Haití: el pantano caribeño y las buenas intenciones

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Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El probable relevo en mayo del general brasilero Augusto Heleno Pereira Ribeiro del comando de las tropas de Naciones Unidas en Haití ensombrece el futuro de la intervención militar multinacional. Estados Unidos sacó del poder a Jean-Bertrand Aristide sin tener nada mejor que ofrecerle al pueblo haitiano, fabricando así otro callejón sin salida –a imagen y semejanza de Iraq–.

La agencia brasileña de noticias Adital informó que la Escuela de Derecho de la Universidad de Harvard y la ONG Centro de Justicia Global sentará en el banquillo a la misión de la ONU para la estabilización de Haití (Minustah) según se desprende de un informe que aparecerá simultáneamente en Brasil, Estados Unidos y Suiza y cuyos fragmentos comenzaron a difundirse –extraoficialmente– el martes 22 de marzo.

fotoEl documento acusa a la Minustah de prestar cobertura a la «campaña de terror de la policía en las villas miseria de Puerto Príncipe» cometiendo sus propios abusos de derechos humanos y responsabiliza a balas brasileñas de la muerte de un niño de dos años en el tugurio Bel Air, durante una manifestación acaecida el 14 de febrero.

«Los hechos relatados allí no tienen fundamento y contradicen todo lo que fue dicho hasta ahora, relacionado con la misión, bastante elogiada, dicho sea de paso”, se quejó Pereira Ribeiro. “Lamento el informe y todo lo que puedo decir es que, al contrario, ya fuimos criticados porque estaríamos retaceando el uso de la fuerza», sostuvo el general a la Agencia Brasil.

«Tenemos que evitar emplear la fuerza y la violencia, pero estamos regidos por el Capítulo siete de las misiones de paz, uno de los más duros, por el cual está permitido el uso de la fuerza», subrayó el militar brasileño, que negó cualquier participación de Brasil en los hechos que ocurrieron de madrugada, antes de la llegada de las tropas de paz. «La policía, por querer actuar a corto plazo, acostumbra ir de operaciones sola y después, llamarnos», comentó al diario O Globo, el 3 de marzo, en un viaje a Brasil.

En esa oportunidad, el general criticó a la policía haitiana por actuar violentamente.»Esta semana hubo una manifestación pacífica en Bel Air. La policía alegó que no estaba legalizada y tiró, matando a tres personas», dijo.

 
En la entrevista Pereira Ribeiro insistió que «en Haití hay una fuerza de paz, no de ocupación. No va a haber violencia ciega allá. Soy capaz de utilizar la fuerza, estoy preparado para ello, pero ante la situación del país, y principalmente de lo que imagino es la pretensión de la ONU, me rehúso a utilizar la fuerza en forma indiscriminada y contra inocentes. Mientras sea el comandante de la fuerza eso no va a ocurrir. Relévenme del comando, pero no esperen de mí una actitud de ésas».

 
Los primeros combates

 
La muerte de dos cascos azules en Haití el domingo 20 de marzo signó el primer encuentro frontal de la Minustah con las bandas paramilitares armadas por Estados Unidos para desestabilizar a Jean-Bertrand Aristide –que no han sido desarmadas–.

También fueron las primeras bajas desde que la fuerza internacional se instaló en junio de 2004, tras la intervención militar “privada” de Estados Unidos, Francia, Canadá y Chile entre febrero y marzo de 2004.

 
Dicho primer acto bélico se produjo mientras EEUU desarrolla su propia «misión» unilateral en Gonaives, con tropas frescas de la infantería de marina –que no están subordinadas al mando de Pereira Ribeiro/Minustah–, a la vez que insistentes rumores señalan desde Brasil que el general dejará la jefatura de las tropas internacionales a partir de mayo por presiones de la Casa Blanca, malestar de las clases dominantes haitianas, inconformidad del gobierno llamado de transición y cuestionamientos en su propio país.

 
El ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil aclaró que «el general Augusto Heleno Pereira permanece hasta el día 30 de mayo en Haití, dirigiendo la misión de paz de la ONU”.

“Es cuando vence el contrato de un año que el militar firmó con la agencia brasileña de Naciones Unidas», dijo un portavoz. «Tengo un contrato vigente con Naciones Unidas. Cuando expire, cabe que la ONU decida si va a enviarme un sustituto para el puesto», precisó el general, según Adital. Todavía no está claro si Pereira Ribeiro se queda o se va.

 
El general de ejército brasileño tampoco goza de la simpatía de Wáshington por su estilo dialoguista y no beligerante respecto a los partidarios de Aristide, aunque por varios meses mantuvo una actitud pasiva con los grupos armados.

La nueva política de mano dura de la Minustah contra las bandas paramilitares debutó a pocas horas de la esperada reunión financiera de Cayena, capital de la Guayana francesa, entre la Unión Europea, el Banco Mundial, el Banco Monetario, el Banco Interamericano de Desarrollo, el gobierno de Gérard Latortue –que sustituyó a Aristide–, la Minustah  y los llamados «países donantes», es decir, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, España, Estados Unidos, Francia, México y República Dominicana.

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En el cónclave de la colonia francesa, se renovaron las promesas de ayuda para Haití por US$1.000 millones, al parecer más convencidos ahora de someter primero a las bandas armadas para restablecer el orden. En el episodio del domingo fallecieron un casco azul de Sri Lanka y otro de Nepal, cuatro resultaron heridos y también murieron dos miembros de la banda paramilitar que el 30 de agosto 2004 se tomó el poder local en Petit-Goäve, a 70 km de Puerto Príncipe, en demanda de su reincorporación al Ejército.

La Minustah ha recibido fuertes críticas por dejar actuar a los paramilitares a lo largo de los nueve meses de intervención en Haití, desde junio de 2004. La banda de Petit-Goäve formaba parte de la fuerza paramilitar financiada por la National Endowment for Democracy (NED) para promover la lucha armada contra Aristide, desalojado del poder por Estados Unidos y Francia en la madrugada del 29 de febrero 2004.

Los grupos armados reclaman su inclusión en la reconstrucción del ejército, disuelto en 1994 por la «invasión democratizadora» de William Clinton, que permitió el regreso de Aristide tras la dictadura del general Raoul Cedras, iniciada en 1991.

La Minustah primero intentó negociar con los paramilitares parapetados en la comisaría, según la táctica diseñada por el general Pereira Ribeiro. El oficial incluyó una participación simbólica de la policía en la operación, mientras el gobierno haitiano tomó distancia de los paramilitares que antes saludó como «combatientes por la libertad».

 
Después de la expulsión de Aristide, las bandas de ex militares y narcos armados se apoderaron de los edificios públicos de las principales ciudades del país –que convirtieron en cuarteles de poder local–, organizaron patrullajes y se autodesignaron fuerza policial sin ningún control. El gobierno dice hoy que la reconstrucción del ejército será tarea del gobierno que saldrá de las elecciones de octubre 2005.

 
El país es un caos

 
El panorama haitiano muestra hoy la superposición de varios poderes que persiguen sus propios objetivos. Lo central es que el colapso del modelo de intervención de Naciones Unidas, que en nueve meses no ha logrado crear una alternativa de poder.

EEUU adoptó una postura autista centrada en Gonaives, en tanto el gobierno preferiría prolongar indefinidamente la situación tal como está, …pero con plata.

La nueva actitud de la Minustah frente a los paramilitares constituye, además, una derrota para los objetivos asignados a la intervención extranjera por Estados Unidos.

 
La ruptura del inmovilismo se debe más a las iniciativas del jefe militar de la intervención ONU, el brasileño Pereira Ribeiro, que a la impotencia de la autoridad política de la Minustah, el chileno Gabriel Valdés. Pero el modelo de intervención sigue las indicaciones del manual, los mismos cánones de los Balcanes, con los costosos vehículos de los cascos azules deambulando en medio de la pobreza reinante. A diferencia de Bosnia en Haití no existe un ejército, sino bandas armadas y una población civil que mayoritariamente clama por el regreso de Aristide.

 
Hasta el enfrentamiento del domingo, Pereira Ribeiro se mostró blando y poco activo con los paramilitares, al mismo tiempo que en Haití lo acusaban de proteger a los “chimères” –soñadores: las pandillas juveniles del partido aristidiano Lavalas– que comprenden grupos financiados por empresarios y narcotraficantes que buscan prolongar la inestabilidad en el país, en otro signo del caos que generó el estilo de gobierno de Aristide y que la intervención de la ONU no ha logrado desenrraizar.

Los desembarques y reembarques clandestinos del narcotráfico hacia EEUU constituyen en la actualidad el único ingreso real de Haití, convertido en base de los industriales de la droga de Colombia, casual e incidendentalmente uno de los principales beneficiarios de la “ayuda” estadounidense en el mundo.

 
El general Pereira Ribeiro dijo a la prensa haitiana que los auténticos terroristas locales –“los verdaderos enemigos que hay que combatir”– son la miseria, la cesantía y la falta de horizonte de los jóvenes del país.

Habiendo llegado menos del 10 por ciento de la ayuda internacional prometida, el oficial brasileño elude reprimir a la población civil, sin que hasta hoy se haya producido muerte alguna en las frecuentes manifestaciones pacíficas pro Aristide, excepto los asesinatos de la policía. Pereira Ribeiro promueve “operaciones de diálogo”, puso a sus efectivos a recoger la basura y a charlar con una población que cada vez desconfía más de las tropas de la ONU.

 
“Pereira Ribeiro nunca cayó en la provocación de los grupos civiles ultraderechistas que tratan de inducir a la violencia con trucos como la Operación Bagdad”, dijo un diplomático acreditado en Haití, que pidió omitir su nombre. La treta consistió en degollar a dos policías para “revelar” enseguida la existencia de una operación de exterminio fraguada por partidarios de Aristide y justificar la represión.

Dos senadores fueron detenidos mientras desenmascaraban el montaje por la radio, permaneciendo 4 meses en la cárcel sin proceso. La Operación Bagdad fue armada por los grupos que le tienen miedo a las elecciones, con gran resonancia en los medios, dijo la fuente.

 
La Minustah quiere revertir su fracaso

 
La Minustah perdió la simpatía popular inicial. Su despliegue no mejoró las condiciones de vida de la gente, hoy, por otra parte, en franco deterioro: se necesitan 40 millones de dólares sólo para atenuar la crisis eléctrica, pero todavía no llega la ayuda internacional que prometieron Francia y EEUU cuando sacaron a Aristide del poder, hace 13 meses.

 
La ONU aplica en todas partes un modelo de intervención que ahora está en crisis en Haití “porque no discrimina entre los factores culturales, sociales y coyunturales”, explicó una fuente haitiana que tampoco quiso hacer pública su identidad; agregó que hoy la situación reclama destrabar la inmovilidad con acciones de impacto rápido, apoyando cualitativamente al gobierno de Latortue, intensificar el diálogo nacional y darle prioridad a la construcción de infraestructura.

Todo esto, de cara a las elecciones.
 
La ONU vive su propio drama, criticando en sordina el modelo de funcionamiento que le fabricó EEUU: un esquema rígido que no permite resolver los verdaderos problemas del país intervenido. La Minustah es prisionera de un esquema que ella no creó y vive el ocaso del papel de Robin Hood con que la recibieron los haitianos al comenzar la intervención. Koffi Anam propuso esta semana una profunda reforma de la organización, que tampoco gustará a EE.UU.
 
Con habilidad, Aristide pidió desde su exilio africano ingresar al diálogo nacional. “Si van a abrir un diálogo político, tienen que dejarme participar”. Para evitar las elecciones, la derecha instrumenta los montajes del tipo Operación Bagdad, con gran resonancia en los medios y sin que nadie diga que se trata de mentiras.

 
¡Oh, los marines!

 
Estados Unidos trabaja solitariamente en Gonaives, al margen de la Minustah, con el pretexto de remodelar la ciudad –que está adscrita al área de responsabilidad militar de Argentina–. Opera con 300 marines, de manera independiente, sin consultar ni rendir cuentas a la ONU.

“Se trata de una operación militar secreta para medir reacciones populares en futuras intervenciones, bajo el pretexto de prestar ayuda relevante”, comentó un diplomático acreditado en Puerto Príncipe.

La Minustah se impuso al gobierno y logró sacar de la penitenciaria a los presos políticos más importantes, el ex primer ministro Yvon Neptune y el ex ministro del Interior Jocelerme Privert, quienes se encuentran en un hospital militar de Puerto Príncipe bajo jurisdicción argentina, tras mantener una prolongada huelga de hambre. Ambos dirigentes están presos sin que se les hayan formulado cargos de ninguna naturaleza.

La actividad de los marines estadounidenses es uno de los factores más preocupantes de la actual situación, junto con la suerte de Neptune y Privert, la eventual salida del general Pereira Ribeiro, el empantanamiento de la llamada transición por falta de dinero, el escepticismo y decaimiento de la población respecto a la intervención de los cascos azules, el creciente deterioro del gobierno a causa de sus frecuentes cambios de gabinete por acusaciones de corrupción, el deterioro de la situación humanitaria reflejada en el caos y la inoperancia de los hospitales y la inacción de la justicia ante las violaciones de los derechos humanos a causa de la intervención del gobierno en el aparato judicial.

Los jueces viven atemorizados, indecisos, inmóviles, recibiendo presiones de todos lados, no sólo del gobierno.
 
Neptune es la figura política más importante en prisión, aunque Aristide sigue siendo el único líder político capaz de movilizar gente sin siquiera estar presente en Haití. Otro líder que emerge con gran fuerza es Michel Saint Juste, un clérigo que ejerce su misión entre los pobres del tugurio de Bel Air. La expresión política del aristidismo es el partido Familia Lavalas, con un discurso constante por los desposeídos.

La religión es de verdad lucha política

 
El apoyo internacional de Lavalas proviene de sectores negros de Estados Unidos, principalmente la organización Black Cocus, que expresa una solidaridad más étnica que política. El gobierno impidió este mes de marzo que los estadounidense Ira Kurzban y Maxime Waters, dirigentes del Black Cocus, visitaran a Neptune aplicando su privilegio de decidir quien ingresa o no al territorio. Un comunicado oficial aseguró que no permitirán la «explotación política» de la situación de Neptune, como si su detención ilegal no fuera un hecho político.

Ante los reclamos de Waters por la libertad del preso, el gobierno arguyó «Yvon Neptune deberá comparecer a la justicia». Justicia es lo que más reclaman por Neptune, incluida la OEA. Da risa, pero así es la situación.

 
La lucha política en Haití está fuertemente signada por la religión, sin perjuicio de la postura laica de los grupos anti Aristide, antaño progresistas que hoy patrocinan acciones como la Operación Bagdad y que en marzo del año pasado apoyaron incondicionalmente la intervención extranjera –antes deque apareciera Naciones Unidas–.

El catolicismo está dividido en dos iglesias y de hecho hay dos conferencias episcopales, una gobiernista y otra de oposición. Hoy florecen las sectas protestantes totalitarias, estimuladas por el factor electoral y el dinero proveniente de EEUU, ansiosas de crear nuevos líderes emergentes. La desmoralización y desesperanza reinantes constituye un caldo de cultivo para las sectas mesiánicas, al igual que en otras latitudes de América Latina.

 
Desde la oscuridad detrás de las bambalinas mueve los hilos una burguesía pequeña como clase social pero súper depredadora, desprestigiada, ambivalente en todas sus posturas, carente de un verdadero sentido nacional, en busca estéril de un líder que se levante como elemento aglutinador y sea capaz de dorarle la píldora a los desposeídos.

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* Periodista y escritor.

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