Ene 28 2008
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Cultura

HACIA DÓNDE HUIMOS / PARA ONDE ESTAMOS FUGINDO?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

No agronegócio se utilizam promotores químicos de crescimento para encurtar o tempo e lucrar mais. A internet é de altíssima fluidez e sem cabos, pois, para ganhar tempo, tudo é feito via satélite E a aceleração atingiu especialmente as bolsas. Quanto mais rapidamente se transferem capitais de um mercado para outro, acompanhando o fuso horário, mais se pode ganhar. Como nunca antes “tempo é dinheiro”.

Logicamente, em todo esse processo há um elemento libertador pois o tempo foi, em grande parte, vivenciado como servidão. Não podemos detê-lo. Por outro lado produz um impacto sobre a natureza que possui seus tempos e ciclos. O impacto não é menor sobre as mentes das pessoas que se sentem atordoadas, particularmente as mais idosas, perdendo os parâmetros de orientação e de análise daquilo que está ocorrendo no mundo e com elas mesmas.

Vale a pena essa irrefreável corrida?
Para onde estamos fugindo?

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Ai daqueles que não se adaptam aos tempos. Em termos de trabalho são ejetados do mercado pois suas habilidades ficaram obsoletas. Os que se resignam, perdem o ritmo do tempo e são considerados preconcemente envelhecidos ou simplesmente retardatários. Isso pode ocorrer com países inteiros que não incorporam os avanços da tecno-ciência. Todos são obrigados rapidamente a se modernizar e a ser emergentes.

Para onde nos levará essa corrida contra o tempo? Ele sempre nos ganha pois não podemos congelá-lo. Ele simplesmente passa devagar ou acelerado como nos grandes túneis de aceleração de partículas.

Mas importa considerar que há tempos e tempos. O tempo natural do crescimento de uma árvore gigante pode demorar 50 anos. O tempo tecnológico de sua derrubada com a motoserra pode durar apenas 5 minutos. Quanto tempo precisamos para crescer em maturidade, sabedoria e conquistar o próprio coração? Às vezes uma vida inteira de 80 anos é curta demais.

O tempo interior não obedece ao tempo do relógio. Precisamos de tempo para trabalhar nossos conflitos interiores que às vezes nos obrigam a parar.

Uma reflexão do mestre zen Chuang-Tzu de 2.500 anos atrás nos parece muito inspiradora. Ele conta que havia um homem que ficava tão perturbado ao contemplar sua sombra e tão mal-humorado com suas próprias pegadas que achou melhor livrar-se de ambas. O método foi da fuga, tanto de uma quanto de outra. Levantou-se e pôs-se a correr. Mas sempre que colocava o pé no chão aparecia a pegada e a sombra o acompanhava sem a menor dificuldade.

Atribuiu o seu erro ao fato de que não estava correndo como devia. Então pôs-se a correr velozmente e sem parar, até que caiu morto por terra. O erro dele, comenta o Mestre, foi o de não ter percebido que, se apenas pisasse num lugar sombrio, a sua sombra desapareceria e caso ficasse parado, não apareceriam mais suas pegadas.

Não é isso que hoje se impõe fazer? Dar uma parada? Aqui reside o segredo da felicidade e da ansiada paz interior.

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HACIA DÓNDE HUIMOS

Una de las principales características del momento actual es la aceleración del tiempo. El espacio terrestre prácticamente lo hemos conquistado todo, pero el tiempo continúa siendo el gran desafío. ¿Podremos dominarlo?

La carrera contra él se da en todas las esferas, comenzando por el
deporte. En cada olimpiada se busca superar todos los tiempos
anteriores, especialmente en la clásica carrera de los cien metros.

Los automóviles deben ser cada vez más veloces, los aviones y las naves
espaciales tienen que superar la velocidad de la generación anterior.

En el agronegocio se utilizan abonos químicos de crecimiento para
acortar el tiempo y aumentar el lucro. Internet funciona a altísima
velocidad, y sin cables, pues, para ganar tiempo, todo se hace vía
satélite.

La aceleración ha alcanzado especialmente a las bolsas.
Cuanto más rápidamente se transfieren capitales de un mercado a otro,
teniendo en cuenta el huso horario, más se puede ganar. Más que nunca
antes, “el tiempo es oro”.

Ciertamente, en todo este proceso hay un elemento liberador, pues el
tiempo fue en gran parte vivenciado como una servidumbre. No podemos
detenerlo. Por otro lado produce un impacto sobre la naturaleza, que
tiene sus tempos y sus ciclos.

El impacto no es menor sobre las mentes
de las personas, que se sienten confundidas, particularmente las de más
edad, que pierden los parámetros de orientación y de análisis de lo que
está ocurriendo en el mundo y consigo mismas.

¿Vale la pena esta carrera imparable?
¿Hacia dónde estamos huyendo?

¡Y ay de aquellos que no se adaptan a los tiempos! En el trabajo, son
expulsados del mercado, pues sus habilidades quedan obsoletas. Los que
no se actualizan, pierden el ritmo del tiempo, y son considerados
precozmente envejecidos, o simplemente atrasados.

Lo cual puede ocurrir
incluso con países enteros, los que no incorporan los avances de la
tecnociencia. Todos están obligados a modernizarse rápidamente y a ser
países emergentes.

¿A donde nos llevará esta carrera contra el tiempo? Éste siempre nos
gana, pues no podemos congelarlo. Simplemente pasa, despacio o
acelerado, como en los grandes túneles de aceleración de partículas.

Pero es importante considerar que hay tiempos y tempos. El tiempo
natural de crecimiento de un árbol gigante puede demorar 50 años. El
tiempo tecnológico para derribarlo con la motosierra dura sólo 5
minutos. ¿Cuánto tiempo necesitamos para crecer en madurez, en
sabiduría, y para conquistar el propio corazón? A veces una vida entera
de 80 años es demasiado corta…

El tiempo interior no obedece al
tiempo del reloj. Necesitamos tiempo para trabajar nuestros conflictos
interiores; a veces, esos conflictos nos obligan incluso a detenernos.

Una reflexión del maestro zen Chuang-Tzu, de hace 2.500 años, nos parece
muy inspiradora. Cuenta que había una persona que quedaba tan
perturbada al contemplar su sombra y tan malhumorada con sus propias
huellas, que pensó que era mejor librarse de ambas cosas. Utilizó el
método de la fuga, tanto de una como de las otras. Se levantó y se puso
a correr, pero siempre que ponía su pie en la tierra aparecía la huella,
y la sombra lo seguía sin la menor dificultad.

Atribuyó su error a que no estaba corriendo como debía. Entonces se
puso a correr más velozmente, y sin parar… hasta que cayó muerto. Su
error, comenta el maestro, fue no haberse dado cuenta de que sólo con
pisar en un lugar sombrío, su sombra hubiera desaparecido, y que si se
hubiera quedado quieto, ya no habría habido más huellas que le siguieran…

¿No es eso lo que se impone hacer hoy? ¿Hacer una parada? Ahí está el
secreto de la felicidad y de la ansiada paz interior.

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* Teólogo, escritor.
Un despacho de http://alainet.org.

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