Jun 1 2011
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Opinión

Hay mucho que decir, por tanto ¿qué mejor que no decir nada?

Alberto Maldonado S.*

El señor Netanyahu (así creo que se escribe) le dijo “en la cara” al señor Obama (el emperador seminegro del gran imperio) que Israel no podía regresar a las fronteras de 1967 “porque eran indefendibles” (o algo así) Y cuando el señor Obama debía decirle y recordarle al señor Netanyahu que esa es una resolución de las Naciones Unidas y que debía acatarla, le guste o no, prefirió irse por la tangente y decirle que “esa opción” era la que más le interesaba a Israel para poder vivir en paz (frente a los palestinos).

Desde el punto de vista de la puridad jurídica, el señor Obama debió recordarle que fue por una resolución de las Naciones Unidas que se creó el Estado de Israel; y que, de acuerdo a esa resolución, Israel estaba obligada a respetar el Estado Palestino, ya que se supone que esa fue la resolución de la máxima autoridad del mundo (las NN.UU.) para que los “judíos errantes” tuvieran patria propia. Pero …

¿Cuántas resoluciones lleva ya las Naciones Unidas respecto de que Estados Unidos (el gran vecino del norte) no tiene derecho alguno a imponerle, desde hace medio siglo, un bloqueo tan criminal y genocida como el que le viene aplicando a Cuba? Si mal no recuerdo, el 2010 fue la décima novena vez que, prácticamente por unanimidad, la Asamblea General de las NN.UU. resolvió que EE.UU. tenía ningún derecho a ello y que esa acción era contraria a las más elementales normas universales que se aprobaron después de la Segunda Guerra Mundial. Pero …

El ya famoso (por sus arbitrariedades y equívocos) Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó (en abril 2010) una de sus típicas resoluciones contra un país miembro del organismo mundial (Libia) más bien dicho contra el coronel Muhamar el Gadaffi (o Kadaffi) unas sanciones económicas y, lo más criticable, que se reconozca a un supuesto o real frente anti Gadaffi (un etéreo Consejo de Transición, que nadie conoce); y que se le dé todo el apoyo posible a fin de que obligue al coronel de la revolución verde a que se vaya o se muera; y a que se cree, vía OTAN (los imperitos europeos unificados) una llamada zona de exclusión aérea, ya que la resolución de la ONU prohíbe expresamente que haya invasión terrestre de soldados invasores, como si pasó en Irak, aunque sin resolución del Consejo de Seguridad.

Y los aviones supersónicos de la OTAN, en una de sus incursiones contra “blancos militares” de Gadaffi, mataron a un hijo y a tres nietos del líder repudiado, amén de “daños colaterales” que no han podido dejar de matar los super aviones de los imperitos (varios cientos de muertos civiles libios) por haber “cometido el delito” de haber estado en el lugar donde los superbombarderos de la OTAN iban a bombardear.

Nos enteramos, por el vocero de la cancillería rusa (que se abstuvo, igual que China, cuando el Consejo aprobó lo que aprobó contra Libia) que la tal resolución no da para tanto (para los bombardeos si, que se llaman humanitarios) y que la OTAN debe no ser tan brutal. Y ahí estamos. Pero…

Y el mismísimo Consejo de Seguridad de las NN.UU. tan vigilante de la democracia y la libertad en Libia (ahora en Siria) no ha dicho ni pío respecto de las veces que los terroristas israelitas han invadido territorio palestino y han asesinado mujeres, niños, ancianos.

Pregunto yo: ¿es que Israel tiene alguna prerrogativa, algún designio divino, y está por sobre el resto de países árabes del oriente medio?

No hay duda que un rayo llamado democracia a secas, recorre el norte de África; y, al parecer, en países del medio oriente que durante décadas, no acusaron una “peste” semejante. El “líder” que gobernaba Túnez, ni corto ni perezoso, puso pies en polvorosa y sanseacabó. En cambio, al pobrecito de Mubarak, que llevaba apenas 40 años en el poder de Egipto, la señora Clinton, desde Wáshington, tuvo que recordarle que estaba obligado a irse “en paz y ordenadamente”.

Hay que recordar que tanto el tunecino como el egipcio, eran lo que alguna vez les calificó Richard Nixon a algunos de sus amigos (Trujillo, Somoza, Batista, Strossner): ”Cierto es que son unos hijos de puta; pero, son unos hijos de puta nuestros”

Según parece, el Gadaffi libio no llegó a ser enteramente del imperio (a pesar del millón de barriles diarios que le enviaba) o de su absoluta confianza (menos, después de haber ensayado una revoluciónç verde en su Libia y haber puesto en ventaja a sus súbditos, en cuestiones de buen vivir) Y el coronel verde ya fue “sentenciado” por el gran emperador del mundo: está descalificado como gobernante y debe irse.

Como el asunto se puso feo en Yemen y la gimnasia política de su líder que también es hombre de confianza de USA, y como el reino de Mahrein también anda agitado y como hay voces alarmantes en Arabia Saudita, pues los ágiles agentes de la CIA y sus amigos, encontraron que cerca de ahí, haciendo frontera con Israel, había un señor Assad (no don Asaad, que en paz descanse en Guayaquil) que heredó el gobierno de su padre y que se ha quedado ahí, durante años, haciéndoles la vida imposible a los “pobres judíos” y respaldando a los terroristas libaneses.

Así que la fiebre democrática saltó a Siria. Y si debemos creerles a los ágiles corresponsales de las grandes redes informáticas del imperio, todos los días, en pueblos alejados de la capital siria, se dan manifestaciones contra el señor Assad y se pide su salida. Según la gran prensa sipiana, todos los días, hay manifestaciones con saldo de muertos y heridos. Unas manifestaciones que se repiten y repiten en la televisión sipiana pero que no muestran las multitudes en acción, menos los muertos y heridos de los que nos habla la gran prensa sipiana.

Recuerdo: cuando comenzaron los bombardeos “humanitarios” contra Libia, las mismas redes informáticas del imperio nos hablaron que, en la capital Trípoli, se producían manifestaciones multitudinarias contra Gadaffi y sus hijos; y que, en tres días, el malo de Gadafi y sus tropas habían asesinado a diez mil “rebeldes” Pero, ocurrió que un equipo de una red televisiva del tercer mundo (UNASUR) logró llegar a Trípoli, sin mayores dificultades, y encontró que las manifestaciones eran pero a favor del coronel y en contra de la insurrección; y que no había rastro de un muerto, peor de diez mil. Y todo el mundo sabe hoy que la llamada insurrección se ha radicado en una ciudad petrolera del este de Libia donde unos “feroces guerrilleros” juegan todos los días a la guerra, pero solo para la televisión sipiana

Podríamos seguir preguntando ad infinitum. ¿Por qué Estados Unidos (en el lado de su frontera) no desarrolla acciones tan brutales como están ocurriendo en el lado mexicano, donde todos los días se mata gente “inocente”? ¿Por qué, para encontrarle una vía de escape al señor Lobo, solo fue posible cuando apadrinaron la reconciliación Colombia, Venezuela y, desde luego, el propio señor Lobo, menos Estados Unidos y Canadá?

“Me muero de las iras” (como se dice popularmente) cuando leo en El Comercio de Quito (el principal diario sipiano del país) una reproducción de una especie de editorial del diario argentino La Nación, hablando de que Correa es un peligro para la libertad de expresión en Ecuador. Y me muero de las iras porque no recuerdo que El Comercio de Quito le haya reproducido alguna opinión de este diario durante los casi ocho años (1976-1983) en que desoló Argentina (30.000 muertos y desaparecidos) la feroz dictadura del Flaco Videla, un genocida que está sentenciado a prisión perpetua.

Y no puedo reprimir mi furia interior cuando, en el mismo periódico sipiano, leo una columna que semanalmente tiene el señor Danilo Arbila, uno de los capos de la SIP-CIA que anduvo de secretario de la Junta Militar que asoló Uruguay en los mismos años que Videla en Argentina y Pinochet en Chile. Y pensar que estos individuos y sus “democráticos periódicos” pretenden darnos lecciones de “democracia y libertad”.

Por último, tengo el hígado revirado porque la gran oposición pelucona en Ecuador, con los grandes medios comunicacionales a la cabeza, insisten e insisten, en hacer creer que porque el No tuvo una votación más que inesperada (para ellos mismos) aunque el SI terminó por vencer a nivel nacional en las 10 preguntas planteadas (mayo 7/2011) tiene derecho a imponer sus condiciones políticas y sociales (las económicas las manejan ellos) y a decirle al Presidente Correa y su Alianza País, lo que tiene que hacer, lo que tiene que decir porque “ellos ganaron moralmente la consulta”.

En los tiempos de mis abuelos y en los tiempos de mis papas y en los míos propios, a toda esta desfachatez se le llamaba cinismo; o, en términos menos agresivos, “falta de ética” ¿No habremos llegado —pregunto yo, finalmente— que los sectores retardatarios de este mundo (que siguen teniendo gran poder) consideran que ha llegado el momento de quitarse la careta; esa careta que les permitía disimilar una supuesta democracia y una más supuesta libertad de expresión?

* Periodista.

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