Mar 4 2012
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OpiniónPolítica

El tour mexicano y cubano del pastor alemán

América Latina tiene experiencia de las visitas “pastorales”. El papa polaco Karol Wojtyla, formado políticamente en la lucha contra la entonces burocracia soviética, sus agentes locales y su “comunismo”, hizo dos: una a la Nicaragua sandinista y otra a la Cuba gobernada por Fidel Castro.

La primera cumplió su objetivo: aplastó al ala progresista y sandinista de los católicos nicaragüenses, reforzó al cardenal contrarrevolucionario y a la derecha y, a plazo más largo, llevó a Daniel Ortega a un acuerdo con ambos (cardenal primado y derecha contra y corrupta) y a una ruptura con los católicos progresistas de la teología de la liberación (como Ernesto Cardenal y Miguel D’Escotto). La segunda consiguió concesiones aperturistas por parte del gobierno cubano y reforzó la posición de la Iglesia católica como eje de la oposición política interna.

Ratzinger llega ahora a México para tratar de consolidar el papel de la jerarquía eclesiástica y el conservadurismo en el país, así como a tratar de conseguir que el Estado facilite la enseñanza de dogmas religiosos en las escuelas.

En Cuba, el país de la santería y donde el cristianismo evangélico, por no hablar del agnosticismo y del anticlericalismo, son fuertes en los sectores más pobres de la población, la Iglesia católica nunca tuvo demasiado peso, a diferencia de lo que sucedía en Nicaragua, y ese hecho otorga al gobierno mayor margen de maniobra frente a ella. Además, el hedonismo y el libre mercado zapan las bases de la religión católica y el Vaticano, aunque es un pilar de la ignorancia, la opresión, la desigualdad social y la explotación, se opone al consumismo, a los valores y a la ideología del capitalismo financiero que, con su televisión y sus medios de “información”, destruyen la visión religiosa del mundo y las relaciones familiares conservadoras que la Iglesia explota.

De modo que hay un punto de contacto político entre el gobierno cubano y una institución local –la Iglesia católica cubana– que sea lo suficientemente prudente y, por ahora, se dedique a tejer redes y a sembrar apoyo ideológico en el sector más desilusionado o conservador de la isla.

Porque la visita a Cuba del ex jefe de la Inquisición, el pastor alemán que ocupa el trono de Pedro, o sea, la gira del mandamás de la única monarquía absolutista de importancia a escala mundial subsistente, si se excluye la de Pyongyang, tiene el claro objetivo de convertir la Iglesia cubana en el eje de una oposición capitalista tolerada y conservadora, que sea independiente de los contrarrevolucionarios violentos y cavernícolas de Miami y del Departamento de Estado, que podría contar con el apoyo de los católicos de Estados Unidos en caso de que en ese país triunfe la ultraderecha protestante pro sionista e integralista al estilo del Tea Party.

Las concesiones ideológicas al catolicismo del pragmático gobierno cubano son enormes. En efecto, el país es laico y no hay razón alguna para conmemorar “la aparición” de la Virgen del Cobre, que interesa a los católicos pero no al resto de los cubanos, y menos aún para organizarle sus manifestaciones religiosas a un jefe de Estado que es un monarca totalitario y jefe a la vez de la burocracia más antigua y firme del mundo y de la Iglesia más rica y numerosa de todas. Los socialistas Marx y Lenin, además del liberal Martí, deben estar revolviéndose en sus tumbas ante la utilización tan “desprejuiciada” de la razón de Estado.

El problema central es que en Cuba se está desarrollando un vigoroso sector de pequeños y medianos propietarios que, se plantea, agrupará dentro de poco a 40 por ciento de la población económicamente activa, y que el ambiente en que crece es el del individualismo, la aceptación de los valores económicos capitalistas, la desmoralización política de los trabajadores debido a la asfixia burocrática a toda manifestación de participación independiente.

Si el Partido Comunista cubano,, para educar a sus cuadros superiores, que son los del Estado, ha dejado de lado la bazofia teórica de la interpretación dogmática de Marx y Lenin por los burócratas estalinistas. y recurre ahora a cursos de administración de empresa, como si fuera el Tec de Monterrey, es evidente que quienes luchan por el socialismo como sinónimo de participación, democracia, autogestión y control obrero en las empresas nadan contra una poderosa corriente pro capitalista. La alianza entre las dos burocracias, la estatal y la eclesiástica, es un peligro real.

Además, todo un sector de la burocracia y los neocapitalistas cubanos encontrarán en la Iglesia católica, a bajo costo, un punto de reunión y un cemento cultural “nacional” y hasta “nacionalista”. El precio político cultural de la operación gubernamental no se compensa con las escasas divisas que pueda traer a Cuba esta maniobra. Talan creyó trampear a la historia fomentando el nacionalismo ruso, legitimando la Iglesia ortodoxa, reinstalando los capellanes de la misma en las fuerzas armada y preguntaba burlonamente cuántas divisiones tenía el Papa. Hoy, en la ex Unión Soviética flamean las banderas zaristas.

Cuba, sin embargo, no es lo que fue la Unión Soviética y detrás de los cubanos hay una vieja tradición anarquista y liberal de izquierda que, en cierto modo, los vacuna contra los sacerdotes burocráticos laicos o religiosos, y sus intentos de regimentar las cabezas y de imponer dogmas. Pero el caso es importante, y el silencio embarazado de los amigos de Cuba al respecto es un nuevo y grosero error, y un verdadero crimen. Frente a lo que pasa en Cuba nadie puede mirar para otro lado y hacerse el desentendido. La omisión de auxilio a alguien en dificultad es considerada delito.

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