Sep 30 2007
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Cultura

Escritores. – POR SUS OBRAS LOS CONOCEREIS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En 2.666, la obra póstuma del chileno Roberto Bolaño, se narra, entre otros argumentos, la vida del escritor Beno von Archimboldi. Veterano de la segunda guerra mundial su carácter queda marcado por la cruda retirada de la Wermacht del frente oriental. En la posguerra europea hace de la escritura su profesión, rodeando de incógnito todo lo que concierne a su vida privada.

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Archimboldi opta por una existencia eremítica, desempeñando a la vez diversos trabajos manuales y vagabundeando en solitario por la geografía del Mediterráneo clásico. Con puntualidad entrega diferentes originales a su editor, que se convierte en la única persona relacionada con el mundo de la creación literaria que conoce su cara.

Su obra crece en volumen e importancia y pasados algunos años su desconocida personalidad llega a convertirse en una obsesión para determinados lectores y críticos literarios. Por completo ajeno a las exigencias de la vida pública Archimboldi persevera en la defensa de su anonimato con la misma tenacidad con la que se consagra a la escritura.

Beno von Archimboldi responde a la ficción creativa de Bolaño pero éste personaje representa, con acabada perfección, la vida real de algunos de los escritores más polémicos de los últimos decenios. Cuando la realidad cotidiana se disuelve en silencios explícitos y en un mar de información sin contrastar surgen las leyendas que de puro repetidas y adulteradas se convierten en mitos, una escala que, en ocasiones, precede a la simple falacia.

fotoEl guardián Salinger

Siguiendo esta pauta poco es lo que se conoce a ciencia cierta de la vida del escritor norteamericano Jerome David Salinger, al margen de que naciera en Nueva York el uno de enero de 1919. Como Archimboldi, el personaje de Bolaño, su vida quedaría marcada para siempre por las atrocidades de las que fue testigo en la II Guerra Mundial. En 1951 aparece su novela más popular y la que en años posteriores le catapultó a la fama, El guardián entre el centeno.

Abrumado por el reconocimiento obtenido, Salinger se establecería de incógnito en New Hampshire, donde siguió escribiendo historias que nunca publicaría. El anonimato constituyó, a partir de entonces, su obsesión máxima y lo ejercería de todas las formas posibles, a trompazos o, por ejemplo, denunciando ante los tribunales al escritor británico Ian Hamilton, cuando éste trató de publicar su biografía.

El resultado final fue el de multiplicar la notoriedad del esquivo escritor aupándolo a personaje de culto para algunos de sus seguidores. En este proceso las especulaciones se dispararon. El asesino de John Lennon, Mark Chapman, leyó El guardián entre el centeno en los días anteriores al crimen. También el ultraderechista que disparó a Ronald Reagan era un devoto confeso de la novela. Sin fundamento alguno se publicó que el libro ocultaba claves psicológicas que inducían al crimen. Cualquier disparate era superado por el siguiente y la figura de Salinger creció como la espuma.

A pesar de todos los esfuerzos por ocultarse el escritor vio su privacidad violada cuando la aspirante a escritora Joyce Maynard, de dieciocho años, subastó en 1972 las cartas que el autor le había escrito. En el 2000 su hija Margaret escribió El guardián de los sueños. En la obra afirmaba que su padre se bebía su propia orina, coaccionaba a su madre y mantenía vínculos con la iglesia de la cienciología. Hasta el mundo del cine se ocupó de su vida. La película Descubriendo a Forrester, con Sean Connery en el papel principal, está basada en la vida de Salinger.

fotoEl profeta Traven

Mejor suerte esquivando a la prensa y a las consecuencias de su éxito tuvo Bruno Traven, autor, entre otras novelas, de El Tesoro de Sierra Madre adaptada al cine, con el mismo título, por John Huston. El director de cine dedica en sus memorias unas páginas a Traven. De sus recuerdos de rodaje en México rescata la figura de un tal Hal Croves, corrector de guiones, que vestía con desaliño y se conducía como un patán.

Con el tiempo Huston tuvo ocasión de tratar a la hija de Croves, quien describía con lujo de detalles las elitistas fiestas que organizaba su padre y la mundanidad con la que éste se desenvolvía entre invitados como Diego Rivera, Frida Kahlo o Alfaro Siqueiros. Evidentemente Croves, uno de tantos alias por los que era conocido B. Traven, era un hombre con mil caras.

De hecho y hasta el día de hoy muy pocos datos pueden ser confirmados como indudables en su biografía. Dependiendo de las fuentes consultadas los nombres de Ret Marut, Bernhard Traven Torsvan o Hal Croves, se han ofrecido como el verdadero nombre del novelista. Para unos, detrás de estos nombres se oculta un norteamericano afincado en México, otros sostienen que B. Traven era, en realidad, un anarquista de origen alemán que después de ostentar responsabilidades en la efímera República Soviética de Baviera (1919) se refugió en el país azteca.

Seguidor, al parecer, de la doctrina anarcoindividualista de Max Stirner (El único y su propiedad, Ed. Valdemar) Traven es considerado ahora, por algunos críticos, como un profeta social. Tal consideración merece por la publicación del llamado “ciclo de la caoba”, una serie de novelas de argumento indigenista y en las que anunciaba con más de setenta años de antelación una revolución en el sur de México, en el departamento de Chiapas.

fotoEl hidalgo Walser

Entre los autores que han mantenido las actitudes más genuinas y horrorizadas ante el éxito y sus consecuencias sociales destaca el suizo Robert Walser. Durante toda su vida (1878-1956) vagabundeó por oficios y domicilios hasta que pidió voluntariamente su ingreso en un sanatorio mental.

Incapaz de someterse a ningún tipo de rutina o atadura, los problemas económicos fueron una constante a lo largo de su existencia. Conforme avanzaba en edad las alucinaciones auditivas, las crisis nerviosas y su dependencia del alcohol fueron mermando, o más bien, matizando su capacidad creativa. Sus libros, casi desconocidos para el gran público, encontraron, sin embargo, una gran acogida entre escritores consagrados de la talla de Kafka, Walter Benjamin, Herman Hesse o Elías Canetti.

Su considerable influencia se extiende en nuestros días hasta escritores del ámbito germánico como Peter Handke o Max Goldt. Enrique Vila Matas, en su novela Doctor Pasavento lo convierte en un referente moral de la conciencia humana.

Los personajes de las principales novelas de Robert Walser Los hermanos Tanner y Jakob von Gunten, reflejan la concepción que de la vida tenía su autor. Absolutamente ligados al presente, jamás hacen o dejan de hacer nada que les proporcione una mínima ventaja para el futuro. El progreso social y económico es ignorado de forma consciente. Una dignidad quijotesca se extiende por todos ellos cuando consideran que el tiempo no es otra cosa que un engaño y que los cálculos humanos no reflejan sino miseria y miedo.

Walser habla por boca de Simón, uno de los personajes de su novela Los hermanos Tanner cuando al ser despedido de su trabajo le suelta a bocajarro a su jefe la siguiente contestación:
“Me importa un rábano gozar de la ventaja que supone un sueldo mensual fijo. Sería una forma de decaer, de embrutecerme, de acobardarme, de anquilosarme.(…) ¿Cree usted acaso que me ha dado un duro golpe, que ha quebrantado mi ánimo, que me ha aniquilado o algo por el estilo? Todo lo contrario: me siento encumbrado, lisonjeado, siento que, después de mucho tiempo, me han vuelto a inyectar una gotita de esperanza”.

Walser señala la locura que supone no gozar el presente y considera que todo aquel que enfrente la máxima latina del carpe diem ha de acogerse, con serenidad, a la máxima austeridad y a la pobreza si es necesario. Advierte también que este tipo de decisiones comporta la incomprensión y la envidia del entorno, que por todos los medios tratará de reconducir al extraviado al rebaño dominante. De él afirmó Herman Hesse: “Si Walser perteneciera a los espíritus dirigentes ya no habría guerras, y si tuviera cien mil lectores, el mundo sería mejor”.

La editorial Siruela ha publicado, entre otras obras, Escrito a lápiz, una recopilación de algunos de sus escritos de última hora, y Paseos con Robert Walser, las conversaciones que desde el sanatorio mantuvo con Karl Seelig, su editor de toda la vida.

Los fabulosos Corvo y Essad Bey

Otros autores han preferido borrar sus huellas y su pasado buscando ocultar una biografía que no estaba a la altura de sus expectativas vitales. Por tanto la alternativa escogida fue la de, directamente, inventarse una vida nueva y sobre todo un pasado a la altura de lo añorado.

Entre los muchos falsificadores y apologistas de sí mismos sobresalen con méritos sobrados dos autores: Frederick Rolfe, autoproclamado barón Corvo y Lev Nussimbaum quien firmaba sus obras bien como el orientalista Essad Bey o como el más mundano Kurban Said.

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Frederick Rolfe, autor, entre otras obras, de Adriano VII (Ed. Siruela) fue un hombre de múltiples y contradictorios talentos, obsesionado por la heráldica, la literatura, la caligrafía, el lujo, la Iglesia Católica y el Renacimiento. Crecido en el acartonado ambiente de la Inglaterra de finales de mil ochocientos, marcado por su temprana expulsión del seminario y por su homosexualidad, Rolfe nunca dejó pasar la oportunidad de fracasar, a pesar de su innato talento, o quizás por ello, en casi todo lo que emprendía.

Después de haber pasado por la vida haciendo creer, sobre todo a sí mismo, que procedía de nobiliaria familia y que ostentaba legítimamente el título de barón, en sus últimos años, transcurridos en Venecia, la miseria más extrema le llevó a mercadear con su dignidad a cambio de unas monedas. El polifacético A.J.A. Symons es el autor de En busca del barón Corvo (Libros del Asteroide) una biografía que desvela la trágica y extraordinaria vida de Frederick Rolfe con un estilo propio que mezcla el suspense y el rigor con maestría.

La literatura y la megalomanía son el nexo de unión entre Rolfe y Lev Nussimbaum, un judío del Cáucaso, hijo de familia acomodada que había labrado su fortuna con el negocio petrolífero en Bakú.

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Años más tarde la irrupción de la revolución bolchevique y la nacionalización de los negocios determinó la ruina y el exilio del joven escritor y su familia. La existencia prosaica y cuesta arriba de un heredero sin fortuna no satisfacía a Nussimbaum, quien desde su adolescencia preparó su aparición en el mundo en calidad de príncipe musulmán, monárquico y oriental.

Biografías de Mahoma, de Lenin, del zar Nicolás II o novelas muy difundidas en la Europa de entreguerras como Petróleo y sangre o Alí y Nino, son el legado literario de un judío acomplejado que, también, cultivó el ensayo y el periodismo con acierto.

Sus idas y venidas por una Europa cada vez más convulsa que se precipitaba hacia una nueva guerra mundial transcurrieron entre la agobiante necesidad de mantener una apariencia acorde a sus fantasías y la dura realidad que lo arrinconaba cada vez más cerca de la indigencia. Gracias a su don de lenguas, a su ingente trabajo como escritor y a su inmenso talento, logró mantener, en medio de una enfermedad atroz, el misterio que le rodeaba hasta su muerte, e incluso, más allá.

En lo alto de un promontorio con vistas privilegiadas hacia la costa amalfitana, un monolito de mármol blanco, orientado hacia La Meca afirma, en caracteres árabes, que allí yace Essad Bey, príncipe musulmán.
La editorial Anagrama publica ahora una biografía de Lev Nussimbaum, obra del periodista norteamericano Tom Reiss y que bajo el título El orientalista documenta el periplo vital de tan singular escritor.

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* Periodista, viajero impenitente.
sol2001@euskal.net.

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