Dic 9 2009
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Economía

Geopolítica: Rusia-Ucrania: los acuerdos y la continuación de la “guerra gasífera”

Yuri Barbashov.*

¿Será verdad, que este invierno Europa no va a experimentar problemas con la recepción del gas ruso a través del territorio de Ucrania? Los acuerdos, firmados con el visible agrado recíproco por los primeros ministros de la Federación Rusa y Ucrania parecería que quitan todas las contradicciones reales e imaginarias entre los socios.

El gobierno de la FR aceptó renunciar, algo sin precedentes en la práctica internacional, a las sanciones pecuniarias por el insuficiente nivel de la sustracción de gas, que el presidente de Ucrania V.Yuschenko valoró anteriormente en 8.700l millones de dólares. La suma tan gigante no está demás para ningún país o compañía en los tiempos duros de crisis. Sin embargo fue anunciado, que la rusa Gazprom renunció al principio “toma y paga”, y ahora Ucrania va a pagar sólo por el volumen del gas realmente consumido.

Ha sido cumplida la exigencia insistente de Kiev de subir el pago por el tránsito de gas aproximadamente en el 60 por ciento. Rusia, a su vez, subió el precio al combustible para el vecino sur-occidental hasta el nivel europeo, de lo que el comprador había sido informado con antelación, y recibió las aseveraciones de que va a participar en la modernización del sistema ucraniano del transporte del combustible. Los representantes de las partes declararon sobre el alto nivel del entendimiento mutuo entre los jefes de gobierno y sobre la colaboración normalizada.

Sin embargo es difícil creer en este idilio teniendo en cuenta la historia de la confrontación gasífera ruso-ucraniana. ¿Cómo se expone esta historia por la mayoría de los comentaristas europeos y ucranianos? He aquí como…

Moscú no aspira nada a los suministros sin interrupción de gas natural a Europa. Resulta, que El Kremlin usa pérfidamente el chantaje gasífero para ejercer influencia sobre la política de Ucrania con el objetivo de convertirla en su vasallo. Con este objetivo hace cinco años aún los rusos trataron de comprar su lealtad con el costo de gas de 50 dólares por mil metros cúbicos por un período de diez años –lo que es muchas veces menos del precio de mercado para los países de Europa.

Sin embargo, al llegar al poder en la ola "de la revolución naranja”, el equipo del presidente Yuschenko y de la primera ministra Timoshenko rompió estos acuerdos, denigrantes para un estado independiente, motivando la ruptura por el precio demasiado bajo por el tránsito de gas, recibido por Ucrania. En respuesta al rumbo independiente de Kiev, el vecino del norte, que sufre de los complejos imperiales, se puso a estrangular el sistema estatal ucraniano, subiendo paulatinamente el precio de gas para Ucrania hasta el nivel europeo.

Para desacreditar al joven estado, Moscú incluso está dispuesta a organizar durante el frío invierno “días calientes” para sus consumidores en Europa, cortando los suministros de gas a través del territorio de Ucrania y explicando esta maniobra por la falta de  pagos y el robo de gas por ésta.

El objetivo final de los gobernantes del Kremlin, según la opinión de numerosos analistas europeos y ucranianos, es empujar a la ex provincia rusa a una deuda por servidumbre y de esta manera devolver el derecho de influir sobre ella, o por lo menos, quitar el sistema del transporte de gas.

Al analizar las consecuencias para Rusia de su “chantaje gasífero”, representado por la reducción de su parte en el mercado gasífero europeo, la pérdida de prestigio de un suministrador intachable en Europa, calcular la ganancia perdida y sumar los gastos forzados en la construcción del Torrente Sur alrededor del territorio de Ucrania, entonces el monto resultaría colosal, ascendiente a decenas de miles de millones de dólares. Falta sólo sorprenderse por los gigantescos gastos, a los que se ve obligada Moscú en su ansia de “castigar” a los ucranianos –creyendo, claro está, sólo por un segundo  que es precisamente ella quien interviene en este conflicto como la chantajista.

Los comentaristas prácticamente nunca mencionan que a lo largo del primer decenio después de la desintegración de la URSS, Rusia financiaba indirectamente, gracias al bajo precio de gas, el recién creado Estado ucraniano con decenas de miles de millones de dólares anualmente. Sólo esto aseguraba en los años 90 y al comienzo de los años 2000 la supervivencia de la empobrecida población ucraniana y de la industria, demasiado necesitada de energía.

El acuerdo de 2004 significó de hecho la continuación de la situación por diez años más. Lo que fue cambiado radicalmente por la llegada al poder en Ucrania de las fuerzas,que cuentan con la protección de EEUU. A partir precisamente de este momento el problema del transporte de gas ruso a Europa comienza a formar parte de los asuntos principales de la política ucraniana, tanto en Europa oriental como dentro del país, y los consumidores ucranianos y europeos de Gazprom sienten las consecuencias de las discrepancias entre el suministrador y el país de tránsito del gas.

A cada agudización anual del conflicto gasífero le precede tradicionalmente la preparación informativa –en Ucrania y más allá de sus fronteras– en el sentido de que el deseo de la compañía rusa es vender gas más caro y pagar por el tránsito más barato, lo que se interpreta como un atentado a la independencia del Estado ucraniano. Este año el juego sobre el tema del gas ruso no cesó  debido a la lucha preelectoral en Ucrania, en la cual, según la tradición, las partes se valen de cualquier medio.

Para las fuerzas políticas ucranianas de orientación nacionalista, una de las cuales encabeza Víctor Yuschenko, la agresiva propaganda rusófoba releva la retórica preelectoral. Los adversarios, que luchan por el electorado nacionalista, tratan por todos los medios de acusar al otro de la tolerancia a los intereses de Moscú, la culpa, según su opinión, más terrible para un ucraniano.

En los medios de comunicación masiva, que apoyan a Víctor Yúschenko, el asunto de que Yulia Timoshenko firmara en 2008 acuerdos, desventajosos para Ucrania, por los cuales ha sido deducida una multa colosal, se estaba hiperbolizando incluso cuando en Rusia, en el nivel más alto, se declaró en reiteradas ocasiones que las pretensiones de resarcimiento por la sustracción de gas no serían presentadas. Se creaba la impresión, que el equipo de Yuschenko mendigaba a las autoridades rusas sanciones punitivas para confirmar la propia versión de la insolvencia de la primera ministra en el rol de líder nacional.

Por su parte Timoshenko declaraba sobre los obstáculos creados por el presidente en la transferencia del dinero para los pagos corrientes por los portadores de energía. En la víspera de las negociaciones sobre el precio de gas entre los primeros ministros, Yuschenko publicó una carta abierta en que exigía revisar los acuerdos existentes, suspender la multa y aumentar el precio del tránsito.

Y aunque al medio de la exposición de estas sugerencias –en la prensa y en calidad de ultimátum–, teniendo en cuenta las tirantes relaciones del presidente de Ucrania con la dirigencia rusa, no se la puede llamar una búsqueda de camino hacia el entendimiento mutuo, aún así, la parte rusa satisfizo todas las pretensiones formales de V.Yuschenko.

A pesar de los pronósticos de numerosos “expertos” y las acusaciones interminables de chantaje, la dirigencia rusa no hizo un paso inamistoso respecto a la población del país vecino. Al renunciar las legítimas pretensiones por la falta de los volúmenes de la sustracción de gas, el gobierno de la FR dio prácticamente la carta blanca a la existencia posterior del sistema económico ucraniano. Ya que la presentación de las sanciones pecuniarias tornaría inevitablemente en el default de Ucrania.

En estas condiciones las negociaciones exitosas que se han realizado y abastecieron a Ucrania y Europa con gas, la no aplicación de las multas y la declaración sobre la colaboración confortable con Timoshenko, por parte de Putin, ya han dado motivo a los nacionalistas más radicales y a los partidarios de Yuschenko para llamar a la primera ministra casi una agente de Lubianka y la protegida de Kremlin en las elecciones actuales.

El presidente del país, del cual recién dejaron de demandar oficialmente nueve mil millones de dólares, sin considerar necesario agradecer por este paso a la dirección rusa, extendió nuevas acusaciones en contra de ella. Al comenzar la nueva ronda de la guerra informativa, Yuschenko declaró, que Ucrania no recibió de Rusia el pago por el tránsito de gas para 2009 en adelanto, como había sido declarado. No vale la pena señalar que en su carta de hace una semana de eso no se mencionaba nada.

He aquí la conclusión, que se deduce de todo esto: las interrupciones en los suministros de gas, a pesar de los acuerdos firmados y la normalización de todos los problemas discutibles, son muy probables, ya que son extremadamente necesarias a Yuschenko y a sus protectores en EEUU.

Al día de hoy los resultados económicos del gobierno de “los naranjas” están expresados por el reconocimiento internacional del hecho de que Ucrania se encuentra en las primeras filas de los países, a los que amenaza el default, y sin los préstamos de varios miles de millones desde del exterior, no es capaz de pagar por el gas consumido.

Como presidente, V.Yuschenko sufrió un fiasco destructor, que se refleja en los números ínfimos de su popularidad dentro del pueblo. Al cumplir evidentemente el encargo político desde el exterior, violando los indiscutibles intereses del pueblo de Ucrania, su presidente aplicó esfuerzos realmente colosales en los intentos de destruir las relaciones culturales y económicas de muchos siglos entre Rusia y Ucrania. Y ahora el señor Yuschenko no pierde la esperanza de logar en el apogeo de la carrera preelectoral el cese de los suministros de gas al propio país, para reforzar los ánimos anti rusos en la sociedad y movilizar en torno a sí mismo a la parte nacionalista del electorado.

Esta intención se inscribe perfectamente en los planes de Washington de limitar la influencia de Rusia, que tiene que ver con la venta de sus recursos energéticos a los países de la Europa “vieja”. A este objetivo, según la antigua idea de Z.Brzezinski, tiene que servir el cinturón de los estados de Europa oriental, no amistosos a Rusia, que la separe de la parte desarrollada de Europa. Por la cuenta de la observación de estos países se puede recibir el control sobre las relaciones comerciales y políticas de Europa y Rusia y regularlas. La llegada al poder en Ucrania del protegido norteamericano finalizó de hecho la realización de este antiguo plan y permitió recibir todas las ventajas de la vieja idea de “cercar” a la Federación Rusa.

Para no dejar dudas en la seriedad de sus intenciones, este año los representantes, por lo visto, de los círculos bastante influyentes de EEUU, avisaron directamente la Unión Europea sobre el conflicto venidero. En particular, el ex primer ministro de Chequia, Mireck Topolaneck, declaró en el IV foro energético en Budapest, que a Europa la espera una crisis gasífera más: “Hemos recibido un aviso de los especialistas de EEUU, que la crisis se repetirá: Rusia puede dejar las tuberías vacías”.

O sea, exactamente de conformidad con la retórica acostumbrada de la guerra informativa gasífera, según la versión del ex premier checo y los expertos no nombrados, es precisamente a Rusia en el período de la agudísima crisis financiera le es ventajoso sacrificar las ganancias en divisas y la reputación para no se entiende qué ventajas, al mantener el conflicto con Ucrania.

“Y no tenemos que acusar de eso a Rusia, sino, como aconsejan correctamente los expertos norteamericanos, la UE tiene que simplemente hacer la elección entre la OPEP y Rusia”,- explicó Topolaneck.

Traduciendo del lenguaje diplomático, los norteamericanos, que no esconden su influencia al equipo de Yuschenko y a otras fuerzas políticas ucranianas, están jugando abiertamente delante de la cara de Europa con el pestillo de gas, como un revólver cargado, y obligan a los países de la UE a rechazar al suministrador ruso en aras de otras fuentes de recursos energéticos. Además se hizo evidente, que a pesar de las declaraciones resonantes de Barack Obama sobre el cambio del rumbo y “el recargue” de las relaciones, hasta el momento, cuando la administración de EEUU tenga el chance de perjudicar a las relaciones de Moscú con Europa, este chance será usado. Y en primer lugar, en la dirección ucraniana. Quiere decir, que “las guerras gasíferas” existirán hasta cuando Rusia diversifique las vías de los suministros de los recursos energéticos a Europa y saque aunque sea una parte de ellos de la zona de la indiscutible influencia política de EEUU.

* Periodista.
En http://es.fondsk.ru

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