May 7 2004
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Economía

Gulietto Chiesa: Jamás sabremos la verdad sobre el 11-S

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Nicolás Aldobrandini *

¿Por qué la guerra es infinita?

Tanto el título como el concepto derivan directamente de las expresiones usadas por Bush y sus colaboradores después del 11 de septiembre. Recuerde usted que la primera definición de la avanzada militar norteamericana fue Justicia Infinita.

Una frase muy reveladora…
Exacto, muy reveladora. Entonces pensé que era necesario poner el término infinito en el título porque esta gente en realidad piensa en términos religiosos, por lo tanto extra políticos. Es un grupo de fundamentalistas revolucionarios.

¿Revolucionarios?

Sí, el término justo es “revolucionarios”, porque quieren cambiar el orden mundial y dominar el planeta. Por eso, el título religioso La Guerra Infinita me pareció pertinente. Repito que no es un título político, porque no hay cosas infinitas en política, pero como se trata de personas que razonan en términos extra políticos es acertado.

Pero hablar de “guerra infinita” es escalofriante.
Es exactamente lo que ellos anunciaron: una guerra que se prolongará por una generación completa. Aun más, dijeron que durará 50 años; por eso pongo al pie de la letra todo lo que ellos mismos declararon. De hecho, el libro no es ni más ni menos que una reseña de las posturas que han expresado oficialmente. Yo solamente cito.

Aclaremos esta frase: dominar el planeta. ¿Por qué dominar, cuando ya dominan?

Dominar, porque en estos momentos EEUU es un país envuelto en una grave crisis. Frente a todo lo que ha sucedido, estoy convencido de que el 11 de septiembre constituyó un camino de salida a esta crisis. EEUU es el país más endeudado del mundo, es el Estado que prácticamente ha estado utilizando al resto del planeta en pro de sus intereses en los últimos 70 años. La crisis empezó alrededor de 1998 y siguió en aumento hasta el 2000, cuando el entró en un proceso irreversible que, entre otras cosas, había sido previsto por los sectores que poseen la información. Sectores conscientes que se caminaba hacia el derrumbe. En 2001 fue la caída de Wall Street, pero también el descalabro de los fundamentos del desarrollo estadounidense. No pueden seguir adelante porque saben que los recursos son limitados, y eso hace imposible el crecimiento indefinido; por lo tanto, se enfrentan al problema de la supervivencia. Este es el verdadero problema. ¿Quién puede sobrevivir? Sólo los más fuertes. Entonces crearon las condiciones para desencadenar un enfrentamiento gigantesco, planetario, cuyos objetivos son eliminar a potenciales antagonistas. Entre ellos Europa, que por otra parte no estaba en el primer lugar sino en segundo.

¿Quién era el primero?

El antagonista potencial era Rusia, y quedó demolida. Europa está subordinada. El problema más dramático para las elites de EEUU, y que aún no logra resolver, es China, el único país del mundo que puede tomar decisiones sin pedir permiso a nadie. Recordemos asimismo que el actual grupo dirigente estadounidense llegó al poder con un golpe de Estado, que tuvo lugar en octubre de 2000 en los comicios en que resultó electo Bush. Para lograr sus objetivos tenían que tener el camino expedito. Ellos consideran que aproximadamente alrededor de 2020 se llegará al shotdown, al enfrentamiento, y para ese momento tienen necesidad de lograr una superioridad evidente, sin contrastes, que puede ser o no militar. Depende de las circunstancias. En todo caso ese es el diseño que los mismos estadounidenses han especificado. Y son los únicos que han descrito esto con claridad meridiana. Muchas personas han escrito estos hechos como hipotéticos, yo considero que son reales.

¿No querrá Ud. decir que los estadounidenses fueron responsables del atentado a las Torres Gemelas?
No en este sentido. No los estadounidenses. Ellos no son responsables de nada. ¡Pobres!, son más bien víctimas. Ni el gobierno, ni el FBI, ni siquiera la CIA… Inmediatamente después del 11 de septiembre escribí un artículo para la revista Limes, en el que formulé la hipótesis de una cúpula mafiosa internacional, porque solamente una grande y poderosa organización de este tipo es capaz de organizar una operación de semejante calibre.

Es decir, ¿nunca ha creído en la responsabilidad de Osama Ben Laden?

Así es. No creo a la teoría de Ben Laden y un grupo de fanáticos. Es una cosa sin sentido. No creí en un comienzo y tampoco creo ahora. En contrario, advierto una gran operación de terrorismo de Estado, lo que no quiere decir que haya sido organizada por un grupo de dirigentes de los Estados Unidos, sino que se trata de una operación internacional transversal en la que participó una dirección internacional. Son personas muy poderosas, que no conocemos, donde probablemente también hay estadounidenses que trabajan en pos de esta idea: sobrevivir. Y ellos podrán sobrevivir. Por eso estoy convencido de que la teoría de la conjura de Ben Laden es tan torpe como falsa, en la práctica creada por el sistema mediático mundial, o con una sencilla hipóstasis que hemos visto ya en tres ocasiones: el demonio Milosevic, el demonio Osama ben Laden y ahora el encarcelado demonio Saddam Hussein. Se crean simulacros en torno a los cuales se desencadena el odio mundial y ahí se explica todo, aunque en realidad no se explica nada. El simulacro de Osama ben Laden era el más cómodo, no porque Osama no haya participado, ya que probablemente participó a su modo, pero no como principal protagonista, y sobre todo no como ideólogo. Estas serían mis conclusiones preliminares, que no son experimentales. Al escribir un libro me defino generalmente como un sastre: corto, corto de nuevo, y luego coso. Tras la intuición inicial de la cúpula y de la superestructura, me puse a estudiar. Reuní todas la información que pude recoger: todo, desde la prensa oficial, a notas encontradas en la internet, es decir informaciones que se conocen.

O sea, hizo un trabajo de intelligence.
Efectivamente, hice un trabajo de intelligence. Gathering, como dicen los estadounidenses: recolecté todas las informaciones posibles, sobre todo de la prensa estadounidense. No tengo fuentes originales, no tengo relaciones con ningún servicio secreto; pero sé bien como funcionan, porque siempre los he estudiado con atención. En el libro se encontrarán algunos ejemplos. He seguido revisando mientras se anuncia una edición en inglés. Mis conclusiones son las siguientes: jamás sabremos la verdad sobre el 11 de septiembre. Ni yo, ni usted. Es una verdad que nadie puede esperar, porque nadie puede revelar, puesto que si alguien tratara de decir algo, sería asesinado en cualquier parte donde se encuentre. Jamás sabremos esta verdad, como escribió Noam Chomsky. Desde febrero o marzo de 2002 se podía decir que la versión que se dio del 11 de septiembre era una reconstrucción totalmente falsa e inconsistente. Esto sí se puede decir. Cada uno de los ladrillos que mostraron construía la tesis: el fundamentalismo islámico: Osama ben Laden, los 19 terroristas, etc. El análisis serio de los hechos demuestra que esta teoría no tiene pies ni cabeza, y era un hecho que en la cúpula de la administración estadounidense había personas que sabían poco o mucho, pero sabían. En los últimos días se ha comprobado que la versión que entregaron es falsa. Si tú primero dices que la versión es A y que A es diferente a B, y luego dices que en realidad es también B, quiere decir que estás mintiendo, como ha hecho Condolezza Ryce. ¿Y por qué tienes que mentir? Si mientes, quiere decir que estás escondiendo algo, y si escondes algo quiere decir que estás en conocimiento de la versión verdadera, que es diferente a la que has dado antes. Claro, no es mucha gente que cuestiona la versión oficial. Muy poca en el mundo, no más de 20 personas, entre ellos Noam Chomsky.

…y Giulietto Chiesa.

Y apenas dices esto, inmediatamente te desacreditan y te apuntan con el dedo como “antiamericano”. El truco es muy claro: cerrar la discusión antes que empiece. Pero de todas maneras mi libro, aunque casi no ha tenido comentarios, en Italia vendió más de 80.000 ejemplares.

¿Ni siquiera La Stampa, donde ested trabaja, lo reseñó?
Ni siquiera La Stampa. Personalmente le dije al director: “Mira, es vergonzoso que no hagan una reseña del libro de uno de vuestros periodistas”. Me contestó que lo había dado a tres colegas para que hicieran una crítica, pero que ninguno la hizo. ¿Por qué?, se preguntará. Simplemente porque es un texto que no se puede demoler. Porque si lo demueles, destruyes a la prensa estadounidense, puesto que es mi fuente principal y pones también en evidencia al gobierno estadounidense, porque se demuestra que ha mentido.

Y eso no se puede hacer.

No, no se puede hacer. Por lo tanto la única solución es el silencio. Sin embargo, la gente no es estúpida y esta sociedad en que vivimos es complicada. Así que, como la información es una mercancía, una buena información puede ser buena mercancía. Y se vende. Piense que dos años después de haber sido publicado, mi libro se sigue vendiendo porque, lo digo sin falsa modestia: nadie más que yo ha publicado esta interpretación. Soy el único. No hice hipótesis, construí un análisis lógico. Por lo tanto hice una reconstrucción de los hechos a partir, claro, de los pocos datos disponibles, pero siempre es una reconstrucción. Imagínese que incluso ahora una joven medievalista está pronta a terminar un libro que tendrá como título, en inglés, Like a new Pearl Harbour (Semejante a un nuevo Pearl Harbour), que es prácticamente la continuación de La guerra infinita.

Es decir…
Es una docente recién titulada en la Universidad de Génova. Usa la misma metodología que utilizo yo: trabajo de investigación. Yo escribí La guerra infinita durante los primeros meses de 2002 y ella ha continuado recogiendo material en estos dos años y medio, en los que han pasado muchas cosas, por ejemplo la guerra iraquí. Como es medievalista está sabe usar una metodología de investigación: ha recolectado todo lo que se ha publicado en los Estados Unidos después del 11 de septiembre. Es un libro con cuatro capítulos y cada uno de ellos está dedicado a los cuatro aviones que participaron en los atentados. Reconstruye todo: los tiempos, el lapso de reacción de la defensa estadounidense, el lugar de donde llegaron los protagonistas. Cada una de sus descripciones es fantástica.

¿Cuál es la tesis de ese libro?
No tiene una tesis preconstituida, pero demuestra la falsedad de la explicación que dieron. Leí su texto con mucha atención y me siento muy feliz de que el último capítulo de la versión inglesa de mi libro sea la introducción del suyo. En ese capítulo explico como funcionan estas operaciones transversales que realizan los servicios secretos: todo funciona a un nivel que no debe ser descubierto. Ni una palabra, ningún un pago debe aparecer. Nadie firma, todo funciona a través de escalas intermedias, donde nadie sabe que pasa en el otro nivel.

Como la mafia, o como los narcos colombianos, donde nunca nadie firma nada.
Exacto, solo que a niveles mucho más importantes. Porque no se trata solamente de transacciones militares, sino de estudios de estrategia propiamente tales. Hay especialistas en el análisis de documentos, que conocen en detalle los asuntos relacionados con la defensa militar. Lo ocurrido el 11 de septiembre, no fue un one shot, un solo golpe, puesto que cuando se preparan con mucha anticipación operaciones de este calibre, no pueden quedar huellas. En general, estas operaciones se preparan con mucha anticipación, con años incluso. Porque son personas que proyectan toda la estrategia del planeta y que tienen tal poder que pueden darse el lujo de proyectar el futuro. Son los únicos que lo hacen. Se organizan muchos proyectos a la vez. Mi teoría es que el desarrollo de una acción terrorista se programa con tiempo.

¿Puede inferirse que se sabía también del atentado madrileño?

Sin duda: Madrid fue una operación planificada y organizada con tiempo.

Por lo tanto, es imposible que los servicios secretos no supieran.

Desde luego que algunos sectores de los servicios secretos sabían. Pero recuerde que hablamos de una cúpula internacional que se infiltra de modo muy eficaz. He tratado de explicarlo en el libro: el mecanismo funciona solamente si todos los “esclavitos” que se usan, se convencen que actúan en su propio interés, o en el interés del Estado al que sirven.

Se trata de una infiltración planetaria muy eficaz.

Absolutamente eficaz, pero que en determinado momento se anula. Lo explico con un ejemplo concreto: me refiero a los agentes del FBI que seguían a los kamikaze. Era gente honesta, que hacía un trabajo en el que creía, gente que canta la Canción Nacional estadounidense con una mano en el corazón, personas con pasaporte estadounidense que se dan cuenta que tienen que investigar a un terrorista potencial. Bien, ellos preparan un dossier en el que explican todo: se sabe todo del terrorista, de dónde le llegó el dinero, el lugar en que lo recibió. Se sabe que preparan algo serio. Lo informan a sus superiores… y el dossier desaparece. Una, dos tres veces, siempre el dossier desaparece. ¿Qué quiere decir? Que estos agentes habían llegado a un punto crucial, sólo que a otro nivel alguien se encarga de desvirtuar sus informaciones. Es decir, si llega un estúpido agente del FBI con una infirmación, un descubrimiento importante, sabes que tienes que esconder esa información, porque de otro modo la operación no podrá seguir. En el libro publico un documento del agente Dave Coppeland que se refiere a otra circunstancia, la de los rehenes estadounidenses en la embajada de Teherán; allí explica como funcionan los servicios secretos en estas operaciones. Es terrible, y la gente común no logra entenderlo.

¿Qué habría que entender?

Casi todo. Por ejemplo, en el caso del homicidio de Kennedy han sido asesinadas 22 personas: todos los testigos. En el caso de las Torres Gemelas no ha sido hasta ahora necesario asesinar a nadie, porque nadie cree en otra versión: es demasiado monstruosa la idea de que alguien, que no fuesen fanáticos fundamentalistas, hubiese sido capaz de organizar esto. El secreto de estas operaciones es que la opinión pública no puede concebir una monstruosidad de este tipo. Porque uno puede creer en un fanático, o en un ataque de locura; por ejemplo que un loco saque una pistola y se ponga a disparar, porque la locura es parte del hombre, pero que haya una mente que proyecte asesinar fríamente de una vez a 4.000 personas por razones políticas es algo que no se puede creer. Por lo tanto, esta verdad no será aceptada nunca por las masas populares. En esto consiste el truco. Todos estarán horrorizados, pero nadie podrá entender cuál es la explicación real, porque todos rechazarán otra hipótesis que no sea la locura. El teorema es: Osama Ben Laden es un fanático y los 19 kamikazes son 19 locos, por lo tanto solamente ellos pudieron hacer una cosa de este tipo. Lo que es exactamente contrario a la verdad.

Pero es lo que toda la gente cree, porque es lo que toda la prensa escribe.

Absolutamente, por dos razones: en primer lugar porque la mayor parte de los periodistas hoy día son unos ignorantes y porque todo el sistema de la información forma parte del poder. Ya no existe el Cuarto Poder de la prensa, ésta ha pasado a formar parte del poder a secas. En Italia es un fenómeno evidente. En Estados Unidos se advierte menos, pero existe: las fuentes de información más importantes son oficiales. Un diario como el New York Times escribe informaciones oficiales, del establishment. Además lo hacepara el establishment y no para la gente.

¿A su juicio, este famoso Cuarto Poder existió alguna vez?

Sí, pero cada vez se advierte menos. Siempre el Cuarto Poder ha vivido una vida difícil; siempre la información ha sido parte del poder, aunque existía una dialéctica, había “libre competencia”, entre los partidos, entre las fuerzas sociales que se combatían, y allí emergían espacios de verdad. En consecuencia la prensa ejercía una función de control indirecto sobre el sistema de poder, precisamente porque existía esta libre competencia. Pero en la actualidad vivimos otra época, en la que la televisión e internet son todo.

Además en Italia el Primer Ministro es propietario del principal grupo de medios de comunicación.

Exacto, en televisión es más evidente, pero no es un problema sólo italiano. Veamos, por ejemplo, a la CNN. La reina de las televisoras es un organismo más del gobierno de EEUU. La CNN produce su ideología en todo sentido. No se trata de que esté a disposición del Departamento de Estado, aunque a veces también lo está, pero sobre todo es un vehículo propagandístico que actúa según los intereses de EEUU. No estamos hablando de cuarto poder, sino de Poder a secas.

La BBC británica por lo menos se salva…
Es verdad. Por lo general, no siempre; pero muchas veces la BBC expresa un grado de autonomía interesante. Claro, recordemos que Gran Bretaña ya no es una potencia imperial y que, por lo tanto, la BBC puede darse el lujo de contradecir al poder, aunque luego tenga que pagar por ello. Pero volvamos a la razón por la que los periodistas caen en estas trampas. En primer lugar, porque a veces son unos verd aderos cretinos, y los que no lo son suelen ser deshonestos; y, en último término, porque forman parte de una estructura que no tienen ningún interés en develar la verdad. Además si por casualidad a alguien se le ocurre decir la verdad, se le margina.

Pero Ud. es uno de los que dicen la verdad y frecuentemente aparece en los programas de información más importantes de la televisión italiana.

Tiene Ud. razón, pero yo soy un poco la excepción a la regla. Soy un periodista maduro que no puede ser acusado de incompetente. Además entrego una versión diferente, dialéctica, que puede ser rechazada pero no demolida y que, en definitiva, sirve: es útil que aparezca de vez en cuando. En realidad yo les sirvo como prueba de pluralismo. Pero los periodistas jóvenes no pueden darse ese lujo, porque los asesinan. Claro, no físicamente, pero sí los castran intelectualmente. Por lo tanto desde jóvenes aprenden que no pueden decir la verdad, ya que toda su carrera profesional depende de esta suerte de obligación de no decir la verdad. Si tienes intuición, tienes que esperar a ser viejo para poder decir lo que quieras. O puedes escribir un libro y llegar a ser famoso. En realidad, como dice Noam Chomsky, el mecanismo informativo es básicamente falsificador.

Hablemos un poco del fenómeno televisivo, ya que en Chile habrá elecciones en los próximos meses y se da un fenómeno observado también en Italia: los dirigentes políticos prefieren ser invitados a los programas de variedades y no a los de debate.

Hay un estupendo libro de Gore Vidal que se llama La Edad del Oro en el que habla sobre la aparición de la televisión en la sociedad estadounidense. A principios de los años 50, dos senadores conversan mientras ven que se monta el engranaje televisivo; uno de ellos le dice al otro “Dios salve a los feos”. Estupenda frase, porque es así: la televisión se convierte en el elemento principal de la política y le dicta sus reglas. Y como es esencialmente entretención, ficción, no es necesario profundizar nada. En los telediarios sucede una cosa extraña, es más difícil que te engañen, no es imposible la manipulación, pero es más difícil porque cuando se mira una noticia, hay una atención especial, se trata de entender lo que pasa. Tu cabeza está consciente de que debe estar atenta. Pero en un programa de entretención no pasa eso. Uno está relajado, se ha sacado los zapatos, se ha puesto pantuflas, está cómodo y por ende la vigilancia baja a niveles mínimos y es ahí cuando pasan los mensajes que la clase política quiere que se entreguen. Los verdaderos mensajes pasan en el 95% de los espectáculos que se ven: las personas miran y, sin darse cuenta, absorben los valores que se les quiere imponer.

Riqueza, belleza…
Claro, la publicidad se ha convertido en una religión: lo importante es ser lindos, ricos. En el caso de los hombres, tener mujeres elegantes y hermosas a su lado. Se entiende por qué, por ejemplo, el señor Berlusconi desapareció durante más de un mes de la escena política, porque se tenía que hacer un lifting. Esto era más importante que la actividad de gobierno. Y cuando volvió la discusión no fue sobre las cosas que había que hacer, sino sobre como se veía y sobre sus caracerísticas y habilidades: simpático, astuto, ladrón.

¿Ladrón?
Sí, perfectamente. Ser ladrón aparece como una cualidad, quiere decir que eres capaz de hacer cosas. Es este el mecanismo que actúa sobre las masas populares que no tienen ningún instrumento para defenderse, porque no conocen el lenguaje de la televisión. En este sentido son analfabetas. En Estados Unidos, como ha recordado Michael Moore, el mecanismo es evidente: las 50 millones de personas que viven en ese país bajo los niveles mínimos de supervivencia están convencidas de que todo lo que ven en televisión puede llegar a ser suyo si son hábiles, emprendedores, capaces, individualistas, feroces. Solamente así podrán tener éxito. ¿Que no lo tienes? No importa, espera y mañana lo podrás obtener. Moore dijo algo que le cae como anillo al dedo a este engaño colectivo: “Te ponen una zanahoria delante de la nariz, tan cerca que hasta sientes el olor. Cuando la hueles, te convences de que esa zanahoria puede ser tuya, no un pedacito, sino toda… y que mañana puedes ser propietario de toda la zanahoria”.

Por lo tanto, es la televisión y no la lucha de clases la que ha cambiado las prioridades.

Este mecanismo es espantoso, porque es invencible y global. Imagínese que incluso en las áreas más pobres de Bombay o de Río de Janeiro, y probablemente también de Santiago, hay quienes no tienen ni agua, nada, pero sí televisión, ya que roban la electricidad de los postes de alta tensión. El deseo y las expectativas son tan atractivas y se ven tan al alcance de la mano, que los pobres están convencidos que lograrán tener lo que ven en la televisión. Por lo tanto, no es verdad que si eres pobre, necesariamente tienes que razonar como pobre. Puedes ser pobre y votar por los ricos, porque piensas que mañana tú también serás rico. Y esto ha cambiado totalmente la escala de prioridades y valores. Ya no existe conciencia de pertenecer a una clase social y por eso no es exagerado decir que las clases sociales han sido demolidas. Simplemente se les niega la conciencia.

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Corresponsal en Italia de Noticias Arcoiris en castellano.
Una versión de este reportaje se puede leer en las ediciones gráfica y electrónica de>a href=”http://www.elperiodista.cl”_blank”>www.elperiodista.cl>/a>

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