Jul 23 2010
907 lecturas

Cultura

“El secreto de sus ojos es una indagación sobre las fallas del sistema jurídico”

Mario Casasús.*

Eduardo Sacheri habla de La pregunta de sus ojos, novela adaptada al cine, ganadora del Premio Oscar 2010 a la mejor película extranjera. “El germen de la historia es un viejo expediente en el juzgado donde yo trabajaba; mi jefe me comentó un día —pidiendo la causa del archivo— que uno de los condenados había salido libre con la amnistía del 25 de mayo de 1973, una amnistía que incluía exclusivamente a presos políticos, sin embargo este tipo había salido de la cárcel sin tener absolutamente nada que ver con la resistencia frente al régimen militar de Juan Carlos Onganía, ni nada por el estilo. La novela es una indagación sobre las fallas en el sistema jurídico argentino”.


 
Autor de: Esperándolo a Tito y otros cuentos de fútbol (2000); Te conozco, Mendizábal y otros cuentos (2001); Lo raro empezó después, cuentos de fútbol y otros relatos (2004); La pregunta de sus ojos (2005, 2ª. Ed. Alfaguara, 2009); Un viejo que se pone de pie y otros cuentos (2007) y Aráoz y la verdad (Alfaguara, 2008). Eduardo Sacheri (1967) define La pregunta de sus ojos dentro del género de novela judicial:

“Porque es la historia de un crimen vista desde el sistema jurídico, no es una novela policial”, y adelanta que volverá a trabajar con el director Juan Carlos Campanella, en la película animada en 3D Metegol. Siendo el fútbol la otra pasión del escritor argentino, no pudimos dejar de preguntarle sobre temas fuera de la cancha y al margen de la literatura.

—Eduardo, trabajaste en un juzgado porteño durante cinco años, ahí escuchaste la historia de un reo que el sistema judicial dejó en libertad, sin embargo por esa época Menem decretó el indulto a la Junta Militar. ¿La pregunta de sus ojos nace de un caso en particular o del clima generalizado de impunidad?

—En realidad el germen básico de la historia sí es un viejo expediente. En el juzgado donde yo trabajaba mi jefe me comentó un día —pidiendo la causa del archivo— que uno de los condenados había salido libre en la Amnistía del 25 de mayo de 1973, una amnistía que incluía exclusivamente a presos políticos, sin embargo este tipo había salido de la cárcel sin tener absolutamente nada que ver con la resistencia frente al régimen militar de Juan Carlos Onganía, ni nada por el estilo.

"A mí me quedó esa noción de la impunidad, el tipo estaba preso por el delito de robo con arma, la idea de cómo puede clausurarse por motivos ajenos a los involucrados la noción de justicia, aún la imperfectísima justicia de los hombres; la novela es una reflexión sobre el castigo, es una indagación sobre las fallas en el sistema jurídico argentino desde antes de la dictadura de Videla y que se repitieron durante el neoliberalismo impuesto por Menem.

"De hecho, para la época en la que estaba trabajando en tribunales vinieron los indultos de Menem, los indultos más conocidos son —sin duda— los que recibió la Junta Militar, pero también hubo indultos y reducciones de condenas para presos comunes, básicamente por homicidio; en mi juzgado me tocó hacer el recómputo de esos casos y por lo tanto revisar las causas y volver a repensar esto de una justicia que se desdice sobre lo que ha decidido, eso es lo único real de La pregunta de sus ojos, por detrás de la tragedia leemos una historia de amor y redención".

—¿Cómo se deshace la estructura de una novela para convertirla en guión de cine?, por ejemplo, señalar en la pantalla al asesino, como escolta de Isabel Perón y el auge del reclutamiento de la Triple A, todo en un cuadro…

—De hecho hay ciertas cosas que en la novela yo tenía mucho tiempo para decir, mostrar y profundizar, claro que en una película de dos horas no lo tenés; entonces, por ejemplo, en la novela yo puedo dedicar un capítulo al asesino preso en la Cárcel de Devoto, otro capítulo a la cooptación de ese asesino por la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), otro capítulo donde un policía amigo del protagonista (Benjamín Chaparro) conversa sobre esta circunstancia con él…

"Toda la idea está sintetizada en el primer plano de Isabel Perón y el asesino como custodio en el segundo plano, vos fijate que en ningún momento se dice Triple A y sin embargo todos entendemos de qué se trata, a veces el cine obliga a esa síntesis y hay otras situaciones donde se impone el deseo de Campanella, la película es de Juan, entonces él quiere contar y poner acentos determinados que no necesariamente tienen que ser los míos".

—¿El primer acercamiento de vos con Juan José Campanella fue con Luna de Avellaneda?

—En realidad antes de que Juan filmara Luna de Avellaneda había especulado con tomar algunos cuentos míos, cuentos vinculados con el fútbol y hacer un largometraje, finalmente la idea lo llevó a otro lado haciendo Luna de Avellaneda, eso nos sirvió de pretexto para conocernos y proponernos alguna vez laburar juntos, que fue lo que terminó pasando en El secreto de sus ojos.

—Varios escritores han participado como actores secundarios: Gabo y Rulfo “En este pueblo no hay ladrones”; Mario Benedetti y Antonio Skármeta en “El lado oscuro del corazón” y “El baile de la Victoria”, respectivamente. ¿Por qué no te involucraste en la filmación con un papel de reparto?

—No nunca me lo propuse, supongo que me ganó la timidez. Sí estuve muy presente en el rodaje, porque por un lado Juan me dio la oportunidad de estar en cada locación, viste que hay muchos directores reacios a eso, y por otro lado, no venía mal para seguir conversando cosas, ciertas discusiones que veníamos arrastrando de cuando escribimos sucesivamente las varias versiones del guión, daba para que a la luz de lo que se iba filmando de la película, completar argumentos, tanto Juan como yo.

"También al hablarse una jerga judicial bastante marcada mi experiencia en la materia venía bien para insistir en ciertos términos y evitar que los actores —naturalmente por una situación de sentido común— cambiaran una palabra que puede o no tener influencia en su significado jurídico.

—Eres hincha del Club Independiente, has escrito decenas de páginas de ficción sobre fútbol, pero en la novela no aparece la escena de la cancha de Racing, imagino que fue la de mayor dificultad técnica al filmarla, ¿cómo decidieron y resolvieron el argumento de la pasión y el fútbol?

—Fue un pedido expreso de Campanella, la detención del sospechoso en la novela no se produce de ese modo, pero Juan tenía muchas ganas de filmar una escena grandilocuente en un estadio de fútbol, entonces hubo que adaptar varias partes del guión a ese deseo y voluntad de Juan, para el tema de la pasión por un club de fútbol o el modo en que nuestras pasiones nos someten, daba lo mismo si era en la cancha de Racing —esa fue propuesta de Campanella—, lo sostengo en mi defensa, porque hay quienes dicen que como yo soy hincha de Independiente: "vos, voluntariamente hacés al asesino del Racing" (risas).

—El tema del torturador convertido en torturado, o por lo menos en interlocutor y objeto de una venganza a manos de la víctima, me recuerda a “La muerte y la doncella” de Ariel Dorfman o a “Pedro y el capitán” de Mario Benedetti, ¿qué influencias literarias habías leído para plantear el dilema de la ética y la venganza?

—Mirá, no tenía lecturas previas al respecto, sino justamente es el germen de la historia —lo que se me dispara a mí trabajando en el juzgado— fue pensar a un tipo capaz de vengarse de este modo, de castigar con el encierro en un silencio total y sacrificarse de esta forma; lo que me parece que tiene de sugerente esta idea, es el modo en que la venganza implica una autoinmolación, esto de que carcelero y encarcelado no se diferencian mucho, en este caso.

"Mientras que la venganza más burda, directa y brutal que podemos pensar —que cualquiera puede pensar— no incluye este costado de sacrificio personal. Yo no tomo una postura ética o una decisión, en La pregunta de sus ojos dejo abierta la opción al lector".

—Durante estos días en México has compartido demasiadas historias con Mauricio Rosencof —ex guerrillero uruguayo y preso político por 13 años—, con la escritora Laura Restrepo —ex guerrillera colombiana—, con Antonio Skármeta –que además de escribir en el exilio ha dirigido un par de películas— y en menor medida con Sergio Ramírez —ex vicepresidente del primer gobierno sandinista—, ¿qué reflexiones haces sobre las experiencias del viaje al Hay Festival?

—Lo que pensaba viendo a semejantes figuras de la historia que me precedió, porque la mayoría de ellos tuvieron esos gestos de militancia cuando yo era chico; ¡qué bueno que estén! —es mi mirada actual— y qué pena que Latinoamérica no haya sido capaz de conservar a más de su gente, a más de sus intelectuales y militantes, porque estaría bueno que se incorporaran a este nuevo momento, cuando digo "nuevo momento" no lo digo desde una perspectiva utópica, sino que me parece hay ciertas enseñanzas que las décadas de 1970 y 1980 nos han dejado: el triunfo del sandinismo y el fin de las dictaduras en Suramérica.

—¿Viste La historia oficial en 1985?, ¿y qué piensas de que 25 años después tu novela le daría a la Argentina otro Oscar como mejor película extranjera?

—Sí vi La historia oficial en su momento, me gustó e impactó como a muchos argentinos. Jamás me imaginé que alguna de mis historias se filmaría, menos que ganaría un Oscar, todavía hoy si me preguntás me cuesta tener presente que ganamos un Oscar con El secreto de sus ojos.

— ¿Qué harás después del vértigo de La pregunta de sus ojos?

— Estamos trabajando otra película con Campanella, en este caso será una película animada por computadora en 3D (tercera dimensión), que —por el momento— se llama Metegol, en México creo que le dicen "futbolín"-

—Futbolito

— Exacto, porque los protagonistas de la película, no son sino unos jugadores de plomo y miden 20 centímetros.

—Entre autores argentinos de cuentos de fútbol, ¿a quién prefieres?, ¿Fontanarrosa o Soriano?

—A Fontanarrosa por sus cuentos de fútbol; a Osvaldo Soriano como escritor.

—Finalmente, después de la sesión de entrevistas abordarás un avión con destino a Ezeiza, ¿qué llevás en la valija que subís a la cabina?

— Llevo una remera de la selección mexicana de fútbol y un par de libros de Juan Villoro: Dios es redondo y Los 11 de la tribu.

* Periodista.

Publicado originalmente en www.elclarin.cl —se reproduce aquí por gentileza del autor.

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario