Sep 27 2008
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Economía

El verso financiero neoliberal y la prosaica realidad

Eduardo Pérsico*

Hace menos de un año, cuando abandonara Alan Greenspan la Reserva Federal en Estados Unidos y el presidente de Goldman Sachs, por entonces la más renombrada financiera, fuera designado Secretario del Tesoro, la conmoción encendió luces en el sistema. No fue una estampida pero de inmediato y ante la crisis inevitable, la tasa de descuento de la Reserva Federal fue elevada al 5% y hubo un notorio aumento en el precio del combustible, algo que entonces sí empezó a inquietar verdaderamente al estadounidense medio.

Por más que nadie aceptara esto con facilidad, la palabra recesión se balbuceaba pese a que una opinión domesticada y tozuda como la del imperio no se animaba a pronunciar y menos a escribir. Pero las cifras posteriores fueron mostrando el destape de otra gigantesca patraña financiera ideada para sostener los niveles de ocupación en USA: el otorgamiento de hipotecas incobrables.

Entonces la realidad se hizo palpable por mucho que se fuera demorando gracias a que todos los bancos de inversión del entramado financiero del capitalismo fueron cómplices de la maniobra. Esta calamidad existe, puede prolongarse y extenderse pese los esfuerzos oratorios de todo el elenco gobernante en Estados Unidos, prometiendo antes de terminar setiembre del año 2008 un tren de medidas financieras que en principio asoman como inaplicables.

La realidad repite que las cifras aparecidas en estos días empiezan a sincerar la situación. Además de que las financieras ni remotamente pueden solventar sus pasivos, el negocio de la vivienda nueva parece inexistente y en usadas cayó más bajo en los últimos veinte años. Algo que aumenta diariamente los pedidos de seguro de desempleo, inmanejable en tanto las posibilidades de recuperación en la construcción –fundamental demandante de mano de obra– quedará aquietada por largo tiempo ante la gigantesca masa de hipotecas impagas; digamos nuevas viviendas que no se construirán.

A saber, en su locura por la colocación del dinero de cualquier modo, se estima que los bancos dieron unos quince millones de créditos dudosos, "sub prime"; de los cuales unos diez millones son incobrables y que físicamente representan en viviendas más que todas las existentes en la ciudad de Buenos Aires y buena parte de su cordón conurbano. Un cálculo que los entrenados economistas neoliberales de Argentina y el resto de América Latina, tenaces y porfiados divulgadores de el mercado regula todo, jamás harán por la profunda pereza conceptual los caracteriza .

Y si animan a confesar que si esto no se llama crisis recesiva neoliberal, al menos imaginen un nombre más decoroso que "transitorio malestar de los mercados". Vamos muchachos…

La decisión del gobierno de George W.Bush ahora busca la salidera por el lado de la intervención en la economía privada. Una un tanto sugerente en vísperas de elecciones, aunque quizá no sea malo que de los republicanos surja esta tendencia "socialoide" luego de tantas décadas de una desaforada oposición a controlar un poco más la cosa pública.

El neoliberalismo se acrecentó como voluntarista producto económico desde la Universidad de Chicago. Los Chicago Boys que asolaron también en Argentina, Milton Friedman, su mentor intelectual, y demás seguidores –financiados por el grupo Rockefeller– dispusieron instalar financieras en cada esquina del planeta y de esta manera canallesca acaba hoy la fiesta.

Lo penoso es que este patético y reidero final también lastime a la economía productiva; la única que crea y reparte riqueza y no este pastiche teórico que hasta malversó la matriz conceptual de Adam Smith para imponerse.

Reiteradamente se ha dicho que las teorías económicas del neoliberalismo no solamente son vulnerables ante la realidad sino que también son falsas, un principio que John Nash, Premio Nobel de Economía en 1994 avalara por cálculos matemáticos aceptados en los ámbitos académicos serios de verdad.

Un debate que no borra otro más urgente y principal: si la economía no está al servicio de un mundo absolutamente posible donde todos coman, por mucho que la jerarquicen como un complejo ajedrez es apenas un divertido “ta te ti” de los malvivientes del Poder. Algo que nos repite la realidad.

* Escritor.

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