Mar 16 2008
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Cultura

EMBAJADOR

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Siempre Francisco Dídimo anheló ser embajador. Desde pequeño aprendió a vestir con elegancia, bailar cueca, pronunciar bien y no tener ideas propias. Al asumir el nuevo gobierno, se enteró de que el encargado de confeccionar las listas con los nombres de los futuros embajadores, era su primo Gervasio Cafre. Sin tardanza lo fue a ver y ajeno a preámbulos le comentó la causa de su visita.

–Todas las embajadas están cubiertas a la fecha –le respondió Gervasio–. Con decirte que tenemos una lista de espera de 388 postulantes, y los treinta y siete partidos políticos afines al gobierno, incluidas las agrupaciones por la honestidad, pujan por obtener más cargos. Sí, te puedo ofrecer la embajada de un país inexistente.

Francisco meditó unos segundos y como la propuesta le pareció extraña, pidió a su pariente le aclarara la idea.

–Muy simple. No olvides que hay infinidad de países que no existen y sólo están en el imaginario popular: Fantasilandia, el País de Nunca Jamás, Disneylandia, por nombrar a algunos. Te designamos en uno de ellos y el asunto se resuelve. Ni siquiera, querido Francisco, será necesario moverte de tu casa y todos los meses recibes tu sueldo de embajador.

–Pero yo estimado Gervasio deseo ir a un país real; viajar por el vecindario; disponer de automóvil con placa diplomática; tener servidumbre; asistir a recepciones; codearme con personas importantes; hacer negocios; vivir rodeado de cierto boato. Ser merecedor a una digna jubilación que me ha resultado tan esquiva. Quién sabe si podría conocer a reyes, a políticos distinguidos, en fin a un mundo al cual no he tenido acceso. Ayúdame.

–Entiendo tu postura querido Francisco, sin embargo, no veo dónde incluirte.

–¿Y si me designas embajador en un país donde no tenemos relaciones diplomáticas? Quizá yo contribuya a restablecer las confianzas mutuas. No olvides que estudié en el seminario, me doctoré en ciencias de la eyaculación precoz, seguí un cursillo por correspondencia para hacer caricaturas. Ah, olvidaba. También sé nadar, jugar dominó, andar en bicicleta. En fin, creo que con este currículo me pongo a la cabeza…

–Así lo veo yo también, ilustre ciudadano, pero trato de hallar alguna embajada disponible y no la encuentro. Ni siquiera está vacante el cargo de embajador en la Unión de Países por la Desintegración del Universo con sede en Bruselas.

–Ponme en el puesto de otro ya designado.

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–Imposible. Cada uno de éstos tiene padrinos en La Corte Suprema, en la Asociación de Empresarios por la privatización del Estado, en la Cámara de la Destrucción de los Bienes Nacionales, y paro aquí por prudencia. De bajar a uno solo, mañana mismo me bajan a mí.

–¿Qué debería hacer entonces, querido Gervasio?

–Muy sencillo, primito. Ingresa a un partido político de oposición y desde ya empiezas a postular como embajador. A mí me huele que la coalición que sustenta a este gobierno, se acaba en un par de años.

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* Escritor.

Mayor información y otros textos –de lectura gratuita– en la página-web del autor:

www.waltergarib.cl.

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