May 22 2005
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Sociedad

Estados Unidos y los derechos humanos

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

(ALTERCOM**). Las guerras son la negación absoluta de los derechos humanos de personas y pueblos. Estados Unidos invadió con todo su poderío militar a Afganistán e Irak y violó los derechos humanos al asesinar a niños, mujeres y no combatientes ajenos al conflicto, al torturar, ejecutar extrajudicialmente, desaparecer personas o someterlas a tratos crueles, inhumanos y degradantes condenados por el Derecho Internacional y por pactos y convenios patrocinados por las Naciones Unidas.

Los agresores le han dicho al mundo que quien tiene el poder será impune por crímenes cometidos con saña, cinismo, crueldad, impudicia, alevosía y premeditación. Son miles los que desde el silencio de la muerte apuntan con sus dedos sin carne al matador.

Su derrumbe final es irremediable.

EL REINO DE LAS TINIEBLAS

La periodista estadounidense Jane Mayer –New Yorker, segunda quincena de febrero de 2005–, informó que el asesor jurídico del Departamento de Estado, William Taft IV, urgió a los abogados de la Casa Blanca que adviertan a George W. Bush, que “pudiera ser visto por el resto del mundo como un criminal de guerra”.

Mayer sostiene que en un memorando de 11 de enero de 2002, dirigido a John C. Yoo, asesor jurídico del presidente, Taft advierte sobre las consecuencias de la decisión presidencial de suspender para las tropas del imperio, la aplicación de la Convención de Ginebra. Bajo el subtítulo “Subcontratar la tortura” Mayer señala que al descartar los convenios internacionales relativos a los prisioneros de guerra, incluyendo la Convención contra la tortura y otros tratos crueles y degradantes, la administración Bush,autorizó a la Agencia de Seguridad Nacional, a la CIA y FBI, para torturar a hombres y mujeres detenidos en campos de concentración y cárceles estadounidenses, durante los interrogatorios.

Entre los halcones de Bush se argumentaba que “Afganistán es un Estado fracasado” y que por tanto no estaría protegido por los convenios internacionales. En un documento de 40 páginas nunca fue publicado, Taft habría refutado tales infundios al sostener que “si los EEUU participan en la guerra contra el terrorismo, fuera de la Convención de Ginebra, no sólo los soldados estadounidenses pudieran verse procesados por crímenes, incluso asesinatos, sino también que el propio presidente Bush pudiera ser acusado por “violación grave” de los instrumentos internacionales por otros países y ser enjuiciado por crímenes de guerra”.

Según la periodista, en febrero de 2002 Bush habría emitido una directriz en la cual decía que a pesar de la suspensión del Convenio de Ginebra, los prisioneros debían ser tratados en forma humana, pero esas instsrucciones no alcanzaba a la CIA y demás agencias de espionaje, lo que les permitió efectuar los interrogatorios con el uso y abuso de las “técnicas” de tortura,violatorias de todos los convenios internacionales sobre derechos humanos.

Jhon C. Yoo “emitió un instructivo donde la tortura se define como el intento de infligir sufrimientos equivalentes en intensidad, al dolor que acompaña una herida física seria, tal como el fallo de un órgano, el impedimento de funciones del cuerpo, o hasta la muerte” afirmó el siete de marzo de 2005, Jean-Guy Allard, periodista de Granma, comentando el artículo de Mayer.

Allard informó que en otro memorando secreto se autorizó a la CIA en Afganistán, Irak, y otros países árabes a usar nuevos métodos de interrogatorio como el denominado “water-borading” que consiste en atar al sospechoso e inmovilizarlo, para sumergirlo en tanques de agua “con el fin de que tenga la sensación de ahogarse”.

Jane Mayer denunció que la CIA a menudo usa la “técnica de la rendición” que consiste en capturar a una persona en cualquier parte del mundo y entregarlo a otro país a sabiendas que le torturarán o le causarán la muerte. De esta manera otros hacen el trabajo sucio. Con el método de la “rendición”, decenas de personas han sido entregadas a sus torturadores y para desaparer o ser asesinadas.

El asesor jurídico de Bush “sostiene que la Constitución de EEUU otorga al presidente todos los poderes para suprimir, cuando le convenga, la aplicación de la Convención contra la tortura de la ONU, el Convenio de Ginebra y cualquier instrumento internacional”. Sostiene Yoo: el Congreso no tiene el poder de maniatar al presidente en relación con la tortura y otras técnicas de interrogatorio. “No pueden impedir al presidente ordenar la tortura”.

Jane Mayer narra el caso de Ibn al Sheik al -Libi “un presunto alto dirigente de Al Qaeda capturado en Pakistán y entregado a los agentes de la CIA. Libi supuestamente había dirigido un campo de entrenamiento en Khamden, Afganistán.

Mientras el FBI se decía satisfecho con la “colaboración” de Libi en los interrogatorios, la CIA no compartía esta opinión. Libi fue “desaparecido, entregado a los interrogadores de un país “amigo”. Reapareció meses después en el campo de interrogación norteamericano ubicado en Guantánamo.

Otro caso irrefutablemente probado, es el de Mamdouh Habib, australiano, arrestado en Pakistán en octubre de 2001 y entregado a la CIA, que lo subió a un avión rumbo a un país “amigo”. Contó que fue sádicamente torturado en la Base de Guantánamo y golpeado con una serie de objetos contundentes, incluido un instrumento que describió como “una picana eléctrica para ganado”.

. El “interrogatorio” a Habib duró seis meses. Las denuncias sobre esas violaciones a los derechos humanos y esos crímenes de lesa humanidad, no tienen cabida en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Como Habib, centenares han soportado lo inimaginable. Cada prisionero puede pasar hasta por tres cámaras de tortura: La primera es una habitación herméticamente cerrada a la que llenan de agua hasta el mentón del preso. El detenido debe permanecer eb puntas de pies, durante horas, para no ahogarse. Muchos han preferido el suicidio.

La segunda cámara es llenada con agua hasta las rodillas, pero el techo de esta cámara es tan bajo que el preso debe permanecer en cuclillas, sin siquiera poder moverse.

La tercera se construyó para ser llenada de agua hasta los tobillos. El preso puede ver un interruptor eléctrico y un generador. Los interrogadores o los guardianes le advierten al detenido, cada cierto tiempo, que van a electrocutarlo, si no confiesa.

Al igual que Habib, centenares de encarcelados confesaron todo lo que querían sus interrogadores.

La Comisión de la ONU llamada a proteger los derechos humanos al parecer nunca vio la fotografía de la soldado Sabrina Harmon, con una sonrisa impresionante, junto al cadáver de un iraquí torturado hasta la muerte. Esta fotografía fue difundida por medios de comunicación de todo el mundo.

Colin Powell, ex secretario de Estado considerado entre las “palomas”, presentó triunfalmente al Consejo de Seguridad de la ONU, en febrero de 2003, las “confesiones” obtenidas bajo tortura con las que pretendió demostrar que Iraq poseía armas de destrucción masiva químicas y biológicas, para justificar la ocupación. Se comprobó que las “confesiones” eran totalmente falsas.

Jean-Guy Allard señala que Mayer informa que más de “150 individuos han sido transportados para su ’rendición’ desde 2001, muchos con el uso de una avioneta blanca de 14 asientos perteneciente a la CIA, de marca Gulfstream V, con las letras de identificación N8068V. Un número indeterminado de presos, cuya identidad es desconocida está también secuestrados en la red de prisiones secretas de la CIA”.

Las denuncias de Mayer no han sido desmentidas.

EL SEÑOR DE LA GUERRA Y LAS TORTURAS

Uno de los tétricos personajes de la administración Bush II es Donald Rumsfeld, secretario de Defensa.

Jim Lobe, periodista de IPS, el 11 de marzo de 2005 informó que diversos grupos defensores de los derechos humanos y senadores opositores estadounidenses criticaban al departamento de Defensa por pretender desvincular a los altos mandos militares de la práctica común de torturas a los prisioneros de guerra y civiles en el marco de la “guerra contra el terrorismo”.

El Senado de EEUU, dominado por republicanos pro Bush tiene las conclusiones de diversas investigaciones realizadas sobre torturas, tratos crueles y denigrantes ocurridos en los campos de concentración. Los informes minimizan el asunto al afirmar que “se trata de casos aislados y que las torturas no son consecuencia de una política general agresiva hacia los prisioneros”.

No obsrante, el senador demócrata Carl Levin, del Comité de Servicios Armados, considera que es necesario formar una comisión independiente para investigar los casos de tortura y llevar a la justicia militar, si es necesario, a los altos mandos de las fuerzas estadounidenses. Levin declaró que “nadie, dentro o fuera del Pentágono le ha pedido a los oficiales que den cuenta por las políticas que estimularon maltratos a los prisioneros”.

Levin criticó el informe sobre violación de derechos humanos en contra de prisioneros de guerra, presentado por el vicealmirante Albert Church. Y el director ejecutivo del grupo estadounidense Derechos Humanos Primero, Michael Posner, sostuvo que “los vacíos (del informe Church) demuestran la necesidad de una investigación independiente sobre nuestra política relativa al trato de los prisioneros”. Esta organización no gubernamental junto a la Unión por las Libertades Civiles Estadounidenses presentó una demanda contra Donald Rumsfeld, a quien consideran responsable de la práctica de torturas contra los prisioneros de guerra.

Las torturas ejecutadas en la prisión de Abu Ghraib en Iraq, son una muestra fehaciente del trato que tropas y agentes de la CIA usan para minar la resistencia de los detenidos, han llevado a la muerte a un número indeterminado de prisioneros.

Las evidencias en contra de Donald Rumsfeld constan en la demanda presentada ante un tribunal de Chicago por la Unión de Libertades Civiles y por la Human Rights First. Los demandantes sostienen que Rumsfeld “tiene responsabilidad directa en torturas y abuso de detenidos en instalaciones militares en Iraq y Afganistán”. Rumsfeld es responsable de delitos perpetrados contra la Constitución Política de EEUU y leyes y tratados internacionales.

La demanda contra el secretario de Defensa de EEUU afirma que “es directamente responsable por este descenso al horror, al autorizar personalmente técnicas ilegales de interrogatorio y al renunciar a su deber legal de detener la tortura”.

Sostiene, además, que Rumsfeld aprobó el uso de técnicas específicas de tratamiento a prisioneros de guerra y civiles capturados por las tropas y agentes de la CIA. Otra de las torturas comunes es obligar a los detenidos a permanecer en posiciones incómodas por tiempos prolongados, a permanecer totalmente desnudos, lo que constituye una grave ofensa al honor y dignidad de los musulmanes en general, utilizar perros amaestrados para intimidar a los prisioneros, inclusive sodomizándolos, mutilaflos, el aislamiento prolongado, exposición a temperaturas extremas, privación de sensaciones, golpes con objetos contundentes, uso de electricidad, simulación de ejecuciones y fusilamientos, ahogamientos, golpes de puño, patadas o golpes con palos y toletes en las partes más sensibles de hombres y mujeres.

Las denuncias están documentadas en decenas de testimonios, con fotografías hechas por los propios torturadores, en miles de correos electrónicos y por confesiones.

La crueldad va más allá de lo humano. Un iraquí de apenas 17 años fue detenido y conducido a Abu Ghraib en agosto de 2003. Allí recibió disparos en el cuello y espalda y se le negó atención médica durante horas. Posteriormente los médicos decidieron extraerle las balas, pero sin anestesia y seguidamente se le negaron alimentos, agua y analgésicos, mientras se lo sometía a otros tratos crueles e inhumanos. Este caso consta en la demanda presentada contra Rumsfeld, según relato de 17 de marzo de 2005, presentado por Lobe, periodista de IPS.

Otros periodistas, Douglas Jul y Eric Schmitt, el 16 de marzo de 2005 denunciaban en The New York Times que al menos 26 prisioneros han muerto bajo custodia estadounidense en Iraq y Afganistán desde 2002. Investigadores del ejército y la armada de EEUU, concluyeron que sospechan que fueron homicidios.

Jehl y Schimitt, al reseñar las matanzas dijeron que “mostraron cuan ampliamente se extendieron los abusos más violentos más allá de los muros de esa prisión y contradijeron impresiones previas en cuanto que las fechorías estaban confinadas a un puñado de integrantes de la policía militar, pertenecientes al turno de noche de la cárcel”.

El New York Times, en su editorial del 8 de marzo pasado, sostenía: “La noticia de la periodista italiana cuyo automóvil fue rociado con una lluvia de balas estadounidenses cuando se dirigía al aeropuerto de Bagdad pasmó al mundo. Pero, quizás, el peor aspecto acerca de haber herido a la reportera Giuliana Asgrena, y la muerte del agente italiano de los servicios de inteligencia que la estaba escudando, es que ese ataque no fue el único”.

El 18 de enero de 2005 soldados estadounidenses en Mosul recibieron órdenes de parar a un vehículo. Después de hacer algunos disparos de advertencia, seis soldados rociaron el vehículo disparando al menos 50 rondas. Cuando el automóvil se detuvo, Chirs Hondros, fotógrafo de Getty Images, dijo que “pudo escuchar gemidos y llanto proveniente del interior del automóvil, voces de niños”. Se abrió una de las puertas del automóvil, y seis niños, uno de los cuales apenas tenía ocho años de edad, cayeron sobre la calle, salpicados de sangre. Los padres de cuatro de los niños yacían muertos en el asiento delantero, acribillados”.

El 12 de marzo EFE, informaba que “dos prisioneros afganos murieron en diciembre del 2002 por palizas de soldados estadounidenses. Ambos fueron encadenados al techo, pateados y golpeados en muchas ocasiones.” La denuncia de estos crímenes proviene de la organización Human Rights Watch, sobre la base de un informe confidencial del ejército de EEUU.

Otro prisionero afgano, Mullah Habibullah, murió el 4 de diciembre de 2002 en una celda de aislamiento, por una embolia pulmonar causada por coágulos e formados por las palizas recibidas. Los militares estadounidenses que provocaron esa muerte pertenecen a la Compañía A del 519 Batallón de Inteligencia Militar de Fort Bragg, Carolina del Norte, que estuvo en Iraq. Son decenas los prisioneros muertos por torturas en las que son pródigos los invasores que reciben órdenes directas del secretario de Defensa de EEUU, Donald Rumsfeld, señor de la guerra y las torturas.

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Bob Herbert, de The New York Times Service, en su artículo de 25 de febrero de 2005, titulado “Nuestro amigos, los torturadores” se pregunta: “¿Por qué el gobierno de Bush detendría a un ciudadano canadiense, lo pondría en un jet ejecutivo, los transportaría esposado al Oriente Medio y lo entregaría a los sirios para que lo torturen?”

Narra el caso de Maher Arar, 34 años, originario de Siria, que emigró a Canadá cuando adolescente. Fue apresado en el aeropuerto Kennedy de Nueva York, el 26 de septiembre de 2002 y liberado el cinco de octubre de 2003. No se le encontró vinculación alguna con el terrorismo. “Nunca fue acusado, y cuando no era tratado con crueldad, pasaba gran parte en una celda sin iluminación e infestada de ratas que le recordaba una tumba”, informó Herbert.

El administrador del imperio es el jefe de los torturadores y secuestradores. Los brazos ejecutores de su política que globaliza el terror y las torturas, los genocidios y asesinatos son Rumsfeld, el Secretario de Defensa, considerado el cerebro de las políticas de tortura a los prisioneros y que reclama mayor poder para dirigir a los asesinos y torturadores del imperio, para agruparlos en una superagencia, bajo su exclusivo mando; el vicepresidente Cheney, de la escandalosa Halliburton que hace grandes negocios con la guerra; Condoleezza Rice la secretaria de Estado que, como jefa de la diplomacia imperial, amenaza a Cuba, Venezuela, Corea del Norte, Irán, Siria y varios países africanos.

La lista de los halcones violadores de derechos humanos es larga y, entre ellos, Elliott Abrams, un veterano del partido Republicano que se autodefine neoconservador, neoreaganista y sionista y que, irónicamente, ha sido nombrado jefe de Estrategia Mundial para la Democracia. En el grupo del terror está Negroponte, el famoso zar de los espías del imperio, considerado responsable del asesinato de miles de guatemaltecos, hondureños, salvadoreños y nicaragüenses.

LA CASA MATRIZ DE LA TIRANÍA

Condoleezza Rice presentó, a fines de febrero, un “Informe” sobre violaciones de los derechos humanos y con toda desfachatez declara que Belarús, Birmania, Corea del Norte, Cuba, Irán y Zimbabwe eran “puestos de avanzada de la tiranía.”

Heather Mallick, columnista del diario canadiense The Toronto Globe and Mail, señaló: Todos quedamos pasmados cuando Rice mencionó reductos de la tiranía … Sabíamos que había algo equivocado en la lista de Rice. Tal vez tenía dolor de muelas cuando la compiló. Sí, Zimbabwe es un sitio muy desagradable bajo Robert Mugabe, pero era también un sitio muy desagradable cuando lo controlaban los blancos, y EEUU no se quejó en esa época.

¿Irán? Si EEUU realiza operaciones clandestinas en Irán, algo que el Pentágono no ha negado, un estratega militar inteligente hubiese hecho mejor en no mencionarlo. ¿Y Birmania? EEUU nunca se preocupó anteriormente por el monstruoso gobierno de Birmania. ¿No sería Indonesia un candidato mejor?

Corea del Norte es una vieja historia. Pero Bielorrusia no es peor que Uzbekistán. ¿Y Cuba? Hubo épocas en mi vida cuando pensé que podía mudarme a la isla, esto es, si la nación más poderosa del mundo no hubiese estado siempre amenazando con borrarla del mapa”.

¿Cómo EEUU puede criticar a un país, a un gobierno, por violación a los derechos humanos? Sus tropas y agentes, en especial los de la CIA, matan, hieren, raptan, aniquilan, encarcelan, torturan a millares de inocentes iraquíes y afganos, como ayer mataron a chilenos y argentinos, uruguayos, brasileños, bolivianos, peruanos, colombianos, ecuatorianos, nicaragüenses, hondureños, salvadoreños, panameños, dominicanos, cubanos, granadinos, mexicanos, vietnamitas, coreanos, japoneses, alemanes.

Nada los detiene en la orgía de sangre. Y, sin embargo, Bush se atreve a cuestionar la situación de los derechos humanos en el mundo y pretende “inaugurar” o traer al mundo “más democracia”. “Para él, la democracia es todo aquello que se ajusta a sus deseos”.

Condoleezza Rice y su lista están equivocadas. En el mundo existen peores tiranías patrocinadas y apoyadas por el imperio, pero el famoso informe no se refiere a ellas y, peor aún , tampoco a las monstruosas violaciones de los derechos humanos dentro de EEUU, en las cárceles imperiales instaladas en los países invadidos, en las instalaciones estadounidenses en el extranjero, como la base de Guantánamo en Cuba.

“EEUU con su actual presidente, no es un puesto de avanzada de la tiranía, es su casa matriz”.

TERROR, TORTURA
Y MUERTE EN GUANTÁNAMO

¿Sabía usted que en la Base de Guantánamo están presos entre 500 y 700 talibanes de Afganistán y de otras nacionalidades? ¿Sabía que muchos de ellos han decidido suicidarse ingiriendo sus propias orinas y excrementos, porque ya no soportan las torturas, los tratos crueles, inhumanos y degradantes?

The Washington Post, informó que la CIA, mantuvo en Guantánamo una prisión secreta en la que se torturaba y asesinaba a los talibanes.

AFP y EFE informaron en febrero pasado que una organización no gubernamental, American Civil Liberties Union, defensora de los derechos humanos y de las libertades civiles, tuvo acceso a informes que agentes del FBI enviaron a sus jefes, sobre los terribles maltratos que soportan los talibanes en las cárceles de Guantánamo.

En uno de esos textos, enviados al Director del FBI, Robert Mueller, un agente relataba haber visto a un detenido “en una habitación sin ventilación, a una temperatura probablemente superior a los 35 grados centígrados. El preso, además, tenía un manojo de cabellos a su lado. Aparentemente se los había arrancado durante la noche”.

Por su parte, la Human Rights Watch exigió al presidente Bush que explique si autorizó métodos ilegales de interrogatorio. El silencio fue elocuente.

Bob Herbert, un periodista de The New York Times News Service, en su trabajo: Historias desde adentro presenta testimonios aterradores: “Durante todo el tiempo que estuvimos en Guantánamo –dijo Shafik Rasul nuestro temor fue muy grande. Al principio, nos aterraba la idea de que nos podían matar en cualquier momento. Los guardias solían decirnos: “Nosotros podríamos matarlos en cualquier momento” o también: “El mundo no sabe que ustedes están aquí. Nadie sabe que están aquí. Todo lo que saben es que ustedes han desaparecido, y nosotros podríamos matarlos y nadie se enteraría”.

Bob Herbert denunciaba: “Sabemos que algunas personas están encerradas en celdas que, en algunos casos, eran el equivalente de jaulas para animales y que algunos detenidos, desorientados y desesperados, han sido encadenados como esclavos y dejados solos para que se ensucien en su propia orina y heces. Los detenidos a menudo son pateados, golpeados, vapuleados y humillados sexualmente. Los períodos de aislamiento extremadamente largos, que dañan sicológicamente, son algo rutinario”.

El caso de Rasul y sus dos amigos Asif Iqbal y Rhuhel Ahmed, presos en Guantánamo resulta ejemplificador y es absurdo, porque los tres son ciudadanos británicos de Tipton que viajaron a Afganistán llevando ayuda humanitaria y porque los tres fueron hechos prisioneros, entre millares de personas, después del fatídico 11 de septiembre de 2001. Al cabo de dos años de padecer todos los horrores de Guantánamo, fueron rescatados por los servicios secretos británicos.

IMAGINE ESTO…

El 6 de enero de 2005 se distribuyó en todo el mundo el siguiente documento elaborado por organizaciones estadounidenses defensoras de los derechos humanos:

Imagine esto.

Un gobierno extranjero que lucha una “guerra por la seguridad nacional” apresa a centenares de estadounidenses alrededor del mundo. El gobierno en cuestión reacciona a un bombardeo reciente en su territorio que produjo millares de muertes de civiles, instigado por un grupo con base en EEUU… Los detenidos, algunos de ellos niños, son atados, esposados y vendados, llevados en aviones con rumbo desconocido. Algunos de ellos son forzados a orinar y defecar en sí mismos durante el vuelo hacia una base militar en una isla. En este campo de prisión costa afuera, los mantienen incomunicados y en minúsculas celdas, se niega el acceso de abogados, parientes y jueces, y son sujetos a repetidas interrogatorios y a un régimen punitivo dirigido a incentivar su “cooperación”. Una orden presidencial anuncia planes para que sean enjuiciados por tribunales ad hoc que incliuso pueden dictar sentencias de muerte inapelables.

Los meses se convierten en años. Las declaraciones de tortura y malos tratos surgen de esa prisión, al igual que informes de deterioro psicológico e intentos de suicidio entre los detenidos. Los aprehensores admiten haber autorizado el uso de técnicas de interrogación, que ioncluyen la privación del sueño, posiciones de tensión, aislamiento, encapucharlos, privación sensorial y el uso de perros para inducir miedo. La evidencia muestra que estas y otras técnicas se han utilizado más extensamente que lo que las autoridades están dispuestas a admitir. Se sabe que las personas con el poder discutieron cómo sus agentes podían evitar ser procesados por el delito de tortura y los crímenes de guerra que se cometieron durante los interrogactorios en la “guerra por la seguridad nacional”.

Algunos detenidos han sido liberados y devueltos a los EEUU, ya que aparentemente no tenían o tenían lazos muy tenues con ese grupo. En cada oportunidad, las autoridades se resisten a dar legitimidad jurídica a esas detenciones, pero todo el tiempo asegura mantener su compromiso con la legalidad y los derechos humanos. En sus palabras se reconoce una vacía retórica, pero otros gobiernos comienzan a imitar sus prácticas, usando la “guerra por la seguridad nacional”, como pretexto para su propia conducta represiva.

¿Toleraría los EEUU este tipo de trato a sus ciudadanos por parte de otro país? ¿Aceptaría la comunidad internacional esta amenaza a la ley y a los derechos humanos? Seguramente no. Sin embargo EEUU continúan perpetrando tales abusos lejos del campo hipotético de la prisión de Guantánamo, en Cuba, donde casi 550 detenidos, de más de 30 nacionalidades, siguen presos sin cargos ni juicios. El 11 de enero del 2005, la prisión entrará en su cuarto año. Con más de 1.000 días de detenciones, Guantánamo se ha convertido en un símbolo de la tentativa del gobierno de ponerse sobre la ley. El ejemplo que fija es de un mundo donde los derechos humanos básicos son, más que universales, negociables. Semejante mundo, aunque está construido en el nombre de la seguridad nacional, es peligroso para todos nosotros.

La cuestión de la legitimidad en lo que se refiere a Guantánamo se puede dividir en cuatro categorías: el limbo legal de los detenidos; su tratamiento y condiciones; secreto y el sufrimiento de los miembros de la familia; y los juicios conocidos por la comisión militar.

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* El tribunal agrupa a intelectuales y representantes de organizaciones sociales del Ecuador. Se formó en el teatro Universitario de Quito al inicio de la última invasión estadounidense e inglesa a Iraq.

Para el Tribunal Dignidad, Soberanía y Paz contra la Guerra, serán muy valiosos sus comentarios y opiniones sobre este documento. Éstas pueden enviarse a:

tribunalpazecuador@yahoo.com

 

** En www.altercom.org/article5288.html y

www.altercom.org/article5319.html

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