Oct 8 2006
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Política

El voto de la discordia. – ¿CHILE LO HARÁ POR VENEZUELA?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La Presidente de Chile Michelle Bachelet dio la primera señal de que votará a favor de Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU, aunque de manera no oficial, en una cena con parlamentarios demócrata cristianos reseñada esta semana por el diario conservador El Mercurio.

“Bachelet fundamentó por qué podría inclinarse por Venezuela en la ONU”, señaló el principal titulo de tapa del matutino.

“Marcando distancia de EE.UU., dijo a los parlamentarios que es difícil restarse al apoyo a Caracas, dado que en la región sólo Perú y Colombia no la respaldan” destacó uno de los dos diarios que más adversan el voto en favor de Venezuela, tema candente de la política interna y una brasa ardiente al interior del ejecutivo y de los partidos de la coalición gobernante.

La jefa de Estado dijo que “votar por Guatemala sería una señal de poca independencia frente a Estados Unidos. Y les hizo ver, además, que este último país, que cuenta con el apoyo de la Casa Blanca, no respaldó a Chile en la postulación de José Miguel Insulza a la OEA”, en la versión que entregó el matutino sobre lo conversado en la cena.

Según El Mercurio, para fundamentar su inclinación por Venezuela, la presidenta destacó el apoyo que tiene en los países de la región. “Les dijo a los diputados DC que no sumarse es “muy complicado”, considerando que en Suramérica sólo Colombia y Perú no lo harán, mientras que el resto (Argentina, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Ecuador) ya definieron su voto favorable a ese país”. Probablemente los lectores del diario ignoran que Perú ya es miembro temporal del Consejo de Seguridad, un cargo idéntico al que postula Venezuela.

Reacciones y tensiones

El ministro de Relaciones Exteriores, el DC Alejandro Foxley, no hizo caso de los dichos de la presidenta e insistió en que la postura de Chile todavía no está decidida, aunque se supone que las relaciones internacionales de la nación las maneja la jefa del Estado. El canciller se quedaría sin piso ante esta decisión, al igual que el subsecretario –o viceministro– Alberto Van Klaveren, cercano al PPD.

Algunos diputados que asistieron a la cena con la Presidenta tampoco se sintieron contentos, pero Pablo Lorenzini, jefe de la bancada de diputados DC, aseguró que “respaldarán” lo que decida sobre la ONU. “Ojalá que se imponga la cordura y el gobierno no vote por Venezuela”, dijo el diputado DC Jorge Burgos. Varios se molestaron con las palabras de Lorenzini.

La decisión presidencial será también un duró golpe para la DC y su presidenta, Soledad Alvear, y el trabajo desplegado por la ODCA, la Organización Demócrata Cristiana Americana que dirige su marido, Gútemberg Martínez.

El senador Alejandro Navarro, socialista de izquierda, dijo que “lamentablemente, sabemos que el problema de Foxley es que es genéticamente pro-norteamericano, y con este tipo de declaraciones pareciera que estuviéramos rindiendo examen de conducta”. según el vespertino La Segunda, de la misma empresa El Mercurio; Navarro agregó que “cada vez es más evidente la relación entre el voto de Chile en la ONU y la dilación artificial y exagerada que se ha hecho para ratificar el Tratado Penal Internacional (TPI), donde al parecer Venezuela es el precio que la Cancillería está dispuesta a pagar”.

“No quisiera creer que para nuestras relaciones internacionales es más importante la compra de armas y el certificado de buena conducta de Bush, que la construcción histórica, ineludible y necesaria de la integración latinoamericana”, añadió el senador.

La ministro de Defensa Viviane Blanlot dijo que su par estadounidense Donald Rumsfeld le informó que si Chile ratifica el instrumento internacional se vería afectado en el financiamiento preferencial y la disponibilidad de material (militar) de excedente, aunque EEUU tuvo que excluir la ayuda militar de sus sanciones económicas contra los países que ratifiquen el tratado del TPI, simplemente porque se estaba quedando sin aliados.

“Hay algunos que están muy preocupados por las posibles sanciones y restricciones militares norteamericanas si se ratifica el TPI”, dijo Navarro. Chile no puede andar mendigando un trato especial, sino sólo exigir un trato justo que no condicione nuestros principios ineludibles de respeto y promoción de los DDHH, y menos puede aceptar el chantaje de aquellos que dilatan la ratificación del TPI, esperando un voto de Chile contra Venezuela en la ONU, y así poder exhibirlo como certificado de buena conducta ante EEUU”.

“Lamentablemente –añadió el legislador– Foxley no está sólo en esto. Confío en que la presidenta resistirá esta presión interna y externa y tomará la decisión que a nuestro juicio corresponde, y no la que se está promoviendo desde una cancillería donde el PS no está representado”.

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* Periodista.

Addenda
LA CATÁSTROFE GÚTENBERG

Llama poderosamente la atención el alineamiento cerrado y ciego del oficialismo demócrata-cristiano chileno detrás de la “voz del amo”.

Olvidando hasta las hilachas del populismo que alguna vez convirtiera a la DC en el partido mayor del juego electoral de ese país, parlamentarios y dirigentes han hecho de un asunto menor materia del perfil político del Estado.

Los dichos que costaron al embajador venezolano su cargo en Chile (el hilo se corta por lo más delgado), en el sentido de que la DC adversó –y no sólo en el marco de las formalidades democráticas, añadimos– al fallecido presidente Allende y apoyó sin tapujos el golpe en Venezuela son moneda corriente y sólo los muy jóvenes y desinformados lo ignoran.

En rigor, un asiento de partiquino en el Consejo de Seguridad no contribuye en nada ni a la paz ni a la seguridad del mundo. Ocupan una serie de países en “representación” de las regiones geográfico-políticas a las que pertenecen butacas que bien podrían quedar vacías. Conforman en verdad la respuesta protocolar de los otrora “cinco grandes” a los reclamos por la democratización de las NNUU –que es tarea pendiente, como son tarea pendiente reglas claras para el comercio mundial, resolver los asuntos ambientales, los procesos de migratorios, la venta de armas, los mercados de estupefacientes, etc…–.

En el caso de esta elección concreta ocurre que no es misterio alguno que el gobierno venezolano usará su derecho a voz en el Consejo para intentar desenmascarar la agresiva política belicista de algunos Estados –o gobiernos–, en tanto se tiene la certeza de que el segundo postulante de América, Guatemala, sabrá guardar cauto silencio. Guatemala es el candidato oficial de Estados Unidos. Pretender que el gobierno chileno estire el “suspense” de película clase C a la espera de un tercer candidato que logre consenso es risible y absurdo.

Los dados ruedan sobre el tapete y la DC carece de herramientas para detenerlos; en otra época y otro contexto, en una realidad distinta, pudo haber detenido los dados; no lo quiso hacer y Chile padeció 17 años de dictadura.

Hace unas cuatro décadas el sociólogo canadiense Marshall Mac Luhan escribió La galaxia Gútenberg, “aggiornado”, el señor Martínez, conocido dentro de los límites partidarios de la DC, nos presenta la “catástrofe Gútenberg” si la jefa del Estado instruye a sus representantes en la asamblea de la ONU votar por Venezuela. Habrá, dice este cruzado del siglo XXI, “un antes y un después”, si el voto es por Venezuela.

Se equivoca. El antes ya fue. Y el después, con el recobrar la memoria popular chilena se convierte para dirigentes como él en vía muerta: un antes que nunca podrá ser. El asunto estriba en si el después con el que fantasea –la hegemonía DC– significa arrastrar al antes golpista y miserable ya no sólo al gobierno inquieto de Bachelet –pocas veces un gobernante ha sufrido tantas hioócritas embestidas como ella– sino a la sociedad chilena.

Dicen que en toda familia hay un tonto en casa. Soledad Alvear –cónyuge de Martínez– es reconocida incluso por sus adversarios como una persona inteligente.

L.N.

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