Nov 26 2004
423 lecturas

Opinión

El primer ministro español y los zapatos chinos

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Quizá porque va quedando poco aire fresco, las cosas que requieren pensar -como los asuntos internacionales y las guerras, por ejemplo- se hacen con los pies. No es aventurado entonces suponer que José Luis Rodríguez Zapatero, actual jefe del gobierno español, se haya convertido en eso que antaño solía llamarse un zapato chino.

Por esas perversiones del ocio -que barrió Mao Ze Dong en la época en que se decía Pekín y no Beijing (¿alguien pronuncia Beijing?)- a las niñas chinas se les vendaban los pies para que no crecieran; tal monstruosa costumbre, aparte de deformarlos, las hacía caminar -ya núbiles- con un bamboleo que se estimaba sensual. La expresión zapato chino se usaba como sinónimo de algo enojoso, sin remedio, molesto.

Enojo y molestia provoca al que mora en la Casa Blanca -y a su séquito- la relativa independencia con la que procura moverse, con limites por demás acotados, el tocayo del cantante y ex actor de telenovelas venezolano José Luis Puma Rodríguez. Por impericia, vergüenza, quizá algún sentido de la grandeza de España (aunque no como De Gaulle vivió y encarnó la “grandeur” de Francia) Rodríguez Zapatero con su aspecto aniñado ha hecho resbalar algunas piezas del tosco ajedrez diseñado por Cheney, Rumsfeld, Rice y otros, menos conocidos, asesores de la presidencia estadounidense.

Llamar “presidente accidental” al presidente del Consejo de ministros del gobierno español -elegido por votación universal y directa- es cuando menos una grosería. Que el desnuque de Rodríguez Zapatero sea a través de un editorial del consevadorísmo The Wall Street Journal, un diario cuyas bien engrasadas relaciones con integrantes del “círculo áulico” de la Casa Blanca son conocidas, huele a operación en cuya montura ha debido participar más de un “good friend” español de la corte imperial.

Muchas Españas son las que tenemos en América. Es cierto que se lo llevaron todo, como dijo Neruda; pero -como también dijo y a continuación, sentencioso- nos dejaron el idioma. Tenemos -de algún modo es nuestra- la España de sus más grandes: la del Arcipreste, Cervantes, Lope, Góngora, Quevedo; y la de ese griego de luces oscuras, y la de aquel afiebrado dibujante de monstruos y monstruosidades, y la de Velázquez, y la de los demás.

Es nuestra la España de los navegantes, de los tozudos asturianos, de los gallegos que cuentan leyendas, de los vascos -que no se ven españoles-, la de los puertos y olivos andaluces. Es nuestra la España que resistió en Barcelona, la ciudad que enterró a Durruti, la que no murió, pese a todo, en Madrid.

Es nuestra también, aunque duela, la España que enlutó América -y que, a despecho de ese luto, parió el mestizaje americano-; y aquella que caminó y cabalgó, sin advertir cuánta muerte dejaba atrás, rumbo a cuánta muerte debía nacer, a cuánta vida germinaría en el desamparo de nuestro hoy.

Esas Españas son reemplazadas -y no sin poca velocidad- por la de Telefónica, REPSOL, bancos… Una derramó sangre y plantó viñas; ésta, la nueva, trae y deja pobreza. Las une el oro. Con las Españas que tenemos, no obstante, hay esperanza de futuro; con la España que llega no.

Está enojado míster Bush con Rodríguez Zapatero. No debió haber retirado los batallones de Iraq. No debe hablar con Chávez. No debe hablar con Fidel. No debe enviarle recados a Kirchner. No debe…

Míster Bush se esfuerza por hacerle comprender al rey que tiene un súbdito no fiable -porque es súbdito aunque sea presidente del gobierno Rodríguez Zapatero-. Y el rey, contraprestación perfecta, debe comprender quien es su amo. Sólo el amo salvará lo insalvable, salvará hasta lo que no le pertenece, precisamente lo que no le pertenece, para que le pertenezca.

Juan Carlos de Borbón habló con los dos Bush: el padre y el hijo. ¿Qué habrá escuchado? ¿Qué les dirá? ¿Será el mismo rey que enfrentó la asonada al comienzo de su reinado o los años le habrán enseñado otras cosas? ¿Conservará la dignidad? ¿Recordará esa relación dialéctica entre señor y vasallo -que es entre símbolo y política-? En tiempos imprecisos se decía “las manos del rey curan”, acaso hoy las manos de un rey sólo sirvan para atraer la mano que lo someterá.

Perón, que no fue rey, decía en la Argentina de hace medio siglo que los pueblos avanzan con sus dirigentes a la cabeza o con la cabeza de sus dirigentes, asunto que los españoles, en este caso, saben desde hace siglos.

La tan feroz como relamida agresión a José Luis Rodríguez Zapatero indica cómo serán las cosas en el futuro inmediato. Las conductas del rey de España y del propio Rodríguez Zapatero marcarán la diferencia entre una violación y la conducta que la convierte en relación consentida. ¿Cuál de las dos de esas nuevas Españas nos mirará a través del Atlántico?

El presidente accidental

(La traducción de la pieza periodística se publicó en Periodista Digital –www.periodistadigital.com/secciones/periodismo/object.php?o=36953de donde la hemos tomado).

“No quiero ser un gran líder”, confesó el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, a la revista Time el pasado mes de septiembre. En ese caso, sus primeros nueve meses en el Gobierno deben calificarse de éxito rotundo.
El joven presidente dejó su particular impronta, antes incluso de encontrar el camino que le llevó hasta La Moncloa, prometiendo la retirada de las tropas españolas de Iraq, [lo que] rubricó la perfecta nota de agradecimiento a los terroristas que hicieron estallar los trenes el 11 de Marzo y que, con ello, le dieron el empujón final e inesperado para hacerse con el poder.

A propósito, en contra de las alegaciones socialistas de que el gobierno anterior había expuesto a España al terrorismo, ahora sabemos que los ataques de Madrid fueron planeados mucho antes de la Guerra de Iraq. La retirada, que le costó a España la pérdida de amistades e influencias en el extranjero, no aportó ninguna seguridad a la nación. La policía española ha frustrado varios ataques terroristas desde entonces, y el país continúa siendo objetivo y cobijo de la red internacional de Bin Laden.

Las implacables oleadas de burlas antiterroristas por parte de Zapatero hacen estremecerse a diplomáticos de países como Francia y Alemania. De hecho, ya son dos las veces que ha instado a los aliados estadounidenses a desertar y abandonar Irak. Aun así, de alguna forma el presidente esperaba que George W. Bush le devolviera las llamadas. Sería muy tentador hacer caso omiso de todo esto, como si no fuesen más que meteduras de pata de un presidente falto de experiencia que finalmente se ha vuelto inteligente. Pero la política de Zapatero parece no estar dirigida tanto por la inexperiencia como por la ideología, y eso sí que es difícil de cambiar.

Tal visión del mundo ayuda a explicar su afinidad con los últimos bastiones del socialismo latinoamericano. Zapatero está ejerciendo una presión colosal para que se levanten las sanciones de la UE contra Cuba, alentando de manera ostensible las reformas según él necesarias en la isla totalitaria. […] Otro de los proyectos estrella del presidente español es el fortalecimiento de los lazos de su nación con el presidente venezolano, Hugo Chávez.En una visita de Estado a Madrid esta semana, Chávez derrochó entusiasmo con respecto a ‘las buenísimas vibraciones’ entre él y Zapatero. El ministro de Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, llegó incluso a apoyar la acusación de Chávez de que el anterior Gobierno conservador de España apoyó el golpe de Estado en su contra.

[…] Zapatero tiene derecho a mantener sus puntos de vista.Pero estaría justificado que el pueblo español se preguntase qué puede sacar de un líder que apacigua a los terroristas, se codea con los dictadores y menoscaba el prestigio internacional de España. Puede que en la Península Ibérica todavía queden por delante cuatro largos y oscuros años.

X

Envíe a un amigo

Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario