Ago 14 2008
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Política

Elecciones municipales en Chile en el 2008, el descrédito de la política

Eduardo Andrade Bone*

En el marco de las próximas elecciones para elegir nuevos Alcaldes y Concejales ha realizarse en el mes de octubre del presente año, participaran 12 partidos políticos, cinco conglomerados, y se presentarán 12 mil candidatos a través de todo el país. Cabe agregar que producto de la ley electoral antidemocrática heredada de la dictadura, solo 6 partidos políticos cuentan con representación parlamentaria.

La jornada electoral de octubre en cierto modo tendrá un carácter de plebiscito, pues reflejara el peso real que tiene cada  entidad política en la vida nacional, y por ende dejara al descubierto la verdadera correlación de fuerzas políticas existentes en el país. Pero no solo eso, las elecciones municipales de octubre marcaran además la tendencia a seguir con respecto a las elecciones presidenciales de diciembre del 2009.

 Ahora al  realizar un sondeo por los barrios populares de Santiago, un sector industrial de la capital, una zona agrícola en las afueras de la región metropolitana, en los centros comerciales más destacados y en los barrios residenciales, donde presuntamente suelen vivir las capas medias de la población, podemos apreciar que la población de Santiago, la ciudadanía y los electores, no están ni ahí con la autodenominada clase política que cogobierna el país.

Mientras la casta política vive afanada en el circo-show mediático, farandulero, de escándalos y acusaciones mutuas de corrupción y acusaciones de todo tipo. A la gente le es indiferente toda esta farsa mediática que es el reflejo de la alta mediocridad política existente en el país, y que no manifiesta una preocupación por los problemas reales y cotidianos que viven los chilenos.

Cabe agregar además que la mayor parte de las encuestas y sondeos que se han realizado hasta ahora, prácticamente ninguna salva a los dos conglomerados políticos que cogobiernan el país. Las encuestas reflejan el deterioro de la imagen de sus dirigentes políticos y sus respectivas organizaciones. Más del 60% de los chilenos está profundamente decepcionado, desencantado de lo que han sido los gobiernos de la Concertación, y de la conducta del pinochetismo representado por la Alianza por Chile.

Pero no solo eso, los electores asistirán nuevamente a la ofertitis de los candidatos de la coalición gobernante y del pinochetismo. Nuevas falsas promesas, demagogias, populismos, cohecho, regalitos electorales, campañas millonarias, compra de votos, nuevos clientelismos políticos, y todo aquello que les permita mantenerse en el poder, en este caso de los municipios.

El descrédito de los partidos políticos

Lo cierto es que la autodenominada clase política y la política misma, se encuentra sumida en el más profundo descrédito ante la ciudadanía  y los electores.  Ese 60% de chilenos ya no se sienten representados por la Concertación y la Alianza por Chile (UDI-RN). No son alternativas que inspiren confianza, credibilidad y entusiasmo en la gente y los votantes.

Más de dos millones de chilenos que se  encuentran en edad de ejercer su derecho a voto, que no se han inscrito en los registros electorales, vienen a ratificar esta decepción y desencanto con el mundo político sin excepción. Más aún en un país donde se sigue gobernando con la Constitución fascista de la dictadura y con un sistema electoral antidemocrático, que margina a un 15 % de los electores de su derecho a tener representantes populares en el parlamento de la nación.

Después de 35 años entre dictadura y Concertación, lo cierto es que los sueños de los chilenos por vivir en mejores condiciones de vida, se encuentran profundamente truncados. Sueños que han sido amagados por un modelo económico que ha estado al servicio de los grandes empresarios, las trasnacionales y la oligarquía económica y financiera nacional. El modelo económico vigente ha generado grandes injusticias y desigualdades sociales, que incluso ha sido condenado por la propia
Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica chilena, lo que ya es mucho decir.

Pero los lectores se preguntarán, ¿por qué tanta rabia, tanta indiferencia, tanta frustración, tanto desencanto, tanta rebeldía acumulada en un país lleno de “éxitos económicos”, ensalzados por la casta política de gobierno y los medios de comunicación del sistema?

Pero vamos viendo, la gran mayoría de los chilenos pese a los grandes éxitos del  modelo económico del capital neoliberal implantado en Chile, siguen viviendo con ingresos de sobrevivencia. La población para poder acceder a los bienes de consumo del salvaje mercado, se ha tenido que endeudar de forma escandalosa. El 70% de los chilenos tiene que dedicar entre un 40 y 60% de sus ingresos a pagar créditos caros de consumo. La otra parte del salario está destinada a cancelar también al crédito muchos de los productos alimenticios básicos, antes le llamaban comprar al “fiado”.

Además cada trabajador para poder cancelar las deudas producto de los créditos obtenidos, ya no tiene que trabajar ocho horas, sino que esta sometido a horarios que van desde las 10 horas y hasta 14 y 16 horas diarias, o sea, en otras palabras es la súper explotación al grado máximo.

Por ello la justicia, la tan cacareada igualdad, la protección y seguridad social, sigue siendo una quimera que se ha limitado a la política de lo paliativos, dadivas y mendrugos para los sectores sociales más golpeados por el capital neoliberal, y avalados por la casta política que cogobierna el país, que ahora volverá a solicitar el voto de los electores, para ellos seguir encumbrándose por las redes del poder, de la corrupción, el tráfico de influencias y sus propias carreras políticas.

Lo cierto es que la gran mayoría de los chilenos, aún no siente en vivo y en directo “tanto éxito económico”, pero si perciben claramente que la brecha entre ricos y pobres sigue creciendo cada vez más, y que el capital neoliberal solo beneficia a la clase económicamente dominante del país.

La falta de una Constitución representativa de todos los sectores de la vida nacional, la existencia de un sistema electoral antidemocrático, la falta de inclusión y participación de la ciudadanía en todas aquellas cuestiones que los afectan directamente en las elecciones municipales de octubre del presente año terminaran por pasarle factura en mayor o menor medida a las dos coaliciones políticas que hoy usufructúan del poder, que se puede traducir en una gran cantidad de votos en blanco, nulos y abstenciones.

Cabe agregar además que la mayoría de los chilenos está decepcionado de la forma en como se esta gobernando y legislando en Chile, o sea siempre a espalda de los sectores sociales que son afectados por las nuevas leyes implementadas por la elite política en el parlamento. Los casos ocurridos con la reforma a la educación, las reformas a la previsión, el trato dado a los trabajadores ante su lucha por mejores condiciones de vida, viene a reflejar la apatía e indiferencia de los chilenos  hacia la Concertación y  la Alianza por Chile.

Una visión neoliberal de la economía

Los tecnócratas neoliberales dicen que Chile tiene una economía que ha crecido notablemente, que se ha incrementado el PIB, el buen precio del cobre en los mercados internacionales avalan estas afirmaciones, las exportaciones de productos tradicionales y sin valor agregado han crecido notablemente, que “vamos bien mañana mejor”, como pregonaban en dictadura. Sin embargo la contrapartida a esta situación son las propias condiciones de vida  desmejoradas de los sectores de menores ingresos, que nos les llegan el éxito económico por ningún lado, mientras las deudas si  los acosan por todas partes.

Sin duda que Chile es un país admirado por los directorios de las trasnacionales y los inversionistas  extranjeros, que pueden optar por un país con una mano de obra barata, en donde casi no tienen que pagar impuestos y con una clase trabajadora poca sindicalizada, lo que evita el conflicto entre capital y trabajo. Por ello la decepción no puede ser mayor, con reformas laborales que van en beneficio de los empresarios, con una reforma educacional que avala el lucro por sobre el derecho y la calidad de la enseñanza, una reforma provisional que sigue beneficiando a los sostenedores de las AFP, que invierten y especulan con los dineros de los fondos provisionales.

Los chilenos que votaron por Michelle Bachelet, tenían la esperanza que por la condición de mujer de la primera mandataria, por su condición de madre y víctima de las violaciones a los derechos humanos cometidas por el régimen militar en contra de ella y su familia, además de abrazar ideas progresistas, las cosas podían ser diferentes y que los chilenos podrían asistir a la solución gradual de sus problemas más inmediatos. Sin embargo en estos ya más de dos años de gestión bachelista, hemos asistido a la continuación de todo lo que representa en materia económica y política, la herencia del propio régimen militar, lo que también ha contribuido al desencanto, decepción y descrédito en que ha caído la casta política en el poder, y que ahora se apresta a recabar el voto de los chilenos para seguir dándole continuidad al modelo económico de la dictadura y el capital neoliberal, o sea el modelo de los grandes empresarios y la clase económicamente dominante del país.

De allí que las elecciones municipales 2008 son una nebulosa electoral de imprevisibles consecuencias, a la hora de ratificarse en las urnas lo que dicen los sondeos y encuestas, ello tendría que dar paso a un nuevo escenario político nacional que distara mucho de la actual situación existente, y que podría poner fin a la hegemonía política ejercida por el cogobierno entre Concertación y Alianza por Chile, por cierto la última palabra la tendrán los propios electores.

*Columnista de Barómetro Internacional

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