Sep 28 2004
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Economía

El paro que remeció a Israel

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El Histradut -la Federación Sindical israelí- convocó al sector público a protestar por el atraso en el pago de los salarios a los trabajadores municipales y a los empleados de los consejos religiosos -que en muchos casos superan el año-. La huelga también iba dirigida contra los recortes considerados para el presupuesto del año próximo, que incluye el despido de cientos de trabajadores públicos, reducciones salariales y el aumento de la parte que deben pagar los trabajadores a los fondos de sus pensiones, como ocurrió con los trabajadores del sector privado.

La fuerza del movimiento refleja la creciente presión que ejercen desde abajo el sector de trabajadores en lucha contra el gobierno de derecha. El primer ministro Ariel Sharon se reunió con el ministro de economía, Bejamin Netanyahu, y con el ministro de interior, Avraham Poraz, y propusieron un acuerdo. Pagarían la mitad de los salarios atrasados cuando se plasmara por escrito un “plan de recuperación”, y el resto de los salarios cuando se firmara ese acuerdo.

En otras palabras, cuando los trabajadores estuvieran de acuerdo en los despidos y en la reducción de los salarios de los que quedaran. El Histradut, presionado por los enfurecidos trabajadores, rechazó esta oferta diciendo que no aceptaría otra cosa que no fuera el pago total e inmediato de los salarios atrasados.

El paro

Todas las rutas ferroviarias fueron afectadas, excepto aquellas destinadas al transporte de personal militar. Aunque los servicios de autobuses de las líneas Egged y Dan funcionaron ininterrumpidamente, los puertos se paralizaron: no se cargó ni descargó ningún barco en Haifa, Ashdod y Eilat.

La huelga afectó a todos los ministerios, municipios, empresas públicas y transportes. Los guardias de tráfico se plegaron al movimiento y también los trabajadores de los estacionamientos.

En las distintas industrias militares, incluida la industria aeronáutica y la militar se trabajó parcialmente La telefónica Bezep tuvo que dejar de hacer reparaciones. Lo mismo ocurrió con la Empresa Eléctrica Israelí. El correo no se repartió y la empresa de agua Mekorot no pudo solucionar los problemas de suministro.

Los hospitales públicos y los que pertenecen a la Organización de Mantenimiento Sanitario Clalit cerraron, sólo se realizaron operaciones y pruebas de laboratorio urgentes. En Clalit no se ha atendido a los pacientes aunque sí acudieron los médicos para atender las guardias.

El gobierno ha intentado desesperadamente deslegitimar la huelga. El ministro de justicia, Yosef Lapid, líder del derechista Shinue, atacó violentamente el paro en Jerusalén: “Amir Peretz -presidente del Histradut- está actuando con la excusa de ‘matar y heredar’… En primer lugar, las agrupaciones locales del Histradut se negaron a firmar los acuerdos de reforma que permitía dar fondos a las autoridades para pagar los salarios atrasados a los trabajadores, después el Histradut lanza una huelga en todo el país porque no se pagan estos fondos”.

Esta es la lógica habitual de los empresarios, para ellos los criminales no están en el gobierno -que no paga a los trabajadores-, sino que son aquellos que se niegan a trabajar como esclavos sin que se les pague por su trabajo.

En una reunión sostenida con los dirigentes de la Asociación de Manufactureros, que emplea a 400.000 trabajadores y contraraios a la huelga, según el presidente de la asociación Oded Tyrah porque: “Todavía no nos hemos recuperado de las heridas provocadas por la huelga de portuarios… Los clientes nos están abandonando debido a la huelga pasada que duró todo un mes. Otra huelga nos cortaría la rama que todavía nos queda”.

Peretz se mantuvo firme: “No tengo intención de pedir disculpas”, contestó, “Israel parece un país del Tercer Mundo, no por las huelgas sino por las condiciones de sus trabajadores, debido a la opresión, al bajo salario mínimo, ninguno de los industriales ha dicho nada sobre los empresarios que pagan menos que el salario mínimo y que ahora ni siquiera los pagan”.

Los problemas a los que se enfrentan los trabajadores israelíes no se pueden explicar sólo por la situación dentro de Israel y por el estado de la economía. Eso es sólo una parte de la historia. Israel es parte de un sistema mundial en crisis que ejerce presión sobre la economía israelí. Los empresarios agreden a los trabajadores impulsados por los cambios que se han producido en el mundo durante los últimos años.

Las antiguas certidumbres han desaparecido y con ellas la convicción de que mañana será mejor que hoy. En los países capitalistas desarrollados la generación actual será la primera desde 1945 que verá cómo sus niveles de vida y condiciones laborales son peores que las de sus padres. Las relaciones entre las clases cada vez son más tensas e inestables.

Esto se aplica más en Israel que en cualquier otra parte del mundo. Si se observa de cerca la situación puede constatarse que los bancos obtuvieron este año unos ingentes beneficios, un 137 por ciento, mientras que 450.000 personas viven por debajo del umbral de pobreza y el abismo que separa a ricos y pobres aumenta con el paso de los días.

La otra cuestión clave es el empleo. En términos oficiales la cesantía se sitúa en el 12 por ciento de la población económicamente activa,, sin embargo el desempleo es mucho más elevado entre los ciudadanos árabes de Israel y los judíos que viven en las ciudades “en desarrollo”.

La tercera cuestión clave es el reparto del dinero. No es un secreto que mientras los 15.000 trabajadores municipales llevan más de un año sin recibir su salario, el dinero sí ha llegado a las Yeshivas, a extender los asentamientos, a construir el muro de separación y en general a todo aquello destinado a incrementar la opresión sobre los desocupados palestinos, campesinos pobres y los pobres en general.

El escape armado

La historia enseña que cuando la lucha de clases está en ascenso, la clase dominante desvía la atención de los problemas recurriendo a la guerra. Por lo tanto, ¿no es mucha casualidad que de repente oigamos decir que EEUU venderá a Israel 5.000 bombas inteligentes valoradas en 319 millones de dólares?

La operación se financiará con la ayuda militarestadounidense y las bombas llegarán con nuevas versiones de aerotransporte, unidades de guía, detonadores… Estamos hablando de un armamento sumamente sofisticado. Las bombas serán guiadas por satélite, con un sistema que ya forma parte del arsenal del ejército israelí.

El Pentágono le ha dicho al congreso estadounidense que las bombas son para mantener la ventaja cualitativa de Israel y cautelar los intereses de EEUU en el área. La fuerza aérea israelí conseguirá 500 proyectiles de una tonelada que pueden penetrar en una pared de cemento de dos metros de grosor, 2.500 bombas regulares de una tonelada, 1.000 de media tonelada y 500 de un cuarto de tonelada.

Nadie se puede imaginar que esto pueda continuar sin que se produzca un cambio importante dentro de la propia clase obrera. Los trabajadores utilizarán cualquier canal posible para defender sus intereses. No hay otra salida. Esta huelga fue sólo el inicio del proceso.

Regresar al trabajo
con las manos vacías

El Tribunal Nacional de Trabajo ordenó el final de la huelga a las 8 de la mañana del día 22 de setiembre. El tribunal emitió una orden provisional en la que prohibía al Histradut -la federación sindical- continuar con la huelga. En la misma orden también pedía al estado que pagara dentro de una semana los salarios a los trabajadores municipales.

La reacción inicial de los dirigentes del Histradut fue decir que continuaría la huelga hasta que se reuniera la dirección nacional. Por supuesto, cuando se celebró esta reunión Peretz anunció el final de la huelga del sector público y ordenó la vuelta al trabajo de los huelguistas

Para empeorar las cosas, el tribunal ha decretado que el pago de los salarios atrasados tendrá que ser “nominal”. Eso significa que no incluirá ningún tipo de compensación por la demora. Los trabajadores que se hayan tenido que endeudar al no recibir sus salarios no recibirán ningún tipo de compensación.

Pero lo más serio es que la orden judicial implica la prohibición de la acción huelguística. La Asociación de Manufactureros y la Cámara de Comercio Israelí, que habían solicitado la intervención judicial, defendían que la huelga relacionada con los pagos atrasados era legítima pero que no ocurría lo mismo con otros sectores que habían solidarizado con sus compañeros.

El levantamiento de la huelga no eliminará los problemas subyacentes reales a los que se está enfrentando la clase obrera israelí. Los empresarios continuarán atacando y los trabajadores tendrán que movilizarse una y otra vez. Hace falta una verdadera dirección sindical luchadora que pueda representar los verdaderos intereses de la clase obrera.

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* En la versión digital del periódico El Militante. Más información en:

http://argentina.elmilitante.org/web/index.asp?id=muestra&id_art=689.

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