Abr 17 2006
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Economía

¿FMI en crisis? – EL CIRCO FINANCIERO INTERNACIONAL

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Este mes de abril el Banco Mundial (BM) y el tristemente famoso Fondo Monetario Internacional (FMI) se reunirán en asamblea anual. No tienen mucho para festejar ni felicitarse. Las críticas a sus roles en los países asfixiados por el subdesarrollo arrecian.

Bolivia –en pleno proceso de encuentro con su identidad cultural y reorganizando su aparato económico adelantó –ante una “visita” de expertos del FMI– que “no firmará nada” con las llamadas agencias financieras internacionales. Una pena, porque sólo el FMI “contribuye” –gracias a los viajes de sus ejecutivos y expertos– con alrededor de US$ 100 millones anuales al desarrollo de líneas aéreas, alquiler de vehículos, llamadas internacionales, hotelería y –why not?– servicios de escorts y otras señoritas.

Malaria y millones

Uno de los golpes más serios al circo económico, sin embargo, proviene esta vez de un actor inobjetable. William Easterly es economista, vive en EEUU y enseña en la Universidad de Nueva York. Sostiene en su ensayo The White’s Man Burden (La aflicción del hombre blanco) que una larga lista de organismos y agencias internacionales –entre ellos el BM y el FMI– son perfectamente inútiles.

Ampara la afirmación recordando que en los últimos 50 años han “invertido” unos 2.3 billones de dólares sin haber sido capaces de aliviar en nada las trágicas necesidades de los miserables del mundo. Sólo “reciclan” programas económicos y de ayuda defectuosos.

Easterly se pregunta si no ha llegadao el momento de poner fin a la inutilidad de la llamada ayuda externa. Un ejemplo estremece. Doce centavos de dólar cuentan las medicinas necesarias para salvar a un niño de la malaria. Esas medicinas no llegan. Del millón de personas que mueren todos los años de malaria más de la mitad son niños.

El Milenio y sus objetivos

El economista debe saber de qué habla: trabajó 16 años en el Banco Mundial. Alega además Easterly que la intervención de los organismos internacionales ha ayudado en algunos casos a perpetuar sistemas corruptos.

En cuanto a los –ya tan tristes como famosos– Objetivos del Milenio, proyecto para reducir a la mitad la pobreza extrema para 2015, según una metodología que se hizo obligatoria para las organizaciones multilaterales y las que deben someterse los países beneficiarios, su pensamiento no es optimista. Cree que la tarea del Premio Nobel de Economía Jeffrey Sachs, director del programa del Milenio de Naciones Unidas, simplemente no camina.

Un acápite del libro –como si fuera el comentaraio al guión de una farsa de Mack Sennet– comenta la distribución masiva y gratuita de mosquiteros en África, que acabaron por servir de velos para novias y redes de pesca debido a que los expertos olvidaron realizar una campaña educativa acerca de sus bondades y modo de usarlos.

Menciona también el caso de una ONG –¡las ONG están en todas!– que en Malawi ofrecía a las enfermeras una comisión para aconsejar y vender, a precio módico, cierto, los dichosos mosquiteros a la población.

Por fortuna el presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, asegura que la lucha contra la corrupción será prioritaria.

¿Vivirá su familia con US$ 33.800 mensuales?

Es lo que gana por su sacrificio el gerente general del FMI. El señor Rodrigo de Rato –porque debe llevar una vida digna– obtiene unos US$ 100.000 más al año que su predecesora, doña Anne Krueger (se sabe, las mujeres ganan menos que los varones, aunque hagan el mismo trabajo). Claro, una secretaria no sube, en general, de los US$ 4.000 cada cuataro semanas, y un chofer tiene que batirse con apenas US$ 3.300.

Organismo dedicado a las finanzas al fin y al cabo, debe arregárselas con un presupuesto anual del orden de los US$ 900 millones. ¿De qué otra manera podrían gastar 100 millones en viajes, y los sagrados viáticos, para saber exactamente a quién y cómo ayudar?

Los últimos rumores –muy serios– dicen que el FMI está por vender sus reservas de oro para no cerrar. Otra versión indica que el cierre ya está acordado –será para el 2010– y sus operaciones las asumirá el BM –directamente EEUU, que controla al Banco.

Uno de los principales motivos de esta crisis sería la maldad extrema de la Argentina y Brasil, que pagaron la deuda que mantenían con el FMI, por lo que ya no se les puede cobrar intereses. Los intereses de los deudores pagan buena parte de los viajes y sueldos.

Una solución astuta a la vista es cobrar por las auditorías que hace aquí y allá a los países que andan cortos de recursos. UN asunto no resuelto es que esas auditorías son obligatorias para las economías que tratan con el organismo. ¿Cómo, no son entes de ayuda internacional?

Mire: el FMI es como un banco; si no presta, no cobra intereses. Y su presupuesto es casi el doble del de hace 10 años –y el doble del personal que tenía hace 20–. De los US 900 millones del presupuesto anual, unos 373 millones son para sueldos y otros U$S 260 para viáticos.

No sólo en Dinamarca, Shakespeare, algo no huele bien.

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