Nov 17 2004
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Ambiente

Fuga de salmones: la punta de un iceberg impredecible

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Las fugas de salmones que ha menudo se denuncian en el sur de Chile, pueden producir alteraciones ecológicas considerables ya que dichos organismos son depredadores de alto nivel trófico, es decir: organismos que al consumir a otros depredadores pueden tener múltiples y complejos efectos sobre la biodiversidad, aspecto y consecuencias tan diversas y amplias, que estamos lejos de poder predecirlas.

Un estudio realizado por la doctora Doris Soto, de la Universidad Austral, demuestra que estos organismos una vez liberados sobreviven por un periodo considerable. El trabajo propone que se debería autorizar su captura por parte de los pescadores artesanales para que sean extraídos del medio lo más rápido posible y al mismo tiempo sean comercializados, otorgándosele una entrada adicional a este alicaído sector. No obstante esta medida no ha logrado ser implementada por la negativa del sector empresarial.

En lo principal este escape de especies pone de manifiesto la vulnerabilidad de las tecnologías que en actualidad utiliza la industria salmonera presente en Chile. Recientemente el doctor John Volpe, de la Universidad de Alberta, Canadá, demostró que en su país los escapes reales de peces eran más que los reportados por las empresas. Esta información se obtuvo realizando experimentos de captura en lugares circundantes a los centros de cultivo y cotejando la información obtenida de estos muestreos con las estadísticas que aportaban las empresas en ese mismo lugar.

Ello determinó que en Canadá se hayan adoptado medidas de prevención de escapes muchísimo más drásticas que en Chile. Lamentablemente en nuestro país carecemos de esta información y por lo tanto se debe exigir que la Subsecretaría de Pesca reaccione más firmemente sobre este problema. Las medidas que se toman en la actualidad no son precisas y tajantes, por lo que se prestan para ser poco transparentes y, en consecuencia, no permiten a la opinión pública saber si se está cumpliendo la normativa.

Pero lo que es aún peor, nadie sabe qué está sucediendo en nuestro ambiente como consecuencia de estas frecuentes fugas. Es una tarea gubernamental, si bien urgente, aun pendiente, ya que no se está llevando a cabo. Debemos conocer la problemática total y no solo una parte pequeña que aflora sobre el agua.

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* Biólogo marino. Consultor de Oceana, Oficina para América del Sur y Antártica.
Académico de la Universidad de Los Lagos.

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