Abr 15 2015
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Política

Entre Cuba y EEUU empieza otra etapa, sin que la vieja haya cesado

En la pol√≠tica y la cultura pol√≠tica, como en la sociedad y la historia, no es f√°cil remover los escombros que cada per√≠odo deja atr√°s. Durante la reciente Cumbre de las Am√©ricas eso volvi√≥ a confirmarse. Desde el 17 de diciembre anterior Ra√ļl Castro y Barak Obama hab√≠an anunciadoun importante viraje pol√≠tico y diplom√°tico: tras 56 a√Īos de confrontaciones, hace algunos meses ven√≠an explorando los pasos para normalizar las relaciones entre sus respectivos pa√≠ses.

En consecuencia, dicha Cumbre se enmarcaría en este delicado proceso.
Pero una cosa es que los jefes decidan emprender un cambio tan significativo, y otra es remover las estructuras, intereses, t√°cticas, clich√©s ideol√≥gicos, instrumentos financieros, aparatos y personalidades alineados que, por tanto tiempo, instrumentaron la pol√≠tica anterior, que ahora tocar√°terminar y remplazar. Incluso algunos de los foros que acompa√Īaron a la Cumbre dejaron ver que, aunque Obama y Castro prosiguenese viraje con gran respaldo internacional, esos aparatos continuaronorquestando la vieja pol√≠tica, con sus fichas de siempre, desde el interior de la estructura de la OEA.
Nada que deba sorprendernos. Al cabo de m√°s de medio siglo de enfrentamientos, ni sus funcionarios ni esas fichas saben hacer otra cosa ‚Äďa√ļn falta decirles cu√°l cosa ser√≠a¬†¬† y todos tienen un modus vivendi que defender. Como bien se√Īal√≥ Rafael Hern√°ndez en un perspicaz art√≠culo en La Vanguardia, si se habla de la ‚Äúdisidencia‚ÄĚ cubana, su peso¬† no vienede la relevancia de sus an√°lisis y propuestas, sino de su funci√≥n en la pol√≠tica estadunidense que la auspicia. Lo que a su vez abre la pregunta de si ella, o alguna de sus partes, todav√≠a podr√° ser funcional en las siguientes etapas del camino anunciado el 17 de diciembre. No ser√° de extra√Īar que esa disidencia se realinee con los oponentes de Obama contra su nueva pol√≠tica.cuba raul castro
Como lo comenta el propio Hern√°ndez, el mismo Obama ha anunciado que esta pol√≠tica mantendr√° los mismos objetivos que Washington siempre persigui√≥ frente a la Revoluci√≥n cubana, pero ahora buscar√° lograrlospor otros medios puesto que los anteriores fracasaron. No se trata de conciliarse con la Revoluci√≥n, sino de ir a ‚Äúpromover nuestros valores‚ÄĚ en la Isla con el fin de cambiar el orden social, econ√≥mico y pol√≠tico cubano. Eso no excluye la presi√≥n ni la controversia ideol√≥gica y cultural en el seno de su poblaci√≥n,peroexigir√°desplegar mejores fichas.
Sobre la ‚Äúdisidencia‚ÄĚque existe¬† esa que tan buena acogida tuvo en la televisi√≥n paname√Īa y en parte de la prensa escrita¬† cabe recordar el diagn√≥stico que un pasado jefe de la Secci√≥n de Intereses norteamericana en La Habana le report√≥ en su d√≠a al Departamento de Estado: ‚Äúhay muy pocos disidentes si los hay que tengan una visi√≥n pol√≠tica que pueda aplicarse a una futura gobernabilidad [‚Ķ]es improbable que ellos vayan a jugar un rol significativo en cualquier gobierno que suceda al de los hermanos Castro‚ÄĚ.
Lo que no excluye que sus actuales mentores e integrantes a√ļn seguir√°n haciendo lo que saben paradiferir su baja, salvar lo que puedan de su viejo desempe√Īo y, si cabe, encontrar sitio en el pr√≥ximo cap√≠tulo de esta historia. Lo cual implica que, aparte de negociar con Cuba, Obama y quien siga a√ļn deber√° ocuparse de someter, revisar y depurar las agencias y m√©todos que hasta ahora implementaron¬† desde Washington y Miami – la pol√≠tica cubana de Estados Unidos.

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