Ago 26 2007
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Opinión

EL PAÑUELO EN LA NARIZ

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

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Unos alegan que pedirán se vote cada punto de la reforma por separado, para que el país decida si Chávez se queda (al parecer lo demás no les interesa), vano esfuerzo por mantenerse en un equilibrio para decidir después (¿?) si se inclinan para la abstención o para ir a votar o para jugar con la falta de coraje para tomar posición.

Otros piden una Asamblea Constituyente, como si esto se tratara de un asunto de derecho y no de hecho, como efectivamente se trata, pues aquí lo único que queda por decidir es si se vota o no se vota ante un planteamiento contundente que no admite escapes jurídicos.

El articulista más histérico de todos acusa e insulta. Otro columnista dice “No, no y no”, como un niño pequeño. La señora de la ONG dice que la reforma ya está aprobada, se vote o no se vote, pero que ella sigue formando ciudadanos; uno se pregunta si para ser esclavos. El otro partido insulta a todos los demás y los manda a formar parte del partido oficialista en vías de construcción aplazada. Esto es anarquía.

La gente abarrota las tiendas de electrodomésticos y los restaurantes, apenas masculla resignación, entrega, impotencia y quizás alguna frase contra los partidos y sigue la fiesta, “mientras se pueda”. Los de la extrema sifrina se decidan a decir las mismas sandeces de siempre; si Luis Miquilena habla contra la reforma le llueven los insultos. No saben hacer otra cosa, zopencos, seguramente envueltos en alcohol de la última discoteca, incapaces de entender que Miquilena es un aliado.

Uno no concibe porque salen a defender la Constitución del 99, una que en su momento despreciaron y menos entiende que hayan olvidado que esa Asamblea Constituyente que la aprobó estaba presidida precisamente por Miquilena. Esto es anarquía, esto es un país a la deriva, embobado, entregado, idiotizado. Este es un país que no termina de comprender lo que se le viene encima ni que no habrá más fiesta, que la soga al cuello continuará apretando hasta la asfixia.

Los políticos partidistas que hablan son cadáveres insepultos, dirigentes sin nadie. La prensa escrita se cuida. Los medios radioeléctricos se dedican al “maletinazo” o al “atunazo” ya incapaces de seguir imponiendo una línea de opinión o de poner a los políticos a comer en su plato, entre otras razones porque dirigentes no hay.

El país está en terapia intensiva, entubado, desahuciado. No hay ninguno que hable para decir una palabra sensata. Son fantasmas del pasado, apariciones espectrales, voces de la nada. En este país parece no haber nadie, sólo vemos la soledad aterradora de un desierto, los cactus melancólicos amarillentos ya por no poder esperar una gota de agua. La reserva civil debe despertar.

Se distraen en pendejadas en lugar de explicarle a la gente en que consiste la avalancha. Se dedican a hablar del supuesto malestar que existe en la Guardia Nacional por su inminente desaparición. Al parecer a los guardias sólo les preocupa su propia suerte, no el resto de lo que se nos viene encima. Así andan todos, en el bonche frenético, en la desidia, en el cuido de los propios intereses. Ya ese clima psicológico fue vivido en otras partes, pero, al parecer, nadie aprende en cabeza ajena. “Sálvese quien pueda” o “el último que apague la luz”, parece ser lo único capaces de borbotar. La reserva civil debe despertar.

O el país reacciona o se muere. Es necesaria la insurgencia de un grupo de gente brillante (la reserva ética, intelectual, capaz) dispuesta a la inmediata constitución de una Junta Patriótica para que asuma la orientación de la inmensa masa opositora, de los millones que languidecen a la espera de ver un oasis. Esa Junta Patriótica debe estar formada por personas de coraje y de prestigio personal e imponerse por encima de los enanos partidistas que mal copan la escena. La reserva civil (la única admisible frente a la reserva armada en guardia pretoriana), para que se dirija al país con un mensaje claro y una posición absolutamente delineada, que asuma el liderazgo y los riesgos, la conducción y el espíritu de una república negada a morir.

He hecho a la nación un planteamiento concreto: salir a explicar, con fuerza y organización popular. E ir a votar bajo protesta y con un pañuelo en la nariz. Cuando digo con un pañuelo en la nariz no estoy construyendo una imagen literaria. Estoy hablando de una operación de hecho. Sí, en las colas los votantes deberemos llevar un pañuelo en la nariz, todos, mujeres y hombres, para que se sepa de nuestro disgusto por el REP y el CNE y para demostrar que somos mayoría, para que lo registren las cámaras de televisión venezolanas y extranjeras, para que lo vean los observadores foráneos, para que el mundo sepa que millones plenamente identificados salimos a votar No.

Y nadie venga con que el voto es secreto porque aquí ya no hay nada secreto. Qué nadie venga a decir que es un riesgo, pues los riesgos se corren. Si los que llevamos el pañuelo en la nariz somos agredidos, pues bien eso producirá consecuencias. Si el ejército molesta y no deja votar a quienes llevemos el pañuelo en la nariz pues eso producirá consecuencias. Si nos llevan presos por llevar un pañuelo en la nariz pues que nos lleven presos por millares y eso producirá consecuencias. Falta saber si en este país todavía quedan cojones para asumir esta actitud.

Y luego, a las ocho de la noche, o a la hora en que se cierren las mesas de votación, todos sentados en las aceras, en ciudades, pueblos y barrios, en las aceras para evitar que se nos aplique el Código Penal que castiga con altas penas a quienes “obstruyan el tráfico”, sentados a esperar el escrutinio a ver si se atreven a hacer el fraude. Sentados por millones, a la espera.

Ojalá contásemos con una Junta Patriótica conformada por la reserva moral, intelectual y ética de la república dispuesta a asumir la conducción de la lucha. No olvido, no dejo de lado, no soy tan idiota para borrar de la memoria que a los intelectuales jamás se nos ha hecho caso, pero el testimonio hay que lanzarlo a recorrer los vientos.

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* Escritor.

tlopezmelendez@cantv.net.

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