Feb 28 2005
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Economía

Haití a un año de la ocupación franco-americana

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

A un año de la invasión franco-estadounidense, que expulsó del gobierno al presidente Jean Bertrand Aristide, Haití se hunde en el caos y la pobreza, entre la parafernalia de 6.200 efectivos de ocupación legitimados como “Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití” (MINUSTAH), que incluye también otras tropas americanas, como Brasil (1.200 hombres) y Chile (900).

Cuatro militares brasileños resultaron heridos en enfrentamientos registrados la última semana de febrero en Bel Air, una de las barriadas más pobres de Puerto Príncipe, informó desde Brasilia la agencia de noticias AFP, citando al servicio de prensa del ejército francés. Otras fuentes indican que a mediados de febrero hubo por lo menos doce muertos en ese mismo sector de la capital.

Las miserables condiciones de vida de la población no mejoraron un ápice en un año de “reconstrucción”. El hambre también gatilla a la inseguridad como problema principal, mientras los derechos humanos son violados cotidianamente por los ex miembros de las bandas armadas que patrocinó EEUU para desestabilizar a Aristide y que ahora integran y controlan la policía.

Las violaciones y abusos contra el ser humano hoy parecen legítimos, bajo el remedo de gobierno del presidente provisional Boniface Alexandre y del primer ministro Gérard Latortue. La imagen de la niña asesinada el 10 de febrero en el curso de un operativo de las policía y las fuerzas ocupantes (foto de apertura) lo dice todo.

Hasta los partidarios del nuevo poder reprochan la intervención de la llamada comunidad internacional. “En Haití, cuánto más cambian las cosas, más siguen siendo iguales”, resumió desde el anonimato un abogado allegado al gobierno consultado por La Voz de Galicia. El jefe de la Minustah, el chileno Juan Gabriel Valdés, reclamó a la agencia EFE porque todavía no llega los aportes financieros acordados para la reconstrucción del país.

De 1.080 millones de dólares comprometidos en la Conferencia de Donantes de Wáshington llegaron sólo 90 millones, asignados en un 50 por ciento a la preparación de elecciones para el último trimestre del año. Valdés cree que será oído en una reunión de varios países convocada por Francia para el 18 de marzo en Cayena, la capital de su colonia, la Guayana Francesa.

Ecuación simple

Las bandas paramilitares que desestabilizaron al gobierno de Aristide fueron armadas por EE.UU. con dólares de la National Endowment Development (NED), un fondo del gobierno destinado a “promover la democracia”. Una vez que Naciones Unidas legitimó la invasión franco-estadounidense de la madrugada del bisiesto 29 de febrero del 2004, la Minustah fue incapaz de desarmar a las bandas que, por lo demás, el nuevo gobierno integró mayoritariamente a la policía, reforzada también con ex militares golpistas enemigos del ex sacerdote Aristide.

El objetivo principal de estas fuerzas combinadas -policía, ex militares más bandas armadas- es destruir al Fanmi Lavalas, el partido del derrocado presidente. En la última semana de octubre aparecieron en las calles 14 cadáveres de jóvenes activistas de Lavalas. Los excesos de poder y las violaciones de los derechos humanos forman parte de la vida cotidiana en los suburbios pobres de Cité Soleil y Bel Air de Puerto Príncipe, la capital.

Por ejemplo, el jueves 10 de febrero 12 personas fueron muertas en las callejas pro-Aristide de Bel Air. El día viernes los trabajadores de la morgue dijeron a la agencia de noticias británica Reuters que recibieron cinco cuerpos después de una incursión de policías encapuchados que buscaban a partidarios de Lavalas. Los habitantes de Bel Air dijeron que por lo menos ese jueves fueron asesinado 12 vecinos, mientras que un corresponsal de la misma agencia reportó haber visto seis cuerpos tendidos en la vía pública, incluyendo a dos mujeres.

“Hubo un tiroteo de policías encapuchados de uniforme negro y cuadrillas armadas que vinieron a matar”, le dijo a Reuters un residente del área de Sans Fil, que confina los tugurios sin ley de Bel Air, mientras su mano enseñaba otros dos cadáveres. Las matanzas tensionan el ambiente desde hace varios meses, mientras la policía asesina impunemente a los partidarios de Aristide que residen en las barriadas más empobrecidas.

La Coalición Nacional por los Derechos Humanos de EEUU informó que entre el primero de septiembre y el 26 de octubre fueron asesinadas 170 personas y otras 241 resultaron heridas, preferentemente en Cité Soleil y Bel Air. Por lo menos 200 personas han muerto desde septiembre 2004, según el balance de las agencias internacionales de noticias, mientras decenas han sido arrestadas en las incursiones de la policía a los tugurios arenosos de Puerto Príncipe, con ayuda de tropas brasileñas de la “fuerza de paz” de Naciones Unidas.

Desde que Aristide fue depuesto y expulsado del país por franceses y estadounidenses el 29 de febrero, el gobierno no cesa de atribuir la violencia al partido Lavalas.

Lavalas acusa

Mientras la policía y las cuadrillas de la ONU azotan los tugurios, los soldados desempleados que condujeron la sanguinaria rebelión armada contra Aristide ahora exigen su reincorporación al Ejército y el pago de 10 años de “salarios atrasados”.

La única ayuda material que recibe el país más empobrecido de América consiste en la costosa presencia de las tropas extranjeras y unos pocos dólares para preparar unas elecciones todavía sin fecha. No hay esperanzas para Haití, que fue despojado de su gobierno legítimo bajo la promesa de la “reconstrucción”.

Tropas brasileñas y de Sri Lanka -Asia contribuye a la “paz” haitiana- utilizaron vehículos armados para bloquear con sus armas de asalto un desfile que pretendieron efectuar el jueves 10 de febrero ex soldados y miembros de las bandas armadas que reclaman su incorporación al Ejército.

Aquellos hombres que antes el primer ministro Latortue llamaba “combatientes de la libertad”, son calificados ahora por el gobierno de “traidores”. Por su parte, los afectados también reclaman: “Latortue ha vendido el país a los extranjeros.

Él prefiere a militares extranjeros al ejército de Haití que creó esta nación”, dijo uno de sus líderes, Remissainthe Ravix, citado por Reuters. “Nunca entregaremos nuestras armas; moriríamos sin ellas”.

foto
En sus incursiones en Cité Soleil y Bel Air la policía suele utilizar niños como escudos (ver imagen). Las balaceras siegan con frecuencia las vidas de los menores que se hallan en las calles. Pero en Haití no hay a quien reclamarle. Las organizaciones de derechos humanos imploran al gobierno que la policía sea más profesional y evite las muertes de civiles inocentes. Y lo que ocurre en la capital también se repite en ciudades importantes como Cabo Haití.

Una evasión forzada

En Haití son frecuentes los episodios de violencia. La ocupación resulta impotente para controlar el caos, al igual que en Iraq. En la tarde del sábado 19 de febrero, tres camionetas con hombres armados irrumpieron en la penitenciaría de Puerto Príncipe, presumiblemente para liberar a algunos narcotraficantes, que también formaron parte de las bandas anti-Aristide.

“Mataron a un guardia e hirieron a otro y todos los presos que estaban en los patios en ese momento salieron para protegerse o evadirse”, explicó el embajador de Chile Marcel Young en el vespertino santiaguino La Segunda del 22 de febrero. Escaparon 481 presos de una población penal de 1.250, dijo a la agencia AP el canciller haitiano Herrad Abraham.

El detalle es que entre los reclusos que huyeron de la balacera se encontraban dos ex colaboradores de Arístide, el ex primer ministro Yvon Neptune y el ex ministro del Interior Jocelerme Privert, quienes terminaron recurriendo al embajador de Chile para que la Minustah los pusieran a salvo… devolviéndolos de nuevo al penal, donde aparentemente se sienten más seguros.

Sobre los motivos del ataque al penal, Young dijo a La Segunda: “No hay una versión última, pero las hipótesis que existen son que fue para sacar a algunos narcotraficantes de la cárcel; parece que no tiene connotación política, pero nunca se sabe en este país. Ellos temían que, como ya habían sufrido amenazas, fueran los blancos de la balacera, porque además adentro había muy pocos guardias y nadie podía asegurarles la integridad física. Hay muchos que los odian y creían que podían aprovechar el momento para liquidarlos”. El embajador desmintió que hubieran pedido asilo político.

¿Y ahora qué?

Haití ya fue despojado de sus recursos naturales. Muy pronto los franceses acabaron con los árboles de caoba, depredaron los suelos con cultivos intensivos de tabaco y algodón y afectaron severamente al medio ambiente.

Desde que los ex esclavos se liberaron de Francia en 1804, la ex metrópolis promovió como venganza su aislamiento histórico. Para terminar con el bloqueo, el país de Jacques Chirac exigió una indemnización a los haitianos por su independencia. Arístide pidió la restitución de esos haberes abonados en luises de oro, pero no cobró las vidas humanas que pagó Haití con los esclavos que los franceses trajeron del África, en una travesía en que la mitad moría y la expectativa de vida para los recién llegados era de siete años de una miserable vida de trabajo en cautividad.

Arístide probablemente no hizo un buen gobierno. Quizás privilegió demasiado a los pobres urbanos que lo siguieron con vehemencia, concentró demasiado el poder y no supo dialogar a tiempo con sus opositores. Pero los “salvadores” que invadieron el país el 29 de febrero de 2004, con la excusa de salvarlo mediante la “democracia” y la “reconstrucción”, tampoco exhiben mayor interés por sacar al país del atolladero, ni cumplieron sus promesas de ayuda económica.

Todo lo que pretenden estar haciendo los países que invadieron Haití con el falso pretexto de llevarle a sus habitantes una vida mejor pudieron haberlo intentado apoyando al gobierno legítimo que derribaron.

Y es que en los designios geopolíticos de las potencias imperiales -que prosperaron con la mano de obra esclava, como en Francia y EEUU- los pueblos constituyen un estorbo. Los amos son implacables. Igual que en Iraq.

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