Abr 13 2009
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Ciencia y Tecnología

El Sur y sus átomos: políticas de desarrollo energético

Jesica Salvatierra*

Para desmitificar algunos prejuicios negativos del uso de energía nuclear con fines pacíficos, se puede señalar que desde que el hombre existe en el planeta se encargó de modificar el medio ambiente para satisfacer sus necesidades. Así, descubrió que con el fuego podía obtener calor para la cocción de sus alimentos. Con el advenimiento del desarrollo tecnológico halló nuevas formas de energías para la obtención de calefacción e iluminación.

El ser humano ha roto con las fronteras naturales de la noche, del frío y del calor. El lector o lectora en este momento está consumiendo la preciada energía tan necesaria para la vida en la sociedad contemporánea. Nadie se imagina en la actualidad vivir sin energía eléctrica, sin gas o sin agua. Por la sencilla razón, de que la demanda de estos recursos está ciertamente vinculada al mejoramiento del nivel de vida del hombre.

La humanidad demanda cada vez más a medida que crece el número de habitantes en el planeta. Pero el desafío, no es sólo proporcionar este recurso energético a toda la población, sino que también se encuentra en los modos de conseguirlo con el menor costo ambiental posible. Hay que dejar de engañarse y comprender que toda actividad industrial -y humana- tiene, en general, un gran beneficio y genera a su vez un riesgo o detrimento para el medio ambiente. El riesgo nulo o cero no existe, debido a que es físicamente imposible.

Argentina en el núcleo de su potencial energético
Argentina es uno de los tres países latinoamericanos junto a Brasil y México que desarrolla energía nuclear con fines pacíficos. El gobierno del ex presidente Néstor Kirchner y el actual de Cristina Fernández, tomaron medidas destinadas a reducir la demanda y a generar fuentes de energías alternativas.

En este sentido cabe subrayar que en Argentina existen dos centrales nucleares en funcionamiento (Embalse y Atucha I). Así como también, el esfuerzo del gobierno nacional que recomenzó, desde el 2006, las tareas de finalización de la central nuclear Atucha II, que se hallaba detenida desde hace más de 20 años.

Atucha II es una planta de energía atómica en fase de construcción, ubicada sobre la margen derecha del Río Paraná, en la localidad de Lima, Partido de Zárate, a 115 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires, adyacente a la central nuclear Atucha I, aprovechando gran parte de su infraestructura.

El agua pesada y los elementos combustibles (uranio) necesarios para la central serán producidos en el país. Asimismo, todas las actividades de construcción y suministro correspondientes a ultimar la central tendrán la máxima intervención posible los proveedores y contratistas locales, política que es pilar básico de la gestión del Gobierno Nacional.

El dióxido de uranio es provisto por la empresa nacional Dioxitek S.A.. Los elementos combustibles son provistos por CONUAR S.A. (Combustibles Nucleares Argentinos S.A.); las vainas y tuberías especiales son fabricadas por FAE S.A. (Fábrica de Aleaciones Especiales S.A.), subsidiaria de la anterior. El agua pesada es producida en la Planta Industrial de Agua Pesada ubicada en la provincia del Neuquén. Se prevé que para el 2010 o comienzos del 2011 se integrará al parque de generación nuclear del sistema eléctrico argentino, en adición a Atucha I (357 MWe) y Embalse (648 MWe).

Cabe recalcar que unos de los beneficios operativos de las centrales nucleares es que esos reactores no producen emisión alguna de gases (dióxido de carbono) con efecto invernado, tal como sí ocurre con cualquier central térmica que consume gas, fuel oil y gasoil. Además, complementariamente Atucha II, producirá cobalto 60 para aplicaciones en medicina nuclear.

Este tipo de energía se caracteriza por producir, además de una gran cantidad de energía eléctrica, residuos nucleares que hay que albergar en depósitos aislados y controlados durante largo tiempo. A cambio, no produce contaminación atmosférica de gases derivados de la combustión que producen el efecto invernadero, ni precisan el empleo de combustibles fósiles para su operación.

Sin embargo, las emisiones contaminantes indirectas derivadas de su propia construcción, de la fabricación del combustible y de la gestión posterior de los residuos radiactivos -se denomina gestión a todos los procesos de tratamiento de los residuos, incluido su almacenamiento- no son despreciables.

A raíz de ello, Atucha II es una central nuclear moderna, similar a las últimas centrales construidas en Alemania, así como a las de Trillo en España y Angra II en Brasil. Desde el punto de vista del diseño y construcción cuenta con sistemas de seguridad actualizados, que incluyen el concepto de defensa en profundidad con barreras sucesivas, esfera de contención, separación física entre sistemas de seguridad y programa de vigilancia en servicio, entre otros conceptos.

El mundo se moviliza en base a la energía, las industrias, el desarrollo tecnológico y hasta la propia vida humana depende del uso de esta fuente . Para cualquier país del planeta es primordial contar con el abastecimiento de ella. No es casual que una de las fuentes más importante de energía -no renovable- como el petróleo haya sido la causante de la guerra de Estados Unidos contra Irak.


Y por su importancia, nuevos proyectos surgen a la luz de de satisfacer la demanda de las necesidades básicas de la población y de las industrias. De este modo, Argentina ha acordado con la Atomic Energy of Canada Limited para crear una cuarta central atómica, con el soporte tecnológico canadiense pero del tipo Candú (como Embalse) . Con esta nueva operación la generación nuclear alcanzará a cubrir cerca del 20 por ciento de la demanda que experimenta hasta estos días el Sistema Interconectado Nacional.

El gobierno argentino impulsará la construcción de esta nueva central, para lo cual tiene planeado establecer un régimen de incentivos fiscales y tributarios que incluirá exenciones diversas y la devolución anticipada de los pagos del IVA, entre otras herramientas destinadas a concretar ese emprendimiento.

Esta iniciativa resalta la “significativa importancia estratégica” del régimen contenido en el proyecto, ya que permitirá el ingreso de la Argentina “en el grupo de países que están en condiciones de diseñar y construir centrales nucleares, lo que elevará su perfil tecnológico y ello provocará un consecuente incremento del nivel de desarrollo de la sociedad”. Según se informa en el comunicado de Nucleoeléctrica Argentina Sociedad Anónima (NASA), empresa estatal que maneja las productoras de potencia de origen nuclear, como Atucha I, Embalse y Atucha II.

En virtud de ese objetivo, el proyecto declara “de interés nacional las actividades de diseño, construcción, adquisición de bienes y servicios, montaje, puesta en marcha, prueba, recepción y puesta en servicio comercial” de una cuarta central atómica en territorio argentino. Según se informa en el comunicado de NASA.

Tras el capítulo que cerrarán todos esos proyectos energéticos, que reforzarán en forma notoria el potencial generador del país con el concurso de fuentes no basadas en el uso del gas ni del petróleo, las autoridades nacionales ya tienen proyectado replantear qué tipo de tecnología se buscará adoptar en las futuras usinas nucleares que vayan a encararse.

Al respecto, un encuentro celebrado el pasado 19 de marzo en la sede de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), del que participaron funcionarios y técnicos argentinos e italianos fue abordado el re-posicionamiento y desarrollo de la energía nuclear.

Allí, Norberto Coppari de la Subgerencia de Planificación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), sostuvo que “la energía nuclear tras décadas de letargo vuelve a ocupar su lugar en el mundo como alternativa sustentable de generación de electricidad”.

Asimismo, Coppari fundamentó el re-posicionamiento de la energía nuclear afirmando que: “Los devastadores efectos en el clima de la quema de combustibles fósiles, por efecto de la liberación de dióxido de carbono, más la volatilidad de los precios han provocado un cambio de rumbo para el sector energético, que hasta hace poco parecía poco probable”.

El funcionario argentino también brindó estadísticas del panorama energético mundial a través de los datos del Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) de 2008, que muestran que el 67 por ciento de la energía eléctrica generada en el mundo es térmica (carbón, petróleo, gas natural); 17 por ciento, hidráulica; 15 por ciento, nuclear y 1 por ciento, renovable.

En relación a la Argentina, Norberto Coppari subrayó que el país “desarrolló todas las etapas del ciclo de combustible nuclear: exploración de uranio; explotación de sus yacimientos; obtención de concentrados; purificación del concentrado, ensamble del combustible”.

Además, destacó el desarrollo de la tecnología de enriquecimiento de uranio que empezó a utilizar Atucha I en 1996, cambio que permitió ahorrar 40 por ciento del combustible y bajar 3 por ciento sus costos.

Más adelante señaló con que con dos centrales nucleares en operación, Embalse y Atucha I; una en construcción: Atucha II, y un proyecto avanzado para construir una cuarta y otros emprendimientos, “el Gobierno nacional ha fijado su posición frente a la actividad nuclear” .

Coppari también remarcó que “el crecimiento económico e industrial del país provocará indefectiblemente un fuerte crecimiento de la demanda de energía eléctrica”, y recomendó diversificar las fuentes, y aumentar la participación de la energía nuclear para dar más estabilidad al sistema y bajar las emisiones de gases.

La energía nuclear en la región
Todos estos proyectos nucleares cuentan con el aporte de entidades y empresas tecnológicas internacionales y nacionales. Para Latinoamérica estas plantas de energía atómica pueden configurarse como una escuela de formación de profesionales y técnicos en la operación de centrales nucleares, ya que permite nutrir de personal a otros emprendimientos, tales como colaborar con otras plantas latinoamericanas.

Al respecto Argentina y Brasil impulsan fortalecer la energía nuclear pacífica y de uso civil para revitalizar al sector energético regional. Ambos países, comenzaron una alianza en términos nucleares a través de la Agencia Argentino-Brasileña de Aplicaciones de Energía Nuclear (Aabaen), un organismo binacional que diseña programas de trabajo para los próximos 10 años en energía atómica, estudios y aplicaciones médicas, industriales y de medio ambiente.

La Aabaen pretende, principalmente, ayudar a culminar con la construcción de la tercera central energética argentina, Atucha II, y comenzar con la edificación de Angra III, en Brasil. Este nuevo impulso de integración regional a nivel de energía nuclear representa un salto cualitativo y cuantitativo en los niveles de producción de energía.

Es tal la importancia de estos nuevos emprendimientos que genera entusiasmo en otros países sudamericanos como Venezuela y Chile que examinan crear sus propias plantas nucleares, más allá de las posturas en contra de Estados Unidos mantiene al respecto.

No es de asombrar la postura del país del norte, pues más allá de quien lo gobierne o de la crisis financiera mundial, Washington no dejará mantener su hegemonía como potencia económica a nivel global. Ya ha dado muestras valederas de su posición ante los países que pretenden desarrollar la energía nuclear, que se encuentran siempre “bajo la sospecha” de utilizar la tecnología nuclear con fines militares, como es el caso de Irán. (Ver: “Átomos en el Mercosur”. APM 07/12/2007)

Pero del lado latinoamericano el presidente venezolano Hugo Chávez afirmó que pretende desarrollar la energía nuclear con fines pacíficos. El dirigente bolivariano se mostró muy complacido por el crecimiento de la energía nuclear en el continente y evaluó: “muchos otros países deberán hacerlo, porque va a ser uno de los elementos de la fórmula para enfrentar la crisis energética, la contaminación atmosférica, los cambios climáticos” .

En el caso del gobierno chileno, para la Comisión Chilena de Energía Nuclear -creada en 1964 para el uso pacífico nuclear – el desarrollo de la energía nuclear es completamente viable, aunque para su concreción requeriría de un plazo de seis a diez años, comenzando cuanto antes con los estudios necesarios para abordar concretamente en la materia.

A raíz de ello, la primera mandataria chilena, Michelle Bachelet, aseguró que si la economía de su país sigue creciendo, la población iba a necesitar más energía, y que en respuesta a esa necesidad su Gobierno ya inició la realización de los análisis pertinentes con la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA), y que cuando éstos se culminen, decidirá cuál será el rumbo de la energía nuclear en su país.

La creación de nuevas centrales y la cooperación entre los países latinoamericanos es la prueba más contundente de que América Latina ingresa en un nuevo período de desarrollo industrial y tecnológico.

En el presente hay en el ámbito internacional 438 centrales en funcionamiento desde hace décadas y otras 54 en construcción. Las unidades hasta hoy en servicio satisfacen el 15 por ciento de la demanda mundial de energía, participación que llega hasta el 38 por ciento en el caso de Europa.

Las barreras de las limitaciones que presentan los países más pobres en cuanto al progreso a nivel científico y tecnológico (que incluye la energía), comienzan mínimamente a romperse con el avance en el ámbito de energía nuclear.

En definitiva, el desarrollo progresivo de la energía nuclear pacífica en la región marca, por un lado, el mejoramiento en la calidad de vida de sus habitantes y el progreso de las industrias y, por el otro, la producción de energía limpia, confiable y segura en contraposición al combustible fósil.

Por lo cual la integración energética nuclear en la región es fundamental para sostener un desarrollo progresivo y seguro que responda a las demandas sociales y ambientales de los pueblos latinoamericanos.

*Agencia de Presna del Mercosur

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