Sep 30 2006
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Política

Ha llegado la hora – TERRORISMO POÉTICO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Instala placas conmemorativas de latón en lugares públicos o privados en los que has experimentado una revelación o has tenido una experiencia sexual particularmente gratificante, etc.

fotoVe desnudo como un signo.

Convoca una huelga en tu escuela o lugar de trabajo sobre las bases de que no satisfacen tus necesidades de indolencia y belleza espiritual.

El arte del graffiti prestó cierta gracia a los laidos subterráneos del metro y a los rígidos monumentos públicos; el Terrorismo Poético (TP) también puede ser creado para lugares públicos: poemas garabateados en los lavabos del juzgado, pequeños fetiches abandonados en parques y restaurantes, arte en fotocopias bajo el limpiaparabrisas de los coches estacionados, consignas en grandes caracteres pegadas por las paredes de los patios de recreo, cartas anónimas enviadas a destinatarios conocidos o al azar –fraude postal–, retransmisiones piratas de radio, cemento fresco…

La reacción o el choque estético provocados por el TP en la audiencia han de ser al menos tan intensos como la agitación propia del terror –asco penetrante, excitación sexual, asombro supersticioso, angustia dadaísta, una ruptura intuitiva repentina– no importa si el TP va dirigido a una sola o a muchas personas, no importa si está “firmado” o es anónimo. Si no transforma la vida de alguien –aparte de la del artista– es que no funciona.

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El TP es un acto en un teatro de la crueldad que no tiene ni escenario, ni filas de asientos, ni localidad, ni paredes. Con objeto de que funcione en absoluto, el TP debe desvincularse categóricamente de toda estructura convencional del consumo de arte –galerías, publicaciones, medios–. Incluso las tácticas de guerrilla situacionista del teatro callejero resultan ya demasiado conocidas y previsibles.

Una seducción exquisita –conducida no sólo por la causa de la mutua satisfacción, sino también como acto consciente en una vida deliberadamente bella– puede ser el TP definitivo. El terrorista poético se comporta como un estafador cuyo objetivo no es el dinero sino el cambio.

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No hagas TP para otros artistas, hazlo para gente que no repare –al menos en un primer momento– en que lo que has hecho es arte. Evita las categorías artísticas reconocibles, evita la política, no te quedes a discutir, no seas sentimental; se implacable, arriésgate, practica el vandalismo sólo en lo que ha de ser desfigurado, haz algo que los niños puedan recordar toda la vida. Pero no seas espontáneo a menos que la musa del TP te posea.

Vístete. Deja un nombre falso. Se legendario. El mejor TP está contra la ley, pero que no te pillen. Arte como crimen; crimen como arte.

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* Seudónimo de Peter Lamborn Wilson (Nueva York, EEUU, 1945). Ensayista y poeta anarquista –creador de la corriente del anarquismo ontológico–.

En: www.traidores.org/caos.

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