Ene 22 2017
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Pol铆tica

El juicio de Roma y la absoluci贸n de 12 terroristas de Estado uruguayos: cr贸nica de una farsa prevista

 

La sentencia de absoluci贸n de 12 de los 13 uruguayos acusados de cr铆menes contra ciudadanos de origen italiano en el marco del Plan C贸ndor, dictada por el Tribunal de Roma el martes 17, ten铆a nombre y apellido: Jorge N茅stor Tr贸ccoli, el capit谩n de nav铆o que en la segunda mitad de los setenta torturaba prisioneros en las instalaciones de Fusileros Navales e integraba el aparato del Ocoa que secuestr贸 a una veintena de uruguayos en Argentina, en diciembre y enero de 1977-78, todos desaparecidos hasta el d铆a de hoy.

De hecho, Tr贸ccoli fue el 煤nico beneficiado directo de una sentencia que decepcion贸 al vicepresidente, Ra煤l Sendic, dej贸 at贸nita a la presidenta de la Instituci贸n Nacional de Derechos Humanos, Mirtha Guianze, y enfureci贸 a los familiares de las v铆ctimas que siguieron paso a paso la instancia final. Los restantes ya est谩n condenados en Uruguay, algunos disfrutando de libertad condicional 鈥揷omo el ex canciller Juan Carlos Blanco, a quien el fallo italiano a cadena perpetua no modifica su situaci贸n, porque su proceso contin煤a鈥; alguno ya fallecido, como el general Gregorio 脕lvarez; otros, como Jos茅 Gavazzo y Ernesto Ramas, en una c贸moda prisi贸n domiciliaria; y ocho 鈥揜icardo Arab, Juan Carlos Larcebeau, Luis Maurente, Ricardo Medina, Jos茅 Sande Lima, Jorge Silveira, Ernesto Soca y Gilberto V谩zquez鈥 cumplen reclusi贸n en el penal de Domingo Arena. (Una situaci贸n especial es la del teniente naval Ricardo Eliseo Ch谩vez Dom铆nguez, cuyo nombre fue incluido por error en una lista de torturadores, pero a quien el tribunal ya hab铆a adelantado que le conceder铆a la absoluci贸n).

Dibujo de Omb煤/Brecha

Tr贸ccoli era el 煤nico que, de haber sido condenado, deb铆a pasar directamente a la c谩rcel; en el caso del coronel Pedro Mato, que confes贸 haber participado en los asesinatos de Zelmar Michelini y H茅ctor Guti茅rrez Ruiz, el Tribunal de Roma, de haberlo condenado, dif铆cilmente hubiera obtenido la extradici贸n desde Brasil, donde el militar se refugi贸 cuando fue requerido por el asesinato de Luis Batalla, ocurrido en 1972. El epil茅ptico brazo de la justicia uruguaya no ha logrado alcanzarlo, aunque fotos provocativas de su buen pasar en playas brasile帽as son reiteradamente publicadas; 驴por qu茅 iba a lograrlo la justicia italiana?.

La absoluci贸n de Tr贸ccoli es un final a la medida de una historia de decepciones, broncas, incoherencias y complicidades; un final previsible, adem谩s. A diferencia de sus colegas terroristas, que se arman de desparpajo para mentir descaradamente ante los magistrados, las veleidades intelectuales del capit谩n de nav铆o retirado, alumno a帽ejo de la Facultad de Humanidades, lo indujeron a escribir un libro (cuyo t铆tulo,La ira del Leviat谩n, propone adivinar qui茅n es el monstruo marino), en el que, con displicencia, confiesa haber torturado, pero un poquito, nom谩s, en la credulidad de que la confesi贸n, parcial, facilonga, lo exim铆a de culpa y encubr铆a otras atrocidades inconfesas.

Cuando la justicia pretendi贸 interrogarlo a fines de la primavera de 2007, el Leviat谩n puso en marcha un plan de escape cuyo primer paso consisti贸 en la obtenci贸n, en setiembre de 2002, de la carta de ciudadan铆a italiana, concedida por el Ministero della Giustizia, una vez confirmado el 鈥渄erecho sangu铆neo鈥 por su ascendencia. El juzgado que lo reclamaba no tom贸 la provisi贸n de cerrar fronteras en el momento de citarlo al juzgado. El que se present贸 fue su abogado, quien adujo que Tr贸颅ccoli estaba en alta mar, trabajando a bordo de un barco. En realidad estaba en Brasil, en ruta hacia Italia, donde finalmente lo ubic贸 la Interpol.

Para entonces hac铆a dos a帽os que el gobierno ten铆a en sus manos una informaci贸n proporcionada por el comandante de la Armada, vicealmirante Tabar茅 Daners, que incriminaba a Tr贸颅ccoli y a otros oficiales del Fusna en secuestros, desapariciones y torturas. Un anexo del informe brindado a la Presidencia por el comando de la Armada detallaba un siniestro mecanismo, denominado La Computadora, que obligaba a prisioneros a realizar an谩lisis de inteligencia sobre las confesiones de otros prisioneros arrancadas bajo tortura. En La Computadora llegaron a analizarse las declaraciones de uruguayos que hab铆an sido detenidos y desaparecidos en Buenos Aires. Los documentos de La Computadora no llegaron nunca a los juzgados, ni por iniciativa de la Presidencia ni de algunos militantes de derechos humanos que manejaban dichos documentos, los que reci茅n aparecieron en ocasi贸n del juicio de Roma.

El siguiente cap铆tulo de la farsa se despleg贸 en la capital italiana, en la Navidad de 2007, cuando la polic铆a detuvo a Tr贸ccoli, quien para entonces se hab铆a instalado en un exclusivo puerto tur铆stico de la costa amalfitana, la Marina di Camerota, y a los efectos contrat贸 a un costoso abogado, todo con la jubilaci贸n de un modesto capit谩n de nav铆o. Cuarenta y ocho horas despu茅s comenz贸 a correr el plazo de tres meses para tramitar la extradici贸n. Sin embargo, mientras la Suprema Corte de Justicia traduc铆a el voluminoso exhorto con todos los antecedentes de Tr贸ccoli, funcionarios del gobierno y de la justicia fueron alertados respecto a que, muy probablemente, el capit谩n fugado hab铆a elegido Italia, entre todos los destinos posibles, porque su ciudadan铆a italiana le ofrecer铆a ventajas judiciales, entre ellas la que deriva del Convenio de Extradici贸n de Criminales entre Italia y Uruguay, que en su art铆culo XI establece que聽鈥渓a extradici贸n no tendr谩 lugar cuando el reclamado sea ciudadano de la naci贸n demandada鈥, en cuyo caso esa naci贸n聽鈥渟e obliga a someterlo al juzgamiento y sentencia de sus propios tribunales鈥.

La condici贸n de ciudadano italiano de Tr贸ccoli reci茅n se conoci贸 en mayo de 2008, cuando la Comune di Camerota certific贸 que desde octubre de 2007,聽鈥渄icho ciudadano italiano es residente de la poblaci贸n por inmigraci贸n desde Montevideo鈥. Para entonces Tr贸ccoli, que hab铆a pasado tres meses en prisi贸n preventiva, recuper贸 su libertad y se afinc贸 definitivamente en Marina di Camerota, hasta el d铆a de hoy.

Entre diciembre de 2007 y marzo de 2008 se despleg贸 el tercer acto. El expediente de la extradici贸n lleg贸 a la embajada uruguaya en Roma sobre el filo de la fecha l铆mite, y el embajador, Carlos Ab铆n, instruy贸 al c贸nsul para que presentara el documento en la canciller铆a, con una nota verbal; 茅l viajaba a Barcelona para una consulta m茅dica. La聽nota verbal de la embajada, fechada el 25 de marzo, exhibe un acuso de recibo con un sello:聽鈥淢inistero Affari Esteri 鈥 27 mar 2008 鈥 Accettazione corrispondenza鈥. Sin embargo, el oficio que la canciller铆a italiana remiti贸 con el exhorto de extradici贸n al juzgado correspondiente afirmaba que la documentaci贸n fue recibida el 31 de marzo, es decir, a fecha vencida. Inmediatamente Tr贸ccoli recuper贸 su libertad, gracias a una 鈥渕ano amiga鈥 que adulter贸 las fechas, y que el abogado que defendi贸 los derechos de las v铆ctimas en el juicio del C贸ndor atribuy贸 a un posible esquema de apoyo de estructuras de inteligencia.

Pero para entonces, en Montevideo, la indignaci贸n por la libertad de Tr贸ccoli descarg贸 toda la responsabilidad en el embajador. El primer 鈥渆mpujoncito鈥 lo dio el segundo jerarca de la embajada, el encargado de negocios Tabar茅 Bocalandro, quien susurr贸 lo suficientemente fuerte que Ab铆n se hab铆a trasladado en forma 鈥渃landestina鈥 a Barcelona. Bocalandro, un diplom谩tico del ri帽贸n del Foro Batllista (que hab铆a sido expulsado de Per煤 por haber puesto en riesgo la vida de 450 diplom谩ticos secuestrados por la guerrilla Tupac Amaru en la toma de la embajada de Jap贸n, de la que se escap贸), pretend铆a 鈥渞ecuperar鈥 para su partido pol铆tico la embajada de Roma, donde, entre otros, descoll贸 otro forista, Julio C茅sar Lupinacci, vocero de la dictadura en los organismos internacionales y uno de los art铆fices de la patra帽a que permiti贸, mediante una foto trucada, suspender la investigaci贸n parlamentaria de la desaparici贸n de Eugenio Berr铆os.

Bocalandro permaneci贸 al frente de la embajada hasta que, producto de un sumario administrativo, fue relevado del cargo y sancionado con una suspensi贸n de tres a帽os por聽鈥渆l injustificado retraso constatado en la presentaci贸n a la canciller铆a italiana del exhorto, librado por la justicia uruguaya, solicitando la extradici贸n de Jorge Tr贸ccoli鈥. Para entonces Carlos Abin hab铆a sido cesado en su condici贸n de embajador por la misma raz贸n, pese a que el entonces canciller Gonzalo Fern谩ndez orden贸 apelar la restituci贸n de la libertad de Tr贸ccoli en virtud de la documentaci贸n que probaba la presentaci贸n en fecha del exhorto. La apelaci贸n fue desestimada porque聽鈥淯ruguay no ten铆a legitimaci贸n para intervenir en un asunto interno entre la canciller铆a y la justicia鈥, lo que confirmaba la intencionalidad de la sustituci贸n de fechas.

El siguiente embajador uruguayo en Roma, Alberto Bre颅ccia, intent贸 hasta que se produjo su fallecimiento que el capit谩n Tr贸ccoli, que no pod铆a ser extraditado por su condici贸n de ciudadano italiano, fuera juzgado por los tribunales de la pen铆nsula. El reclamo no prosper贸 pero Tr贸ccoli finalmente fue juzgado en la causa del C贸ndor. Durante 13 a帽os el fiscal Giancarlo Capaldo cruz贸 repetidamente el Atl谩ntico recabando testimonios de v铆ctimas y recopilando antecedentes judiciales, para terminar en una sentencia que no encontr贸 pruebas de la responsabilidad de los participantes directos de los cr铆menes. 驴Qu茅 hubiera ocurrido en Nurem颅berg si los jueces y fiscales se tomaban 13 a帽os para dictar justicia?

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