Ago 2 2004
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Política

Guerra: el Síndrome del Golfo ataca de nuevo

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Probablemente la mayor parte de los primeros enfermos -cuyas familias padecen las secuelas del mal del uranio empobrecido- sean personas que jamás estuvieron en un campo de batalla contemporáneo.

A un costado del “Estado libre asociado de Puerto Rico”, un islote llamado Nena, desde 1941 y por lo menos hasta marzo de 2003 ,era la “joya de la corona” de la armada estadounidnese. Decir que la localidad de Vieques -una aldea de pescadores y pequeños agricultores- estaba cerca de un polígono para el ejercio de los artilleros de la “Navy” es decir muy poco. Fueron de cierto conejillos de indias en el proceso de probar y medir los daños de una nueva generación de proyectiles.

¿Enfermedades colaterales?

Entre los viequenses, la posibilidad de padecer cáncer es un 27 por ciento superior a la del resto de los portorriqueños. Y hay una incidencia 73 por ciento más alta de enfermedades del corazón, 64 por ciento más de hipertensión y 58 por ciento de diabetes. Datos de hace un par de años.

En ese “polígono” la armada estadounidense ensayó munición recubierta con una aleación de uranio empobrecido -sobrante de las plantas termonucleares-. En gran medida por los efectos allí comprobados sobre la salud humana sabemos que, además de provocar la muerte y atravesar los más gruesos blindajes, el empleo de estas municiones y otros contaminantes causan cáncer, anemia, padecimientos en la piel y trastornos en la presión sanguínea. Y que sus efectos también pueden medirse sobre los descendientes de los afectados.

Aunque las autoridades sanitarias vinculadas a la industria de la guerra -y las civiles que sólo atienden los casos de los soldados afectados (nadie parece preocuparse mucho por los habitantes de las áreas bombardeadas) afirman que es apresurado dar por sentada la relación entre esta munición y el cáncer, reconocen que cuando un proyectil de uranio empobrecido impacta en un objetivo sus partículas se dispersan en forma de aerosol en el aire, son transportadas por el viento y pueden penetrar en el cuerpo humano por inhalación o por la ingesta de alimentos contaminados.

foto Hacia fines de la última década del siflo XX se habló del “síndrome de los Balcanes” por la enfermedad y muertes de soldados italianos y otras nacionalidades. Durante los bombardeos sobre el territorio de la ex República Federativa de Yugoslavia la Alianza Atlántica (OTAN) recién admitió que se usaron proyectiles recubiertos de uranio empobrecido en mayo de 1999, pocos días después de que lo hiciera el Pentágono. La OTAN habría “usado” unos 31.000 proyectiles de uranio empobrecido durante la guerra de Kosovo.

El uranio empobrecido en España

En enero de 2001 el diario madrileño El País -citado por http://ciudadanossinfronteras.iespana.es/ciudadanossinfronteras/untitled/uranio/noticia9.htm– informaba que los “32.000 soldados españoles que han pasado por la ex Yugoslvia desde 1992 ya están siendo sometidos a reconocimientos médicos en los hospitales militares de Zaragoza, Sevilla y Gómez Ulla (Madrid).

“El caso de Antonio González López, un soldado de 22 años muerto de leucemia tras pasar cinco meses en los Balcanes, y el de otra militar en tratamiento han disparado las alarmas (…). Ambos pertenecían a la Agrupación Logística número 41, con base en Zaragoza, y permanecieron en la ex república yugoslava de Macedonia en entre marzo y julio de 2000”.

Estos proyectiles sirvieron durante la operación “Tormenta del Desierto”, en 1991 para que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos comprobasen su efectividad contra los carros blindados iraquíes dada su gran capacidad de perforación. Ese año se dispararon 950.000 proyectiles de uranio empobrecido sobre el desierto y pozos agua en Irak.

El uranio empobrecido es un subproducto del proceso del que se extrae el uranio radiactivo 235 -que tras décadas de fabricación de armas atómicas y de uso de reactores nucleares abundaba-. En los años setentas el Pentágono comenzó a explorar las posibilidades de su aprovechamiento (y, de paso eliminare el costo de su almacenamiento). Su densidad es casi dos veces la del plomo, es de naturaleza pirofórica -se deflagra al penetrar- y, dado que se disponía de grandes cantidades, más barato y eficaz que el tungsteno.

Italia: ni el problema ni las muertes son novedad

No hay una estadística definitiva -y confiable- de los soldados eurpoeos, no sólo italianos, muertos o discapacitados a raíz de los efectos del uranio empobrecido arrojado sobre la ex Yugoslavia.

foto Según el Instituto Superior de Sanidad bosnio los casos de tumores y leucemia se han triplicado en Bosnia en los últimos años. La OTAN, cuando se hicieron públicas estas informaciones demostró la adecuada sorpresa, pues “la utilización de armas DU (depleted uranium=uranio empobrecido), no es ningún secreto desde hace años y no ha habido en la sede de la OTAN ningún intento de esconderlo”. La naturaleza de los proyectiles con uranio empobrecido es tan pública, que la DU, denominación de origen está en las cajas de los proyectiles. Luego, tal vez, sean inocuos.

El corresponsal en Roma del diario argentino Clarín informó el 28 de julio que dos soldados italianos habían muerto a causa de haber estado en contacto o manipulado munición recubierta de uranio empobrecido (www.clarin.com/diario/2004/07/28/elmundo/i-02202.htm). Consigna además que “En Italia las asociaciones de soldados y familiares de las víctimas de estos síndromes estiman que no menos de 30 militares han muerto y que otros 300 están gravemente enfermos de leucemias, anomalías genéticas y cánceres. También hay soldados que tienen destruido en parte el tejido cerebral y registran disturbios en el comportamiento”.
foto No obstante, el mundo unipolar está seguro, siga míster Bush en la Casa Blanca o le suceda míster Kerry; éste último aseguró que si llega al gobierno se preocupará de tener fuerzas armadas sólidas …y bien armadas. Se constata así un error de apreciación de Karl Marx: no morirá el último burgués ahorcado con la última soga que tenga para vender; el muerto final será el último soldado que dispare el último cañón que él habrá cargado con uranio empobrecido sobre un territorio arrasado.

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