Oct 15 2019
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Pol铆tica

El racismo, un instrumento del poder en Am茅rica Latina y el Caribe

Javier Tolcachier

Un fatal error de navegaci贸n posibilit贸, junto a la codicia y el extremismo cat贸lico de la corona espa帽ola, uno de los mayores genocidios de la historia. La turba de desesperados, ex presidiarios, aventureros y fundamentalistas que invadi贸 en sucesivas oleadas las 鈥淚ndias鈥, conden贸 a la poblaci贸n local a ser diezmada, despojada y esclavizada.

Mientras en una Europa arrasada por la pobreza, la enfermedad, las guerras intestinas, contra el Islam y la inquisici贸n medieval despuntaba no sin esfuerzo la luz del Humanismo renacentista, la Iglesia impon铆a su credo a sangre y fuego en los nuevos territorios.

Am茅rica, la llamaron tiempo despu茅s, en honor a un comerciante-navegante florentino allegado a la familia M茅dici. En adelante, la Corona espa帽ola, la portuguesa y los violentos reci茅n llegados se repartieron territorio y fortuna, compartiendo la triste gloria de sus delitos de lesa humanidad.

A compartir el triste destino de los menguados aut贸ctonos 鈥搇lamados 鈥渋nd铆genas鈥 en honor al mismo error fundacional de los colonizadores – 茅mulos de Col贸n- fueron tra铆dos en cadenas africanos esclavizados. Para gloria y fortuna de los due帽os de las plantaciones, pertenecientes a la aristocracia criolla.

Al abominable saqueo se sumaron ingleses y franceses hasta que una de las antiguas colonias 鈥搑eplicando las antiguas ense帽anzas de su madre patria brit谩nica- barri贸 a los dem谩s piratas y reclam贸 potestad -ya entrado el siglo XX- sobre un conglomerado de rep煤blicas dominadas por una oligarqu铆a criolla surgida de la misma prosapia colonial.

Oligarqu铆a a la que se sumaron inmigrantes de Medio Oriente o expulsados de Europa del Este, cuya cultura de avezados comerciantes los hizo colocarse r谩pidamente en situaci贸n econ贸mica ventajosa.

Para los esclavos y los aut贸ctonos, sus hijos y los descendientes de una cruza mayoritariamente forzada, qued贸 tan s贸lo la servidumbre y la aceptaci贸n de una cultura extra帽a como superior, a fuerza de l谩tigo, hambre y plomo. Esa es la breve historia de la 鈥渃ivilizaci贸n鈥 de Am茅rica y de la crucifixi贸n de sus culturas originarias.

Una herida en llaga

La matriz econ贸mica fundada en la exportaci贸n de productos primarios, la imposici贸n de deudas, el subdesarrollo tecnol贸gico, la enorme desigualdad, la extranjerizaci贸n de sus principales activos y la instalaci贸n de una minor铆a acaudalada al comando de los asuntos p煤blicos son herencia directa del mundo colonial.

El sistema republicano, importado de la democracia burguesa del norte, es venerado como 煤nico posible a pesar de que hace agua a manos de la falta de real participaci贸n ciudadana, la manipulaci贸n medi谩tica, la conspiraci贸n geoestrat茅gica, la persecuci贸n pol铆tica y la violencia estatal.

Resultado de imagen para pachamamaDe un calado hist贸rico determinante ha sido la extirpaci贸n y negaci贸n de la subjetividad cultural de los conquistados, condici贸n de perdurabilidad que habitualmente intentan implantar los imperios, aunque siempre de manera imperfecta. En la 茅poca colonial, las clases dominantes miraban al 鈥渞efinamiento鈥 europeo como la c煤spide de las buenas costumbres y el buen gusto. Igual a lo que sucede hoy, cuando los sectores medios y altos de las sociedades latinoamericano caribe帽as miran al Norte con admiraci贸n, despreciando por completo la riqueza cultural del suelo que habitan.

Indio o negro contin煤an siendo t茅rminos despectivos y los indios y los negros contin煤an siendo los 煤ltimos de la tierra. Ser indio o negro es considerado hasta hoy sin贸nimo de atraso y a煤n exhibiendo en el propio rostro la historia y la cultura mestizada de indios o negros, muchos prefieren distanciarse de su memoria. Esta negaci贸n cultural fue exigida pero tambi茅n utilizada por el poder blanco para impedir que indios y negros y sus descendientes tuvieran acceso a formaci贸n profesional y con ello a ascenso social y por supuesto a toda posibilidad de obtener incidencia pol铆tica.

Por eso mismo, aqu茅l que quer铆a 鈥渆scalar鈥 socialmente deb铆a abjurar de toda condici贸n ind铆gena o negra. Para ser aceptado y pertenecer, aunque de modo subalterno, el mestizo deb铆a demostrar su desprecio por s铆 mismo, deb铆a dividirse y combatir internamente su ligaz贸n hist贸rica con los sometidos, colaborando as铆 con el sistema de opresi贸n.

A esta porci贸n de la poblaci贸n se agreg贸 una nueva inmigraci贸n de europeos. Algunos trajeron su modelo de ideaci贸n t茅cnico y conocimiento industrial. Otros tantos, su arraigada tendencia a la comercializaci贸n, lo que les permiti贸 forjarse r谩pidamente una posici贸n social intermedia. Su historia, h谩bitos e inserci贸n generaron una nueva grieta, a distancia de los segregados parias americanos. Hubo tambi茅n entre ellos muchos luchadores por sociedades equitativas, pero la empat铆a profunda lleg贸 s贸lo a una minor铆a que se atrevi贸 a reconocer la plena humanidad en el otro.

Sobre esta estructura sicosocial de oligarqu铆as extranjerizadas, de sectores medios compuestos por inmigrantes diferenciadores y mestizos complacientes y de una casta segregada de negros, ind铆genas y mestizos pobres, se pretendi贸 erigir la ficci贸n de una rep煤blica de iguales derechos.

La geolocalizaci贸n social de Am茅rica Latina y el CaribeResultado de imagen para paraisos fiscales

La pobreza es visible y f谩cilmente geolocalizable. No as铆 la riqueza que se esconde detr谩s de gruesos muros electrificados, de exilios voluntarios u obligados, que se oculta en m煤ltiples para铆sos fiscales, que se fuga a casas matrices de corporaciones o a la 贸rbita especulativa y de inversi贸n internacional.

En las ciudades, donde hoy vive m谩s del 80% de la poblaci贸n latinoamericana, debido al alto costo del suelo (producto de la especulaci贸n inmobiliaria) la pobreza se encuentra en los altos cerros y morros, pero tambi茅n en las ci茅nagas y las periferias urbanas sin servicios p煤blicos. Es habitual tambi茅n que los marginados se asienten en zonas cercanas a donde las urbes desaguan sus desechos y olvidan sus derechos.

En las zonas rurales la mayor铆a es ind铆gena o proviene de su mestizaje.

La segregaci贸n tiene rasgos y color. Los marginados portan su origen en la piel, en sus ojos y cabello. Llevan la historia tallada en sus facciones.

La orograf铆a humana de Am茅rica Latina y el Caribe muestra adem谩s que las zonas m谩s abandonadas, empobrecidas, subdesarrolladas o alejadas son habitadas mayoritariamente por ind铆genas y negros. El Nordeste brasile帽o, el Choc贸 colombiano, Hait铆 y la mayor parte del Caribe, la Sierra y Amazonia ecuatorianas, el Ande peruano y boliviano, el Norte argentino, la selva paraguaya, el Sur mexicano, la ruralidad guatemalteca y salvadore帽a, el Dari茅n paname帽o, la costa del Pac铆fico en Nicaragua, Honduras y Costa Rica son ejemplos v铆vidos.

Huyendo a zonas liberadas de esclavitud, permaneciendo forzadamente en zonas portuarias y periurbanas o resistiendo a la termita devoradora del capitalismo en entornos dif铆ciles y poco accesibles, m谩s de un cuarto de la poblaci贸n latinoamericana contin煤a siendo discriminada y explotada.

La rebeli贸n de los discriminados y la contrarrevoluci贸n racista

Las revueltas negras e ind铆genas fueron numerosas y han sido el germen inequ铆voco de posteriores gestas libertarias republicanas. Rebeliones que tuvieron en ocasiones relativo 茅xito aunque fueron invariablemente respondidas con represi贸n, tormento y asesinato por parte del poder establecido.

En la mayor parte de los pa铆ses de Latinoam茅rica y el Caribe, la abolici贸n de la esclavitud se decret贸 en la primera mitad del siglo XIX, a excepci贸n del Brasil, en la que hacendados y el Imperio se resistieron hasta 1888. En relaci贸n a la poblaci贸n ind铆gena, los sistemas de mita y encomienda a favor de conquistadores fueron reci茅n prohibidos hacia fines del siglo XVIII. En la pr谩ctica, ind铆genas y negros siguieron sirviendo con escasa remuneraci贸n y generalizado desprecio.

En tiempos m谩s recientes, los pueblos ind铆genas y afrodescendientes optaron por distintos caminos. Uno de ellos fue adscribir a procesos nacionales de emancipaci贸n popular como en Cuba, Venezuela o Brasil, siendo masacrados en Guatemala y el Salvador por el terrorismo de Estado, lo mismo que en Per煤, tanto por la dictadura fujimorista como por la insurgencia mao铆sta.

Una variante distinta y muy significativa ha sido la emergencia del EZLN en M茅xico, con la denuncia del Estado como mecanismo de sojuzgamiento y la afirmaci贸n del autogobierno local.

Casos sobresalientes lo constituyen Ecuador o Bolivia, donde el movimiento ind铆gena adopt贸 la estrategia de la plurinacionalidad en defensa de sus reivindicaciones colectivas y derecho a la autonom铆a. En la naci贸n andina, los movimientos ind铆genas y sociales llevaron a Evo Morales a ser el primer presidente de origen ind铆gena. En Ecuador, como en Bolivia, las organizaciones ind铆genas emergen como sujetos pol铆ticos fundamentales en raz贸n de su poder de movilizaci贸n, pero cuya incidencia electoral disminuye debido a su concentraci贸n territorial y su menor peso demogr谩fico.Resultado de imagen para ecuador indigenas

A esta leg铆tima rebeli贸n de negros e ind铆genas, tal como en 茅pocas pret茅ritas, los sectores dominantes oponen un racismo despiadado. En ocasiones sin cortapisas, como es el caso de la ultraderecha blanca en Bolivia, Brasil, Ecuador, Chile o Uruguay, por s贸lo citar algunas, en asociaci贸n con los nuevos fundamentalistas evang茅licos y sectores del ej茅rcito. En otros casos con enga帽os mediatizados, clavando la cuchilla en el segregacionismo latente en parte de los sectores medios. 脷nico modo de dividir a las mayor铆as poblacionales, que de otro modo, en unidad, no podr铆an dominar.

Reparaci贸n y reconstituci贸n social

Los llamados a una conciliaci贸n social voluntarista, como muestran las estad铆sticas y un proceso que lleva ya varios siglos son ingenuas y poco eficientes. La recomposici贸n del tejido social exige la nivelaci贸n de condiciones de vida y la diversidad de posibilidades vitales para todos.

Una efectiva nivelaci贸n de oportunidades afecta sin duda la estructura general de un sistema de lucro exorbitante para pocos y una geoeconom铆a cuyas posiciones dominantes est谩n enclavadas 鈥揳l menos hasta la reciente emergencia de China鈥 en el Norte global.

La Comisi贸n de Reparaci贸n del Caribe, organismo surgido del CARICOM en su Plan de 10 Puntos, se帽ala que es imprescindible que las naciones europeas acepten su responsabilidad hist贸rica por los cr铆menes cometidos. Dicho plan incluye como ejes fundamentales la repatriaci贸n y reinserci贸n de aquellos descendientes de africanos que as铆 lo quieran, ofrecer desarrollo con participaci贸n a las comunidades ind铆genas, erradicar el analfabetismo, ampliar el sistema de salud y el acceso a la educaci贸n y posibilitar un conocimiento m谩s profundo de su propia y dolorosa historia.

Al mismo tiempo, se indica que el subdesarrollo tecnol贸gico y la condena de la exportaci贸n de productos primarios generada por el sistema colonial deben ser reparadas, al menos parcialmente, con una abundante transferencia de capacidades tecnol贸gicas y cient铆ficas y del mismo modo, ser canceladas las deudas impuestas por la usura anterior y actual.

Para que proclamas, declaraciones y planificaciones bien intencionadas se conviertan en hechos, es preciso remover las estructuras a trav茅s de fuertes movimientos emancipadores que promuevan la redistribuci贸n y el acceso al conocimiento al interior de sus pa铆ses y conformen un poderoso eje de integraci贸n y unidad para equilibrar la relaci贸n de fuerzas existente.

A fin de proceder a una verdadera reconciliaci贸n, sin embargo, habr谩 de realizarse en simult谩neo un ejercicio doblemente dif铆cil. Ser谩 procedente comprender las corrientes subjetivas que fluyen en el interior de conjuntos e individuos, cuyos profundos significados culturales, generacionales y biogr谩ficos son condicionantes de su accionar. De all铆 surgen comprensiones transformadoras que constituyen el piso firme del ma帽ana.

Am茅rica Latina y el Caribe es sometida hoy a una intensa presi贸n del poder del Norte, constituyendo una pieza clave en el sostenimiento del viejo mundo o en la apertura a uno nuevo, multilateral, libre, compartido, humanista. Un error en la elecci贸n de los pueblos no podr谩 detener la historia, pero s铆 retrasarla.

(*) Javier Tolcachier es investigador del Centro de Estudios Humanistas de C贸rdoba, Argentina y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.

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