hay un gran derrotado en esta elección: Bush.

*Publicado en La Jornada.

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