Abr 11 2009
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OpiniónPolítica

Fidel Castro, el huésped invisible en la V Cumbre de las Américas

Norman Girvan*

Cuba, y en particular su ex presidente, Fidel Castro, es ya un jugador en la próxima V Cumbre de las Américas.
Esto se hace evidente por la información que ha salido de La Habana, Moscú, Santiago de Chile y La Paz, en las últimas 48 horas.

El viernes 3 de abril, el presidente nicaragüense Daniel Ortega se reunió con Fidel Castro y le entregó una copia del proyecto de Declaración de Puerto España, que se enviará para su aprobación por parte de los líderes de los 34 países que asistirán a la Cumbre.

Fidel expresó su firme opinión acerca de la Declaración, señalando la ausencia de toda mención a la exclusión de Cuba de la reunión o al bloqueo de larga data de los Estados a su país, sistemáticamente condenado por la mayoría de los países miembros de la comunidad internacional. También parecía predecir que varias reservas al proyecto serán introducidas por jefes de Estado que encuentran algunas de las ideas "inaceptables· .

Fidel publicó luego su comentario de la reunión y sus opiniones sobre la Declaración en su columna regular disponible en la  internet. La relevancia de todo esto parece haber escapado a los grandes medios de comunicación.

Que un Jefe de Estado que asistirá a la cumbre divulgue el contenido de la Declaración a ser adoptada a un Estado no asistente, y a quien –al menos técnicamente– es un ciudadano privado de tal Estado,para pedir sus opiniones sobre la Declaración; y que esta revelación en sí misma sea revelada y que las opiniones críticas de este ciudadano sobre la Declaración tuvieran una amplia exposición mediática, a mi me parece que es virtualmente desconocida en la práctica de las relaciones internacionales.

Solo que la cumbre en cuestión se supone que es "de las Américas", que el Estado no asistente es Cuba, que tiene relaciones diplomáticas plenas con casi todos los asistentes, y que el ciudadano es Fidel Castro.

Fidel, por supuesto, cuenta con un enorme respeto entre la mayoría de los dirigentes hemisféricos por haber desafiado la hostilidad de Wáshington durante casi cincuenta años, por los impresionantes logros sociales dela Revolución Cubana y por los numerosos actos de solidaridad de Cuba en el hemisferio e internacionalmente.

Como presidente, dio un fuerte apoyo a la Nicaragua de Ortega en la década de 1980 cuando el gobierno sandinista estaba luchando para defenderse en la "guerra sucia" que fue librada por los "contras" respaldados por la administración Reagan, que costó la vida a miles de nicaragüenses.

Me parece impensable que Ortega, después de haber mostrado la Declaración a Castro y recibido su respuesta, no dé seguimiento de esta cuestión para plantear el tema de Cuba en la Cumbre, incluso si no había previsto hacerlo antes. Y es probable que podrá contar con el apoyo de los otros mandatarios de América Latina y el Caribe, todos quienes han expresado su apoyo al levantamiento del bloqueo. Incluso es posible que algunos de esos líderes hayan conocido previamente de su intención de examinar el proyecto de Declaración con Fidel.

Al día siguiente de la reunión Ortega-Castro en La Habana, la presidenta Michelle Bachelet, de Chile se reunió con el presidente Medvedev de Rusia en Moscú. Los dos presidentes encontraron el espacio, en su comunicado conjunto que se ocupa de cuestiones de peso tales como la energía y la cooperación militar, para pedir el fin del embargo de los EEUU a Cuba y para su integración en las "estructuras regionales multilaterales" –una referencia indirecta a la OEA, de la cual Cuba fue excluida desde 1962.

Michelle Bachelet, cabe recordar, en América Latina es considerada como parte de la izquierda “moderada”. En casa sufrió un impasse político cuando, después de una reunión con Fidel a principios de este año, su anfitrión escribió una columna que parece respaldar el reclamo de Bolivia por un acceso al Océano Pacífico a través de lo que hoy es territorio chileno, incautado en una guerra con Bolivia hace más de un siglo.

El incidente provocó una disputa política en Santiago que llevó a la renuncia del Ministro de Asuntos Exteriores de Bachelet. Sin embargo, su gobierno ha señalado, en vísperas de la próxima cumbre, que su posición de principios sobre Cuba permanece intacta.

Lo mismo ocurre con el presidente Medvedev, para quien el acercamiento de las relaciones con Wáshington bajo Obama es igualmente acompañado de un acercamiento de las relaciones con La Habana, a la que visitó a principios de este año, expresando el deseo de reconstruir muchos de los estrechos vínculos que existían entre los dos países en el apogeo de la Unión Soviética.

El mismo día de la reunión Bachelet-Medvedev, el presidente Evo Morales de Bolivia, hablando en una conferencia de prensa en La Paz, formuló un llamamiento a Barack Obama, para que levante el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba desde febrero de 1962.

Este llamado ya fue aprobado en la primera Cumbre de América Latina y Caribe en Bahía, el pasado mes de diciembre, así como en la cumbre Cuba-CARICOM en Santiago de Cuba, que se celebró a principios de ese mismo mes. Estos llamamientos han alcanzado un crescendo. Cuba se ha convertido en el huésped invisible de la Cumbre de Puerto España, y Fidel Castro, en el fantasma que ronda sus deliberaciones.

Con suerte, alguien en la Casa Blanca tendrá la sensatez de poner a Barack Obama al tanto de las nuevas realidades en el hemisferio, y él tendrá la cordura de reconocerlas, cuando no, acogerlas.

De otra manera, ¿quién quedará aislado?: ¿Cuba o Estados Unidos?

*Investigador en el Graduate Institute of International Relations at the University of the West Indies in St. Augustine, Trinidad and Tobago.
Distribuido por ALAI

 

 

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