Sep 1 2009
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Sociedad

El miedo a la Mistral

Úrsula Starke.*

Poco de la vida íntima de la poeta era desconocido; lo que se ignoraba –y se ignora– es la profundidad de sus pasiones y los ecos de aquellas en la producción de una poesía que sólo la estupidez puede negar como de las mayores del siglo XX. Mistral sufrió en su país la capitis diminutio máxima de un escritor: la que niega el acceso a la integridad generadora de su obra. La publicación de Niña errante, así, es un golpe a la fantasiosa estructura que de manera hipócrita la encasilló en un falso pedestal –donde nunca quiso estar.

Leí con el pecho comprimido, en los instantes desocupados que encontraba en mi trabajo, los fragmentos de las cartas que  la Gabriela le escribió a Doris y que publicó El Mercurio, como adelanto del libro Niña errante.

Más  allá de la belleza literaria de las cartas, lo que me conmovía –y conmueve– profundamente, era que estaba siendo testigo de una belleza humana. Ahí estaba  la Mistral  única y llana,  la Mistral  sin luces mediáticas que se revelaba a sí misma, como nunca han querido los señorones y señoronas decimonónicos, que se cubrieron sus rostros sonrojados al darse cuenta que su  leyenda se les venía abajo.

Es que aparte del contenido evidente y maravilloso de las íntimas cartas, lo impresionante es la reacción beata de muchos intelectuales y críticos chilenos, quienes aún se niegan a aceptar que  la Mistral fue una mujer real y apasionada, que tuvo una relación con Doris Dana, tan caótica como intensa, que la llenó de vida y esperanza en los últimos años de su vida. Y que también pudo tener relaciones con otras mujeres –lo más seguro que así haya sido– que figuran en la historia oficial solo como sus "grandes amigas", restándole toda posibilidad erótica a su persona, como si la poeta solo se hubiera rodeado de grandes amigas toda su vida.

Lo que ocurre es  que se ha edificado a  la Mistral como un emblema patrio de alcance internacional, como a una matrona asexuada, como a la  “madre de América”  echada en su poltrona con rostro duro, acariciando en su falda a los niños descalzos, pues con este fetiche han lucrado y lo siguen haciendo los religiosos caballeros y señoras del status quo literatoso y de otras índoles de corte capitalistas.

En Chile se le tiene miedo a gozar a  la Mistral tal como se presenta, pues es ella misma quien se encarga de destruir las fábulas que se han creado en su nombre. Entiendo que Pedro Pablo Zegers, el editor del libro, se mantenga al  margen del asunto explícito de la sexualidad mistraliana, ya que actúa como conducto objetivo. Sin embargo, si su intención hubiera sido completamente alba, ¿porqué publicar un libro únicamente con las cartas de Mistral-Dana?

En el diario vienen las infladas “reacciones” post publicación del  Artes y Letras . El único sensato es Armando Uribe, quien afirma  “Lo importante es que se aclaran dudas de una relación que fue más que una amistad. No hay que escandalizarse”.

Y listo.

Ni siquiera Jaime Quezada, presidente de  la Fundación Premio Nobel Gabriela Mistral, se atreve a hablar más allá y solo argumenta una  “Amistad con A mayúscula”.  (Bien, la verdad es que yo no le escribo cartas así a mis amigas). Sonia Montecino se escuda en la protección a la  intimidad en un país farandulero como el nuestro. Pero si hubiera querido realmente, el albacea de Mistral, resguardar esta intimidad, no se mantendrían intactas hasta hoy estas cartas. Las hubiera eliminado, como se supone hizo con las propias. Cedomil Goic prefiere no ahondar demasiado en el contenido de las cartas.

Miedo a  la  Mistral. Un  miedo bien chileno, conservador, clasista y machista. Miedo a que la "indiecita" haya sido lesbiana, miedo a decir que fue lesbiana. Miedo a leer sus poemas de amor como textos promovidos por la real pasión por un otro, por una otra, que existió y tuvo nombre. Miedo a sacarla de su nicho maternal, miedo a ver sus pechos como un objeto distinto que grandes fuentes dadoras de leche. Miedo a reconocerla, a amarla.

Es de esperar que las nuevas generaciones no carguen con tanto lastre prejuicioso.

* Poeta.
http://ursulastarke.blogspot.com

Addenda

La imagen de apertura de este artículo se tomó del afiche del filme Locas mujeres, un largometraje documental que explora el mundo interior de Gabriela Mistral y su relación amorosa con Doris Dana. La película, no ha sido exhibida adecuadamente en Chile.

Dice la sinopsis del guión: "Gabriela Mistral conoce a Doris Dana cuando cree que ya lo único que le queda es morir. La artista ha ganado el Premio Nobel, pero no se sobrepone a la gran tragedia de su vida: el suicidio de su único hijo Yin Yin.

"En Doris, Gabriela encuentra lo que siempre le fue esquivo, amar y sentirse amada. Con ella forma una familia y un hogar en Roslyn, Long Island.

"Conciente de que su compañera pronto ya no estará, Doris registra las conversaciones con Gabriela y los amigos que llegan a la casa. Esas grabaciones son nuestra llave de acceso al universo afectivo de una mujer que vive en permanente tensión con sus demonios internos y cuya sensibilidad y ambición la convierten en protagonista de su época".

El filme es una realización de María Elena Wood; co-guionista Rosario López con asesoría de Solange Soria;asesoría en la investigación de Elizabeth Horan; dirección de Fotografía Gabriel Díaz, diseño de Sonido Miguel Hormazábal; montaje: Andrea Chignoli; arte Kathryn Gillmore: producción ejecutiva: Patricio Pereira, Amalric de Pontchara.
La película recibió el Fondo para el Desarrollo de Proyectos Audiovisuales 2007, CORFO (Chile).

El lector interesado puede ver en ArcoirisTV, gratuitamente y sin necesidad de inscripción, Gabriela Mistral… el misterio de una cigarra, documental del cineasta Luis Vera, que rescata y proyecta la vigencia de la obra y pensamiento de quien es probablemente la mujer más trascendental de la historia de Chile.

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