Nov 14 2015
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Política

Francia: Terror, xenofobia e injerencia/ Siria, un conflicto caro para los europeos

Al menos 150 personas perdieron la vida en seis ataques perpetrados durante la tarde y noche de este viernes en distintos puntos de París, uno de los cuales tuvo lugar afuera del Stade de France, durante un partido de futbol amistoso entre el equipo nacional y el alemán, donde se encontraba el presidente François Hollande, quien fue rescatado sin complicaciones. Las autoridades informaron que ocho agresores fueron abatidos y otrosneutralizados; sospechan que algunos huyeron.

fr terror novTerror, xenofobia e injerencia

Federico Larsen| A horas de los ataques perpetrados en distintos puntos de la capital francesa aún no hay, justamente, siquiera datos certeros acerca de víctimas y heridos, pistas de investigación. Sin embargo, con sólo analizar las primeras horas se pueden dar algunas ideas en caliente.

Uno de los primeros datos que llama la atención, es que el presidente de los EEUU, Barack Obama, dio declaraciones públicas acerca de los atentados aún antes de que lo hiciera su par francés Hollande, dando a entender, solamente por el hecho de comparecer de inmediato, que se trataba de un asunto que lo involucraba. Es que los últimos meses han significado para los EEUU un riesgo para su rol de protector de la seguridad mundial justamente por los vaivenes de las acciones militares en Siria. Ataques en los cuales, y es muy necesario subrayarlo, Francia también está involucrada.

La política exterior francesa es seguramente una de las claves para entender lo sucedido. Además de su histórica injerencia en Oriente Medio, Francia cuenta con una extensa historia de dominación en África, y especialmente en el Magreb. Argelia, Marruecos o Túnez son sólo algunos de los países que han sido ocupados por los franceses y que vivieron procesos independentista hace muy pocas décadas, con heridas que aún siguen abiertas.

Hace tan sólo 15 días se cumplieron 50 años de la desaparición forzada de Mehdi Ben Barka, líder marroquí del movimiento tercermundista secuestrado por los servicios secretos franceses, que aún hoy se niegan a dar cualquier tipo de información al respecto. Para muchos países de África las decisiones que se toman en el Eliseo (sede del gobierno francés) siguen siendo determinantes en su política interna y esto lo convierte en el blanco preferido de los resentimientos históricos. Y siempre es necesario recordar que la Francia atacada es la misma que confeccionó los manuales antinsurgentes aplicados en la mayoría de las represiones y genocidios de las dictaduras del mundo para controlar y disciplinar la población local.

En el frente interno tampoco las cosas andan tan bien. Desde 2003, año en que la doctrina Bush de seguridad global obtuvo mayores consensos a nivel internacional, hasta la actualidad Fancia sufrió 14 atentados terroristas que produjeron más de 90 muertes y un centenar de heridos. A eso se le suma que la violencia interna ligada a las condiciones de la población árabe tiene evidentes ciclos de alza. Quizás el momento de mayor trascendencia de este fenómeno hayan sido las revueltas de octubre y noviembre de 2005 en las Banlieu, protagonizadas por jóvenes hijos de migrantes árabes en el país. Todo el periodo fue acompañado por una creciente xenofobia que se tradujo en la acumulación política de organizaciones como el Front National, partido filo-fascista que en unos 20 años se convirtió en una de las fuerzas más gravitantes en los malhumores racistas de las clases medio-bajas francesas.

Mientras la policía llevaba adelante el blitz armado en el Bataclan -recordando en algunos momentos la masacre que Putin desató en 2002 para resolver una situación similar en el Teatro Dubrovka en Moscú-, en Calais y otros puntos del país se prendían fuego los campos de refugiados improvisados en los últimos meses de crisis. Por las condiciones de vida en esos lugares, Francia ya había sido condenada por tribunales internacionales a garantizar los derechos humanos básicos de quienes allí vivieran y apurar la tramitación del estatus de refugiados para muchos de ellos.

Pero sería torpe, sin embargo, pensar que Francia haya hecho méritos y solamente esté pagando las consecuencias de años de políticas xenófobas e injerencistas. Los grupos terroristas más radicalizados también están demostrando poder cumplir con su necesidad de tomar la iniciativa militar en una guerra que tiene su foco en Oriente Medio pero que, según entienden, se combate en diferentes trincheras a la vez. Francia es quizás el objetivo predilecto por todo lo expuesto pero no, obviamente, el único. La generación de terror desata la radicalización de políticas de seguridad en el ámbito externo e interno que mientras culpan y castigan a miles de inocentes recalientan los ánimos más beligerantes.

Que estas acciones se registren durante la crisis migratoria más grande de la historia de la Unión Europea, al tiempo que se reconfigura el peso específico de cada país o bloque en los conflictos en Oriente Medio y se debilitan claramente los sistemas institucionales instalados durante las mal llamadas “primaveras árabes” en ex colonias francesas, nos da la pauta de que las repercusiones de lo sucedido esta anoche serán extensas y muy duras. Recién dentro de un tiempo podremos entenderlas con mayor precisión.

 

El conflicto en Siria empieza a salirle muy caro a los europeos

Rafael Cuevas Molinafr terror nov1

Francia acaba de ser estremecida por una cadena de atentados que ha dejado una estela de muertos y heridos y a la población aterrorizada. Quienes parecen ser los perpetradores son árabes que en las consignas lanzadas dejaron ver que sus acciones tenían que ver con la guerra en Siria.
Luego, la oleada de refugiados que atraviesa Turquía, Grecia, los Balcanes y Austria para tratar de llegar a Alemania, en donde ya pusieron el grito en el cielo y empezaron a cerrar sus fronteras asustados no solo ante el imparable río humano que no se sabe cuándo terminará, sino ante la reacción cada vez más adversa de su población.Aunque el conflicto en Medio Oriente tiene muchos años de existir, nunca como ahora había tenido las repercusiones que está teniendo hoy en Europa. Primero, fueron los cientos de jóvenes europeos que partieron para integrarse a las filas del Ejército Islámico ante la mirada atónita de quienes se consideran el pináculo de la civilización humana, y no pueden comprender cómo alguien de sus propias entrañas puede darles la espalda y sumarse a las fuerzas de quienes consideran su enemigo mortal.

Y ahora los atentados de París, que llevan la muerte y el terror al corazón de Europa, asustando no solo a los franceses sino también a todos sus vecinos, especialmente a los mismos alemanes, que ven cómo “el enemigo” penetra sus filas hasta la retaguardia, el sitio en donde se sentían seguros mientras sus aviones bombardeaban tierras ajenas y lejanas de sus iluminados campos Elíseos.

La guerra que se está librando en Siria es crucial para el futuro del Medio Oriente, y las fuerzas que se enfrentan no empiezan ni terminan ahí. Lo que se está jugando, en última instancia, es el dominio de una zona estratégica no solo por sus riquezas petroleras, sino por su ubicación vital de encrucijada entre Occidente, África y Asia.

Es, también, el resultado de la resolución caótica que propiciaron los Estados Unidos en Irak, en donde solo fueron capaces de botar a Sadam Husein, pero no de construir un nuevo orden que lo sustituyera. En ese sentido, la inoperancia norteamericana salió a flote igual que en Libia: son capaces de destruir pero no de construir. Son una fuerza arrasadora y ciega que deja a su paso desorden y enfrentamientos entre los mismos grupos que ellos mismos crean y que luego se les salen de las manos.

En Siria, siguiendo la misma estrategia que en Libia, han creado y apoyado milicias a las que llaman “oposición moderada”, que solo en sus imaginación lo son y que, en el caos de la guerra, no han tardado en empatar con el Ejército Islámico vendiéndoles las armas que les proporciona Occidente, o simplemente uniendo fuerzas, en este caso contra el gobierno de Bashar al-Asad.

Todo ese desorden se les ha salido de las manos, y ahora toca a la puerta misma de su casa. No se trata de un terrorismo ciego sino de una consecuencia de lo que ellos mismos han contribuido a crear.

Lástima que los que sufren sean siempre los de abajo, la población de las ciudades Sirias destruidas o los parisinos desprevenidos.

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