Abr 24 2011
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PolíticaSociedad

Empezó la verdadera revolución: ¡paridad electoral de género en Túnez!

Alfredo Jalife-Rahme
 
Después de las dos defenestraciones de Bin Alí Babá y Hosni Mubarak, el aroma extático de la revolución del jazmín del paradigma tunecino está a punto de eyectar a un tercer sátrapa en Yemen: Alí Abdalah Saleh.
 
 
El sátrapa yemenita, aliado de EU y con 32 años en el poder, condenó insensatamente la presencia de las mujeres en las manifestaciones como atentatorias contra el Islam y quienes debían permanecer encerradas en sus casas.
 
Ensimismado en su autismo alucinatorio (exacerbado por el apoyo irrestricto de su aliado estadunidense), Abdalah Saleh, tercer sátrapa eyectado de los 22 países árabes en tan sólo cinco meses por el aroma revolucionario del jazmín –apenas en su inicio regenerativo generacional–, no entendió nada sobre la histórica participación femenina.
 
En similitud a la revolución francesa de hace 222 años, el determinante papel femenino en las revueltas y revoluciones en el mundo árabe empieza a ser tomado en cuenta muy a destiempo por seis observadores occidentales (The Guardian, 22/4/11), interesadamente sesgados y quienes padecen el grave defecto de no captar las sutilezas y matices de una región hipercompleja que rebasa sus simplismos maniqueos de pensamiento primitivamente lineal. Por eso se equivocan tanto en sus seudoanálisis en cuyo naufragio arrastran a los dirigentes de Occidente que ha acelerado preocupantemente su doble decadencia material y espiritual.
 
Según los seis observadores occidentales (infectados por los estereotipos sionistas jázaros de Hollywood), en un extensísimo análisis en el rotativo británico The Guardian, “las mujeres emergieron como jugadores principales en la primavera árabe”, pero falta ver si sus derechos (sic) mejorarán.
 
La primavera árabe es otro terminajo occidentaloide  proveniente de su reduccionista Lecho de Procusto. No se trata de una simple primavera, sino de una regeneración cosmogónica multirregional que rebasa los límites políticos coyunturales.
 
Hechos: cuando su aroma empieza a oxidarse en Libia, Siria y Bahrein, la revolución del jazmín ahora se retroalimenta en su quinto mes en la misma antigua Cartago con la implantación de la paridad electoral de género.
 
Como consecuencia de la defenestración del sátrapa Bin Alí Babá (exiliado en Arabia Saudita tras una dictadura de 32 años) y bajo la presión ascendente de la inquebrantable voluntad popular que no ha bajado la guardia, las autoridades de la transición en Túnez han adoptado la igualdad electoral de género para ser aplicada en los próximos comicios de la Asamblea Constituyente del 24 de julio (Al-Jazeera, 21/4/11), lo cual constituye el primer acto revolucionario de envergadura sociológica y de alcances metahistóricos en todo el mundo árabe (en particular) e islámico (en general), cuyas olas reverberarán en África (continente, en plena convulsión, prácticamente repartido igualitariamente entre musulmanes y cristianos), en el gran Medio Oriente, Asia Central e Indonesia, es decir, en las regiones donde impera mayoritariamente el muy respetable credo mahometano.
 
El movimiento tunecino Nahda, de tendencia integrista y registrado recientemente después de su formación hace 30 años, aprobó inesperadamente la nueva ley electoral de igualdad de género.
 
Al Jazeera coloca en perspectiva la característica de la fuerza femenina en la vida pública de la antigua Cartago comparada a algunos (sic) de sus más opresivos vecinos islámicos: 26 por ciento de la población laboral, 50 por ciento de los estudiantes, 29 por ciento de los magistrados y 24 por ciento del cuerpo diplomático. Incluso, el anterior Parlamento, en la etapa aciaga del sátrapa Bin Alí Babá, contaba con el mayor número de mujeres en el mundo árabe.
 
La actitud progresista sobre las mujeres data de hace 55 años en el país de San Agustín, plasmada en el Código de Estatuto Personal que abolió la poligamia y el repudio marital (prerrogativa masculina), un caso excepcional en el mundo árabe.
 
¿Cómo lidiarán con la revolucionaria paridad electoral de género los mil 600 millones de feligreses de los 57 países de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), donde destacan 360 millones de árabes?
 
La OCI con 5 millones de millones de dólares de PIB nominal (tercer lugar mundial inmediato detrás de China, con 6 millones de millones de dólares) todavía no toma conciencia de su verdadero poder transregional y global. Los 22 países árabes cuentan con un PIB nominal de 2 millones de millones de dólares.
 
Desde el poder en transición, Lilia Laabidi, ministra de Asuntos Femeninos, consideró inadmisible la exclusión de las mujeres en el nuevo orden tunecino: Tomaron parte en la revolución, condenaron la corrupción y todas las formas de violencia.
 
Laabidi admite que existen obstáculos sicológicos y culturales para la integración femenina. A su juicio, las tunecinas nacen en un ambiente donde no son libres y considera que ya es tiempo que las series de televisión (¡supersic!) cesen de exhibir a las mujeres como beduinas, lavanderas o prostitutas urbanas. ¡Qué fuerte!
 
Laabidi fustiga la asfixia que ejerció sobre el género femenino Leila Trabulse, trepadora social y esposa del sátrapa Bin Alí Babá. El clan mafioso de los Trabulse se consagró a la cleptocracia en lugar de la liberación de las mujeres, quienes se ganaron su destino en las calles y por sus propias manos.
 
Conclusión: no aduzco que la doble redención de Túnez –país de proclividad cultural sudeuropea, con uno de los óptimos niveles educativos de todo el mundo árabe (a la par de libaneses y palestinos)– se traducirá instantáneamente al gran Medio Oriente, pero, sin duda, lo que sucede en la antigua Cartago –diminuto país de 163 mil 610 kilómetros cuadrados, con 10.5 millones de habitantes, y un PIB nominal per cápita de 4 mil 160 dólares– pertenece a un fascinante laboratorio de experimentación existencial y sociológico de reverberantes efectos transformadores en medio de poderosas fuerzas adversas.
 
Me atengo a mi clasificación de las cinco subregiones árabes (ver Bajo la Lupa, 6/3/11) con sus propios vasos comunicantes, donde la situación de la femina islamicus variará en cada una de sus localidades, de acuerdo con sus muy respetables idiosincrasias cuando cuatro fuerzas se desgarran entre sí en dos luchas cosmogónicas en toda la región: la azorante doble revolución tunecina frente a la revitalización del autoritarismo (con apoyo de EU); y la liberación sicopolítica y socioeconómica frente al neointegrismo salafista (con apoyo de la CIA tras bambalinas).
 
El papel de la femina islamicus del siglo XXI será decisivamente definitorio en los dos combates cosmogónicos sin cuartel que se libran en el gran Medio Oriente .
 
*Analista internacional mexicano,columnista de La Jornada

 

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