Feb 8 2009
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Participación ciudadana

FPMR / La crisis del capitalismo y sus alcances

2009-2010: años decisivos para la construcción popular y la lucha por el socialismo en Chile. En 2007, en las proyecciones para el 2008-2009, decíamos “Es fundamental ver estos dos años como una totalidad, no es cualquier coyuntura, probablemente definirá aspectos importantes de la organización de movimiento social”.
Avanzados ya los acontecimientos a nivel nacional e internacional, el segundo semestre del 2008 se presentó como un año que comenzó a situar poco a poco la crisis del capitalismo en la cotidianidad de las personas.

Expresión de esto es la debacle de los fondos de pensiones, las continuas alzas de los productos de primera necesidad, el desastre en la pequeña y mediana minería, los despidos que mientras se profundiza la crisis van en aumento. Cada día aumenta el temor y la incertidumbre en el futuro por parte de millones de chilenos.

La crisis financiera global con epicentro en los EEUU ya se ha transformado en recesión global. De hecho el propio FMI rebajó su proyección de expansión para 2009 de 2,2% a 0,5% la cifra más baja en 60 años y alertando además sobre el posible fenómeno de la deflación en los próximos años. La verdad es que estamos ante un verdadero cambio de ciclo, la larga onda de crecimiento del capitalismo que comenzó tras el final de la II Guerra Mundial está llegando a su fin, a la senilidad del sistema, con la combinación simultánea de la crisis financiera, medioambiental, de materias primas y energéticas, y la alimenticia a través de los bio combustibles.

Un cambio de período y de fase, es decir se cierra la fase neoliberal y abre una nueva etapa histórica, un cambio en lo que se denomina el Patrón de acumulación capitalista. A los de arriba se le dificultará mantener intacta la administración capitalista, los de abajo exigirán cambios que terminen o minimicen los efectos de la crisis hacia la mayoría de los chilenos.

En nuestro país esta situación de crisis es el escenario y condicionante de importantes definiciones en las relaciones de fuerza al interior y entre las diversas clases y bloques políticos, y el asunto central en disputa es quien impone sus condiciones en esta crisis, o dicho de otra forma: quién paga la crisis y qué proyecto político la capitaliza mejor.

En lo económico y social, han sido hasta ahora los trabajadores y el pueblo los más afectados; los empresarios buscan mantener sus tasas de ganancia y reducir costos mediante el desempleo y congelamiento de los salarios, y presionando por más flexibilidad o –mejor dicho– precariedad laboral, apelando a que haya menos regulación y rigidez del llamado "mercado del trabajo". Es decir: los patrones dicen “socialicemos las pérdidas pero no las ganancias”.

Prueba de ello es que mientras todos los chilenos comienzan a pagar el costo de la crisis, empresas como Chilectra obtiene utilidades del 93,5% correspondiente a unos 405 millones de dólares y holding Enersis, controlado por Endesa España, casi triplica sus utilidades en 2008 al cerrar en casi mil millones de dólares, unos 178,3% en sus utilidades respecto al 2007. Su filial Endesa Chile, en tanto, registro ganancias por 695 millones de dólares lo que representó un alza de 111%. Chile se desangra y es despojado por los capitales multinacionales, la contradicción principal entre “neoliberalismo” versus lo nacional nos pone en la elección de optar en el actual momento entre patria o saqueo imperialista.

El gobierno lanzó a comienzos de año un plan para hacer frente a la crisis mundial. Fue al mismo tiempo que se supo que el IMACEC (indicador mensual de actividad económica) del mes de noviembre de 2008, alcanzó apenas un 0,1%, el más bajo en 10 años.

Se anunciaron medidas para estimular el empleo y el crecimiento, invirtiendo en ello unos US$ 4.000 millones, cifra que equivale al 2,8% del PIB. Pese a que el ministro de Hacienda, Andrés Velasco, insistió durante meses en el blindaje y solidez de la economía chilena ante cualquier recesión externa en los últimos años, el 14 de enero se ve obligado a declarar que “el impacto en el país por la crisis económica internacional supera las previsiones iniciales de las autoridad ”, o dicho de manera mas directa por Bachelet a fines del mismo mes: “se viene el vendaval”; es decir, se abandona el discurso complaciente para dar paso a las “soluciones extraordinarias”, con un rol activo del Estado en esta coyuntura, Estado que en todo caso sigue representando en general los intereses patronales, y en este nuevo paquete de medidas ello no cambia mucho.

Por ejemplo, el plan de inversión en obras públicas beneficiará a los empresarios de la construcción, gracias al sistema de concesiones, al igual que las diversas rebajas tributarias (sin embargo se mantiene el IVA, impuesto que recae principalmente sobre los más pobres) y el subsidio o incentivo estatal a la contratación de mano de obra joven, la cual por cierto trabajará en condiciones precarias y con bajos salarios. Por eso es que estas medidas son aplaudidas por el empresariado en bloque, solicitando su rápida aprobación en el Congreso.

Como no podían faltar las medidas demagógicas y mediáticas, está el bono familiar de 40.000 pesos para las familias más pobres de Chile, entregado por una vez, es decir del extinto “Estado de Bienestar” de años atrás pasamos al “Estado Caritativo” de hoy.

Sin embargo estas medidas asumen el hecho de que este año aumentará el desempleo en Chile, situación que ya se aprecia con múltiples despidos en el sector comercial (las multitiendas o “retail”), bancario, pesquero y forestal, los hechos más recientes son la quiebras de la Papelera Carrascal que deja a unos 500 trabajadores en la cesantía, CENCOSUD que suspende su proyecto estrella el Edificio Costanera Center dejando a más de mil trabajadores sin trabajo, entre otros, siendo muy difícil que se cumplan las ofertas presidenciales de crecimiento del empleo, debido entre otros factores a la dependencia estructural de la economía chilena exportadora; la cual el año 2008 acuso una caída del 57% es el superávit comercial (menos exportaciones) por una caída en los precios de las materias primas y una baja en la demanda exterior asociada a la crisis mundial.

Es importante también tomar en cuenta que cuando se habla de exportaciones chilenas, por ejemplo el cobre, hay que ver ese concepto con ojo crítico ya que nuestra economía y nuestros recursos naturales, están básicamente en manos privadas, del capital financiero internacional que es el causante de esta crisis. La reciente compra por parte del gigante del "retail" yanqui, Wal-Mart, del control de la cadena D&S (propietaria entre otros de los supermercados Líder y Ekono), la principal cadena de supermercados chilena, con negocios asociados en el sector financiero (tarjeta Presto) e inmobiliario, demuestra hasta donde ha llegado la concentración y la desnacionalización de nuestra economía.

Por lo tanto es ilusorio esperar de dicho sector social, sus instituciones y sus representantes políticos alguna solución real a los problemas de nuestro país, ellos sólo buscarán recuperar sus tasas de ganancia, y en su lógica les resulta más rentable congelar o bajar los sueldos, o expulsar mano de obra. El punto es que toda nuestra legislación económica y social, está construida bajo un enfoque neoliberal y de libre mercado sin regulaciones, en la que el Banco Central puede subir o bajar tasas de interés pero sin regular ni mucho menos cuestionar aspectos de fondo del sistema financiero y crediticio; por ejemplo: las ultimas medidas ni siquiera contemplaron propuestas para aliviar o al menos renegociar el endeudamiento de miles de familias cuyos índices de morosidad siguen elevándose.

Solo cuando exista de verdad una economía nacional, podremos estar en condiciones de lograr una vida digna para los chilenos; y esto se relaciona con una auténtica soberanía nacional, es decir una soberanía popular en los asuntos políticos, económicos (producción, recursos naturales) y sociales.

A esto nos referimos cuando hablamos de la necesidad de impulsar un proyecto de desarrollo con carácter patriótico y popular, y poco a poco se instala nuevamente en la conciencia de muchos y muchas el socialismo como la verdadera alternativa al decadente orden actual.

Aunque la Concertación logre mantenerse en el gobierno, su rol se seguirá limitando a intentar administrar esta crisis manteniendo las bases del sistema en Chile, proponiendo mejorar el capitalismo dándole al actual Estado un rol algo más activo en la economía, como fue en los tiempos del llamado Estado de Bienestar, el cual sin embargo se basaba en una industria nacional, la cual hoy se encuentra destruida y desmantelada.

Hoy la lucha por la industrialización y el desarrollo nacional se traslada exclusivamente a los sectores populares, lo que también imposibilita la revolución por etapas: la revolución democrática previa a la revolución socialista, Hoy cualquier transformación política, económica, social no es viable sin enfrentar al gran capital y el imperialismo. Enfrentar el capital financiero conduce necesariamente a enfrentar al conjunto del capitalismo.

Repercusiones en la política nacional

Al interior del bloque dominante se han precipitado durante el año 2008 los efectos de la crisis: la lucha por conquistar o mantener cuotas de poder en el aparato del Estado, y la necesidad de contener el auge de las luchas sociales que no sólo han erosionado las bases de apoyo social del gobierno sino que también pueden desestabilizar más al sistema, han provocado notorios cambios y decantaciones en los conglomerados políticos, que se han agudizado a medida que se acercan las elecciones parlamentarias y presidenciales.

En este sentido, este año se está generando un cambio de período, que se refleja con nitidez en el cambio en la correlación de fuerzas, tanto en el conglomerado de gobierno como en el bloque en el poder en su conjunto. El nuevo período mostrará un rostro u otro de acuerdo a qué fracción burguesa logre la hegemonía en el nuevo orden político y en la administración de Estado.

Ante el desgaste del conglomerado gobernante, en su seno se han producido notorios quiebres y aparición de nuevas opciones, que son la manera en que sus diversas fracciones buscan reformularse y aplicar diversas tácticas para permitir la continuidad no solo de su presencia en La Moneda, sino también de los aspectos esenciales del capitalismo, para lo cual se muestran críticos de los “excesos” neoliberales, buscando cautivar a las bases sociales desencantadas con la Concertación y canalizar el descontento por vías legales e institucionales.

Así tenemos la aparición de Chile Primero y del Partido Regionalista Independiente con Adolfo Zaldivar como candidato presidencial, que expresan los quiebres por el “lado derecho” y populista de la Concertación, que mas bien disputa el llamado “centro político”. Pero este fenómeno de las fracciones en disputa se dan también dentro de la propia Concertación son el caso de la “domesticada” precandidatura del radical José Antonio Gomes y la “díscola” precandidatura por fuera por ahora del conglomerado de gobierno de Marcos Enríquez Ominami.

El quiebre por la izquierda que significa la renuncia de Alejandro Navarro y de Jorge Arrate al Partido Socialista y sus postulaciones presidenciales, y la aparición del Movimiento Amplio Social (MAS), expresan una táctica de acercamiento y recuperación de las bases sociales populares por medio de generar un nuevo referente para el “progresismo” en Chile por fuera de la Concertación. Esto incluye la convergencia con el Partido Comunista y el PODEMOS para instalar una alianza amplia del reformismo en torno a una candidatura única, con el fin de llegar a ser el tercer tercio del panorama político nacional.

Resulta curioso que Jorge Arrate, quien fuera connotado líder de la fracción “renovada” (es decir aquella que en lo teórico y práctico abandonó la lucha por el socialismo) que quebró al PS en 1979, ahora venga a erigirse como portavoz de una critica “desde la izquierda” a la gestión oficialista, y para la anécdota queda también que el tránsfuga y desprestigiado Carlos Altamirano sea parte activa de esa candidatura.

La postulación de Eduardo Frei como candidato de la Concertación se explica más bien por la crisis de su propio partido debido a los fracasos electorales, y los quiebres mencionados en el seno de PS-PPD. El punto central son las diferencias sobre los rumbos y liderazgos a tomar en estos momentos de crisis, en el sentido de dónde poner el acento, que orientación o “giro” adoptar, hacia el llamado “centro”, pensando en competir electoralmente con Piñera restándole votantes, o hacia la izquierda, para recuperar bases populares con el mismo objetivo.

En cualquier caso, ahora Eduardo Frei ha mostrado una tendencia “revisionista” respecto al modelo que tanto impulsó cuando el fue presidente (por ej, la privatización de las empresas sanitarias y sector portuario), levantando un discurso mas favorable al rol del Estado para enfrentar la crisis, que es la única forma en que puede recuperar terreno en los sectores sociales que podrían inclinarse a opciones de izquierda por fuera del bloque de gobierno.

También Frei se mostró partidario de “terminar con las exclusiones políticas”, una clara señal al PC ya que en la Concertación hay interés por pactar con dicho partido, repitiendo el pacto electoral de la elecciones municipales recién pasadas (pacto por omisión); no obstante en la elección parlamentaria lo más probable es que el acuerdo se exprese en una plantilla parlamentaria única entre la Concertación y el Juntos Podemos Más, garantizando también el apoyo comunista en la segunda vuelta, una táctica impulsada por el temor oficialista a perder el gobierno.

Sin embargo, tanto Piñera, Zaldìvar y Frei representan, como dijimos, diferentes tácticas que diversos sectores del bloque en el poder aplican para sortear y salir mejor parados de la crisis actual del neoliberalismo.

Todas estas maniobras no hacen más que profundizar la instrumentalizacion de lo electoral en función exclusivamente de insertarse en el parlamento o lo que ellos llaman eufemísticamente el “fin de la exclusión”, todo esto los lleva a seguir subordinándose y diluyéndose como opción de transformaciones autenticas. Ya que ésta izquierda ha optado por el camino electoral, lo menos que se esperaría de ellos es un discurso y una propuesta independiente y autónoma al deterioro político y moral de la Concertación, para ayudar a la acumulación de fuerzas de un movimiento social y popular.

Todo lo anterior indica que el descontento de los sectores sociales ira en aumento y tanto las propuestas de la izquierda electoral como las estrategias de la izquierda revolucionaria se potenciarán a partir del malestar social y político de los sectores golpeados por la crisis. Esto será una muestra más del cambio de período que vive nuestro país. En esto la izquierda electoral pretenderá ver el éxito de su camino institucional, pero en realidad en los próximos meses todas las fuerzas que propongan o busquen cambios serán vistas con simpatías por las masas sacudidas por la situación económica.

Nosotros pensamos que esa acumulación, y también la unidad de los revolucionarios, se logra en la organización y la movilización, estos son momentos que exigen levantar alternativas de lucha popular autónomas e independientes del Estado; no es el mapa electoral el que hay que alterar, sino la estabilidad del sistema, gracias a una relación de fuerzas sociales y políticas favorables para un proyecto revolucionario y en ultima instancia es esto último lo que permite alterar no solo el mapa electoral, sino también el social, el político, etc.

Tanto la realidad y los problemas de cesantía, deudas, falta de acceso a servicios básicos, etc, en el seno del pueblo, como la situación en las altas esferas de la política tradicional y sus disputas por la hegemonía, no hacen que evidenciar la importancia del factor subjetivo, de la organización y la convergencia de los revolucionarios mediante instrumentos visibles, coherentes y activos.

La táctica de los revolucionarios debiera poner en el centro las demandas sociales y populares, lo que permite a esta franja posicionarse y crecer como actor político y referente de los pobres y explotados. Es imprescindible para la izquierda superar tanto el electoralismo auto referente como las políticas “anti elecciones” en las que tras un aparente radicalismo se oculta una incapacidad de generar propuestas que permitan la participación de la población.

La importancia de lo anterior salta a la vista al analizar por ejemplo la aprobación entre gallos y medianoche de la Ley General de Educación (LGE) en el fin de año pasado, y la experiencia de la lucha de los trabajadores fiscales, experiencias disímiles que demuestran que sólo en condiciones de fuerza y sin deponer la movilización, pueden los sectores sociales lograr soluciones o acuerdos mas favorables, el balance del 2008 revela una vez mas que lo de las famosas comisiones gubernamentales es la táctica del poder para desactivar la movilización social.

Las demandas populares en el campo de la educación, salud, el trabajo y la vivienda, entre otros, son derechos cuya consecución no es sólo un problema económico, o de distribución de la riqueza sino que fundamentalmente es un problema político, de las relaciones de fuerza entre las clases oprimidas y las dominantes.

Desafíos del 2009

La complicada situación política y económica de este año 2009 demanda redoblar los esfuerzos que se ya se están dando en torno a la generación y convergencia de espacios organizativos y de coordinación de carácter nacional, clasista y combativo en el seno de los trabajadores, estudiantes y pobladores, y entre las organizaciones políticas revolucionarias.

Los efectos en Chile de la crisis económica mundial crean objetivamente la posibilidad de acelerar dichos procesos para la lucha en este período, que se levantan bajo el principio de la independencia de clase y un horizonte puesto en construir una opción de poder para el pueblo.

Para la construcción de esta alternativa es que junto a otras fuerzas agrupadas en el Frente Unitario por el Rechazo, hemos levantado la Asamblea Popular y el Pliego de Pueblo, como instrumentos en pos de construir la fuerza social y material alternativa al actual sistema capitalista.

Este camino de unidad es necesario profundizarlo y ampliarlo durante este año, llegar a acuerdos mínimos con los grupos y organizaciones de carácter popular con las que, si bien han elegido otras “vías” o formas de lucha, como el camino de lo electoral (y persistirán en él), tenemos coincidencias generales en los objetivos estratégicos perseguidos. Como lo define nuestro proyecto los aliados no son necesariamente aquellos con los que concordamos en los métodos, sino con los que compartimos las metas estratégicas de la lucha. Pero además y lo principal llegar a coordinarnos y tener una amplia alianza en el mundo social, organizaciones sindicales, poblacionales, estudiantiles, mapuches, etc en busca de ese bloque necesario para una transformación profunda y radical en nuestro país.

Si no logramos configurar una mayoría nacional de nada servirán los esfuerzos heroicos pero finalmente marginales.

Este es un proceso necesariamente de largo plazo, pero que este año requiere de resultados concretos en su consolidación y crecimiento. Un desafío importante será la realización de la segunda Asamblea popular, capaz de una convocatoria más amplia aun, de carácter nacional, que logre aglutinar a todas y todos aquellos que rechazan este fracasado sistema y la clase política que lo administra. Instalando así al pueblo en lucha como actor que irrumpe en el panorama electoral de este año con sus propias demandas y sus propias organizaciones.

Lo importante es la sinergia que logremos, es decir: que la unidad sea mucho mas que la mera suma de organizaciones o firmas, sino mas bien el resultado de una política de alianzas en que cada uno aporte lo mejor de si, sin pretender que su propia política o intereses se apliquen a toda costa, o bien superando sectarismos, complejos y tantos otros obstáculos auto impuestos.

Tanto la derecha como la Concertación y el reformismo están a la ofensiva, buscando un mejor lugar en el tablero político oficial de la sociedad, buscando que el pueblo sea mero “recipiente” de sus políticas e intereses. En esta disputa los revolucionarios no deben ceder mas terreno, es necesario superar nuestras limitaciones orgánicas, nuestras carencias políticas y de inserción real en todo el territorio y en cada sector social.

Esto lo decimos porque, más que criticar en forma discursiva o teórica las políticas reformistas, debemos contrastar éstas con nuestros propios hechos, con nuestros propios resultados concretos, cada gotita de logros prácticos equivale a océanos de discursos.

Por lo tanto, en nuestro caso especifico hablamos de resultados cuando podemos combinar logros en el plano interno, el funcionamiento y el crecimiento a escala nacional de la Coordinadora Clasista Sindical, la Coordinadora Nacional de Estudiantes Populares y el Frente Unitario por el Rechazo, con avances en su capacidad de convocatoria y movilización por las demandas populares y en rechazo a la clase política, haciendo visible la alternativa y “sacándola a la calle”.

Este 29 de marzo, 1º de mayo, 11 de septiembre, etc, serán algunos de los momentos en que este proceso deberá hacerse visible, pero no como los típicos “rituales” en los cuales los revolucionarios se limitan a mostrar presencia o vigencia, sino como expresiones de la consolidación de una construcción política de mayor alcance, desde lo territorial a lo nacional, y en donde la contingencia electoral será vista como una nueva oportunidad para rechazar de manera contundente este sistema fracasado y sus gestores o aspirantes a serlo.

 * Documento de la dirección nacional del Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

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