Feb 23 2005
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Cultura

Febrero es también un mes cruel

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No es habitual que un estadounidense se autodefina como escritor; dirá que escribe ficciones o piezas de teatro. Quizá no lo diga por modestia, sino para definir su oficio con mayor claridad -y también como una manera de mejor describirse a sí mismo-.

De todos los oficios vinculados a las artes, el del escritor es el más solitario; su travesía no produce ruido, carece de testigos, y no deja de ser frecuente que sus textos permanezcan inadvertidos por largos años, por toda su vida, en ocasiones para siempre. O tengan el fulgor de una estrella fugaz antes de volver a la oscuridad.

Muy pocas veces un escritor de ficciones -o un dramaturgo- es reconocido como tal por sus contemporáneos, sobre todo desde sus primeros trabajos, y esa fama -bien ganada, desde luego, que no tiene mucho que ver con el éxito- resiste el paso del tiempo.

Arthur Miller es un ejemplo; Guillermo Cabrera Infante otro.

Un chico polaco. Y judío

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Antes de llamar la atención por sus piezas teatrales, Miller fue un niño hijo de una familia judío-polaca -una entre las millares que buscaron en América (la del Norte y la del Sur) refugio y mejor calidad de vida- nacido en Nueva York.

A los 30 años escribió Focus, novela sobre el antisemitismo; a los 33 La muerte de un viajante (o de un vendedor ambulante), a los 34 obtuvo el Pulitzer.

La historia -tragedia, en verdad- del vendedor, un poco basada en el fracaso paterno, se constituyó en el espejo de una sociedad que había perdido el rumbo y necesitaba reflexionar sobre los efectos dela crisis en sus relaciones humanas.
En ella el “american way of life” mostraba una imagen dura, seca, triste, desprovista del marco melancólico que supuso Tennessee Williams y sin el oscuro y a veces grandilocuente simbolismo de O’Neill.

Centrada su obra en la definitiva modernidad de Estados Unidos en tránsito hacia potencia mundial, pero indagando en las raíces más próximas de la moderna formación social estadounidense: los efectos de la guerra civil que en la segunda mitad del siglo XIX enfrentaron el sur rural -y esclavista- con el norte industrial capitalista; su trabajo, empero, plantea un interrogante que trasciende las viscisitudes del país para calar, y profundo, en los efectos del sistema económico que parece no tener puertas para abrirlas en definitiva a la solidaridad.

Miller describe el fracaso de las políticas sociales que emergerán a partir del fin de la depresión de los años 30, con el nuevo acuerdo social impulsado por Franklin Delano Roosevelt, y la nueva sociedad que quisieron ver Kennedy y sus sucesores.

Tras la segunda guerra mundial fue una de las víctimas de la “cacería de brujas” desatada por el senador Joseph McCarthy, enfrentando las acusaciones del Comité de Actividades Antiamericanas, en cuya estructura se desempeñó un joven abogado llamado Richard Nixon.

Las brujas de Salem es la obra-metáfora de aquella experiencia tan irracional como intolerante -y que en la actualidad parece repetirse a partir de del anti terrorismo de George Bush-.

Tenía 89 años al emprender el viaje sin retorno.

El único escritor inglés

que escribió en castellano

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Guillermo Cabrera Infante falleció el 22 de febrero a los 75 años en Londres. Llevaba 40 años en esa ciudad, desde que resolvió autoexiliarse de su Cuba natal; deja una extensa obra en el campo de la crítica y la novela.La Habana para un infante difunto, Tres tristes tigres y Vistas del amanecer en el trópico-prohibidas en Cuba- son un legado difícil de asimilar para las nuevas generaciones de narradaores latinoamericanos.

Medio en broma, medio en serio alguna vez se lo calificó como “el único escritor inglés que escribe en castellano”. Su carrera comienza en el periodismo: hacia 1947 deja los estudios de medicina para integrarse a la redacción de la revista Bohemia.Volverá,empero, a la universidad en 1950 para estudiar esta vez periodismo.

Como en el caso de Borges, el gran amor -o la gran afición- de Cabrera Infante fue el cine; amigo de un cineasta que se destacará luego del triunfo de la revolución, Tomás Gutiérrez Alea, en 1951 funda con éste y Néstror Almendros la Cinemateca Cubana. En los años siguientes se convierte en un duro opositor al gobierno de Batista -fue incluso encarcelado brevemente por la mordacidad de un relato-.

Hacia 1953 Cabrera Infante es G. Caín, uno de los grandes críticos de cine en nuestra lengua; poco después del trunfo de Fidel Castro se lo designa director del Consejo Nacional de la Cultura y subdirector del diario oficialista Revolución, al que adosa un suplemento cultural los días lunes.

Entrada la década 1961/70 se lo designa agregado cultural, primero, y luego encargado de negocios de Cuba en Bélgica. En 1964 Tres Tristes Tigres obtiene el premio Biblioteca Breve de la editorial Seix Barral; ya son notorias sus diferencias con el gobierno revolucionario. En 1965, en Cuba, rompe definitivamente sus lazos con éste y viaja a España y luego a Londres.

Cabrera Infante no logró comprender en su totalidad la revolución; entendiendo que se le pedía, o exigía, renunciar a su independencia creativa, a su derecho a la nostalgia y la bohemia -que algunos críticos menores llamaron mentalidad pequeño burguesa- y sobre todo a la crítica, cortó amarras. Justo es decir que la revolución cubana no supo, ella tampoco -a través de sus funcionarios-, comprender las necesidades y los mecanismos intelectuales del escritor.

En esa época sonaba a delito en Cuba referirse a una juventud que amara el jazz -suerte de emblema del enemigo-, que aceptara conductas de carácter homosexual, que se mostraran ambientes bohemios, nocturnos, lejados de los trabajos voluntarios y el corte de caña cuando la zafra.

En algún sentido Cabrera Infante debilitaba la necesidad de construir un mito heroico al proponer un puente hacia costumbres del pasado sin exorcizar la cultura liberal-burguesa que se combatía. La revolución precisaba militantes duros, convencidos y por cierto el escritor no lo era ni estaba dispuesto a convertirse en uno.

En su exilio escribió en inglés Holly Smoke (Santo humo: era un gran fumador); contribuyó con el cine de Hollywood -por ejemplo la adaptación de Bajo el volcán para el realizador Joseph Losey, y publicó una serie de textos ensayísticos sobre algunos grandes directores, publicados con el título de Arcadia todas las noches.

De cualquier modo que se lo considere es un hecho -creemos- que Cabrera Infante es el único real escritor que ha dado el exilio cubano; probablemente con el paso del tiempo su obra novelística será analizada más allá del hecho de su extrañamiento.

Dicen que las muertes de notables nunca vienen solas, que son de a tres. ¿Habrá otro deceso que lamentar en este febrero cruel. Tanto, por lo menos, y no sólo por las muertes reseñadas, como el abril de la Tierra baldía, que:

“es el mes más cruel,

engendra / lilas de la tierra muerta, mezcla / recuerdo y deseo, despierta
con lluvia primaveral inertes raíces”. …

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