May 26 2006
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Sociedad

Ha llegado una carta – LA MISIVA DE CARLOS ANDRÉS PÉREZ

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Asunto: Del despacho de CAP
Despacho del Ex-Presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez

Miami 11 de mayo de 2006

SE Doctora Michelle Bachelet Jeria

Presidenta de la República de Chile

Palacio de La Moneda

Santiago de Chile.

Estimada Señora Presidenta y amiga:

Primero que todo quiero desearle el mayor de los éxitos en el ejercicio del mandato que le ha confiado su muy querido país, que gracias al liderazgo de sus distinguidos predecesores se ha convertido en la nación moderna y democrática que todos admiramos. Créame que hubiese deseado que el motivo para dirigirme hoy a usted fuese solo con este propósito, pero su declaración urgiendo a que no se “demonice a gobiernos latinoamericanos (Bolivia y Venezuela) que buscan eliminar las desigualdades y erradicar la pobreza”, me obligan a situar su consideración en su perspectiva real, muy alejada de las prácticas de la Guerra Fría, como usted también indica, sino mas bien claramente inscrita en el proceso terminal actual de la libertad y la democracia en Venezuela.

Como latinoamericano que he tenido el privilegio de presidir en dos oportunidades el gobierno de mi país, y de haber sido un activo defensor y promotor de la democracia y la libertad en nuestros países, incluyendo de manera especial el suyo, me siento obligado a comentarle su declaración que ha sido aprovechada por el Teniente Coronel Chávez, intentando hacerla aparecer a usted como su defensora, a pesar de su advertencia de que la búsqueda de soluciones “debe ir de la mano del fortalecimiento de la democracia”.

Con todo el respeto que usted merece quiero destacarle que no se trata de demonizar al Teniente Coronel Chávez como usted lo sugiere. Por el contrario son mis compatriotas los que están siendo demonizados por el régimen. En este sentido el reciente Informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre Venezuela no puede ser mas elocuente al señalar la existencia de “acciones discriminatorias dirigidas a intimidar, hostigar y estigmatizar a personas u organizaciones que se pronuncian en disenso de las políticas o funcionarios del gobierno, o de aquellos que se pronunciaron por la destitución del Presidente Chávez en el referéndum revocatorio”.

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Estas acciones son posibles gracias a la llamada Lista Tascón que contiene las firmas de las personas que suscribieron la solicitud para convocar al referendo revocatorio, y la Lista Maisanta que contiene el registro de la decisión política de los 12 millones de electores, junto con datos específicos de su filiación ideológica, así como de sus participaciones en actividades políticas. Estas listas son el instrumento de persecución más aberrante de la vida política venezolana de todos los tiempos, y que a pesar de haber sido denunciadas por las Misiones de Observación Electoral de la Unión Europea y de la OEA ningún gobierno latinoamericano ha levantado la voz ante semejante perversión.

Señora Presidenta, a pesar de lo que usted asevera, los venezolanos si (sic) tenemos muy serios temores y tenemos razones para ello. Vivir bajo un régimen todopoderoso que utiliza prácticas similares al oprobioso apartheid y en donde, para darle un sencillo ejemplo, las elecciones se realizan bajo la custodia de efectivos militares armados que dan la impresión de llevar a la gente a votar como si fueran al cadalso, hecho que fue recogido en los informes presentados por los observadores electorales de la Unión Europea, no es algo sencillo de aceptar mansamente.

Esta es la realidad que los venezolanos venimos intentando hacer entender a la comunidad internacional, de que no basta con haber sido elegido democráticamente, si luego no se gobierna democráticamente. Lamentablemente el origen legitimo de la primera elección del Teniente Coronel Chávez, combinado con los excepcionales recursos de la bonanza petrolera, le han servido al régimen para lograr solidaridades, cuando no silencio e incondicionalidad. De la misma manera para profundizar un proceso de control absoluto de todos los poderes del Estado y de las Fuerzas Armadas. Son las Fuerzas Armadas –hoy como ayer en Chile las que tienen libre acceso al tesoro nacional– las que gobiernan y sustentan al régimen; y no necesito explicarle a usted lo que esto significó en su momento para su pueblo. Señora Presidenta, permítame que le exprese igualmente el pesar que me produce constatar que muchos países, llamados hermanos, han enmudecido, olvidando la solidaridad que durante cuarenta años en los ocho gobiernos democráticos previos al de Chávez tuvo Venezuela con ellos cuando su libertad o sus economías lo requerían –y sin exigir nunca ventajas o compromisos.

Creo no exagerar al afirmar que ningún país tuvo en la segunda parte del siglo XX una actuación más decidida y diligente en la defensa y promoción de las libertades en América Latina que el mío. Imagínese usted Señora Presidenta que en los años de la cruel dictadura de Pinochet hubiésemos solicitado a la comunidad internacional que no demonizaran al General Pinochet porque el dictador estaba trabajando en crearle a Chile una economía abierta y próspera –sin aclarar que era a costa de los derechos humanos de los chilenos.

Nosotros como demócratas hicimos todo lo contrario. Predicamos y condenamos la dictadura en todos los foros internacionales y cooperamos de manera decidida y abierta con todos los demócratas chilenos que pudimos; hasta tal punto que hoy en día en Venezuela existen generaciones de chilenos que han nacido y han crecido en nuestro territorio. Eso forma parte del capital moral, político y personal, que hoy, sin ninguna carga de conciencia frente a Chile, me permite dirigirme a usted en estos términos.

Qué importante, mi muy distinguida y respetada Señora Presidenta, sería para Venezuela que gobernantes de países democráticos como el suyo levantaran también su voz para que no se sigan desconociendo los principios contenidos en la Carta Democrática Interamericana, que parecen no tener validez frente a un país como el nuestro blindado por su excepcional riqueza.

Aprovecho para saludarla con toda cordialidad y deferencia,

(Firma del señor Pérez).

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Adenda

Debe haber sido tristísimo para la presidenta de Chile recibir semejante misiva; casi un emplazamiento, casi una exigencia. En todo caso una muestra de dudoso buen gusto.
Salvo algún diario caraqueño –el 18 de mayo– la carta en cuestión no ha tenido publicidad. Menos mal. Probablemente tampoco haya tenido respuesta.
No obstante, la nota permite atisbar las presiones que se ejercen –seguro no todas tan amistosas– desde distintas direcciones para aislar al gobierno de Hugo Chávez de sus pares en el continente.
Lo dicho no constituye una defensa del dirigente bolivariano: serán sus compatriotas los encargados de juzgar su trabajo en Miraflores.

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