Ago 23 2005
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Ambiente

En el mar “Zona muerta” es mucho más que una novela

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Una zona muerta en el mar es un área donde falta oxígeno para sus criaturas y sobran elementos tóxicos: metales pesados, cianuro, fosfatos y otros subproductos de la actividad industrial –terrestre o marina–. En ocasiones éstos son descargados, junto con el detritus urbano, y producen mutaciones no por singulares menos peligrosas. Por ejemplo, estimulan la multiplicación de algas, cuyo desarrollo y posterior muerte aniquila o hace emigrar a la vida animal.

En abril de 2004, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) señaló que las zonas muertas de los océanos se habían duplicado en las últimas décadas, identificando alrededor de 1500 lugares en el mundo, principalmente en la costa de las ciudades de países desarrollados.

Las causas de muerte de biodiversidad marina son distintas en cada una de ellas: en el Golfo de México -una de las zonas muertas más extensas del planeta- el descenso de oxígeno se debe al arrastre de fertilizantes por el Mississippi. En cambio en el Báltico, Europas, y en áreas marítimas asiáticas a más de los fertilizantes se agregan los derrames de petróleo y derivados y otros residuos imputables a las industrias.

Alejandro Buschman de Océana y doctor en Ecología indica: “Lamentablemente muchas soluciones para descontaminar las grandes ciudades contemplan desagües de desechos tóxicos, relave de industria minera o residuos orgánicos de las urbes al mar. Son factores que provocan las zonas muertas”.

En Chile los miles de kilómetros de costas enfrentan un proceso –que bien podría calificarse de despiadado– que ha puesto en situación de altísimo riesgo a grandes áreas marinas, en especial en el sur de ese país. Las principales causas son la acuicultura –en especial la crianza de salmones– y el volcamiento de los deshechos urbanos.

Esta situación ha provocadao en algunas regiones la disminución de hasta el 60 por ciento de las especies naturales.

LA AGRESIÓN SIN LÍMITES

foto“Sin cura para mares enfermos” apunta el periodista Diego Cevallos* la situación en América Latina y el Caribe. El alto porcentaje de las descargas municipales en las proximidades de la costa –realizadas por razones de “higiene” pública– más los derrames y vertidos de hidrocarburos, plaguicidas y residuos industriales “cubren a millones de peces y crustáceos, los de mayor importancia comercial, y a ecosistemas frágiles que comienzan a mostrar estragos”.

Informa Cevallos: “aunque la información disponible es escasa, todo indica que hay “un gran problema”, dijo a Tierramérica quien es la principal autoridad del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) en materia de contaminación marina en el Caribe, Chris Corbin.

“El funcionario y delegados de gobiernos de esa zona se reunirán la semana próxima en la capital de México para analizar la situación, avanzar en programas nacionales y conjuntos y trazar estrategias.

“El experto del PNUMA lamentó que para la mayoría de los gobiernos la contaminación de mares y ríos no haya sido asunto prioritario. Sin embargo, en 1996, los ministros de la región lo declararon el principal problema ambiental”.

LA EXTENSIÓN DEL PROBLEMA

Escribe Cevallos: América Latina y el Caribe tienen 64 mil kilómetros de litorales y 16 millones de kilómetros cuadrados de territorios marinos, diariamente afectados por miles de toneladas de aguas procedentes de zonas urbanas, industrias y plantaciones agrícolas.

Sesenta de las 77 mayores ciudades de la región son costeras, y 60 por ciento de la población vive a menos de 100 kilómetros de los litorales marítimos. Esos centros urbanos y sus industrias, incluida la petrolera, vierten desechos al mar y presionan sus hábitat de forma directa, pero también lo hacen quienes viven tierra adentro, por el traslado de aguas residuales a través de los ríos.

La plataforma marítima regional es de poca profundidad y relativamente angosta, casi siempre menor a 20 kilómetros, y cae en abrupta pendiente hasta más de seis mil metros. Esta topografía permite que las corrientes profundas renueven con relativa velocidad el agua contaminada. Pero la descarga contaminante ha llegado a tal punto, que esa ventaja se está comenzado a perder. Estudios de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) indican que algunos manglares y arrecifes de coral fueron dañados más allá de su capacidad de recuperación.

Además, en toda la región se reporta una clara disminución de la pesca y hay una evidente agresión a la calidad de los alimentos de origen marino.

No hay datos concluyentes sobre el impacto en la salud humana de estos problemas, pero investigaciones del PNUMA informan que el consumo de alimentos de zonas costeras y de agua dulce proveniente de áreas contaminadas producen cerca de 2,5 millones de casos de hepatitis y 25 mil muertes (anuales).
Además, enfermedades como el cólera y las diarreas, y muchas afecciones de la piel están directamente vinculadas a la contaminación de los mares.

La superficie mundial de manglares –bosques pantanosos de mangle en zonas costeras como estuarios, bahías y ensenadas– se redujo en las últimas décadas 35 por ciento, para llegar a unos 17 millones de hectáreas.
La destrucción de ese ecosistema por la contaminación, el avance urbano y las industrias o el agro, lleva un ritmo de 2,1 por ciento anual, mientras los bosques tropicales se reducen 0,8 por ciento cada año, de acuerdo con estudios recogidos por la organización ecologista Greenpeace.

El PNUMA advirtió en junio que en América Latina la destrucción de los manglares continúa sin freno, y en países como Honduras y Ecuador la situación es especialmente grave, pues allí fueron arrasados para construir estanques dedicados al cultivo de camarón. El setenta por ciento de los peces capturados en el mar nacieron, dependieron de alguna forma o se reprodujeron en manglares, barreras naturales de franjas costeras muy frágiles.

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Si no se toman medidas, los países costeros verán agravarse sus pérdidas económicas por caídas del turismo y la pesca, advirtió el investigador de la UNAM.
El problema de la contaminación marítima de origen terrestre es centro de debates e iniciativas de carácter global desde los años 70. Para enfrentarlo se han firmado numerosos acuerdos mundiales y regionales, patrocinados por agencias de la Organización de las Naciones Unidas.

El asunto de las aguas servidas. 80% y 90% de las aguas residuales de fuentes terrestres llegan a los mares de América Latina sin tratamiento. Sólo el dos por ciento de éstas reciben tratamiento antes de ser vertidas a ríos y mares.

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* Diego Cevallos es corresponsal de la Agencia IPS en México, país donde se publicó originalmente el artículo citado; la nota puede leerse íntegra en el periódico La Hora de Ecuador (www.lahora.com.ec).
Entre otras fuentes se utilizó también el diario La Tercera de Santiago de Chile (www.tercera.cl).

Zona muerta es una novela de Stephen King.

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