Abr 3 2005
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Opinión

El papa ha muerto, ¿vive la religión?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El cristianismo no está todo contenido en el catolicismo y la Iglesia romana no contiene todo lo católico. Poco tiene que ver el fasto y la pompa con el mandato a los pocos judíos y a los gentiles conversos que fundaron la iglesia hace dos mil años.

Por largo tiempo los cristianos pudieron amalgamar el mensaje del Cristo con valores, creencias y ritos preexistentes; pero según la fe se extendió, por las fuerza de las armas romanas, adoptó e hizo suyas otras costumbres y valores. O los negó y condenó como infernales.

Aunque algunos medios lo dieron por cumplido, horas después del deceso de Juan Pablo II el Vaticano no anunciaba si el ritual de golpear la frente del cadáver tres veces y efectuarle en riguroso latín la pregunta de estilo –”¿estás muerto, Juan Pablo”– se había realizado.

La Iglesia, una entidad histórica

Vista con ojos contemporáneos la Iglesia católica habría surgido, como Atenea armada de la frente de su padre, tal como la conocemos tras el sacrificio del Gólgota, y no como el resultado de un proceso, tan religioso como político –que aun no termina–. En la ella subsiste, por ejemplo, parte del esoterismo antiguo –lo que se denomina la Tradición Hermética– inficionado (si cabe la palabra) desde el gnosticismo.

Tan tarde como en el siglo XIII Tomás de Aquino estudió alquimia y formas del misticismo pre cristiano bajo la tutela de otro doctor de la Iglesia, Alberto Magno. Obispos, cardenales y aun papas alquimistas pueblan la leyenda eclesiástica –negada por el Vaticano– hasta el Renacimiento.

Como estructura propia de la historia del Mediterráneo oriental y europea, y en una etapa posterior americana –su penetración en Asia, África y Oceanía es menor–, la Iglesia romana es un compendio de culturas. No basta negar para que lo negado desaparezca. Los ángeles pintados en México tienen ombligo. La arquitectura y orientación de los templos construidos en la Edad Media y su ornamentación pueden ser interpretados esotéricamente. En la segunda mitad del siglo XX Juan Pablo II ofició un exorcismo.

El papa puede, o no, ser infalible en asuntos de la fe; ésta, la fe en el Cristo y mandamientos subsiguientes, podrá, o no, someterse al juicio de una organización creada para cautelarla; los ángeles –esas herramientas de la divinidad–, si existen, pueden o no formar legiones y círculos, haber caído algunos y continuar en el coro celestial los demás; las personas podrán vivir su muerte a la espera del juicio final y la llegada de la Jersualén Celestial, o no; podremos ser salvados por nuestras obras o por la mera voluntad de dios. O no.

En definitiva son asuntos de la fe, pertenecen al ámbito más íntimo de los fieles y deben ser respetados. Pero la Iglesia como institución temporal e histórica es otra cosa.

fotoEl espíritu en el mundo

Completado el apoderamiento de la Buena Nueva por parte de los herederos del pescador Pedro, tras la división del imperio romano, la Iglesia juega un rol que, si no puede –ni tal vez deba– ser considerado en terminos de fe, lo es por sus incursiones en los asuntos temporales.

Son las relaciones del papado y sus representantes con los poderes políticos y económicos –y su discutible posición en los asuntos mundanos– lo que desata la ira de Lutero, en primer lugar, y luego el movimiento de la Reforma, que sacude a Europa, y la desangra, por más de un siglo.

Usando como trinchera a la monarquía española, la Iglesia estrecha filas y da la batalla. Una batalla política que incide en la organización y economía de los Estados europeos. Probablemente pueda decirse que fue perdida por España, que entra en un ocaso de cinco siglos; y por Iberoamérica, que no supo modernizarse tras las guerras por su independencia; y por Italia católica, que derivó, tras conformar su unidad política, al fascismo; y por la influencia ganada en Oriente, que se pierde, etc…

Como la Iglesia de Juan Pablo II, la renacentista y luego la del comienzo del industrialismo europeo pierde la batalla de los principios: la probable felicidad terrena se construye sobre la la autonomía de la voluntad humana, que escsonde desde entonces explotación, esclavitud, interés económico en suma .

Es probable que la prosperidad de las protestantes Holanda y Liga Hanseática; de las provincias luteranas de Alemania; del ingenio inglés (cismáticos por la carne de las decapitadas), el éxito económico del protestantismo francés, etc… hayan impelido al papado desde entonces a unir su destino existencial a las más oscuras y a veces injustas formas de organización de los Estados y sus gobiernos.

¿Qué sentido tiene la extremaunción a un herido por parte del cura del pueblo si el obispo se codea con quienes le hirieron de muerte? El cardenal Sodano (siglos XX y XXI) es “amigo” de Pinochet.

Según pasaron los siglos la fe que cautela la Iglesia romana se convirtió en un objeto que merece no sólo ser protegido, enseñado y examinado –como atestiguan todos los niños tras los cursos de catecismo–, sino además en una carta de la baraja que discute el poder. Un medio de cambio, otro mecanismo de negociación.

A partir del Renacimiento, en los orígenes de la mundializacion y globalización que hoy nos pena, la Iglesia romana es un actor más de la política. La fe es una rama diferente del árbol de los días.

Informó el dos de abril Associated Press, con un pragmatismo alejado del ditirambo: “El papa Juan Pablo II, que contribuyó a la caída del comunismo en Europa y deja un sello profundamente conservador en la Iglesia que lideró por 26 años, murió en la noche del sábado en sus aposentos del Vaticano (….) Tenía 84 (años)”.

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La mención a lo espiritual pertenece al señor Bush, presidente de EEUU. Dijo al manifestar su duelo por la pérdida: “un bondadoso y fiel servidor de Dios ha sido llamado a casa”. Pero agregó que el pontífice “launched a democratic revolution that swept Eastern Europe and changed the course of history”.

Carol Wojtyla fue fundamental –se dice– “para la mayor revolución de la historia contemporánea en Europa: el reencuentro del Este y el Oeste en libertad”. Feroz enemigo del comunismo, contribuyó desde Polonia a poner en marcha, en gran parte por su apoyo a Leich Walessa y Solidaridad, el movimiento que desbancó el experimento soviético. Alguna vez así lo reconoció Gorbachov.

El próximo papa tiene una difícil tarea. Aunque, como suele ocurrir con los textos esotéricos cristianos, el primer capítulo del nuevo libro no será el que primero deba leerse.

La fe y la realidad

Juan Pablo fue el papa 264. Hay algunos no considerados, entre ellos una papisa, casualmente de nombre Juana, sobre cuya existencia no hay unanimidad. Tan tarde como en el siglo XVII –algunos dicen que hasta el XVIII– hubo en Roma al parecer un templo consagrado a Isis. Isis es uno de los antecedentes religioso-históricos de María.

Paracelso, el padre de la medicina moderna, escribió que no son médicos los que quieren (aunque estudien), sino aquellos a los que dios les ha dado el don de serlo. Paracelso vivió en el siglo XVI; según algunos historiadores pudo ser mujer.

Deesde la fe el papado de Juan Pablo II es inobjetable: preconizó el regreso a las fuentes. Pero la fe la esgrimió desde lo concreto y para lograr efectos también concretos. Fracasó. No hay registro de que un solo gobernante o empresario católico actúe según su Encíclica sobre el trabajo, basta echar una mirada a los números sobre el reparto de la roueza producida por todos.

En definitiva el próximo papa deberá readecuar la acción de la burocracia a cargo de la fe con aquella dedicada a la existencia material del Vaticano. Cosa que tal vez no suceda, porque probablemente la Iglesia elija un papa anciano que reine por pocos años, los suficentes para evaluar los resultados de la gestión de Juan Pablo II, examinar lo que éste dejó en marcha y replantearse el ejercicio de las mañas del poder para pensar en el verdadero sucesor.

Nada tiene todo esto que ver con las almas, aunque se haga por ellas. El Vaticano privilegiará para su permanencia –la de su burocracia– el mensaje de que que sí existe la vida eterna, y que tiene las llaves del paso a ella. Pero, extraviadas, tardara en decidir qué hacer. Como distración, quién sabe, no faltarán quienes recuerden las profecías de un tal Nostradamus.

Tal vez sea hora de recordar eso de que al César lo que le pertenece y a Dios lo suyo. Y quizá al final de cuentas quienes tienen fe se re-ligan con el universo sin intermediarios.

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