Feb 9 2013
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Despacito por las piedras

Estamos sembrando tempestades

La voracidad en la que est√° inmersa la humanidad actual parece tener un tr√°gico destino, si no corrige su rumbo. Van dos muestras de lo dicho.

Dengue, su relación con la soja y el glifosato

La Organizaci√≥n Mundial de la Salud (OMS) acaba de anunciar que ‚Äúel dengue es la √ļnica enfermedad tropical que se ha expandido en la √ļltima d√©cada y su incidencia se multiplic√≥ por 30 en los √ļltimos 50 a√Īos‚ÄĚ. Es sabido que el dengue, al igual que la mayor√≠a de las enfermedades, afecta principalmente a aquellas personas con bajas defensas y mala alimentaci√≥n, por lo que se ven mayormente afectados aquellos que viven en la pobreza.

En todos nuestros pa√≠ses la propaganda oficial cierra el circuito haciendo responsable a los propios pobres por la difusi√≥n de esta enfermedad. El agua de macetas, recipientes y otros enseres dom√©sticos que acumulan agua, seg√ļn esta √≥ptica, permiten la reproducci√≥n de los mosquitos, la hembra del Aedes aegypti, que son sus trasmisores. Eso ‚Äďal igual que la falta de repelentes- es cierto, pero hay algo m√°s grave, de lo que no se habla. Nada se dice en el sentido que el mapa del dengue se corresponde con el mapa de la soja.

El glifosato, imprescindible para el cultivo de la soja transgénica, es tóxico para peces y anfibios. En nuestro país los 300 millones de litros anuales de glifosato (y otros herbicidas tóxicos) están matando a esos peces y anfibios, que son los que mantenían el equilibrio respecto a los mosquitos. La deforestación y erosión del suelo, por el avance de la soja, favorece inundaciones, con sus lagunas y aguas estancadas, todo lo cual contribuye a multiplicar ese desequilibrio ambiental.

Parece que hemos olvidado que somos parte de un todo conectado, agua, aire, tierra y fuego, animales y seres humanos, formamos parte de una √ļnica complejidad ambiental. Todo sistema econ√≥mico o productivo que no lo tenga en cuenta debe ser repensado, para construir una humanidad hermanada con¬† el hogar com√ļn¬† que todos compartimos, el planeta tierra.

 Genocidios de pueblos originarios

La continuidad del genocidio respecto de los más antiguos pobladores de estas tierras debe motivar una seria y serena reflexión. Si no somos capaces de integrar esa cultura milenaria a la vida actual, en muchos casos aprendiendo de ella, nuestro destino será forcejear con las potencias que utilizan su aislamiento para crear las condiciones de reclamos y profundas divisiones futuras.

En una reciente carta, el Premio Nobel de La Paz, Adolfo P√©rez Esquivel denuncia, respecto a la situaci√≥n general y los cr√≠menes que padecen los Quom en la provincia de Formosa, que ‚Äúse quiere exterminar lentamente a estos pueblos y las mejores armas son la omisi√≥n, la indiferencia y la impunidad.¬† Qu√© lejos qued√≥ la frase de San Mart√≠n, quien al referirse a estos pueblos dijo con respeto, ‚Äúnuestros paisanos, los indios‚ÄĚ.

En la provincia del Chaco, a unos 60 kil√≥metros de Pampa del Infierno, llam√≥ la atenci√≥n de los pobladores mocov√≠es la extra√Īa muerte de 7 cerdos. Puestos a averiguar qu√© hab√≠a pasado cayeron en la cuenta que esos animales hab√≠an bebido agua de un pozo cercano. Esa agua tambi√©n la utilizan los pobladores de la reserva Ra√≠z Chaque√Īa.

All√≠ estaba la clave. El agua hab√≠a sido envenenada. Hay una empresa que arguye haber comprado esas tierras, los pobladores sostienen no haberlas vendido. Un juez de S√°enz Pe√Īa dict√≥ sentencia a favor de la empresa. Seg√ļn los vecinos del lugar, antes de la muerte de los cerdos anduvieron por el lugar dos empleados de esa empresa, desde una moto habr√≠an arrojado ese veneno al pozo de agua.

Parece que hace falta m√°s y m√°s tierra para cultivar la soja ‚Äúsalvadora‚ÄĚ. Los pobladores son un estorbo para el avance del ‚Äúprogreso‚ÄĚ.

Juan Guah√°n/Question

 

 

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