Dic 14 2004
1156 lecturas

Cultura

En el nombre del padre

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Chardonnay

Perm√≠tame por favor que le cuente todo desde el principio. Y le ruego que no me interrumpa: s√© que es parte de su funci√≥n, lo s√© muy bien, pero ya habr√° tiempo para responder preguntas. Lo que usted debe entender, antes que nada, es que mi padre lo estableci√≥ -con el mismo rigor con que establec√≠a todo- cuando yo era muy chica: Una mujer debe tener cultura alcoh√≥lica. Lo dec√≠a mientras me alcanzaba un vaso con aquel √°spero tinto de barril mezclado con soda hasta el tope. Yo no ten√≠a m√°s que seis o siete a√Īos, de modo que la regla que marcaba mi padre me machacaba los o√≠dos con igual persistencia que los sermones del p√°rroco en la capillita del colegio.

No importaba asentir o no: s√≥lo escuchar atentamente y beber de a peque√Īos sorbos, bajo la mirada orgullosa de pap√°, el l√≠quido rosado y burbujeante que serpenteaba en mi vaso pl√°stico. Para m√≠ el vino no era un refresco muy diferente de las gaseosas que enviciaban a mis amigas, de la granadina que prefer√≠an mis hermanas mayores, o de los jugos multifrutales que defend√≠an mis amigos varones como si fueran la raz√≥n suficiente y natural de su desesperado despliegue de virilidad infantil (ya sabe usted c√≥mo es: correr, saltar, caminar sobre las manos, subirse a cuanta mesa o sill√≥n haya en los alrededores: ese c√ļmulo de explosiones consentidas por las madres de varones, fervientes defensoras de la idea de que los nenes tienen que moverse mientras que para las nenas la vitalidad se resume en un bordado o un librito para pintar).

Desconozco si aquellos vasos de vino con soda me otorgaban ese dulce mareo que acompa√Īa a la primera libaci√≥n, esa inenarrable sensaci√≥n de descubrimiento que da el primer trago cabalgando sobre las papilas: como fuera, sin embargo, yo beb√≠a obediente a las palabras de mi padre, y dejaba que la pregunta que m√°s de una vez me rond√≥ los labios se atorara en mi garganta a la espera de mejores ocasiones: qu√© relaci√≥n hab√≠a entre el alcohol con que me curaban las heridas con eso que mi padre dec√≠a que una mujer deb√≠a tener.

Sangiovese Roble

fotoCuando mi abdomen dej√≥ de ser una forma redondeada, cuando detr√°s de los peque√Īos botones de las tetillas empezaron a vislumbrarse unos senos que dol√≠an de s√≥lo crecer, cuando la modista debi√≥ tomar con alforzas las cinturas de mis polleras, cuando una mancha sanguinolienta me permiti√≥ lucir con orgullo a√ļn infantil la nueva condici√≥n de ser una se√Īorita, mis compa√Īeros -en fin- empezaron a dar pruebas de su masculinidad compitiendo por ver qui√©n orinaba m√°s lejos. M√°s o menos para la misma √©poca, el vino se convirti√≥ en un s√≠mbolo de rebeld√≠a adolescente tan flagrante como los acordes del rock sinf√≥nico o la lengua de los Stones.

Los varones lo compraban en cajitas a la puerta de los bailes y, como una ceremonia ritual, se lo pasaban los unos a los otros hasta sentirse lo suficientemente entonados como para hacer frente a las mujercitas que se api√Īaban en el sal√≥n interior con las hormonas a flor de piel. A su manera, se adue√Īaban del cetro et√≠lico como atributo exclusivo de la masculinidad y lo sosten√≠an como argumento suficiente para ser-uno-mismo: es m√°s, algunas ni√Īas -que pretend√≠an la libertad de la que s√≥lo ellos gozaban- se atrev√≠an a pedirles unos tragos y tal vez varios, hasta caer en la flojera de brazos y piernas que relaja la moral y las buenas costumbres aprendidas y sostenidas desde casa. Pero yo no era rebelde ni deseaba serlo. O s√≠. Con la misma extemporaneidad con que he vivido toda mi vida, en aquel tiempo reemplac√© el vino con soda por las gaseosas.

Mi padre fue el primer asombrado. ¬ŅEse brebaje asqueroso, piensas beber…? no dejaba de repetirme cada vez que me ver√≠a sorber de la lata rojiblanca con un gesto de felicidad supraterrenal aprendido en los correspondientes comerciales de TV. ¬ŅPero te han dicho que lo utilizan para aflojar las tuercas de los autos? ¬ŅYa te han comentado que lo fabrican con cucarachas? Y, en el colmo de su desesperaci√≥n: ¬ŅC√≥mo t√ļ, que te proclamas socialista, te permites el lujo de una bebida imperialista a todas luces? Querido pap√°: tan luego √©l, fan√°tico liberal y ac√©rrimo defensor del orden y el progreso, era capaz de cualquier razonamiento con tal de que yo aceptara compartir con √©l aquel vino con soda que nos hab√≠a convertido en una dupla imbatible en la mesa familiar; con tal de seguir creyendo que nada hab√≠a cambiado entre los dos.

Syrah

¬ŅYa le dije que nac√≠ en una ciudad suburbana, y que en ella me cri√©? Por si usted no conoce las coordenadas sobre las que se mueven estas peque√Īas sociedades -tan cerradas como las de un √≠nfimo pueblo de provincia- le dir√© que en ellas, al menos para una mujer en edad de merecer, no se conoce mejor carrera que la de conseguir un buen marido y proyectar un matrimonio lo m√°s ventajoso que se pueda.

Claro que esto no sucede apenas terminada la secundaria, que en algo hemos avanzado con respecto a la generaci√≥n anterior: m√°s bien el novio que luego ser√° el buen marido debe conquistarse en el tiempo en que la f√©mina en cuesti√≥n est√° cursando una carrera universitaria -lo cual ratifica que no es tonta- y durante esos escasos a√Īos en que se encuentra en la edad justa: esto es, ni tan joven que no pueda mantener una conversaci√≥n interesante, ni tan vieja que ya se le hayan comenzado a caer naturalmente los atributos femeninos y deba ir pensando en recurrir a los pl√°sticos y lustrosos beneficios del bistur√≠.

Tengo que confesar que tambi√©n yo ca√≠ en la trampa: s√≠, lo hice, tuve un novio. Excelente partido: empleado en el departamento de marketing de una multinacional tabacalera con grandes posibilidades de progresar en la estructura jer√°rquica y econ√≥mica, algo de lo que de hecho empez√≥ a dar sobradas muestras cuando con s√≥lo 22 a√Īos lo nombraron Adscripto a la Gerencia con mando sobre cuatro o cinco personas mucho menos h√°biles que √©l en el dif√≠cil arte de trepar y cortar cabezas.

Llegamos incluso a planificar la boda, la cual ser√≠a para ciento cincuenta invitados en el mejor sal√≥n de nuestra ciudad apenas yo recibiera mi t√≠tulo de Licenciada en Comunicaci√≥n. Pero jam√°s pude aprobar la √ļltima materia. Y con el mismo empecinamiento con que se preparaba para su muy pr√≥ximo cargo a la vera del Gerente, mi novio me dio un ultim√°tum: o te recibes en el pr√≥ximo llamado o esto se acab√≥. No me recib√≠, de modo que se acab√≥.

Y as√≠, mientras todas mis cong√©neres -incluidas las avispadas que hab√≠an sorbido con delectaci√≥n el vino de cajita que les convidaban en la puerta de los bailes- se retiraban a cuarteles de invierno prepar√°ndose para una boda sin m√°cula y una cotidianeidad abstemia acorde con lo que las sociedades tradicionales esperan de una mujer, yo record√© aquel refresco de mi ni√Īez. Otra vez a contramano y definitivamente anacr√≥nica, volv√≠ a un rinc√≥n olvidado y celebr√© mi graduaci√≥n como Licenciada como se festejan los grandes acontecimientos: bebiendo.

Tiempo despu√©s mi ex-novio -ya subgerente con todo un departamento a cargo- reapareci√≥ para fijar una nueva fecha de boda y para recordarme que nunca hab√≠a dejado de amarme a pesar de que yo me empe√Īara en conseguir su desamor. Lo intentamos un par de meses. Cre√≠ que val√≠a la pena. Pero el hombre no pod√≠a tolerar una mujer que no oliera a rosas, y ahora la apuesta fue O bebes s√≥lo agua cuando salimos a una cena o desaparezco otra vez. Por suerte lo hizo. Desapareci√≥.

Cabernet Sauvignon

Despu√©s del primer novio vinieron otros. Despu√©s de los otros, vinieron m√°s. Y con asombro y con horror comprob√©, a partir de all√≠, que el vino era una suerte de placer vedado a los paladares femeninos. Salvo aquel que deb√≠ rescatar m√°s de una vez de las garras polic√≠acas por beodez pronunciada y en plena v√≠a p√ļblica, uno tras otro los hombres que se sentaron frente a m√≠ con una mesa de por medio no pudieron comprender que mi afici√≥n por el buen vino no es un rasgo masculino ni un signo patol√≥gico m√°s cercano a la adicci√≥n o la man√≠a que al mero disfrute de la vida, y de todo lo que ella tiene para ofrecernos.

Quiz√°s nunca haya despertado amores tan furibundos como para que el macho en cuesti√≥n se permitiera soslayar ese gesto que se le antojaba imperdonable. Quiz√°s no haya elegido bien, en el limitado n√ļmero de amores probables con los que una se encuentra a lo largo de la existencia, alguien capaz de comprender que la testosterona no es condici√≥n sine qua non para percibir las virtudes et√≠licas; alguien con la visi√≥n suficiente para ver en m√≠ una mujer que tiene -mi padre dixit- lo que una mujer debe tener. Lamentablemente, me ha tocado en suerte un Juez hombre.

Apostar√≠a a que m√°s de una vez debe de haber usted mirado con desconfianza a alguna mujer entregada a las libaciones con un goce que estima patrimonio exclusivo del g√©nero masculino. No me extra√Īar√≠a que hubiera conversado con su esposa -la cual descuento ha de ser abstemia o quiz√°s, carente de la cultura alcoh√≥lica que todas debemos tener, se pierda en enso√Īaciones diurnas con s√≥lo oler una copa de Sauternes- sobre la inconveniencia de que una f√©mina demuestre en p√ļblico su afici√≥n por los placeres et√≠licos.

fotoNi qu√© decir de sus hijas, si las tiene: con la misma fruici√≥n con que ha de haber usted comprado para ellas un jueguito de escoba y pala para que adquirieran desde ni√Īas las virtudes del ama de casa -hasta ahora no he visto que a los ni√Īos se les destine un peque√Īo libro de cheques, ni una maquinita de escribir que los prepare desde el vamos para un trabajo en una oficina anodina y gris- ha de haberles prohibido usted a sus hijas siquiera acercarse al alcohol, so riesgo de parecer marimachos. Si hasta la religi√≥n conserva para los curas el permiso de beber en p√ļblico con la patra√Īa de que el vino es apenas un s√≠mbolo, mientras que no habr√° visto usted, en su vida toda, una monja que pueda darse el gran gusto de beber aunque m√°s no sea una copa delante de la feligres√≠a.

Y aquí, sin quererlo, vamos llegando al punto que a usted le interesa. De manera que, aunque sea usted hombre, le ruego se ponga en mi lugar y no me culpe; o que al menos, si lo hace, me juzgue con bonhomía. Ni siquiera tuve tiempo ni ocasión de pensarlo, sino que actué guiada por un designio superior que me empujó hacia la sacristía como si se tratara de un impulso divino que no admite que una pobre mortal se le oponga.

Es verdad que la tom√© por asalto, y que aprovechando que no era horario de misas y que la ofrenda estaba en el altar tom√© con alevos√≠a el magn√≠fico cop√≥n de oro. Tan verdad como que en cuanto me calc√© el ropaje del cura me sent√≠ bendecida de pronto como si un rayo de luz entrara a trav√©s del vitraux del techo y me inundara de beatitud, y que no pude hacer otra cosa que oficiar la consagraci√≥n levantando hacia el cielo el cop√≥n de oro que refulg√≠a en la h√ļmeda oscuridad de la iglesia y luego bajarlo para beber de √©l ese vino que usted y todos los hombres pretenden mezquinarnos desde siempre. Usted dice que comet√≠ un sacrilegio. Yo digo, en nombre de mi padre, que fue una celebraci√≥n.

——————————-

* Escritora argentina.

Nota

fotoEn el nombre del padre obtuvo recietemente el primer premio en narrativa del I Certamen Literario Cofrad√≠a del Vino de Navarra (Espa√Īa). El objetivo del concurso fue fomentar la producci√≥n literaria y dar al vino ¬ęla importancia que tiene como elemento ligado √≠ntimamente al hombre en su devenir hist√≥rico, y por otro lado, favorecer la difusi√≥n del nombre y la calidad de los vinos de Navarra¬Ľ.

Se presentaron 26 trabajos de narrativa y 101 de poes√≠a, procedentes de toda Espa√Īa y de Argentina, Chile, M√©xico, Cuba y Uruguay. La entrega de premios tendr√° lugar el 12 de diciembre en el Centro de Interpretaci√≥n del Vino y la Vi√Īa de Navarra, en Olite. La menci√≥n Poes√≠a fue ganada por otra escritora, Macarena Trigo, con In vino veritas.

(www.noticiasdenavarra.com/ediciones/2004/12/03/vecinos/tafalla/d03taf44.163639.php).

Patricia Odriozola, casada, dos hijas, es un caso extra√Īo de trabajo, silencio y m√°s trabajo. Nacida en la segunda mitad de los m√≠ticos a√Īos 60, hered√≥ de aquellos una enorme capacidad para asombrar. Su literatura, tan densa como facil de leer, con una capacidad de observaci√≥n aguzada, logra atrapar la frescura de los detalles que conforman la cotidianeidad de las capas medias argentinas. No se trata de mero realismo, empero. M√°s que describir, intenta definir estilos y modos a partir de aquello que, de tan visible, puede incluso convertirse en misterio.

Pr√≥ximamente Ediciones del Leopardo le publicar√° Dios era argentino, novela escrita en tiempo real cuyo asunto est√° centrado en las peripecias de una pareja luego de la ca√≠da del gobierno del presidente Fernando de La R√ļa y el fin de la convertibiulidad en aquel pa√≠s.

El libro puede leerse en la biblioteca virtual Wordtheque (www.wordtheque.com/pls/wordtc/new_wordtheque.w6_start.doc?code=58186&lang=es).

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A√Īadir comentario